Mi lectura del libro de Haikus ” Cuenco de azahar” de Gregorio Dávila

Mi agradecimiento a la revista digital Luz Cultural por la difusión de mi reseña, que podrán leer en este enlace:

https://www.luzcultural.com/cuento-de-azahar-la-bella-contemplacion/

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II Ciclo de encuentros con poetas: Rocío Hernández Triano y su poemario “Pisar cieno”

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Y el jueves 21 de febrero a las 19. 30 horas estará en el II Ciclo de encuentros, “El autor y su voz”, la poeta Rocío Hernández Triano con su poemario “Pisar Cieno”, premiado con el XXXIV Premio de Poesía Ciudad de Badajoz. Con su lectura se siente el acusado dolor por la pérdida de los seres queridos, nos golpea un devastador sentimiento de orfandad, un prematuro conocimiento de la enfermedad y de la muerte.

Es la suya una poesía que bebe de la memoria y de las grietas/heridas que vamos acumulando a lo largo del vivir. Poemas construidos con retazos de memoria, con los gestos cotidianos que atraviesan los dias,  los ” recuerdos mellados”. Memoria-y poemas- que enlazan los recuerdos personales con la historia de nuestro país. Poemas que elevan su canto a las mujeres de su familia, quienes han hilvanando durante décadas ” cuerpos y botones” . Poemario intimista, confesional, incluso existencial en su enfrentamiento a la muerte, al miedo al vacío o a la nada.

Con un estilo ecléctico donde cabe la narración, la sugerencia lírica, el coloquialismo y la imagen genuina, lo mítico- asi su poema “La invasión de los bárbaros “,  que bebe de la tradición literaria para encaminarse hacia otro modo de decir.  Una poesia que a veces me recuerda (ay, cómo nos gusta rastrear influencias) a Francisca Aguirre y a Juana Castro, a quien cita en su inicio.  Una poesia rotunda que llega como una flecha.

En este enlace podéis leer una reseña sobre el libro por el poeta y crítico literario Daniel García Florindo:  https://aulapoematica.wordpress.com/2016/04/28/la-hija-del-limo/

 

GARABATOS

Sobre el libro más negro de Vallejo,

sobre un Trilce trillado

donde fue estilizado mi dolor como púas

allá por los noventa.

Mi dolor, que era chato,

romo como llanura de las ánimas muertas.

 

Allí, sobre ese libro negro,

en el vallejo verso más humano

y en las límpidas páginas iniciales,

Julia, con cinco años,

ha dibujado flores, calabazas,

monigotes de ácidos colores,

la sonrisa de un sol, fluorescentes insectos,

un zigzag que precede a la escritura.

 

Y al pie de algunas páginas

donde Vallejo aúlla

y se come la cal del calabozo,

Julia pinta su nombre

y una jota invertida

(una cóncava madre luminosa)

acuna la vocal como a un cachorro.

 

El poeta descansa

en la inicial tan breve de mi hija

 

y el dolor se nos vuelve soportable.

 

IN MEDIAS RES

Fui una niña con suerte

 

Mis padres se querían, yo era la hija única

de un sargento a caballo,

con magnum parabellum y R12

en un barrio parido por el tardofranquismo,

un Jordán de la urbe donde se bautizaban

las familias de pueblo,

la gente de arrabal y patios de vecinos.‌‏

.

Mi padre había heredado un encinar

de una tía soltera.

Mi madre se enjaezaba con las colchas morunas,

con la chinoiserie y el perro de lladró

que nos dejó la tata.

Comíamos yoplait, yo tenía tres barbies

y un cinexín y un cuarto para juegos,

cierta vaga conciencia

de ser algo más rica que otras niñas:

veraneo en la playa, vestido en la patrona,

no escatimar el duro en el quiosco.

Hija de funcionario, te llamaban,

y te sentías ungida por un óleo santísimo.

 

Y así crecí, entre ufana y culpable,

con los kilos de más que impone la alegría.

 

Siempre en tierra de nadie.

 

Hidalga sin blasón de los barrios obreros,

dulce pez resbaloso de las aguas salobres.

 

ENSAYO SOBRE TERRORES

 

Hay terrores enormes

que pesan como hierro en las entrañas:

 

las guerras nucleares, las iras del mercado,

siete mares temblando, el hombre que podría

con un simple chasquido borrar el universo,

la lírica homicida de ciertas religiones,

el cáncer invasivo, los leves dictadores,

los dictadores ciegos,

el bostezo de Dios sobre los bellos pueblos

tan pobres como cardos.

