HUELLA XII: HUIDA DE EGIPTO

Huida de Egipto

He de decir que no he sido libre

lo noto en mis ropas

en mi piel curtida

en la expresión de mi rostro

modelado por la angustia

en mi sangre

en el dolor

en mis manos encallecidas

lo noto.

 

En tus dominios

en el desierto

bajo las alas de tu protección

junto a las piedras

de la pirámide

buscamos la salvación

 

y es que eres un mar

que lo envuelve todo

y que nos impide pasar.

 

Pero hoy un hombre

alzó su bastón

y abrió en dos las aguas.

 

Javier Castel Sánchez

LAS RUBÁIYÁTAS DE HORACIO MARTÍN. FÉLIX GRANDE (II)

El TÍTULO y las citas que abren el libro nos lleva a Oriente. Las Rubai son un tipo de estrofa poética persa de 4 versos endecasílabos de estilo sobrio y desnudo, las más famosos son las Rubaiyat del poeta persa Omar Khayyam (siglo XI). Se tratan de breves sentencias que hablan de la fugacidad de la vida, su absurdo, la sinceridad, el refugio en el placer y el vino, el amor intenso, el dolor del abandono, con un fondo existencial y nihilista. Podemos encontrar cierta relación e influencia de este poeta en el pensamiento de fondo del poemario que comentamos.

¿Por qué te angustia Khayyám, el

Excesivo pecar? Inútil es tu tristeza.

¿Qué hay después de la muerte? La nada

o la Misericordia.

 

                        LXXII

Un poco de pan, un poco de agua

fresca, la sombra de un árbol y tus ojos.

Ningún sultán más feliz que yo. Ningún

mendigo más triste.

 

Llama la atención el uso de un heterónimo, Horacio Martín, como autor de los poemas, al estilo de Pessoa y Machado. Hay quien afirma que este nombre procede de la unión del Horacio Oliveira (personaje de Rayuela de Cortázar) y de Abel Martín de Machado. Este último reconocido expresamente en el libro al relatar que Horacio Martín es viznieto de Abel Martín (poeta filósofo, maestro de Juan de Mairena). No obstante, en Wikipedia se comenta que Horacio procede de Ricardo Reis de Pessoa, pero me parece mucho más afín con el poeta de las rubáiyátas, Horacio Oliveira, quien viaja a París, en un proceso de búsqueda personal, y conoce a la Maga, pero vuelve a Buenos Aires con su novia , a semejanza también de Ulises, al que le escribe en su poema El peso de Corfú sobre la espalda: …y al igual que Nausica, los dioses y los siglos/ te compadezco lentamente, Ulises. En su concepto, renueva el mito de Ulises en la idea de que el regreso supone la decadencia y el fin. Estas referencias y otras que encontramos crean una red de culturalismo (tan característico en los novísimos) con las que dialoga y a través de las cuales se expresa.

Encontramos todo un juego ficcional en el uso de este heterónimo como máscara y la invención de varias identidades. La nota de Félix Grande, quien se declara amigo de Horacio, a quien presenta como un hombre en crisis, nos habla de su historia de amor con Doina, su huida, los motivos por los que publica los poemas de su amigo a fin de que dé señales de vida. También se inventan un crítico…es toda una fabulación novelística en la que se funde prosa y poesía y que le puede servir para colocar distancias y barreras, para contrarrestar un poco el estilo confesional de sus versos.

En la nota de Félix Grande se cita a Sartre: “Se hubiera sentido muy feliz si su único conflicto hubiera sido el de la carne y la ley”, poniendo de relieve desde el principio que este libro no solo habla del erotismo y su enfrentamiento a las normas sociales, sino que transciende hacia el existencialismo. Al final del poemario, en su carta a Doina, volverá a referirse a otro escritor existencialista, Albert Camus.

