“El Padre hijo (de Sharon Olds)” de Iván Onia. Nacimiento versus Muerte.

Os dejo la reseña que publiqué en la revista Rótula sobre el poemario de Iván Onia:

EL PADRE HIJO (DE SHARON OLDS).  NACIMIENTO versus MUERT

“Una noche encendiste la luz y la luz era tu cabeza: un poemario a tu hijo donde el punto de partida fuera El padre, de Sharon Olds. Con los mismos títulos, pero vistos desde la otra orilla. No sería un libro dedicado a la muerte, sino a la vida, una bienvenida, en vez de un adiós”. Esta declaración de intenciones de Iván Onia en su último poema del libro El padre hijo (de Sharon Olds) muestra la columna vertebral de todo el cuerpo textual que ha levantado poema a poema.  

No es de extrañar la gran impresión que le causó la lectura del libro que escribió la poeta norteamericana a su padre moribundo. Un poemario sobrecogedor que puede provocarnos el efecto que buscaba  Emily Dickinson en la poesía: “Si  tengo la sensación física de que me levantan la tapa de los sesos…”. Sharon expresa con rotundidad la dureza, la decrepitud del cuerpo humano enfermo de cáncer y la complejidad de los variados y encontrados sentimientos- como el resentimiento y rencor, pero también el amor y la ternura- en una escritura narrativa, minuciosa e incisiva.

Nuestro autor entabla un diálogo intertextual entre las intensas vivencias de sentirse padre primerizo, todo un mundo nuevo de emociones que se abre ante él, y sus relecturas de El padre. Nacimiento y muerte cruzan la mirada desde lados opuestos y, aunque el vínculo o la relación de parentesco sea la misma en ambos casos, la perspectiva difiere: en el libro de Olds es la hija quien habla y en el de Onia es el padre. Existe un segundo camino inverso que se recorre: en El padre los sentimientos de la hija fluctúan desde el rencor, por todo el daño que le causó su progenitor, al perdón, al amor y la ternura; en cambio, en El padre hijo (de Sharon Olds) se exponen los sentimientos de afecto que van creciendo en el padre durante su expectante espera, así como el temor  e incertidumbre sobre qué tipo de relación o vínculo entablarán los dos, si el hijo llegará a entender a su padre y si lo amará.

Los poemas que Sharon Olds escribe en El padre sirven de guía, cada poema de Iván tiene una cita de un poema de la poeta norteamericana: 28 poemas que se conciben a raíz de 28 poemas de El padre, aquellos que más le habían impactado. Magníficos y titánicos ambos poetas. Un pulso difícil de afrontar y del que sale Iván Onia con honrosa solvencia.

Dedicado a su hijo Marcos, con una estructura única, sin dividirse en capítulos, el libro es todo un continuo en el que se relata el embarazo, el padre que escucha al bebé en su piscina, el sentimiento de padre que va creciendo como un árbol- o algo más enorme y grande- que va forjando una posición de ternura,  sentido de protección y también de cierto temor: Si apareces con las rodillas negras, / mi saliva será un tambor de guerra/ llamando a las plaquetas.

Podemos decir que introduce en una narración realista elementos maravillosos, propio de los cuentos, un estilo con el que se resalta lo sorprendente y fantástico de nuestro origen, la transformación del nasciturus de anfibio o pez hasta convertirse en un humano, nuestro perfecto acabado, la consideración del parto como un hecho extraordinario y milagroso de la naturaleza,  El ombligo es como un punto y seguido/ en el relato de la historia humana. Resulta fascinante la descripción realizada de todo el desarrollo del feto, con el ingenio y la imaginación a la que nos tiene acostumbrados, expresados con la precisión de un cirujano cuyo material son imágenes y analogías que labra como un ingeniero del lenguaje. Retrata lo natural con la mirada de la extrañeza y del asombro.

 “Los centímetros llegan/en camiones familiares/ Células abrazándose, formando/ riñones, tripas, lengua, un brazo y otro brazo… los centímetros arrimándose a la vida/ acercándose a ella, a través de mí/ como cuentan que se formaron los continentes”.

En la imaginación del autor el hijo que viene es el guerrero Hannibal en la batalla de Cannes, un astronauta que viaja por el espacio, un personaje de Julio Verne en su viaje al centro de la tierra.

Por el tema que trata, el tono es absolutamente dispar al libro de Sharon Olds, pues al pececito, al marinero que viene por las rutas del agua de la vida, se le canta en tono alegre, a veces jocoso, por un padre, ilusionado y algo atemorizado, que celebra su llegada.

