JAIME GIL DE BIEDMA

Biedma

Después de asistir al curso de verano “La herencia poética de Jaime Gil de Biedma” , después de empaparme y revivir la poesía de uno de mis primeros autores leídos , no podía evitar el deseo de dejar su huella en este blog. Todos estos poemas se encuentran en su antología “Las personas del verbo”. Para no extenderme demasiado , no he añadido algunos poemas imprescindibles como: Barcelona ja no és bona, Infancia y Confesiones, Noche triste de octubre, 1959, No volveré a ser joven

AMISTAD A LO LARGO

Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.

Mirad:
somos nosotros.

Un destino condujo diestramente
las horas, y brotó la compañía.
Llegaban noches. Al amor de ellas
nosotros encendíamos palabras,
las palabras que luego abandonamos
para subir a más:
empezamos a ser los compañeros
que se conocen
por encima de la voz o de la seña.
Ahora sí. Pueden alzarse
las gentiles palabras
-ésas que ya no dicen cosas-,
flotar ligeramente sobre el aire;
porque estamos nosotros enzarzados
en mundo, sarmentosos
de historia acumulada,
y está la compañía que formamos plena,
frondosa de presencias.
Detrás de cada uno
vela su casa, el campo, la distancia.

Pero callad.
Quiero deciros algo.
Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque esté callado doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo trajimos
nuestras vidas aquí, para contarlas.
Largamente, los unos con los otros
en el rincón hablamos, tantos meses!
que nos sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno.

Ay el tiempo! Ya todo se comprende.

POR LO VISTO

Por lo visto es posible declararse hombre,
Por lo visto es posible decir no.
De una vez y en la calle, de una vez, por todos
y por todas las veces en que no pudimos.

Importa por lo visto el hecho de estar vivo.
Importa por lo visto que hasta la injusta fuerza
necesite, suponga nuestras vidas, esos actos mínimos
a diario cumplidos en la calle por todos.

Y será preciso no olvidar la lección:
saber, a cada instante, que en el gesto que hacemos
hay un arma escondida, saber que estamos vivos
aún. Y que la vida
todavía es posible, por lo visto.

Biedma y generación

CANCIÓN PARA ESE DÍA

He aquí que viene el tiempo de soltar palomas
en mitad de las plazas con estatua.
Van a dar nuestra hora. De un momento
a otro, sonarán campanas.

Mirad los tiernos nudos de los árboles
exhalarse visibles en la luz
recién inaugurada. Cintas leves
de nube en nube cuelgan. Y guirnaldas

sobre el pecho del cielo, palpitando,
son como el aire de la voz. Palabras
van a decirse ya. Oíd. Se escucha
rumor de pasos y batir de alas.

APOLOGÍA Y PETICIÓN

¿Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
debe y puede salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia,
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que le han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.

VOLVER

Mi recuerdo eran imágenes,
en el instante, de ti:
esa expresión y un matiz
de los ojos, algo suave
en la inflexión de la voz,
y tus bostezos furtivos
de lebrel que ha maldormido
la noche en mi habitación.
Volver, pasados los años,
hacia la felicidad
-para verse y recordar
que yo también he cambiado.

BIEDMA[1]

RIBERA DE LOS ALISOS

Los pinos son más viejos.
Sendero abajo,
sucias de arena y rozaduras
igual que mis rodillas cuando niño,
asoman las raíces.
Y allá en el fondo el río entre los álamos
completa como siempre este paisaje
que yo quiero en el mundo,
mientras que me devuelve su recuerdo
entre los más primeros de mi vida.

Un pequeño rincón en el mapa de España
que me sé de memoria, porque fue mi reino.
Podría imaginar
que no ha pasado el tiempo,
lo mismo que a seis años, a esa edad
en que el dormir descansa verdaderamente,
con los ojos cerrados
y despierto en la cama, las mañanas de invierno,
imaginaba un día del verano anterior.
Con el olor
profundo de los pinos.
Pero están estos cambios apenas perceptibles,
en las raíces, o en el sendero mismo,
que me fuerzan a veces a deshacer lo andado.
Están estos recuerdos, que sirven nada más
para morir conmigo.