Las CITAS que abren el libro vienen a revelar uno de los temas: el cuerpo como algo sagrado, santo y el alegato a favor del placer, el principio de placer como principio de vida, en contraste y evidente rebeldía frente a una España reprimida por la educación nacional- católica , según la cual la sexualidad era pecado y tampoco podemos olvidar que era un país en el que no cabía el divorcio, pues la ley de divorcio es de 1981, dato a tener en cuenta en estos poemas que expresan la pasión y el amor por una mujer prohibida, que suponemos casada. En todo caso se vivía una anacronía y la injusticia, sufrimiento, falta de libertad y condena al no poderte divorciar de la persona a la que uno/a había dejado de amar.

Casualmente encontré que Doină, el nombre de la mujer de Horacio Martín, es una especie de la lírica popularrumana, en la cual el ser humano, en directa relación con la Naturaleza, expresa sus sentimientos de añoranza y desconsuelo. Puede ser que el uso de ese nombre femenino no fuese casual.

El libro se estructura en las siguientes partes: la nota de Félix Grande, las Rubáiyátas y los Cuadernos de Lovaina y termina con la carta de Félix Grande a Doina, haciendo referencia al mito de Sísifo.

Se inicia con un poema de nostalgia y dolor por la pérdida de los amores de diferentes mujeres y se ordena no traicionarse, no olvidar, sino sufrir el tormento porque esos momentos serán el eterno instante y ese sentimiento amoroso lo hace inmortal, gracias a él combate a la muerte. Esta idea será contradicha en los últimos poemas, en los que prevalece el nihilismo, pesimismo y desencanto propios de la cosmovisión barroca: La vida nos engaña, las cosas se nos van. Antes, hay todo un recorrido que va del esplendor, la pasión y la plenitud de un amor que se enfrenta a las leyes y convenciones hasta la ruptura, el tormento y dolor y que cae en dolor existencial.

Pero empecemos por el inicio y el esplendor. El cuerpo de la mujer y el lenguaje serán su salvación, su conocimiento y hondo saber, su patria, le ayudan a ser feliz y también a volverse más fraternal. Defiende el erotismo y la pasión como un modo de felicidad y ataca a una sociedad conservadora y reprimida que educa ciudadanos rabiosos y rencorosos.

Considera a la mujer y al lenguaje: origen, plenitud, energía, verano, profundidad, bautizadora, fuente de inspiración, creación, sol, amanecer, enigma, misteriosa boreal, la carne es la verdad, “o soy un sueño que se está soñando”, consciente de que lo que parece verdad, puede no serlo.

No solo es canto de los amantes, también nos muestra un mundo opresor, cruel, violento, hipócrita, donde impera el desvarío y el horror , donde el amor – o cuerpo femenino- será su refugio, lo único que le valdrá la pena. Poemas intensos que hablan de una historia pasional y ardiente con un tipo de mujer, la Loba: Tú puedes ser la espalda atroz de mi destino/ o mi patria de carne. En su visión de la existencia doliente y sufrida lo único que tiene sentido es el amor de la mujer, su centro. Fuera de tu alta carne no es posible/ gloria, consuelo ni misericordia. Será un amor que siente verdadero y por el que se enfrentan a las leyes y a la sociedad: Soy un peligro público que expande/ la pestilencia de la libertad.

Podemos escucharlo recitar el hermoso soneto Antes que el tiempo expire, nuestras manos:

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/antes-que-el-tiempo-expire-nuestras-manos–0/video/

 

No indica la causa, tal vez la lejanía y la inevitable ausencia en su vida cotidiana u otra no explicitada, pero el poeta acaba despidiéndose de la Loba y expresará su dolor y tormento en una sucesión de hermosos poemas sobre la ausencia de la amada, pues sin la Loba, la vida se vuelve lóbrega, escarnio, herida, muerte.

¿Sabías que hay bestias mansas y leales

que cuando pierden su pareja

husmean el viento con hocico furioso

atacan  braman  reflexionan

y se niegan a comer  y giran  y enloquecen?

(Elogio de las bestias)

Uno de los clavos del hombre- además de la miseria y el horror del mundo- está en el tiempo destructor y en la certeza de que todo amor es fugaz, entonces ese sentir se convierte en una maldición, se pasa del amor a… los vocablos del frío, la escritura de la maldad, las sílabas del odio y su despedida de la Loba alcanza un tono existencial en su inmenso desamparo ante el desvarío de la humanidad.