Coincide con Sharon Olds en la atención prestada a todo lo corporal. Sharon, en especial, no escatima para describir los detalles más repulsivos. Iván no los esquiva, pero los trata de un modo más suave e irónico, así el vaso lleno de mocos y pus del padre enfermo lo relaciona con el tapón mocoso que se forma en la gestación, o también cuando ambos hablan de los olores. 

Un rasgo característico de la poesía de Iván Onia  es que la condimenta con una pizca de surrealismo. A veces nos introduce en un mundo a medio camino entre la realidad y la fantasía, entre la vigilia y el sueño,  como en el poema “Últimos actos”, en el cual se relata cómo iba contra viento y marea por la Se-treinta el día que la madre rompió aguas , situación que el padre había soñado a modo de premonición o profecía del destino que se cumpliría: Un niño en un caballo de viento va gritando por la Se-treinta ¡prole!, ¡prole!, ¡prole!/ Y nadie más que yo lo escucha.  Siente que el hecho de ser padre estaba escrito desde el principio.

Concibe la vida de la naturaleza humana de modo circular, el padre se reencarna en el hijo y a la inversa. A veces piensa en su hijo y otras se ve él mismo cuando era un niño pequeño. Una sucesión de nacimientos y muertes que se enlazan formando la familia, la cadena humana hasta llegar a ellos, a su presente. Y mejor no hacerse preguntas, no indagar en las razones, mejor no pensar que su hijo sea un hombre complejo que se hace preguntas complejas y mira al techo sin saber las respuestas de la vida.Y aquí otro de sus temores: no tener las respuestas de la vida. ¿Y quién las tiene? Nos tenemos que acostumbrar a chocarnos con el misterio, a convivir con él.

Durante esos nueve meses son muchas las idas y venidas de ideas que  escribe, como en el poema Sus cenizas:… La vida es movimiento mineral, / volanderismo, callejería, revolución/ y escándalo de la materia/ contra el gobierno de la nada. Pensamientos sobre el tiempo circular, la rueda de la vida, la intervención del azar, el origen escrito hace siglos en el árbol genealógico- como en el poema de Ángel González Para que yo me llame Ángel González, Iván nos dice: “El ejército de mi apellido/regresa y me saluda desde el niño, /  príncipe lechal de la estirpe”- .

Una vez que nace Marcos, nos retrata las primeras sensaciones, sentimientos, sus primeros días, la maravilla de apreciar su lento crecimiento, la dulce vida de un recién nacido,  un niño rubio y dorado, redondo y cándido.

Igual de habitual en nuestro autor es que encontremos en sus libros poesía en verso y en prosa, así en el hermoso poema Halándome de la mano, de estructura circular- como el libro y como el ciclo de la vida-, se despierta una mañana y Marcos le coge la mano, Aquí hay dolor, le digo, pero esta es mi mano, a ella perteneces. A continuación, despliega el mapa de la memoria con retales de recuerdos que van de más edad a menos : el apego a su primer coche, su primer gol, un día de verano en el que es rescatado al caer a una piscina, su incipiente amor por la escritura, sus noches de verano con toda la gran familia en una casa alquilada, el cine de verano, hasta verse tendido en una cuna sonriendo a la mano de su padre.,,, Cuando voy a cogerla aparezco, de pronto , al otro lado/ Soy el cogido de la mano./ Es hoy por la tarde.

De todas sus sensaciones, la más aguda es ser testigo del desarrollo y crecimiento humano, sentir el paso del tiempo y nuestra condición de ser para la muerte: “estatura itinerante, / humanidad barriendo a las escamas/ su vocación de dulce capitán”, saber que con el tiempo el hijo será quien guíe, cuide y acompañe a la muerte a su padre, advertir que él se empequeñece a la vez que su hijo crece.

No podían faltar los momentos tiernos y lúdicos con el pequeño, los buenos tiempos, los juegos, recitarle poemas de Lorca y que el niño se ría y toque las palmas. El paraíso de la infancia.

