Taller de poetas: 1 de diciembre, Jorge Díaz Martínez. Poesía española contemporánea. La poesía de Carlos Pardo.

El miércoles 1 de diciembre a las 19.00 horas en el Taller de poetas, Jorge Díaz Martínez tratará sobre poesía de Carlos Pardo . La clase se impartirá a través de Meet. Interesados contactad en : aalveasanchez@gmail.com

Jorge Díaz Martínez, Doctor en Teoría de la Literatura y del Arte y Literatura Comparada por la Universidad de Granada, ha sido lector de español en universidades de Asia, África y Europa. Actualmente, es profesor de enseñanza secundaria en Andalucía. Ha publicado los libros: Escribiendo mandalas (Ediciones En Huida, 2021), Transbordo. Poemas del metro de Barcelona (La Garúa, 2012), Almizcle y tabaco (Premio Arcipreste de Hita, Pre-Textos, 2005) y La piel de la memoria (Premio Vicente Núñez, Visor, 2004). Como crítico, ha seleccionado y prologado la antología Voces del nuevo siglo. Poesía española contemporánea (2014), traducida y publicada en Armenia por Hakob Simonyan. Y también, junto a Ana Isabel Alvea Sánchez: La vida por delante. Antología de jóvenes poetas andaluces (Ediciones En Huida, 2012). 

blog: http://www.jorgediazmartinez.com/

De Carlos Pardos encontraréis datos de su bibliografía en este enlace : https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Pardo_(escritor)

Podéis leer algún poema de este autor en https://verseando.com/blog/carlos-pardo-presentacion-a-traves-de-sus-poemas/

Poemas de Antonio Gamoneda

ACARICIAS MI GARGANTA

con tu voz y tu mano lejanísima.

Oscura: bebe en el viento

el olor a tristeza de mis manos.

De La tierra y los labios (1947-1953)

ANTE MI ROSTRO,

Piedras heridas, cuerpos

endurecidos en el dolor.

Piedra viva, fúndete

dentro de mis ojos, dame

tu consistencia, pon

una pequeña eternidad en mí.

(Tímpano románico)

DE LA QUIETUD, UN PÁJARO,

a impulso de su canto,

pensativo se alza.

Y , de pronto,

ya no hay pájaro: lluvia,

cristal vivo, hacia arriba

crece.

Alguien tiende

su mano silenciosa,

alguien está diciendo

adiós, adiós sin palabras.

De Sublevación inmóvil (1953-1959)

EXISTÍAN TUS MANOS

Un día el mundo se quedó en silencio;
los árboles, arriba, eran hondos y majestuosos
y nosotros sentíamos bajo nuestra piel
el movimiento de la tierra.

Tus manos fueron suaves en las mías
y yo sentí la gravedad y la luz
y que vivías en mi corazón.

Todo era verdad bajo los árboles,
todo era verdad. Yo comprendía
todas las cosas como se comprende
un fruto con la boca, una luz con los ojos.

YO ME CALLO, YO ESPERO
hasta que mi pasión
y mi poesía y mi esperanza
sean como la que anda por la calle;
hasta que pueda ver con los ojos cerrados
el dolor que ya veo con los ojos abiertos.

De Exentos I (1959-1960)

DESPUÉS DE VEINTE AÑOS.

Cuando yo tenía catorce años,
me hacían trabajar hasta muy tarde.
Cuando llegaba a casa, me cogía
la cabeza mi madre entre sus manos.

Yo era un muchacho que amaba el sol y la tierra
y los gritos de mis camaradas en el soto
y las hogueras en la noche
y todas las cosas que dan salud y amistad
y hacen crecer el corazón.

A las cinco del día, en el invierno,
mi madre iba hasta el borde de mi cama
y me llamaba por mi nombre
y acariciaba mi rostro hasta despertarme.

Yo salía a la calle y aún no amanecía
y mis ojos parecían endurecerse con el frío.

Esto no es justo, aunque era hermoso
ir por las calles y escuchar mis pasos
y sentir la noche de los que dormían
y comprenderlos como a un solo ser,
como si descansaran de la misma existencia,
todos en el mismo sueño.

Entraba en el trabajo.
La oficina

olía mal y daba pena.
Luego,
llegaban las mujeres.
Se ponían
a fregar en silencio.

Veinte años.
He sido
escarnecido y olvidado.
Ya no comprendo la noche
ni el canto de los muchachos sobre las praderas.
Y, sin embargo, sé
que algo más grande y más real que yo
hay en mí, va en mis huesos:

Tierra incansable,
firma
la paz que sabes.
Danos
nuestra existencia a
nosotros
mismos.

