HUELLA XVI: LA POÉTICA DEL CORAZÓN

la poética del corazón
«creemos que la gente es más feliz que nosotros y que nuestra desgracia es la mayor»,
h. n.
corazón mío vuela
vuela alto y hondo alto y claro
en un día aciago de nubarrones de melancolía
vuela corazón mío
que la alegría del nuevo día nos lleve lejos
por encima de los afanes de la congoja
corazón mío fénix de oro
por encima de los angostos caminos de las altas cumbres
de las heridas abisales de los días vacíos
avista desde arriba
vuela corazón mío
que las ducas no te fatiguen
llegó la hora mi corazón
precioso mecanismo ávido de ondas etéreas y claras
bello tesoro de aguas cristalinas
músculo de sol vuela vuela alto y claro alto y hondo
que las manos no te tiemblen
las tienes atadas por nervios de angustia
agarrotadas por congojas de hielo
tu pecho corazón mío tu núcleo
está helado de silencio aterrador soledad primorosa
encogido en un puño de acero por la mordedura del ansia
vuela vuela corazón mío
hasta los trigales verdes de primavera
al sencillo gesto de mirar una flor
meter los dedos en el agua del manantial
que los labios beban en la cuenca de tus manos
vacía el juicio llévame en volandas
escapa a las ataduras del sueño perverso de la razón
corazón palpita al intenso deseo de cálidos y sobrios néctares
al vuelo sutil de unas sábanas blancas al aire en la campiña
a la delicadeza de pasiones calmas sin zozobra
palpita a la inspiración ubicua del mundo
a la intuición natural del orden de las cosas
son muchos años llevándome colgado de ti
cuántos latidos corazón has dado hasta ahora
cómo sigues latiendo fiel corazón
cuando tiemblan estas líneas
sosteniéndome en verticalidad muchos años
de carbonizada oscuridad
sombras metidas en sombras
enterrado en la quietud absoluta de voces enloquecedoras
vuela vuela corazón mío corazón mío
alto alto claro claro hondo hondo
sigue latiendo no te canses
es la hora corazón razón mía
late corazón una vez más y otra vez
vuela suave ligero a través de mullidas nubes
enhebra el azul del cielo
divisa el crepúsculo dorado de sangre encarnada
un cuajo de linfa flamígera saliendo del mar entre la bruma
te necesito corazón
dame otro latido
corazón mío una vida más
                         de alan vico

 

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HUELLA XV: He renunciado al cielo y a sus grandilocuentes atardeceres

HE RENUNCIADO AL CIELO Y A SUS GRANDILOCUENTES ATARDECERES

solo en la periferia de la muerte encontré a verdaderos ángeles

ángeles sin alas ni aureolas de oro

ángeles de ojos secos donde tiembla un desierto

pieles de ceniza y sonrisas quebradas:

curvas inapreciables donde nace el espejo

 

En sus estertores descifré los cantos más bellos

lejos de los edulcorados éteres

de los aspirantes a la gloria divina

a la armonía de acordes mayores

 

En vosotros encontré un hermano

en vuestra miseria sincera que arrolla trenes

en la pétrea corteza que esconde vuestro infinito

 

En el espíritu que no sustenta el cuerpo

deslizo un amor insondable

terrorífico como el abismo que nos separa

me atomizo en tierra

me hago arena

este dolor que canta mientras grita

se hace crujir del viento

 

No puedo elegir

pero ahora elijo lo que me fue impuesto

la herida del hemofílico

la sangre que se derrama como atardeceres líquidos

la aridez metálica del Sol Negro

 

Me sumerjo en la sordidez

como en su oxígeno el suicida conformista

como el cobarde a su rutina inapelable

como el hombre a su animalidad

como el mundo a su ciclo

 

Hablo en nombre del humillado  del sacudido

de los agonizantes que respiran hierro

de los predicadores de lenguas extirpadas

de los soñadores que prestaron sus ojos al horizonte

 

 

Inundado de infinito y de infierno

viviendo en las cornisas

acariciado de locura

 

Me he armado contra el vértigo que me apuntaba

he afilado mi coraje en el cañón de su fusil

mordiéndolo

me deslizo en las cadenas de la miseria y juego

me acuna el absurdo y bailo al son de su nana.

Alfonso Hoyos Morales

HUELLA XIV: DIAMANTES DE NIEVE

 

DIAMANTES DE NIEVE

 

Hay un sonido lejano

que se filtra por la planta de mis pies.

Hay un rumor en el abismo

que evoca los ecos del pasado,

que transitan a mi lado.

Se quieren divertir conmigo,

me preguntan por mi desnudez,

mi fragilidad, mis sueños de cometa

y por unas manos delgadas

que anhelan lentejuelas púrpuras

de una fiesta sin disfraz,

sin otro vestido

que el descosido infinitas veces.

 

Expuesta a la noche,

vulnerable y frágil

busco el equilibrio

como libélula en el remolino

para no caer del mástil.

 

Aunque una espina se acerque

a mi rostro y me hiera,

habito en diamantes de nieve.

 

Donde anida la fragilidad

se enciende la fortaleza.

 

Mercedes Muras Negrete