La belleza lírica está muy presente en sus versos, en este relato del principio, por ejemplo:

 Cómo ibas a saber que aquel abrazo

abría una grieta en la montaña

donde el río empezó a traerme

Todo libro de Iván está lleno de agudezas,  el asombro siempre recorre sus versos,  posee una mirada capaz de hacernos ver lo fantástico y maravilloso en toda historia cotidiana, incide en ese matiz surrealista que puede tener toda situación, retrata con humor e ironía la vida. Este es un poemario lleno de ilusión y amor, de prometedoras expectativas, de reflexiones sobre nuestro existir, también el retrato de un padre primerizo que tiene muy presente el paso del tiempo y que es la muerte quien nos espera en la otra orilla, pero su apellido continuará por gracia de su hijo. Magnífico libro, como todos los de este autor, no se pierdan ni El padre de Sharon Olds, ni El padre hijo (de Sharon Olds) de Iván Onia.

                                                      Ana Isabel Alvea Sánchez

Ricardo Molina

ELEGÍA XI

Cuando derrite el cielo el sol de julio
buscan los bueyes las espesas sombras;
los segadores de color cobrizo,
las frescas jarras y los pozos húmedos,
las cabras, los retoños del olivo,
y yo -lento y errante por el día-
la terrestre dulzura de tu cuerpo.
              
Pues la verbena en flor, la verde prímula
y las vides silvestres cuyos pámpanos
sombrean la roja frente de los sátiros,
y el soto umbrío que un arroyo baña
y que al pasar el viento vibra todo
como lira de hojas plateadas,
y las colgantes dríadas que enroscan
sus guirnaldas de azules campanillas
en el tronco del álamo sonante,
y la zarza espinosa donde tiembla               
-sombra y rocío- un dios enamorado,
no tienen para mi alma la dulzura
de la dorada gracia de tu cuerpo.
              
Como la rosa móvil y redonda
del girasol sigue el curso del astro,
como el agua en la fuente campesina
se arquea y luego cae en claro chorro,
como el fruto maduro comba grávido
la rama que sustenta su opulencia,
como el águila gira por el cielo
y se cierne, voraz, sobre el rebaño,
así mi alma gravita, gira y cae
­-fruto, flor, agua y águila- en tu cuerpo.

Elegías de Sandua

POETA ÁRABE

Los hombres que cantaban
el jazmín y la luna
me legaron su pena,
su amor, su ardor, su fuego.

La pasión que consume
los labios con un astro,
la esclavitud a la
hermosura más frágil.

Y esa melancolía
de codiciar eterno
el goce cuya esencia
es durar un instante.

            Elegia de Medina Azahara,1957

TODO LO QUE ADORASTE

Todo lo que adoraste fuera un día

ya es para siempre tuyo: la ribera

lejana del Genil, la enredadera

que tu infantil mirada suspendía.

Todo es ya tuyo: la mansión profunda

con el patio y sus rosas, las palomas,

el soñoliento olivo de las lomas,

la luz azul que tu recuerdo inunda.

Todo es ya tuyo: por la vieja calle,

tú con tu inseparable bicicleta;

la torre, las primillas, la veleta,

y aquella Grilla de delgado talle.

Todo eres tú. Ya está dentro lo externo,

lo ajeno que era casi cual tú mismo.

Resuelta en ti despeja su espejismo

la realidad. ¡Oh cambio tardo y tierno!

Todo eres tú y tú eres todo: olivo,

rosa, ribera, niño callejero…

Eterno vive en ti lo pasajero

y tú en lo eterno estás ya siempre vivo.

Elegía de Medina Azahara,1957

COMENTARIO

Homenaje a Octavio Paz

Dijeron que las nubes duran poco

pero nada en el mundo es tan blanco y tan puro.

Las aguas son huidizas- dijeron despectivos-

mas ¿quién dará el consuelo de una gota de agua?

Delicioso es el canto de los pájaros,

de las pequeñas aves sobre todo,

en cualquier estación y latitud terrestre…

Mas proclamaron tristes aguafiestas

que todo ha de morir,

que son bellos amores y canciones

pero deben morir.

Y yo pensé, inundado

por una inesperada y grande luz:

¿Qué nos importa la inmortalidad?

Ya solamente amamos lo que muere.

Homenaje

Reseña del poemario “A salvo” de Manuel Moya

A SALVO.   DE LA PLENITUD DEL AMOR. SU ESTELA Y ALQUIMIA.

Al leer el poemario A salvo, de Manuel Moya, Premio de la XX Bienal de Poesía “Provincia de León” 2014, aprecias la genialidad de su escritura, la estética del lenguaje, la belleza de la vida y del amor-  pletórica de naturaleza-;  aunque aclame una luz que en apariencia se extingue, pero no, continúa sosteniendo los pilares de la vida y de la memoria.