 

Hoy reúno mis sospechas más horrendas

con los recuerdos en donde alientan todavía

las mujeres petrificadas

 

y veo como el funéreo calendario

fue un ascua helada que se va extendiendo

por mí y por ellas y por el amor

volviéndome de ceniza el pasado

corazón y memoria inútiles

 

Entonces para qué he nacido

(Crueles pezuñas de los años idos)

 

Ilegible y efímero

con qué derecho exige el mundo

que yo lo abrace lo defienda

lo exalte lo bendiga

 

Si una Fuerza modela

con barro y con enigmas

todo este incomprensible desamparo

por qué le habría de dar mi corazón

 

Por más que miro las montañas

no veo destino a este jadeo

Ni una sola pregunta fue satisfecha

Jamás cesó esta sórdida injuria

 

Que ni la muerte ni la vida

me hagan temblar bajo sus sombras

ni yo celebre nunca

conjetura ni aberraciones

 

Solo tú, loba, seas quien seas

( En ti sola los dátiles y el agua)

 

Los Cuadernos de Lovaina crean unos versos formalmente diferentes, largamente desarrollados y acumulativos, más hondos y desesperados y desgarradores y paradójicos- de protesta y denuncia y lamento- que se agarran a su última tabla de salvación: la poesía en vos confío     en vos confío   en vos confío.

En la carta que Félix Grande escribe a la esposa de Horacio Martín, que comentamos antes, relataba que Horacio presentaba una nueva visión del mito de Sísifo, ofrece el olvido como única salvación del hombre ante su eterno castigo, contradiciendo los versos de su primer poema, como si ese intenso viaje amoroso hubiese sido revelador y le hubiese cambiado la percepción, no aferrarse a recordar y sufrir, sino olvidar, porque no somos inmortales.

Como lectora he disfrutado del sentimiento arrebatador , de la fuerza expresiva y de la protesta que destilan sus poemas, de la maestría de su escritura,  me ha enseñado del esplendor y de su hundimiento, del dolor humano y del tormento, de la decepción y el daño de la vida. Empecé leyendo Las rubáiyátas de Horacio Martín y el interés despertado en mí y la fuerza de su escritura me ha llevado a Biografía, espero continuar disfrutándolo.

FÉLIX GRANDE (I)

las-rubaiyatas-de-horacio-martin[1]

 

 

Nace en Mérida el 4 de febrero de 1937 mientras su padre combatía en el bando republicano. Su madre trabajaba como lavandera e improvisada enfermera cuando él era bebé como se puede deducir de estos versos de su poema “Generación”: sus trágicos pezones en la boca, /ebrios de obuses, apresurados de sobrevivencia casual, / para que yo chupara mi destino. Al terminar la guerra vuelven al pueblo de los padres, Tomelloso.A los trece años tendría que dejar los estudios, pero empieza a tener claro sus dos pasiones: la música y la literatura. Trabajó el poeta como oficinista en un almacén, carpintero, trillador, tendero, “cuidador de tres vacas”, recitador en los casinos, pastor de cabras y guitarrista flamenco. Iba para músico hasta que, en sus propias palabras, llegó Paco de Lucía y le dio una patada “a dos o tres mil guitarristas”, y a él lo convirtió en estudioso del flamenco.

 

En 1957 se muda a Madrid, donde “sigue empleado en menesteres alejados del ejercicio profesional de la literatura hasta que en 1961 comenzó a trabajar como redactor en Cuadernos Hispanoamericanos“, revista de la que llegará a ser director, relevando a su admirado amigo Luis Rosales (1983-1996; a la caída del Gobierno socialista fue destituido y pleiteó para ser restituido a su cargo, (lo que parece que consiguió). Dirigió asimismo la revista de arte Galería (1989) y la colección El Puente Literario de la editorial Edhasa (1969-1971).[]

 