 

Y hay terrores pequeños

que pican como pulgas en el alma:

 

la lacra del insomnio, el gen de la locura,

los ganglios en el cuello de mi hija,

el silencio sin masa del otro ser que amamos,

los días laborables, los rituales vanos

o la ridiculez de nuestros ideales.

 

Hay terrores gigantes en problemas menudos.

 

Hay terrores purísimos,

 

como temer la nada.

 

MARÍA

 

con diez años, mi abuela trabajaba

de la siembra a la siega.

De los higos a brevas dormía sobre el pasto

en el lecho de agosto.

La caporala le cegó los pezones

cuando de la camisa le brotaron los pechos.

Apañaba altramuces,

desnudaba las nueces de su cáscara amarga

con sus dedos de niña.

Amaba los arroyos

donde lavó los paños de la primera sangre,

donde parió a mi padre

(la burra andaba torpe esa tarde de abril,

por más que la arrearon no se movió del sitio).

Cuando llegó la guerra

no maldijo el cuchillo,

abrió de par en par la puerta de su alcoba

e hizo de la iglesia economato.

Luego vinieron años de silencio,

décadas ciegas de un terror sin palabras,

la lluvia y el esparto.

Besó la tos ferina, el sabañón,

las chinches o la sarna

en la piel de lagarto de mi abuelo.

Cuando se hizo vieja

lo olvidó todo un poco.

Puso una gasa estéril a tanta desmesura

y solo pretendía que su difunto esposo

la cubriera de noche

para vencer el frío de la muerte.

Su corazón explotó una mañana.

Su pobre miocardio,

cansado de los años de jornal a mendrugo,

de noches de jergón y aceite de ricino

para espantar la gula

del cuerpo inmaculado de las niñas del hambre.

 

De ella no me quedan muchas cosas:

un baúl con polillas,

ciertas fotos pobladas de cadáveres,

la memoria ruinosa

de una patria partida y desconchada,

de una patria que devoró a sus hijos.

 

ROCÍO HERNÁNDEZ TRIANO. Obtuvo el Premio Extraordinario de Licenciatura en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla. Es profesora de Lengua castellana y Literatura, y ha participado en la creación de libros de texto para esta materia como coautora. Ha publicado los libros de poesía Viento de cuchillos (Ediciones En Huida, Sevilla, 2010), Equilibristas (Ultramarina Cartonera & Digital, Sevilla, 2010) y Los seres quebradizos (Torremozas, Madrid, 2013) con el que obtuvo el XXX Premio de Poesía Carmen Conde. Pisar cieno, con el que ha logrado el XXXIV Premio de poesía Ciudad de Badajoz 2015.

Presentación del libro de haikus “Cuenco de azahar” de Gregorio Dávila de Tena

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El próximo martes, 19 de febrero a las 20 horas, acompañaré a dos buenos artistas y poetas – Florencio también es pintor , Gregorio tiene afición a la fotografía; dos disciplinas artísticas en las que se trabaja con la imagen y la visualidad, a semejanza de la poesía-. Agradezco a Gregorio, con una larga trayectoria en el camino del haiku ( y de la poesía), que me pidiera que fuese su maestra de ceremonias en ese bullicioso espacio cultural que es el Ateneo de Mairena del Aljarafe. El libro está prologado por Fernando Rodríguez-Izquierdo e ilustrado Florencio Luque.

Elena Marqués será la otra madrina. Excelente escritora y estudiosa de la literatura, Licenciada en Filología Hispánica y cursando actualmente el Máster en Literatura Hispanoamericana, presentará el libro de aforismos El gato y la madeja, de Florencio Luque.

Gregorio Dávila de Tena. Licenciado en Psicología por la Universidad de Sevilla. Ha obtenido varios premios: Premio especial Museo Histórico Masamune, Date del III Premio Internacional de Haiku por Japón Tsunenaga Hasekura (2016). XIX Premio de Poesía García de la Huerta (2017). Incluido en varias antologías de haikus siendo
la principal Un viejo estanque, Comares 2013. Editor-coautor de Clarea el día.Antología de haikus en castellano, Mandala 2014. Recopilador del libro Luna de Alba CreateSpace
(Amazon), 2014. Editor del blog Grego.es y responsable del foro Paseos.net-taller de iniciación al haiku.