El jurado valoró en él “la presencia de una naturaleza interiorizada que al autor le sirve como identificación con sus sentimientos y para poetizar una plenitud amorosa y vital, con un ritmo fluido y musical, intenso y emocionado.”

Este libro poco tiene que ver con los restantes suyos, demostrando este escritor una versatilidad y variedad, formal y temática, asombrosa.

La cita perteneciente al poema El infinito”, del poeta romántico italiano  Giacomo Leopardi, a modo de epígrafe, nos ilustra sobre su modo de percibir y sentir la naturaleza, al unísono con su pálpito: infinito y ligado a todo, “una primavera infinita/ germinaba en mishuesos”. Y el paisaje natural, omnipresente, espejo de todas las emociones; un eco, el uno del otro.

En este poemario amoroso, la voz poética – el amante – entabla un diálogo con la amada, a veces también con el lector, o bien consigo mismo a través del desdoblamiento. Y digo diálogo por el carácter conversacional de sus versos. Un estilo que nos ofrece cercanía, intimidad, verosimilitud, con un tono arrollador que provoca intensa emoción.

Vivo y expresivo su lenguaje lírico, cuyas enérgicas imágenes contienen toda la información- denotativa y connotativa, con el valor heurístico que ya nos decía Paul Ricoeur, ceñido a la metáfora, y que nosotros extendemos a toda imagen-. Todo el poder de la imagen y el discurso para transmitirnos los destellos del sentir.

Pero no solo leemos una desbordante historia de amor y su huella, sino la onda y vibración que es y que nos provoca en nuestra existencia, la convulsión particular que supone en la cotidianeidad. Y no somos los mismos en ese antes y después, pasamos por una transformación, por un proceso de alquimia.

Hallamos luminosidad, humanidad, ternura, pasión, esperanza, fragilidad y vulnerabilidad, tristeza y fuerza, la determinación de salir y resistir la intemperie. Y parece que cuanto más se ejercita uno, más se hace a la lluvia, al viento, a los caminos truncados.

Poesía torrencial, caudal impetuoso de una cascada que ensalza la llama de los amantes “que prende en los huesos, / la luz que chisporrotea en los ojos”. Nos muestra un amor catártico, revelador del mundo, al igual que la poesía- o la literatura-. Una pasión, como comprobamos en su poema Visión”que le hace renacer y sentirse conectado con el mundo, un mundo ayer ajeno, pero que gracias a ella cobra existencia, igual que él mismo resucita por la amada. Y ese amor lo despierta y le abre los ojos y no se cansa de “mirar y de mirarte”.

En ese estado, todo lo que le rodea le ata y une a ella,  como nos dice en su poema “Lo que me ata a ti”, en el que contrasta términos opuestos para llegar a la siguiente paradoja: esta atadura y unión le hace más libre y lo afianza en sí mismo.

Dialoga igualmente con sus lecturas, así en “Poema para Yeats”,   una perífrasis del poema “¿Quién soñó que la belleza pasa como un sueño?”, fascinación y deseo; o bien con Donald Justice; u ofrece otra perspectiva del poema Camino no elegido de Robert Frost.

Al igual que charla con otros autores, también lo hace con la pintura. En sus poemas “Retrato de mujer en el bar del Hospital”  -de Schiele-  y “Ante la chicade la ventanilla número nueve” – de Hopper–  nos muestra una mujer que siente dolor, soledad, desaliento,  pero una voz la incita a escuchar la vibración del mundo,  aunque “el mundo parece empeñado en desplomarse sobre el mundo”. Un intento de consuelo a través del verso, sabiendo que no siempre conforta, pues a veces también muerde. A pesar de todo,  “no hay un solo lugar sobre la tierradonde no amanezca/ hoy, alguna vez”.

Y lamenta. No hay luz sin sus sombras. Y aprende a llevar sus sombras y “a avanzar río arriba”. En el poema “A salvo”hay una lucha para evitar caer, busca en vano que algo lo salve,  pero será suficiente librar esa propia batalla para estar en paz con uno.  Advierte que mejor no caer en la autocompasión y que podemos hallar la luz dentro, como decía el estoico Epicteto, quien afirmaba que los hombres no se perturbaban por las cosas en sí, sino por la opinión que tenían de ellas. Somos libres de elegir nuestra actitud ante las adversidades.