CAIGO SOBRE UNAS MANOS

Cuando no sabía

aún que yo vivía en unas manos,

ellas pasaban sobre mi rostro y mi corazón.

Yo sentía que la noche era dulce

como una leche silenciosa. Y grande.

Mucho más grande que mi vida.

Madre:

eran tus manos y la noche juntas.

Por eso aquella oscuridad me amaba.

No lo recuerdo pero está conmigo.

Donde yo existo más, en lo olvidado,

están las manos y la noche.

A veces,

cuando mi cabeza cuelga sobre la tierra

y ya no puedo más y está vacío

el mundo, alguna vez, sube el olvido

aún al corazón.

Y me arrodillo

a respirar sobre tus manos.

Bajo

y tú escondes mi rostro; y soy pequeño;

y tus manos son grandes; y la noche

viene otra vez, viene otra vez.

Descanso

de ser hombre, descanso de ser hombre

AMOR

Mi manera de amarte es sencilla:

te aprieto a mí

como si hubiera un poco de justicia en mi corazón

y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos

algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro

a estar contigo en paz y a estar en paz

con un deber desconocido

que a veces pesa también en mi corazón.

De Blues castellano (1961-1966)

EL ÓXIDO SE POSÓ EN MI LENGUA

El óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición.
El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el olvido,
y no acepté otro valor que la imposibilidad.
Como un barco calcificado en un país del que se ha retirado el mar,
escuché la rendición de mis huesos depositándose en el descanso;
escuché la huida de los insectos y la retracción de la sombra al ingresar en lo que quedaba de mí;
escuché hasta que la verdad dejó de existir en el espacio y en mi espíritu,
y no pude resistir la perfección del silencio.
No creo en las invocaciones pero las invocaciones creen en mí:
han venido otra vez como líquenes inevitables.
La fermentación del verano se introduce en mi corazón y mis manos se deslizan cansadas en la lentitud.
Vienen rostros sin proyectar sombra ni hacer crujir la sencillez del aire;
sin osamenta ni tránsito, como si consistieran únicamente en el contenido de mis ojos, en la unidad de mis palabras, en el espesor de mis oídos.
Son obedientes y yo siento su reunión como una salud que se refugia en la oscuridad.
Es una amistad dentro de mí mismo;
es un estambre urdido por manos que son suaves en el interior de los días.

Vi la muerte rodeada de árboles (árboles más esbeltos que el llanto
de tus hermanas), urces en el fulgor y la serenidad.

Vi sombra azul distribuida en sernas, sólo advertida por los animales tan
antiguos como mi corazón, por emisarios muy cansados;

la deserción sobre la boca que yo amaba (grandes banderas ante los
espejos del suicidio)

la esperanza dentro del acero.

El otoño se expresa como pájaros invisibles. ¿Qué harías tú si tu
memoria estuviera llena de olvido, qué harías tú en
un país al que no querías llegar?

Pesan las máscaras de la pureza, pesan los paños sobre la forma
de la patria.

La vergüenza es la paz. Yo acudiré con mi vergüenza.

Pasan los cuerpos hacia la tortura y otros son ágiles en las posturas del
amor, pero la sabiduría aumenta en cálices más profundos.

¿Qué harías tú si tu memoria estuviera llena de olvido? Todas las
cosas son transparentes: cesan las escrituras y cae lluvia
dentro de los ojos.

Nuestros labios envejecieron en palabras incomprensibles.

De Descripción de la mentira (1975-1976)

DIOS Y SU MÁSCARA. Oyes a los insectos que se alimentan en tu
alma

y, de pronto, un árbol dice su clamor y arde la lengua del
olvido

y todo acaba en transparencia, en formas cuya verdad no se
concede

hasta que las espumas queman el corazón de hombres desconocidos y los caballos hablan de aquella sangre, de aquel aire extinguido en los patios de España,

de aquella tierra sin descanso,

de aquel olvido lleno de sangre.

(Delación del verano)

De Lápidas (1977-1986)

AMÉ TODAS LAS PÉRDIDAS.

Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible.

GRITAN LAS SERPIENTES en las celdas del aire. La ebriedad sube desde las piernas femeninas y tú pones tus labios en sus líquidos.

Coge la flor de la agonía. Aún

Hay humedad en la ceniza que amas.

AMÉ LAS DESAPARICIONES y ahora el último rostro ha salido de mí.

He atravesado las cortinas blancas:

ya solo hay luz dentro de mis ojos.

El libro del frío (1986-1998)

ÉSTA ES LA EDAD DEL HIERRO EN LA GARGANTA. YA.