Florencio Luque. Florencio Luque. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla. Ha publicado en revistas (El fantasma de la glorieta, Estación poesía, El hombre a caballo, L´Almazara) y  publicó el poemario Lo que el tiempo nombra, Ediciones En Huida (2014). Ha colaborado en las antologías Tribu versus Trilce (Karima Editora, 2017), Poeta en Nueva York Poetas de Tierra y Luna (Karima Editora, 2018) y I Certamen de Poesía Edith Checa (Círculo Rojo Editorial, 2017).

El poeta y su voz: Rafael Adolfo Téllez Flores y “Los cantos de Joseph Uber”

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El próximo miércoles 23 de enero a las 19.30 horas en la Casa del Libro, sita en Calle Velázquez nº 8 de Sevilla, tendremos el encuentro con el poeta Rafael Adolfo Téllez Flores, a quien agradecemos enormemente su esfuerzo por acudir y poder disfrutar de su poesía y  tener la oportunidad de entablar con él un diálogo sobre la escritura y de su libro “Los cantos de Joseph Uber”, editado por Comares, La Veleta en 2011 .

En Los cantos de Jospeh Uber su autor usa este heterónimo, que aparece en alguno de sus libros anteriores, según él: “porque uno siempre quiere ser otro”. En este caso, Joseph Uber es un pastor que aparece explícitamente en el capítulo III ( tal vez el abuelo del sujeto que habla en los poemas), a semejanza de Alberto Caeiro, amigo pastor de Pessoa. Un pastor que vive en un paisaje o espacio mítico creado por Rafael, el mundo rural del ayer, que puede ser el pueblo donde vivió su familia y en el que transcurrió feliz su infancia, rodeado de naturaleza. De ese mundo agrario y humilde presente en su poesía retrata: el cementerio en el día de los difuntos, las charlas entre vecinos, los carros tirados por mulos, las torres del campanario donde anidan las cigüeñas, la feria del pueblo y su salón de espejos, los rebaños, las cosechas, las fanegas de trigo, los mulos girando en las norias, las mujeres lavando en la orilla del río… por esto dirá que es el suyo un mundo antiguo.

El propio autor manifiesta que su poesía es un regreso a viejos lugares donde amó la vida; pero el regreso es, en realidad, un sueño, y escribir poesía supone una lucha contra el paso feroz y asesino del tiempo. Ante la imposibilidad de poder volver sobre nuestros pasos nos salvamos gracias a una poesía elegíaca (salpicada por la lluvia, con su rumor de flauta triste) que bebe de la memoria y de los recuerdos del pasado, de las raíces, del árbol familiar.Todo el poemario  es una dulce elegía: tanto por los familiares amados y ya ausentes, con quienes habla y que le acompañan, a quienes inevitablemente añora con dolor ; como de todo ese mundo que fue y que parece estar desapareciendo en los tiempos de hoy. Como dice el editor, Andrés Trapiello, supone un canto a la vida desde la conciencia de la muerte.

No obstante, estos lugares donde amó la vida ahora le azuzan con sus sombras y sufrimiento por quienes ya no están, como bien dice en su poema Elegía, y le incitan también a marcharse. Como en el personaje de Ulises, se marcha llevando a su Ítaca dentro, pero cuando regresa, ni Ítaca es la misma ni Ulises tampoco.

El capítulo III, Los cantos de Joseph Uber, rememora la vida de un pastor de principios del siglo XX, un modo de vivir deseado por el propio poeta: Quizás es Joseph Uber/ quien tatúa mi vida ahora/ en alguna piedra vieja; pero, como indicamos anteriormente, el sujeto poético es un extranjero que escribe estos versos, alguien que regresa pero de tan lejos que no podrá ya llegar nunca. En su poema Forastero dirá: Soy solo el forastero que todo lo perdió. Qué solemos cantar, sino la pérdida.

Otro espacio del libro será el café en el que vivió el amor y que evoca en su capítulo IV. Y como última geografía del poemario está Turóbriga, semejante y confundida con su mundo originario, por cuyas calles no sabe si va o vuelve.

Es este un poemario que, sin lugar a dudas, os gustará, de poemas tiernos y vibrantes de emoción que reflejan un mundo rural, un mundo de ayer – a semejanza de Stefan Zweig- en peligro de extinción por el éxodo de la población a las ciudades (mayormente en el norte del país y que pudiera suceder también aquí, en el sur ), por la tecnología y el devenir de la sociedad. Un mundo más lento, artesanal, familiar, humilde, sencillo, amoroso, agrario.