Puede que el motivo de su aflicción  fuera,  como nos preludia la cita del poema Peces de Li Song Io,- un pseudónimo del propio poeta-  la brevedad de este esplendor, pues en cualquier momento puede acuciar la lluvia, siempre tan simbólica. Es firme su decisión de “no dejarse someter desde fuera”,  será él quien decida dejarse llevar y aceptar la “lluvia azul”, esta aceptación de la situación logra serenarlo y, es más,  “lo hizo ver”.Se amplía su comprensión de la realidad.

Sobre el vehemente ímpetu que empieza a nacer, el despertar del refulgente deseo- en la adolescencia, o en cualquier etapa posterior de nuestra vida- con su negro y nefasto desenlace, se refiere en su poema Las albercas: “ …Y nosotros despertamos como el que va de romería/ y se ve bruscamente debajo del caballo.”

Tras la marcha del amor nos quedamos perdidos, sin rumbo, creemos que “con ella se va todo lo bueno”. No obstante, a pesar de su desorientación y soledad, al contemplar un paraje comprende que ha llegado a conocer el origen y el milagro: “dónde nacía el agua, / qué era el agua, / el milagro de los pájaros, absortos en el agua.”

Cuando la amada se marcha, reconoce que se le da mal olvidar, rememora los lugares que recorrieron juntos, revive aquella dicha y no puede evitar esperarla.

En ese momento que sentimos que se derrumba el mundo sobre nosotros, y nosotros con él, y la realidad nos es adversa, es cuando se reafirma: nos enfrentamos a todo ello porque estamos vivos. No dejará  por ello de doblar las esquinas: “…y no piensas quedarte quieto ahora, al final de esta esquina/, con los brazos y la vida cruzados sobre el pecho. Seguirá buscando la luz, “porque es todo cuanto sigues esperando de quien eres.”

Y si el viento lo azota dentro, entonces se recluye en sí,  empieza a echar troncos al fuego para que amaine. Aquí reaparece el pensamiento de Epicteto: Qué podemos controlar, qué depende de nosotros y qué cosas no están en nuestra mano.

Y el cielo (“Altura”) para quien lo mira con inocencia, para el honesto, el que reparte vida y luz, el que escucha a los sin voz, el que se debate en la duda, el artista que hace vibrar el mundo y lo llena de sentido, el que se entrega, el que se rinde al amor, “el que perdona, el que al llegar a casa, secándose el sudor, exclama, / bien estuvo el día, lo he vivido.”

Al final de este refulgente camino nos encontramos las “Montañas verdes y cedros que doblen sus ramas hacia el suelo, / que brille la hierba en la ladera (y que tú brilles) / y que un perro vagabundo me sirva de compañía”. La naturaleza acogiéndonos, aportando armonía y equilibrio, acompañando esta historia para recordar.

Una lectura que enciende las farolas de la noche y nos reanima en tiempos sombríos, nos avisa del amor como vivencia fundadora, capaz de transformarnos,  impulso de nuestra existencia, cuya belleza y latido perdura en el tiempo; alienta a llevar nuestras sombras sin derrotismo, aprender de la lluvia,  arraigarse en la esperanza, no desistir de nuestro empeño de vivir. Y todo, con la exquisitez del lenguaje.

                                           Ana Isabel Alvea Sánchez

Mi reseña del poemario “A salvo” de Manuel Moya

 

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Se ha publicado hoy en la revista de información cultural en internet, “Culturamas,” mi reseña del poemario ” A salvo”, del poeta y novelista onubense- de Fuenteheridos, para más precisión- Manuel Moya. Me encantó su lectura. Este autor es uno de mis poetas preferidos. He leído toda su poesía completa y cada libro tiene una voz y un fondo diferente. A salvo irradia luz, amor, fuerza y esperanza. Si os apetece:

Reseña «A salvo», de Manuel Moya

 

Madre del agua. Por las huellas del Tao

Madre del Agua

Os dejo mi reseña sobre el magnífico poemario “Madre del agua. Por las huellas del Tao” de Gregorio Dávila de Tena, con el que obtuvo el XXII Premio de Poesía ” Eladio Cabañero” .Un libro igual de hermoso que enriquecedor, en él se funde poesía y pensamiento.

Mi agradecimiento al suplemento Quadern de Llibres, de la revista virtual Sonograma Magazine , por acoger en su espacio a mi reseña.