Te habitas a ti mismo pero te desconoces; vives en una bóveda abandonada

en la que escuchas tu propio corazón

mientras la grasa y el olvido se extienden por tus venas y

te calcificas en el dolor y de tu boca

caen sílabas negras.


Vas hacia lo invisible

y sabes que es real lo que no existe.

Retienes vagamente tus causas y tus sueños

(aún conservas el olor de los suicidas),

te alimentan la ira y la piedad.

Queda poco de ti: vértigo, uñas

y sombras de recuerdos.

Piensas la desaparición. Acaricias

la tiniebla cerebral, bajas al hígado calcinado por la tristeza.

Así es la edad del hierro en la garganta. Ya

todo es incomprensible. Sin embargo,

amas aún cuanto has perdido.

Arden las pérdidas (1993-2003-2004)

CON TUS MANOS CONDUCIDAS por una música que vagamente recuerdas,

dices adiós en el umbral. Ah insensata dulzura,

dices adiós en el umbral y de tus manos se desprende

un instante sin límites.

TUS CABELLOS EN MIS MANOS, su resplandor atravesado por enjambres

invisibles, por instantes que no cesan de abandonarme;

tus cabellos entre dos falsas eternidades.

Ah extrañeza llena de luz: tus cabellos

en mis manos.

SOBRE EL ESTANQUE

las palomas giran en torno a tu cabeza.

Cuando sus alas rozan tus cabellos yo me inclino y veo tu claridad en el agua

y yo estoy en tu claridad y me desconozco:

estoy coronado de palomas

dentro del agua. En ti.

Cecilia (2000-2004 y 2018)

*Poemas de Esta luz. Poesía reunida. Volumen I, Galaxia Gutenberg

Poemas de Isabel Bono

El pasado 3 de noviembre tuvimos en el Taller de poetas un encuentro virtual con la escritora- poeta y narradora- Isabel Bono. Nos encantó charlar con ella, la admiraba como poeta y como persona es una delicia, fue muy lindo e inspirador, y lo pasamos muy bien, se nos pasó el tiempo volando. Os dejo algunos poemas suyos:

ROMA TERMINI (RUMBO NORTE)

esta lluvia

no va a detenerme

yo solo estoy de paso

esta lluvia

no es mía

HE TENIDO UN SUEÑO

una casa vacía

que llegaras cansado

jarra de limonada en la mesa

no entiendo por qué no

                                 De Los días felices (2003)

LA MADUREZ DE REPENTE

La madurez de repente

un día cualquiera.

Con el tiempo justo

para huir de los espejos.

Te atrapa la mirada fija,

el gesto breve,

la cabeza alta;

no queda más remedio que rendirse.

La madurez de repente

un día cualquiera,

y ya somos intrusos

en nuestros propios cuerpos.

El intruso (1987)

LA LOCURA DECIDE

el loco desearía otro destino

no mentir

no hablar

cambiar cien veces de domicilio

hasta darle esquinazo

nada

ni un collar de brasas

podría detenerla cuando besa

Contra todo pronóstico (1994)

aquí y ahora

saberlo todo

y que todo queme

                               de Juegos reunidos Geyper (2009)

deseo tener pájaros en la cabeza

tempestad y verano                

lo no dicho

deseo dudas cicatrices tu boca

piedra y desierto

que entre raíces crezca la hierba

deseo otra piel arena sueños

abismo memoria vidas

el comienzo sin final

siempre tuve deseos de ser hombre

gato adoquín insecto obra maestra

madera de violín partitura

lienzo pincel amarillo de cadmio

campo de trigo con o sin cuervos

cristal de sal nuez moscada

higuera tronco de olivo

saco de algarrobas

el azul de los témpanos

la lluvia

el mar rojo

toda tu sangre

serlo todo a la vez

y recordarlo

de Algo de invierno (2011)

deriva

no teníamos en común

más que la monotonía del verano

no nos unía

más que la cadena de mentiras

que forjábamos a la hora de la siesta

para sentirnos más valientes, menos solos

nos unía reinar sobre jardines ajenos

nos unía ver crecer la hiedra

cubriendo un tronco seco

La chispa, ¿de qué vida?

la vida sucedía

idéntica

verano tras verano

en un patio

lleno de macetas de helecho

incapaces de aprender de los mayores

fuerza paciencia, la palabra futuro

estudiábamos la cal de las paredes

vasos comunicantes

confiados y confusos

nombramos cuanto vimos

todo nos pertenecía

cuando bajaba la marea

las rocas perforadas por el mar

la playa muda

nuestros cuerpos dormidos

dando origen

al sueño de las algas

y todo brillaba

de Lo seco (2017)