Supone igualmente la pérdida de su mundo personal, familiar , un tiempo de ayer que trasciende fronteras, con el que todo urbanita, aunque no lo despierte el canto del gallo, se sentirá identificado.

Es la suya una poesía cálida, intimista y confesional.  Una escritura clara y sugerente, que demuestra que para hacer buena poesía no es necesaria la oscuridad, una poesía que encuentra las palabras exactas y que sabe convocarnos al prodigio.

AUTORRETRATO

Se apoya en el umbral y con un palo, sobre la tierra,

traza unos versos

como quien sale al monte a buscar leña

para hacer un fuego con que calentarse las manos.

 

LA LLUVIA

Alguien que he sido la oye, de nuevo,

en esta calle, a la que ha vuelto

con su rumor de flauta triste.

Es la misma lluvia de antes, aunque parezca

hoy más oscura, sobre el empedrado,

mientras oigo la voz de mi padre

y empujo el viejo portón

de la casa en que, ayer, la vimos

cayendo sobre el patio.

La antigua lluvia que salpica Zócalos y plantas

y puebla los aires con su rumor de flauta pobre,

y quiere llevarme lejos.

 

LA CASA DEMOLIDA

No sé cuánto de mí queda en esta calle.
Si alguno me ofreciera una silla
al pie de la casa demolida,
aquí me quedaría.

Quizás en su alacena esté
el manuscrito que perdí
y que he buscado en estos años…

Qué son esos pájaros revoloteando hoscos,
bajo la techumbre;
qué son esas voces si nadie me habla.

En algún lugar de esta calle,
vive una mujer a la que amé. Su nombre es aún
un tizón encendido, pero lleva siglos bajo tierra.

Por eso acaso lo mejor sea detenerse a ver la lluvia,
desde el umbral
de esta taberna desierta de provincias.

En el ancho ventanal, miro el valle antiguo
donde se perdieron los huesos de los míos.
Ahora relumbran con la lluvia
y son el horizonte.

 

ELEGÍA

No quiero ya más

regresar a la calle donde solía,

ni al umbral del que, en verdad, yo no me alejé nunca.

 

Aquí, cierto día, mi hermana se ocultó

triste en su costurero

y nunca ha vuelto.

 

Acostumbraba, por entonces, a venir con el sol,

hasta la puerta, un gorrión,

al mediodía.

 

Mi padre partió, también, lejos, sobre un mulo

y ya ninguno me aguarda a la mesa.

Sólo el viento tirita de frío en el mantel.

 

Ya no quiero estar más aquí

avivando el carbón duro de estos montes,

mientras asoma, ceremonioso, el otoño

con su oscuro sayal de bronce antiguo.

 

Del naranjo que mi padre plantó en el patio,

hacia 1960,

brota “ahora” una bandada de pájaros que llevan

escritos en sus alas

todos los nombres de la tierra.

 

UN VIEJO CAFÉ

La lluvia es siempre joven.
Viene de lejos.
Trae alhajas de su paso por comarcas invisibles.

Pasa con su traje de aldeano el viento.
La lluvia siempre es joven,
pero el hombre que la mira, en la mesa vacía
de un café, sabe que su noche avanza.

Palpa las piedras en que cayeron otras lluvias,
no lejos de aquí, en otro café.
Quizás en esta misma calle,

mientras se oían pasos severos de gentes de otro siglo,
voces de mujer, tintineo de cucharas
que son ya niebla en los espejos.

La lluvia llega, de tiempo en tiempo,
y esparce su luz en el umbral del café
donde el hombre escribe.

Sólo él ha envejecido.

 

UN TANGO PARA ANA

Viejo café de las afueras al que un año
y otro año llegas,
con tu raída bufanda color de oro viejo,
mientras oigo no las voces, no la música,
sino la lluvia…

La lluvia que viene de tan lejos
con su sayal de lana negra
y moja la sucia cristalera
del recodo
donde tomo mi taza de café
en una mesa en la que a menudo conversa
conmigo el mismísimo Gardel.

Viejo café al que te acercas,
un día cualquiera de mi juventud,
mientras aún en tus ojos arde el sol
de las gitanas,
mientras oigo no las voces, no la música,
sino la lluvia pobre.