Madre del Agua

Revista Estación Poesía n.18, marzo 2020

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Estación poesía 18En la revista Estación Poesía nº 18, marzo de 2020,  revista digital y en papel cuatrimestral del CICUS y dirigida por Antonio Rivero Taravillo, se publica mi poema inédito ¿Quién se acerca a susurrarme al oído?, que pertenece a mi poemario La pared del caracol.  Mi agradecimiento y felicitación por tan buena labor.

Su versión digital la podéis leer pinchando en cada una de las revistas en este enlace :

http://institucional.us.es/estacion/

Haz clic para acceder a v6-Estaci%C3%B3n-Poes%C3%ADa-18.pdf

 

 

 

 

 

 

 

Una alegría en tiempos del coronavirus: Premio de Poesía “Ángel Martínez Baigorri” 2019 por ” La pared del caracol”

 

Portada la pared del caracol

Quién me iba a decir que en estos momentos fuese yo a recibir esta alegría, toda una ilusión que mi poemario “La pared del caracol” haya sido reconocido con este Premio. Agradecimiento y gratitud a los miembros del jurado y al Ayuntamiento de Lodosa.

Tengo que reconocer que el jurado ha encontrado las palabras exactas al describir mi estilo:

“Por unanimidad decidieron conceder el premio al poemario titulado “La pared del caracol – Sisifina”. Abierta la plica, la autora resultó ser  Ana Isabel Alvea Sánchez, de Castilleja de la Cuesta, en la provincia de Sevilla.

En consideración del jurado, en el poemario se descubre emoción, sinceridad, transparencia, esencias líricas… La palabra es la justa, mínima, sin barroquismos ni retórica hueca….., plasticidad. Destacaron la expresión mínima del  verso y su potencial testimonial. ”

Cuídense y encuentren refugio en la Literatura, la Poesía y el Arte, son buenos cobijos.

XXXVI CERTAMEN POÉTICO “ANGEL MARTÍNEZ BAIGORRI” // fallo del jurado

Encuentro con Victoria León. “Secreta luz”

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Este mes tenemos la suerte de contar con la presencia de la poeta y traductora Victoria León, quien nos hablará de su primer poemario, Secreta luz, con el que obtuvo el IX Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado. Será el próximo jueves 20 de febrero a las 19.00 en Casa del Libro, C/Velázquez, nº8, Sevilla.  La entrada es libre.

En la contraportada de Secreta luz se indica, entre otros rasgos, que recoge la herencia de la tradición lírica hispánica y anglosajona, de la poesía elegíaca latina y tiene algo de cancionero amoroso. Un libro íntimo y universal, de gran cohesión y unidad temática , un lamento por la pérdida del amor, considerado luz y motor de la vida, así como la soledad y tristeza que nos produce su ausencia.  Una pasión que duele, pero salva de la muerte y el vacío, un pálpito que parece eternizarse en el recuerdo, una ausencia que es constante presencia en la memoria. Hay todo un discurso romántico en su poesía.

Una poesía que se baña en los textos clásicos, con una muy lograda naturalidad a pesar de ceñirse a la métrica –versos blancos de ritmo endecasílabo,  con algún heptasílabo y alejandrino-, contenida y sobria, elegante, delicada, sensible y, como se dice en mi tierra, “sentía”, de una brevedad que le aporta intensidad y en la que todo elemento es significativo y motivado- como decía Dámaso Alonso-.

Podemos relacionar el título del libro con la cita de Bécquer que le precede: Como guarda el avaro su tesoro / guardaba mi dolor; pues el yo poético lleva su dolor en secreto, pero es el suyo un sufrimiento que aviva y da luz en el desierto de la vida. Este concepto de la vida como desnudez y soledad, se ajusta a la segunda cita que abre el libro, de R.L. Stevenson: Upon a moorland bare/ To see love coming and see love depart.  Por último, el título hila a la perfección con el hermoso poema Vida secreta, en el que nos dice: A veces solo nuestro amor por alguien/ nos mantiene secretamente vivos. 

No me parece casual que se inicie con el poema “Rastro de fuego”, en el que, a modo de poética, relaciona la poesía con la intensidad en el vivir y la incandescencia. Fusiona vida y poesía, tal como entendían los románticos ambos conceptos.

