HUELLA XVIII: MÍRAME. ¿QUÉ VES? SOLO UN PEDACITO

Mírame. ¿Qué ves? Solo un pedacito.
Pero yo soy más, me extiendo hacia el cielo.
Un avión me pasa rozando la frente
y un pájaro loco anidó en mi pelo.
Solo un pedacito queda al exterior,
insignificante, pequeño, ridículo,
expuesto a la gente, al frío y al calor,
expuesto a la gente, solo un pedacito.
Pero yo soy más, al cielo me alargo
tocando las nubes que rozan mi cuello.
Y aquí, desde arriba, me miro los pies
posados desnudos sobre el tosco suelo.
Extiendo mis brazos y abarco este mundo
y otro más allá, y otro si me apuras.
Me como los campos, los valles transito,
atravieso mares y cruzo fronteras,
Y cruzo fronteras, y cruzo fronteras,
hasta el infinito.
Mírame. ¿Qué ves? ¿Puedes ver mi alma?
¿Mis sueños, tal vez? Solo un pedacito.
Solo un pedacito.
Eso es lo que ves.
                       Reyes Maraver  Diago
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HUELLA XVII: ANTE EL CUADRO LE JOUR DES MORTS

William-Adolphe_Bouguereau_(1825-1905)_-_The_Day_of_the_Dead_(1859)[1]

ANTE EL CUADRO LE JOUR DES MORTS (1859) de W. A BOUGUEREAU

Herida por la ausencia
tus lágrimas vertebran tu universo,
tu tez translúcida hace palidecer la nieve.
No puedes levantarte casi
y en mi regazo yace
tu cuerpo vencido.
Se ha ido para siempre.
Lo sabes. Apenas es ya unas flores,
una cruz, una tumba.
La oquedad de su cuerpo aún
cifra su huella en la blandura
de las sábanas.
En su cuarto todo sigue igual,
sus objetos cobran vida:
Los zapatos bajo la ventana,
el abrigo, el sombrero gris,
el cenicero con las últimas colillas.
Hace nada estaba aquí
pero ya se ha ido para siempre,
se desvaneció con el humo
del último cigarrillo…

Solo queda
al otro lado del espejo
el aroma de su piel herida.
Ana Recio Mir

Eugénio de Andrade

EL LUGAR DE LA CASA 

Una casa que no fuese un arenal
desierto, que ni casa fuese;
sólo un lugar
donde llegó la lumbre y en su entorno
se sentó la alegría; y calentó
las manos; y partió porque tenía
un destino; cosa simple
y poca, pero destino:
crecer como árbol, resistir
al viento, al duro invierno,
y una mañana sentir los pasos
de abril
o, ¿quién sabe?, la floración
de las ramas, que parecían
secas y de nuevo se estremecen
con el súbito canto de la alondra.

traducción de Manuel Díaz Martínez

LA DIFERENCIA

 

Tú dando a una metáfora

su sigiloso espectro de sentido.

Tú cuidando ese ritmo, la cadencia

de sombra de tu verso, y a su música

dejando confiada la memoria.

 

Tú afanado en un verso que te exprese,

tú entre la oscura luz.

 

Mientras afuera

la vida se destroza en su esplendor,

inocente y rotunda, y en nada parecida

a ningún ejercicio de elegía.

de Felipe Benítez Reyes, de Sombras particulares

 

 

 

 

HUELLA XVII: LI PO BEBIÉNDOSE LA LUNA

Li Po

bebiéndose la luna

 

 

Fui azaroso viajero en manos de la belleza;

en su seducción vagué soñando sobre las flores,

campos, veredas y refugios,

con el amoroso goce que el sol esparce sobre la tierra.

Amé con la inocencia que el corazón dicta,

ajeno a la moral y sus infortunios.

Me tentó la utopía,

nadie es tan cruel que ignore el llanto de un niño.

Los pájaros comieron en mis manos,

traspasé la infamia con mi espada,

ningún valor di al lujo y abandoné la corte.

No ambicioné sino los sueños

que reposan en el fondo de una copa,

desvelando la soledad de todos los caminos.

Amigos, ahora que avanzo ebrio de estrellas

 

¡Cómo no entregarse a la mansa luna

en el dulce balanceo del agua!

 

¡Cómo no entregarse a la blanca sangre

que me llama desde el alto cielo!

 

¡Cómo no entregarse al lábil fulgor

que abrazo en su vértigo!

 

Triste orilla,

redonda ceniza plena,

danza brillando la noche

en la luz que

 

aúllo

 

y me acoge.

de Florencio Luque