 

RAFAEL ADOLFO TÉLLEZ FLORES nació en Palma del Río (Córdoba) en 1957. Licenciado en Filología Hispánica. En la actualidad ejerce como profesor de Educación Secundaria, labor que compagina con la de guionista de televisión. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Si no regresas junto al portón oscuro (Endymión-Ayuso, Madrid, 1988), Quienes rondan la niebla (Renacimiento, Sevilla, 1993), Los adioses (Renacimiento, Sevilla, 1996), La rosa del mundo (Universidad Nacional Autónoma Metropolitana, Ciudad de México, 1997) y Muertes y maravillas (Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2004). Los pasos lejanos (Poesía completas). Comares/La Veleta, 2007, Los cantos de Joseph Uber ( Comares/ La Veleta, 2011) y La soledad del aguacero (Renacimiento, 2017).

Podemos saber más sobre Rafael Adolfo Téllez en su página:https://www.sites.google.com/site/rafaeladolfotellez/

 

 

 

 

Encuentro con María AR y su poemario “Mapa de la memoria”

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El próximo jueves, 13 de diciembre a las 19.30 horas, estará con nosotros en la Casa del Libro  de Sevilla, Calle Velázquez n.8, Remedios Álvarez Rosario para hablar de su último poemario, IV Premio de Poesía Juana Castro.

En “Mapa de la memoria”, a través de un personaje ficticio,  Galit, la hija de una familia sefardí víctima de la expulsión de los judíos en España en el año 1942, Remedios Álvarez da voz a todas las personas que han tenido que huir de su patria por diversos motivos , a todos los migrantes y desplazados, a quienes dedica este poemario; en cuya piel se sitúa gracias al recurso del monólogo dramático,  el cual nos ayuda a tomar la distancia necesaria a la hora de escribir , sin dejar da acercarse al lector con el tono confesional de la primera persona del singular. Una técnica de gran influencia en nuestra poesía, y en la poesía moderna en general, y analizada por Robert Langbaum en su ensayo “La poesía de la experiencia: el monólogo dramático en la tradición literaria moderna”. Por lo tanto, quien habla en el libro es una niña, una niña que muestra su ingenuidad, inocencia y asombro ante el triste y trágico acontecimiento; quien dialoga con su padre o su madre, a los que interpela en muchos poemas, y a los que interroga en un intento de entender las circunstancias, la injusticia cometida.

Padre,

¿puede el Rey escribir en un edicto

que a partir de tal día de tal año

ésta no será ya nuestra tierra,

 

y que sea cierto?

Libro que trata sobre el destierro y exilio que pueda sentir cualquiera de nosotros, pues como muy bien dice la poeta Chelín Alcayde sobre este poemario , todos guardamos la nostalgia de alguna patria perdida: la infancia , algún amor, la madre, los abuelos. Todos hemos perdido alguna vez una casa, nuestro refugio o centro de felicidad, y nos quedamos con las llaves, su recuerdo en la memoria. ¿Podré llevarme, madre/ la luz de las mañanas? El hecho de que se dedique también el libro a las abuelas y abuelos, personas siempre necesarias, que nos provocan una enorme ternura y nos llevan a la infancia, y que la protagonista sea una niña, nos lleva a considerar que el poemario está tratando dos pérdidas: la pérdida física del lugar de origen y de la casa, y a su vez, la pérdida de la infancia , de la inocencia y pureza.

En esta expulsión todo lo material cobra suma importancia: el sauce del fondo del camino, su espejito de plata, la sortija esmeralda, el camisón de novia de la madre… todos los objetos amados, pues acompañaron en la vida, porque formaron parte de las vivencias y de la propia identidad. Subyace un fuerte y arraigado vínculo no solo con el lugar, sino también con los objetos que no puede uno llevarse y que se siente parte de sí mismo.

…Esto no puedes llevártelo, Galit.

Tampoco eso.

 

¿Cómo dejar atrás

las cosas tan amadas?

Un sentimiento de desarraigo la inunda al arrancarla de su tierra, igual que si arrancaran una raíz,  dejando desolados a ella y a su familia.

La casa que tiene que abandonar es fuente de amor, acogida, alegría, ternura, bienestar, belleza, la casa de la familia que guarda la historia de su linaje, donde aprendió a leer, donde aguardan las tumbas de sus familiares, como si parte de su identidad también se disolviera. Y no sólo dejarán atras bienes, tambien personas cuya amistad siente insustituible.