Poeta ecléctico y difícil de catalogar en una corriente estética concreta los manuales de Literatura Española lo introducen en un grupo de poetas un tanto desclasificados, los poetas de la transición, junto a otros grandes maestros como Gamoneda. Se le caracteriza a nuestro poeta por un desbordado vitalismo[1] y José Ortega resalta su “intimismo desgarrado”, su angustia existencial y la inminente conciencia de temporalidad y de ser para la muerte. Sentimientos a los que contrapone una sensualidad encendida, un exacerbado erotismo. Estos rasgos los vemos claramente en el libro que comentaremos más adelante, Las Rubáiyátas de Horacio Martin. No falta tampoco la preocupación social, que algunos denominan la suya como una poesía de la fraternidad. Una escritura con fondo agónico que critica su sociedad y el mundo circundante. El propio Félix escribe “Como todas las criaturas de la Tierra, nací llorando. Toda mi vida he sido fiel a esa costumbre de la especie: muchas páginas de este libro certifican mi lealtad testaruda a la congoja originaria…”

 

Su carrera literaria empieza en 1963 con Las piedras, ganador del premio Adonais, el libro que inauguraba públicamente —Taranto (Homenaje a César Vallejo), que había escrito con anterioridad, seguía inédito—. Comenta Ángel Luis Prieto de Paula[2] en su prólogo que sus dos primeras obras suponen un homenaje a sus dos grandes maestros: César Vallejo en Taranto y Antonio Machado en Las piedras, tal como el propio autor había reconocido en varias ocasiones. En Taranto se recoge la preocupación social y el pathos vallejiano del hombre desarraigado pero buscando una renovación formal propia de finales de los 60.

 

“Me encontré con las palabras. Dios las bendiga. Me salvaron la vida. Me ayudaron a sobrellevar la vida y a entender a una madre que amenazaba con tirarse al pozo o con colgarse de un árbol”, dice. “Luego me encontré con una mujer. También me salvó la vida”. En 1964 se casa con la también poeta Francisca Aguirre.

En 1966 publica Música amenazada, poemario desolador que describe un universo degradado y caótico. En 1967 Blanco spirituals, una denuncia contra una civilización fracasada que perpetúa la injusticia con una nota de compasión a través de la música. Escrito en versículos, carece de puntuación, y su ritmo tiende hacia la prosa.

En 1971 sale a la luz Puedo escribir los versos más tristes esta noche, poemas en prosa que vuelven al intimismo con su característica potencia expresiva y angustia existencial.

En 1978 recibió el Premio Nacional de Literatura por Las rubáiyátas de Horacio Martín, escrito en 1970, que constituye una exploración del sentido de la experiencia erótica desde un punto de vista existencial.

Se lleva varias décadas sin escribir hasta que en 2010 publica La cabellera de la Shoá, fruto de su conmoción y repulsión al visitar el campo de concentración de Auschwitz. Grande no ha parado en todo este tiempo, pero la poesía, dice, es otra cosa: “Es un estado de gracia, no un género literario. Necesita una disposición especial, una mezcla de inocencia y coraje”.

Su obra poética se ha visto recopilada en sucesivas ocasiones, enriqueciéndose con las nuevas obras: Biografía (1971), ampliada sucesivamente.

Félix Grande, que en 2004 recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas al conjunto de su obra, ha cultivado todos los géneros (poesía, novela, relato corto y ensayo). Ahí están títulos como Memoria del flamenco, La balada del abuelo Palancas o La calumnia, esta última una defensa de su maestro Luis Rosales -al que sucedió en la dirección de la revista Cuadernos Hispanoamericanos– frente a la acusación de haber delatado a Lorca.

Parecía que su obra poética quedaba clausurada con La cabellera de la Shoá, pero el poeta ofreció en el 2011 Libro de familia,[3] donde convoca los dones de la vida, familiares (madre, esposa, hija, padre, suegro) y culturales (el cholo César Vallejo, Antonio Machado, el flamenco, Bach). Los poemas, en general extensos y con numerosos puntos de inflexión de forma y de tono, mezclan la prosa lírica y en ocasiones narrativa con versos que se disponen a su vez de mil maneras: desde las retahílas anafóricas hasta las series empaquetadas de serventesios y cuartetos alejandrinos, pareados endecasílabos, versos con rima interna, eneasílabos blancos…, incluidos algún romance y soneto convencionales.