En el vértigo abismal de la vida, la esperanza de encontrar al amado o que él estuviese esperando resulta motivo suficiente para cruzar el infierno (Infierno. Canto IX , en referencia a la Divina Comedia de Dante). Al igual que Orfeo, quien baja al inframundo a recuperar a su Perséfone, se enfrenta a las Furias y a la muerte. Aunque sufra, se niega al olvido, y aunque lo intente, tampoco es capaz, parece el corazón más poderoso que la razón o la voluntad, así en Foedus amoris (tópico por el cual los enamorados tienen un pacto recíproco de fidelidad) se resigna a ser fiel a su ausencia.

La vida es absolutamente diferente cuando se está junto a la persona amada, disfrutamos de una plenitud tristemente efímera; pero antes nos tenemos que enfrentar al miedo: al amor, a sufrir, a que la vida nos dañe. Ese temor provoca que nos vayamos encerrando en nosotros (En lo oscuro).

También nosotros somos diferentes cuando nos acompaña la persona querida, ¿Quién soy cuando me llamas? (Un instante). Este verso me trae a la memoria la novela “La identidad”, de Milán Kundera, en la que reflexiona sobre qué le ocurre a la identidad cuando nos enamoramos.

No resulta fácil entregarse al amor ni tampoco salir del desencanto de los sueños, no es fácil despertar de esa noche sin luna, quedando el amor como un lejano recuerdo. Sin embargo, ese amor pasional que le rasgó fue un abril cuya luz aterradora/ aún me sigue cegando en el recuerdo.

El poema Envejecen también las heridas nos recuerda los versos de Antonio Machado “En el corazón tenía/la espina de una pasión”, cuando dejamos de sentir la herida nos convertimos en fantasmas, que valgan por el mundo sin nostalgias/ en las que refugiarse de la muerte.

Cualquiera de nosotros se puede identificar con los versos de este libro de desamor, de un amor más allá de la ruptura, pues quien lo probó lo sabe. Como decía Rilke, deja que todo suceda: la belleza y el terror, la materia de la que está hecha la vida.

Y para mayor profundización nos vemos el próximo jueves 20 de febrero. Os esperamos.

 

RASTRO DEL FUEGO

la poesía exige incandescencia,

vivir, o haber vivido, entre las llamas,

bajar al propio infierno sin más guía,

haber mirado el mar sin esperanza

y conservar , al menos , un puñado

de cenizas que aún quemen en el alma.

 

ENVEJECEN TAMBIÉN NUESTRAS HERIDAS

Envejecen también nuestras heridas.

Nos vamos deshaciendo lentamente

en el dolor, huyendo de quien somos,

tratando de borrarlas por completo.

Nos desdibuja el tiempo junto a ellas.

Y a veces conseguimos no sentirlas

porque ya hemos dejado de existir:

somos fantasmas de nosotros mismos

que valgan por el mundo sin nostalgias

en las que refugiarse de la muerte.

 

VIDA SECRETA

A veces solo nuestro amor por alguien

nos mantiene secretamente vivos.

Nos arrebata al miedo y nos libera

de la cárcel de nuestra tiranía.

Silencia nuestra rabia y nuestro odio.

Guía nuestro andar ciego por el mundo

y dulcifica el rostro del dolor.

Convierte en luz la sombra y la derrota:

consigue que amanezca en nuestro cuarto

solitario de sábanas intactas.

 

VICTORIA LEÓN (Sevilla, 1981). Victoria León es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, traductora y crítica literaria. Ha vertido al castellano una treintena de libros del inglés, buena parte de ellos obras clásicas de la literatura victoriana y eduardiana de autores como Oscar Wilde, Ford Madox Ford, John Ruskin, Alfred Tennyson, G. K. Chesterton o Arthur Conan Doyle. Ha colaborado como crítica en medios culturales como las revistas Clarín y Mercurio o el blog Estado Crítico. Es responsable de la edición de una antología de poemas del Conde de Villamediana (Del tiempo, del amor, de la fortuna, 2016) y autora del libro de aforismos Insomnios (2017).

Encuentro con José Julio Cabanillas. Vigilia (Antología poética)

portada vigilia

 

Mañana miércoles, 11 de diciembre a las 19.00h, tendremos el encuentro con José Julio Cabanillas en la Casa del Libro, sita en C/ Velázquez nº 8. Estáis invitados como siempre. La librería nos invitará a una copa de manzanilla por gentileza del Grupo de Bodegas de José Estévez y , como es habitual, Isabel Martín Salinas terminará el acto cantando uno de los poemas del autor invitado.

En esta ocasión el libro elegido ha sido su antología poética Vigilia, prologado por Juan Carlos Abril, una suerte poder leer a ambos.