Poema Alguien :

Isabel Bono – Alguien dice en PoetiCAL Málaga en mp3(18/03 a las 15:48:06) 01:42 10853258 – iVoox

siempre es la luz culpable de cada caída

busco una palabra

lucha

y digo, ¿por qué ahora?

ganarle unos metros a la oscuridad

dijo alguien

y no hay más

solo se trata de eso

una vez

cada vez

todas las veces

Me muero (2021)

Poemas de Cees Nooteboom

Novelista, ensayista, poeta, traductor e hispanista, es uno de los escritores más destacados de Europa. Por su polifacética obra ha merecido diversas distinciones , aquí os dejo algunos poemas de su antología Luz por todas partes. La antología tiene la peculiaridad de empezar con sus libros más recientes y recorre el camino hacia sus primeros libros.

DESTERRADO

Embarcadero, el barco que se aleja

navegando sobre cristal.

Ahora estoy solo con Chong Er,

la llanura es mi panorama,

mis amigos los eremitas de las colinas,

hombres ya casi de piedra.

Sombrío me quedo en adelante,

lejos de los ciervos blancos

en los que cabalgábamos por campos de nubes

y niebla.

Entre esto y la muerte

un tiempo para los pensamientos

que nadie ha escrito, vergüenza en un pizarrín

con tiza blanca, mi nombre liberado

de sus letras, vacío

como un sonido.

Marfil y joyas,

Todo eso lo conocía, mi sombra

desaparece en un pliego del tiempo,

nada dejo, molido

entre el cascote de los días

comparto el destino de piedras y conchas,

un príncipe sin palabras

en una tela

tejida de nada.

          Luz por todas partes, 2012

QUIEN NO somos 

quien nosotros mismos somos.

Quien está sobre las palabras

quien está en las palabras,

Quien está junto al pensamiento

quien es el pensamiento.

¿Quién deja la huella

en la blanca arena

de la página?

¿Y quién lo lo explica?

fragmento de Una huella en la blanca arena

HARBA LORI FA[1]

¡Tantas formas de existencia! ¡Tantas gentes
para sufrir y reír en estas colinas pedregosas!

La higuera se inclina mirando al sur,
sobre nosotros el ronquido suave de un avión.
  

Mi amigo espera junto a un arbusto de agudas espinas.
Conoce la historia de su perdición,

vemos el brillo del mar
entre agallas y cardos, una vela a lo lejos.

Todo duermeDadme otra vida y no la quiero.
Conchas y grillos, colmado está mi cáliz de eterno mediodía.

El río en donde ayer bebí llevaba un agua fresca y clara.
Vi el laurel reflejadovi cómo la sombra

  
de las hojas se iba deslizando por el fondo.
Eso es todo lo que anhelaba. Harba lori fa.

Mis años penden de un hilo. Soy pues
la araña del camino, que teje su tiempo poligonal

entre zarza y zarza,
hasta que pasa el caminante hacia el puerto,

el caminante que golpea con su bastón.

             Así pudo ser, 1999

BASHO I[2]

Anciano entre los juncos recelo del poeta.
Va de camino al Norte compone un libro con los ojos.
Se escribe a sí mismo en el agua ha perdido a su maestro.
Amor tan sólo en las cosas talladas de nubes y vientos.
Esa es su vocación visitar a los amigos para la despedida.
Reunir calaveras y labios bajo el agitar de cielos.
Siempre el beso del ojo traducido en la coacción de las         

            palabras.
Diecisiete el número sagrado destinado a la visión.
El desgaste pasado se congela petrificado como una mariposa.
En marea de mármol los fósiles pulidos.
Por aquí pasó el poeta en su viaje hacia el norte.
Por aquí pasó el poeta para siempre jamás.

BASHO II

Sabemos de la poesía poética los arteros peligros
de la melopea y el frenesí. Es aire embalsamado,
si no lo conviertes en piedras que brillen y hagan daño.
Tú, viejo maestro, puliste las piedras
con las que das muerte a un mirlo.
Tallaste del mundo una imagen que lleva tu nombre.
Diecisiete piedras como flechas una escuela de cantores fúnebres.
Mira junto al agua la huella del poeta
de camino hacia la tierra nevada más interior. Mira cómo el

agua la borra
cómo el hombre del sombrero lo vuelve a escribir
y guarda agua y pisada, detiene el movimiento pasado una

y otra vez,
Para que lo perdido se conserve como algo perdido.
                                                                                                                         

BASHO III

En ningún lugar de este universo tengo domicilio fijo[3]
escribió en su sombrero de ciprés. La muerte le quitó el

 sombrero.
Así ha de ser. La frase ha quedado.
Tan sólo sabía vivir en sus poemas.
Un poco más y verán los cerezos en flor de Yoshino.
Pon tus sandalias bajo el árbol, deja que descansen tus

pinceles.
Guarda el bastón en el sombrero, transforma el agua  en

versos.
La luz es tuya, también la noche.
Un poco más sombrero de ciprés y tú también los verás,
La nieve de Yoshino, el gorro de hielo de Sado,
la isla que embarca para Sorën[4] sobre lápidas de olas.