Después de este obligado viaje nada será igual. Supone cierta pérdida de lo que uno es y de sus costumbres, una necesaria exigencia de adaptación. Conlleva una triste maduración y crecimiento en otro lugar, donde no hablan su lengua, no la conocen y donde no se siente entendida. Dentro de las pérdidas irreparables, de lo que dejó atrás, estará la alegría.

Y resiste este nuevo comienzo volviendo continuamente a la memoria de su casa y a su origen, donde fue feliz y se sintió alegre.

Quien habla, casi al final del libro, no será la niña Galit, sino quien ha sentido el dolor de la expulsión del paraíso y ha entrado en el mundo desencantado de los adultos. Ya nos lo advertia Rilke, la belleza es el comiemzo de lo terrible. 

Lo único que le queda entonces será el lenguaje, su acto de resistencia: Conservar/ con todas las palabras a mi alcance/ la única patria que me queda.

Pero esto es solo un breve avance de todo lo que hablaremos el 13 de diciembre. Y como bien sabéis, estáis invitados. Os recuerdo que la librería tiene la buena costumbre de acogernos e invitarnos a una copa  de Manzanilla La Guita, Bodega Valdespino, del Grupo Estévez.

Y os dejo con algunos de sus poemas:

MI NOMBRE ES GALIT

Mi nombre es Galit,

hija de Yehuda Ibn Dana y de su amada esposa,

Sara.

Nací en Sefarad,

aún guardo las llaves de mi casa.

Sólo eso me dejó este destierro eterno.

 

CREÍMOS

Creímos,

muy dolorosamente,

que dejábamos allí nuestros enseres,

 

sin darnos cuenta

que éramos nosotros mismos

los que se quedaban.

 

ACTO DE RESISTENCIA

 

Seguir llamando patio al patio

y jazmín al jazmín

aunque no haya.

 

Al agua

llamarla siempre agua

¿O acaso

puede quitar la sed otra palabra?

 

Llamar a los sabores por sus nombres:

pimentón dulce,

aceite y aceitunas,

matalahúva y miel,

canela en rama.

 

Al amor llamarlo amor,

ternura a la ternura

y decir alegría

para invocarla.

 

Conservar

con todas las palabras a mi alcance

la única patria que me queda.

 

 

 

 

 

 

 

18 de octubre: José Mateos

El próximo jueves 18 de octubre a las 19.30 horas tenemos la suerte de tener en nuestra tertulia literaria, ya sabéis que es en la librería Casa del Libro sita en Calle Velázquez nº8 de Sevilla, al poeta jerezano José Mateos, con quien haremos un recorrido por su trayectoria poética con su antología “Poesía esencial”. Todo un lujo contar con un autor que ha sido finalista del Premio Nacional de Poesía en varias ocasiones, en concreto con sus poemarios Días en claro, Canciones y La niebla; y cuya poesía, independientemente de premios, me parece necesaria conocer , además de un deleite para el lector detenerse en la belleza de un verso contemplativo y reflexivo, intimista y trascendental, tensado por una claridad esencial.

Prologado por el también poeta Pedro Sevilla, quien nos guía con acierto y conocimiento por la poesía de José Mateos, el poeta de las preguntas, nos dice. Y efectivamente leemos un autor que busca descifrar el misterio de la vida, lo no visible, en el que la razón va poniendo espinas en el camino de la fe. Un camino indócil y pedregoso a veces por culpa de la vida, con su carga de dolor y muerte, y que convierte en ocasiones el verso en un campo de batalla. Una batalla que parece ganar la fe, a pesar de todo, una fe que salva del absurdo y el vacío. Y una voz que se interroga por qué y a qué, que le hace llevar la noche dentro, que sitúa su casa en la niebla. Dudas y cantas: ésa es tu creencia. Y por supuesto, no sólo hallamos esta sed de conocimiento, también trata sobre el paso del tiempo, el amor, la pérdida de la infancia, la belleza de la vida, su desasosiego, la muerte, la eternidad o vida eterna… de todo ello hablaremos con más profundidad, pues solo he podido hacer una primera lectura, pero os dejo algunos poemas para que os hagáis una somera idea. Estáis invitados, la entrada es libre y gratuita.

Y para celebrar la buena compañía brindaremos con Manzanilla La Guita, Bodega Valdespino, del Grupo Estévez.