Para terminar esta primera parte dejar la cita con la que se inicia Biografía:

Todo mi oficio se reduce a buscar sin piedad ni descanso la fórmula con que poder vociferar socorro y que parezca que es el siglo quien está aullando esa maravillosa palabra. Que salga esta derrota de lo más puro de mi corazón y que llegue a los demás impregnada de siglo veinte y de universo, como un insulto espléndido cuyo esqueleto es el amor y  desgracia. Que adviertan que me puse entre los torcidos del mundo para ayudarles a zurcir y defendí a la vida con todo mi terror. Clamar socorro como el nombre de un dios.

Y que mejor que ver al gran poeta, magnífico recitador con su profunda voz leer un poema tan vital como “Poética”:

 

 

 

 

[1] Pedraza Jiménez, Felipe B y Rodríguez Cáceres, Milagrosa, Manual de literatura española. Posguerra: introducción y líricos, Cénlit Ediciones, Navarra, 2005.

[2] Prieto de Paula, Ángel Luis, prólogo de Biografía (1958-2010), Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2011.

[3] http://cultura.elpais.com/cultura/2014/01/30/actualidad/1391073303_152668.html y otros artículos del mismo periódico y wikipedia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA TIERRA. EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍA Y POESÍA

Rosa

 

LA TIERRA

 

Mi fuerza viene de la tierra

oigo su temblor

y la agitación de los bosques

la danza de las ramas

zarandeadas por juegos otoñales

el remolino de hojas secas

que se enredan en mis cabellos

oigo su pulso en mi sangre

y es ella quien canta el origen

letras antiguas que hablan del hombre

y es por ella que me acompañan

los árboles, las flores, las aves

y es ella quien me acoge en su seno

como amorosa madre en mis caídas

y es por ella que estoy aquí

en la tierra.

Foto Rosa con mi poema

 

Mi amiga y poeta Marta Flores estaba realizando un curso de fotografía y propuso la idea de realizar una exposición, pero acompañando a las fotos una poesía, sugerencia que fue muy bien acogida.  Tuvo el detalle de proponerme colaborar y yo elegí la fotografía que veis arriba de ROSA ESQUIROL, pues me pareció hermosa, poética y expresiva  y le escribí este poema titulado Tierra, curiosamente su título coincidió con la idea que ella tenía en mente ( esto podría llamarse empatía creativa). La inauguración tuvo lugar en La Imprenta el pasado jueves 21 de marzo .Allí nos encontramos las poetas Remedios Álvarez, María Alegre,  Carmen Valladolid, Anabel Caride, Saray Pavón, Mabel Zabes, Pilar Vaz, Marta Flores, entre otros y entre amigos y entre mucha asistencia.  Tras leer los poemas se subastaron las fotografías , algunos libros, piruletas y cápsulas con microcuentos de Carmen Valladolid y otros ingeniosos objetos, con el fin de destinar la recaudación a la ONG Voluntarios por otro Mundo. Web: http://www.voluntariosporotromundo.org.

 

fotografías colgadas

 

María alegre

 

 

Pero en este vídeo de nuestra amiga y poeta Carmen Valladolid se recoge de modo divertido y dinámico el ambiente de la exposición:

 

GOTAS DE LLUVIA: LA POESÍA COMO ALQUIMIA EN LA NOCHE METAFÍSICA

 

Gotas de lluvia portada[1]

Cada vez que leo un poema de Francisco Basallote disfruto del lirismo de sus versos. Suponen una bocanada de belleza, elegancia y hondura, un impulso necesario para resistir y combatir la prosaica realidad.

Quienes conocen a Francisco saben de su amor por los haikus, en su blog: http://labibliotecadebashir.blogspot.com.es/ podemos encontrar varias entradas que profundizan en la naturaleza y las normas del haiku. Él mismo se considera un aprendiz del haiku y esta inclinación estética, este modo de escribir, pero también de mirar y de vivir, tienen un gran calado en su poesía. En este poemario no encontramos precisamente sus haikus, pero sí su influencia en ciertos rasgos, como la constante presencia de la naturaleza y sus elementos, la actitud contemplativa, el estilo sugerente y estético, el deseo de aprehender la instantaneidad.