Por lo menos la vida en el colegio
era un indicio de lo que es la vida.
Y sin embargo, son estas imágenes
– una noche a caballo, el nacimiento
terriblemente impuro de la luna,
o la visión del río apareciéndose
hace ya muchos años, en un mes de septiembre,
la exaltación y el miedo de estar solo
cuando va a atardecer -,
antes que otras ningunas,
las que vuelven y tienen un sentido
que no sé bien cuál es.
La intensidad
de un fogonazo, puede que solamente,
y también una antigua inclinación humana
por confundir belleza y significación.

Imágenes hermosas de una historia
que no es toda la historia.
Demasiado me acuerdo de los meses de octubre,
de las vueltas a casa ya de noche, cantando,
con el viento de otoño cortándonos los labios,
y la excitación en el salón de arriba
junto al fuego encendido, cuando eran familiares
el ritmo de la casa y el de las estaciones,
la dulzura de un orden artificioso y rústico,
como los personajes
en el papel de la pared.

Sueño de los mayores, todo aquello.
Sueño de su nostalgia de otra vida más noble,
de otra edad exaltándoles
hacia una eternidad de grandes fincas,
más allá de su miedo a morir ellos solos.
Así fui, desde niño, acostumbrado
al ejercicio de la irrealidad,
y todavía, en la melancolía
que de entonces me queda,
hay rencor de conciencia engañada,
resentimiento demasiado vivo
que ni el silencio y la soledad lo calman,
aunque acaso también algo más hondo
traigan al corazón.
Como el latido
de los pinares, al pararse el viento,
que se preparan para oscurecer.

Algo que ya no es casi sentimiento,
una disposición de afinidad profunda
con la naturaleza y con los hombres,
que hasta la idea de morir parece
bella y tranquila. Igual que este lugar.

DESPUÉS DE LA MUERTE DE JAIME GIL DE BIEDMA

En el jardín, leyendo,
la sombra de la casa me oscurece las páginas
y el frío repentino de final de agosto
hace que piense en ti.
El jardín y la casa cercana
donde pían los pájaros en las enredaderas,
una tarde de agosto, cuando va a oscurecer
y se tiene aún el libro en la mano,
eran, me acuerdo, símbolo tuyo de la muerte.
Ojalá en el infierno
de tus últimos días te diera esta visión
un poco de dulzura, aunque no lo creo.
En paz al fin conmigo,
puedo ya recordarte
no en las horas horribles, sino aquí
en el verano del año pasado,
cuando agolpadamente
-tantos meses borradas-
regresan las imágenes felices
traídas por tu imagen de la muerte…
Agosto en el jardín, a pleno día.
Vasos de vino blanco
dejados en la hierba, cerca de la piscina,
calor bajo los árboles. Y voces
que gritan nombres.
Ángel,
Juan, María Rosa, Marcelino, Joaquina
-Joaquina de pechitos de manzana.
Tú volvías riendo del teléfono
anunciando más gente que venía:
te recuerdo correr,
la apagada explosión de tu cuerpo en el agua.
Y las noches también de libertad completa
en la casa espaciosa, toda para nosotros
lo mismo que un convento abandonado,
y la nostalgia de puertas secretas,
aquel correr por las habitaciones,
buscar en los armarios
y divertirse en la alternancia
de desnudo y disfraz, desempolvando
batines, botas altas y calzones,
arbitrarias escenas,
viejos sueños eróticos de nuestra adolescencia,
muchacho solitario.
Te acuerdas de Carmina,
de la gorda Carmina subiendo la escalera
con el culo en pompa
y llevando en la mano un candelabro?
Fue un verano feliz.
…El último verano
de nuestra juventud, dijiste a Juan
en Barcelona al regresar
nostálgicos,
y tenías razón. Luego vino el invierno,
el infierno de meses
y meses de agonía
y la noche final de pastillas y alcohol
y vómito en la alfombra.
Yo me salvé escribiendo
después de la muerte de Jaime Gil de Biedma.
De los dos, eras tú quien mejor escribía.
Ahora sé hasta qué punto tuyos eran
el deseo de ensueño y la ironía,
la sordina romántica que late en los poemas
míos que yo prefiero, por ejemplo en Pandémica…
A veces me pregunto
cómo será sin ti mi poesía.
Aunque acaso fui yo quien te enseñó.
Quien te enseñó a vengarte de mis sueños,
por cobardía, corrompiéndolos.