 

 

EL TIEMPO

En las tabernas sucias, en los cuartos

con fotos y cartones de otra época,

en la humedad de un sótano que guarda

el disfraz y el espejo, el uniforme,

los guantes que confiesan su lujuria,

la candorosa media y el caduco

papel donde se riman los recuerdos.

 

En la confusa urgencia de la muerte

que ahora recorre un cuerpo entre las sábanas.

 

En la abolida noche donde, herido,

conversa el asesino con su crimen.

 

En las sórdidas calles. En los trenes

vacíos, irreales de una noche.

 

Contra mí, contra ti, contra la vida.

 

En la terca oquedad de este poema.

Una extraña ciudad ( 1983-1990)

 

CUANDO SE HIZO LA NOCHE

A Francisco Bejarano

 

Aquí, frente a este cielo que ahora extiende la noche,

sentados a la brisa tranquila del verano,

en tu casa, movido por uno de tus libros,

mientras ibas leyéndonos sus versos, sus palabras,

 

al fin he comprendido que nunca, nunca acepta

ni aprende uno a estar solo y a vivir con el miedo.

 

Tú nos dices que arrastra el viento lo que es puro,

que se lleva estos días, que nos dejan las tardes

sólo dolor y angustia. Lo sé , pero no importa.

 

Aquí , mientras yo oigo tus severas palabras

y ladran unos perros, allá al fondo, en la noche,

qué suerte es estar juntos y apurar nuestras copas.

Días en claro ( 1990-1995)

CANCIÓN 15

(Un mal despertar)

Muy lenta, al anochecer,

entraste a ver mi secreto…

 

Alma, ¿de dónde has venido?

¿desde el fondo de qué sueño

vuelves fría y asustada?

¿Qué es lo que viste por dentro?

Canciones (1998-2000)

 

Dicen que en la oquedad de algunos pozos,

entre sus grietas, donde crece el musgo,

hace su nido a veces algún pájaro

y entona allí su canto incierto.

 

Dudas y cantas: ésa es tu creencia.

Salvar un poco de ese instante único

que llega a ti como un deslumbramiento,

como una sacudida que deshace

y diluye fronteras, cotos, límites…

Porque también el tiempo, cuando quiere

y se detiene en medio de dos cifras,

es un peso que eleva, es como un bálsamo

que alivia el daño de vivir sin rumbo,

de estar perdido en donde nada es nada

y todo cambia de sustancia y forma.

Vive y alégrate. Muerde la fruta

que es ser y respirar hoy todavía

aunque, al comerla, su sabor amargue.

Entra sin miedo hasta un lugar más hondo:

no hay caminos que salgan de este bosque.

 

Vuela a tu lado el cuervo y sientes frío.

Tus manos palpan una puerta, un muro.

Se oye a lo lejos un rumor de agua.

Te cercan voces, pasos de otra vida.

Y tu casa está aquí: es esta niebla.

La niebla ( 1999-2002)

 

EL POZO

Cuando usted, tan amable,

me enseñaba los últimos

tilos de su jardín,

quise asomarme al pozo.

Lo que vi, ¿no lo sabe?:

 

yo también, aun de día,

llevo dentro la noche.

Reunión ( 2006)

 

EPÍLOGO

En donde el mundo termina,

al otro lado del mar,

este horizonte, ¿qué oculta?

¿qué es lo que tiene detrás?

Parece que acaba y siempre

su más allá es más allá.

 

A veces, siento el milagro.

Casi toco una verdad.

Pero todo es horizonte

que se aleja más y más.

Cantos de vida y vuelta (2008-2011)

 

CANCIÓN DE LO QUE ESTÁ POR DECIR

Te esperé siendo niño;

en las noches del miedo

sólo con mis preguntas.

 

Pero tú no acudiste.

 

Te esperé sin paciencia

más tarde, entre la gente,

dándote nombres falsos.

 

Y te sentí más lejos.

 

A la luz de una lámpara,

te esperé en otras voces.

Y casi eras audible

en algunos poemas.

 

Pero tú me rozabas

y desaparecías.

 

Después, de muchas formas

y en muchas ocasiones

te he esperado, Palabra

aún por decir, que dice

y no dice, que sabe

lo que nunca se sabe.

 

Canción que me contiene.

Poemas de un libro inédito (2013-2014)

 

Para saber de la biografía de JOSÉ MATEOS, poeta, ensayista, narrador, pintor… qué mejor información que la que aporta su propia web : http://josemateos.es/biografia