Este libro se inicia con un haiku del maestro japonés Ueshima Onitsura, un haijin heterodoxo contemporáneo de Basho, pero que murió sin dejar escuela y al que Francisco le ha querido rendir homenaje.

Se estructura en tres capítulos: El retorno de los ánsares, La lluvia de los montes y Alquimia. Títulos relacionados con los poemas de autores clásicos japoneses citados al inicio de cada capítulo, y a su vez, íntimamente vinculados con el tema -o temas- predominante en cada uno de los capítulos.

Existe una coherente unidad temática en todo su recorrido: el paso del tiempo y sus estragos, la memoria como arma de batalla a su transcurso, el ocaso y la decandencia. Normalmente la temática se identifica con un elemento de la naturaleza.

Se inicia con un canto y celebración a la vida y sus misterios, a pesar del invierno, cuyo sujeto poético- en primera persona del singular- se entrega al goce de la contemplación. Extiende en sus versos una atenta mirada a los objetos, a la naturaleza y a todo cuanto le rodea, y través de ellos expresa y transmite su sentir y su pensamiento.

Podríamos comparar su poesía con la de Antonio Machado o Verlaine y los simbolistas. Encuentro cierta semejanza entre el simbolismo y el haiku. Los simbolistas huían del confesionalismo exagerado de los románticos y usaban una técnica de representación indirecta para reflejar sus emociones, en muchas ocasiones a través de descripciones de la naturaleza y del paisaje o creando cierta atmósfera que evocara su estado emocional, sus ideas o quien quiera llamarlo su alma, el llamado “paisaje sentimental” de los románticos ingleses. Esta técnica iniciada en el romanticismo se desarrolla y renueva con el simbolismo. La lluvia empapada de tristeza de los poemas de Verlaine, por ejemplo, el valor simbólico del invierno, la noche, el ocaso, la niebla, la luna. Son términos literarios con resonancias románticas igualmente. En el haiku clásico tampoco puede aparecer la subjetividad, el yo poético, y consiste normalmente en instantáneas o sugerentes descripciones de paisajes. La sutil sugerencia la comparten ambas estéticas.

La creación poética de Francisco Basallote supone un meticuloso ejercicio de búsqueda de belleza, pero también de exactitud y precisión. No cae en un superficial y huero esteticismo. Es de elogiar conseguidas y hermosas expresiones poéticas, el buen uso del lenguaje al servicio de un hondo contenido, y la demostración de tener ejercitada la mirada creativa, como cuando dice: salvo el tiempo que nos engaña/ en el terciopelo del musgo/ y en las briznas perladas/ de la hierba, mientras late/ en el débil reloj de nuestro pulso; o la imagen de las cimas de los cipreses en su verde ballet: … juega / con las cimas delgadas/ de los nuevos cipreses/ que en su verde ballet/ ensayan una música/ encerrada en el ritmo/ oculto de este viento/ que sabe a mar.

A pesar de todo lo indicado, encontramos igualmente versos melancólicos, elegíacos, que sufren el paso del tiempo y su brevedad y sienten un tempus detenido y rutinario: Todo está quieto/ esta tarde de invierno/ salvo el tiempo que nos engaña. En el siguiente poema concibe que sólo en los nuevos brotes de la hiedra estará el esplendor naciente de unos días distintos.

Recrearse con la belleza efímera del vuelo de un pájaro, con el deslumbrante resplandor del sol en sus alas, decir ese gozo. Tal vez el pájaro signifique altura, trascendencia o la belleza efímera de la vida que se ofrece a nuestros ojos.

A veces el sujeto poético se lamenta y busca desorientado la luz de antaño… sustituida por este magma gris/ donde la claridad/ es un concepto físico. Nostalgia elegíaca del pasado, porque la luz es la vencedora de la vida y él, el pino que no puede resistir los embates.