11880528_941554352572514_3352255253660978900_n[1]

ÁLVARO GARCÍA

IMG_1928

EL QUE CREE

Las cosas inhibidas necesitan
que les borres la muerte, que las mires
y con palabras digas su cortedad y su frío
cuando empiezas a darles calidad de concepto , sitio en
el mundo, un orden..
Y solo tienen vida en la corteza cerebral insomne del que
cree.
No son más que pretexto,
resumen de nave y de isla
en el naufragio del mirar.

LÍMITE

Vaho fugaz, vapor
entre la carretera y el paisaje,
el árbol de la almendra
es esta espuma rosa
y llena de febrero.
Junto al mar,
la suavidad de un límite
inconstante.

LA ESTACIÓN

Al sol, despunta el sol y reverbera
en un casi verano casi cierto.
Morder un hilo de agua. ¿Es tiempo ya?
La piel es nuestro único barómetro.

Hablar del tiempo , como dice Wilde, es hablar de otra cosa.
Es ventana a la incertidumbre.
El día en que mirar sea consultar rutinas de merlín
como quien mira un índice de precios,
vivir habrá perdido su constante en el abismo leve.

Nos evaporamos, en el beso , a las regiones del olvido
y , al reír juntos, somos intemperie:
cuando calla la risa hay un granizo que hiela los pronósticos,
y hay que volver a repensar el mundo.

Somos agricultura de los cielos, una ancha mies del aire,
polen vago que vino de tan lejos.
Toda lucha entre iguales, todo amor de contrarios,
toda íntima disputa está prevista
en la tensión dulce de los alimentos terrestres,
en el grano de trigo que amarillea y revienta en el aparador.

El perezoso giro de los astros hipnotiza las vidas,
el peaje de las estaciones, el voltaje de lo repetido.
La hora y su exterior se nos confunden.

Y si no hubiese luz como esta luz,
si no hubiese preguntas en los ojos,
si no hubiese un instante de desvelo justo antes de dormir,
todo serían actas.

Somos del alimento del temor.
También una ilusión de eternidad
que se entrevera con estar perdidos.

Amanece una luz
con dimensión precisa de universo.
No hace falta que diga el calendario la última palabra.
Siempre falta infinito para lo que no existe,
que es donde vivimos.

Para lo que no existe, Pre-Textos, Valencia, 1999

IMG_1949

Tú y yo
descendemos al fondo, un cielo hundido.
Buceamos. Hay algo en este vértigo
parecido a volar por aire de agua,
amenazados, protegidos de agua
sobre campos que oscilan silenciosos.
Se abren en el fondo abismos, grietas,
las montañas del mar, los valles lentos
de macizos de algas y de peces,
el mar como una savia sobre el mundo,
agua hundida en el agua,
mar que pesa
sobre tu espalda que huye en cada abrirse
tus brazos que te apartan mar, más hondo
y cada vez más lejos de la luz,
mojado el sol como una luna arriba
en el techo de agua y de silencio.
El día se transforma desde abajo.
No se oyen las voces. No se oyen
las olas o bramar de espuma el tiempo.
Aquí está el latir vivo, la presencia.
Habitar en el agua nada más,
densidad del final y del principio.
En qué valle de instante ya no somos.
Donde el agua se canse empieza el mundo.
Queda lejos ser junio y ser nosotros.
Aquí se desactiva nuestra muerte.
Flotamos entre el agua, no en el tiempo,
y se refugia aquí la eternidad.

El río del agua, Pre-Textos , Valencia, 2005