BASHO IV


El poeta es un molino que convierte al paisaje en

 palabras.
Sin embargo piensa igual que tú y sus ojos ven lo mismo.
El sol que se estrella en la boca del caballo.
El templo exterior de Ise la playa de Narumi.
Navega con velas de luto pone rumbo a su tarea.
Sus mandíbulas trituran las flores hasta los pies de los versos.
La contabilidad del universo como se presenta a diario.
En el norte supo quién era: un montón de ropa vieja.
Cuando está donde nunca más estará lees tú sus poemas.
Pelaba pepinos y manzanas ahora pinta su vida
También a mí me ha seducido el viento que hace flotar las nubes.

                                      El rostro del ojo, 1989


[2]  Esta serie sobre Basho se basa en su obra y en algunos grabados y acuarelas de Sjord Bakker sobre la vida del gran poeta japonés.

[3] Las cursivas son citas de Memorias de viaje de un esqueleto gastado.

[4] Se refiere a Rusia


[1] Exclamación medieval  extraída del Canto I del Duque Juan I de Brabante ( 1252-1294),  la hierba está en flor.

José Manuel Caballero Bonald

TRANSFIGURACIÓN DE LO PERDIDO

La música convoca las imágenes
 degradadas del tiempo. ¿Dónde
me están llamando,  desde qué

penumbra, hacia qué día
me regresan?
                         Nada me pertenece
sino aquello que perdí.

Máscara del pasado, la memoria confluye
sobre un fondo difuso de alegrías
donde todo zozobra y se reduce
a nada, donde está mi verdad
haciéndose más crédula.
                                  Oh transfiguración
de lo que ya no existe, marca
tenaz de lo caduco, cómplice

reclusión de la memoria
que ciñe al tiempo en ráfagas de música.

                                                     Las adivinaciones, 1952

MIENTRAS JUNTO MIS AÑOS CON EL TIEMPO

Cuántas veces, al acabar el día,
perdiendo pie en las aguas agolpadas
de mis años, he visto arder, gemir
el cargamento de mi vida, sólo
pendiente del precario hilo trémulo
de algo que aún mantiene su vigencia
sobre mi corazón, nombre arrancado
a golpes de codicia, para que
nunca pueda decir que no es verdad
que espero todavía, que consisto
en seguir esperando todavía,
mientras junto mis años con el tiempo
y así me recupero de la vida
que me está derrocando diariamente.

                                                            Las horas muertas, 1959

PRIMERAS LETRAS (Pliegos de cordel, 1963)

Un día lunes, cerca
del mar, sonó la palabra.
                                    Era
verano entre las cañas
pacíficas del trigo y nunca
la sucesiva hoguera
de las furias se propagó
con tanta iniquidad.
                                Vinieron
cargas de odios
en camiones, gritos
y sogas en camiones. Ebrios
de mosto y esperma, bajaron
hasta el mar
adolescentes brunos,
ciegos y reclutados
con los aperos de la tiranía,
niñas de sangres iniciales
con flechas en el seno,
espantos y pancartas
al frente de los himnos.

Entre el despliegue tortuoso, ¿quién
me llevó de la mano
a la frontera fratricida, dónde
me desahuciaron de ser niño?

Oh qué terribles y primeras
letras hostiles
de la patria. Párvula madre
mía, ¿qué hiciste
de nosotros, los que apenas
pudimos aprender
la tabla de sumar de la esperanza?

LA NOCHE NO TIENE PAREDES

Doy la vuelta a la noche, entro

en su cámara inversa, en su hondonada

de humo, en la oquedad

contraria a la pared

del aire,

              justo donde convergen

las distancias que nunca se han juntado,

las libertades más difíciles,

hasta que de improviso encuentro allí

consecutivamente el germen, la incitante

demarcación del laberinto

con su luz primordial, su punitiva

complicidad con la justicia,

                                      esa insistencia

soberana

en la celebración de estar viviendo.

                               La noche no tiene paredes, 2009