El viento parece representar la fuerza de la naturaleza, la amenaza, la muerte a la que teme y espera. Sin embargo, en el segundo capítulo le evocará su infancia, aquellas tardes de su niñez de viento y lluvia.

La estación invernal le oprime y encarcela entre el gris y la niebla que día a día se repite desde su ventana, ventana que está presente en varios poemas y que acentúa la sensación de encierro, y más cuando se compara con el gorrión que se posa en la misma y vuela libre, contrastando el interior carcelario con la libertad del exterior.

A la noche la define como oscuro desprendimiento de seda o presentido instante de sueño, tal como la entendían los románticos o Novalis, la noche ensoñadora y propicia para vuelos metafísicos.

Su segundo capítulo, La lluvia de los montes, recoge poemas sobre la memoria, una memoria evocada siempre por la naturaleza: el cielo gris le trae su infancia, o la lluvia, las nubes o el viento: cómo grita ese viento/ en la memoria. Un acto de recordar que agrede y duele- felino que hunde sus garras en la sensible piel de los recuerdos– pues representa lo que ya no está, lo que el tiempo nos ha robado: cuando un dolor se cierne/ tan cercano como piedra/ que palpabas, / como agua/ que pulía/ corriente, / la jabaluna de esas/ cuestas que ahora bajas/ mirando en ti, / aquel tiempo. Y el firme deseo de aprehender aquella vida para que no se escape, luchar contra el olvido, detener un rastro de luz que permanezca, la intención de buscarse para reconocer su sombra, traer a su presente jirones de su pasado, un pasado que vuelve a revivir en el recuerdo.

Hay una idea sobre la identidad referida en varios poemas, la del sujeto como una sombra rodeado de niebla o incertidumbre. Se alude igualmente con el término de sombras a los recuerdos del pasado, lugar cuyo regreso es imposible.

En Alquimia el atardecer es un grito angustioso y nihilista, donde impera el vacío y la nada. Destaca la noche, alquimia de azabache, en ella se ha perdido la luz y el goce, representa la oscuridad, el final del día y de la vida, el silencio, el olvido, la muerte y también el misterio.

En mitad de la desolada noche la luna es un consuelo, una alquimia de luz, mágica, ella ostenta el poder de convertir lo negro en blanco.

Y para terminar os dejo con uno de tantos hermosos poemas:

 

Alquimia de azabache

la transmutación del ocaso,

como si la sangre del día

cuajara en negro vidrio,

cárcel para la luz

                           perdida

ya,

            como el goce efímero

de los instantes muertos,

pétalos encerrados

en el espejo oscuro

                   del olvido.

 

* Publicada la reseña en la revista http://www.ensentidofigurado.com  nº 3  marzo/abril de 2014.

TORMENTA AMARILLA en CROMOMAGAZINE XV: AMARILLO

FOTO CROMOMAGAZINE

TORMENTA AMARILLA

Un dorado paisaje nos envuelve

esta calurosa tarde de verano.

Si en el horizonte nos acecha

la tormenta amarilla de Munch

o las pinceladas de Van Gogh

por qué no pensar

en el pan de oro de Klimt

y en sus rayos amarte

sentada a orillas de la vida.

Ana Isabel Alvea Sánchez

* Mi agradecimiento  a José Alberto López por invitarme a colaborar en su proyecto Cromomagazine V Amarillo  y tener la posibilidad de inspirarme en esta bella fotografía de Begoña Lombardía Sampalo. Para ver la revista completa: http://cromomagazine.blogspot.com.es/

OTRA MIRADA A MI POESÍA: “LA POESÍA NO BASTA” DE JOSÉ DE MARÍA ROMERO BAREA

El poeta y escritor cordobés José de María Romero Barea me dio una grata sorpresa al reseñar mi poemario “Hallarme yo en el mundo”, ofrece  una mirada diferente a lo dicho por ahora:

http://www.ellibrepensador.com/2014/03/19/la-poesia-no-basta/

 

Desde aquí mi agradecimiento por su atenta lectura y sus palabras.