Nuestro autor publicó por primera vez con 32 años, Las canciones de alba, libro que presentaba ya una madurez y estilo propio, y que tuvo muy buena acogida. En esta antología se incluye, además del ya mencionado, los siguientes poemarios: Palabras de demora, En lugar del mundo, Los que devuelve el mar, Cuatro estaciones, Después de la noticia y termina con algunos poemas de un libro inédito.

En palabras del profesor Enrique Nogueras: Con palabras de demora, José Julio Cabanillas alcanza una plenitud creativa, una hondura lírica y un rigor intelectual que ya no le abandonarán y que estarán presentes en el resto de su obra, una obra caracterizada además por la sobriedad y la honradez de estilo y maneras.

Juan Carlos destaca en el prólogo su intensidad lírica , su precisión expresiva, su reflexión y evocación constante al pasado desde el presente, cantando siempre lo que se pierde (nada sabemos que no esté perdido), la influencia de Antonio Machado, su veta espiritual, el uso del monólogo dramático para ponerse en la piel de Teresa Martín, de María Magdalena o para personificar un viejo puente.

Sensibilidad, delicadeza, estética, emoción, hondura, nostalgia , simbolismo,  referencias bíblicas ( mayormente en Los que devuelve el mar en el que recrea escenas evangélicas),  con la mirada siempre puesta en la infancia,  su paraíso perdido, el retrato de la familia, de la casa y del pueblo de aquel entonces: su padre, su abuela, su madre o sus hermanas. En su poemario En lugar del mundo, ese lugar del mundo al que siente que pertenece lo llama Benzelá , de tierra reseca y sol, de olivares, de casas blancas y fríos zaguanes.

Es usual que en sus poemas realice un desdoblamiento en el personaje y saltos en el tiempo: el niño que describe es el adulto que escribe, su padre puede convertirse en él mismo: así en el poema Don Diego López, 6.

Para José Julio la poesía obra el portento de recoger aquel reducto íntimo que cada uno es. Su poesía es un modo de eternizar todo lo que el tiempo, y la muerte, le han arrebatado.

 

LEYENDA DE UNA MIRADA

-I-

De todo cuanto existe y de su gloria

en feudos del olvido;

aquel jardín alegre,

la canción entreoída y la alborada,

las rosas bienvenidas, los relojes blasfemos.

el trajinar en pasos de la muerte.

Cuanto existe y su gloria:

el rumor de las fuentes, el murmullo

del aire, los amores del bosque.

Todo lo había perdido.

Y el rescate estaba en tu mirada.

 

-II-

 

El tesoro cumplido se oculta en tu mirada.

Me quedan restos, tules, monedas,

los frutos fugitivos de la higuera,

las acacias que abriste con tu pecho.

Tengo algún nombre tuyo que aprendí con la noche:

lucero de soledad en tu mirada hermosa,

perfume de mis noches,

canción de mis días antiguos,

ola que siempre llegas,

llegas, y me estremeces.

 

DON DIEGO LÓPEZ,6

 

La calle honda de los cinco años.

A lo lejos, apenas una mancha,

llegan atareadas, parsimoniosas recuas.

El sol, las casas blancas,

fresco zaguán, luz tierna.

A mi lado, conmigo, uno a quien no conozco

atónito me dice: Qué hermosura de sol.

( Y sus palabras llegan de muy lejos:

de un vendaval, de soles, de otros soles,

del que yo habré de ser, de mí, del que ahora soy.)

Qué ancha la calle… Niño, dime

adónde fueron a parar los años.

 

TIERRA DE NADIE

 

Cuando oigas cruzar los ánsares

camino del verano.

Si una estrella fugaz rasga el poniente.

Cuando tu luz se apaga y quien amas se aleja

y la noche tirita.

Si al volver una esquina esperas otra tierra

de bosques increíbles…

 

Es la tierra de nadie, quédate.

Habrás sido la vara de fresno de un conjuro,

un anillo de oro caído de tus cuentos.

Aquel niño de aire que a tus ojos se asoma todavía.

 

CON EL VIENTO

Quién podrá con el viento y este sol.

Quién le dirá a las hojas en su rama:

nunca más sonaréis.

No hay más viento en la tierra.

O quién de un manotazo

derribará este sol del horizonte.

Oigo una algarabía de vencejos

que casi a ras de suelo, amaneciendo,

discuten entre sí, me cuentan su versión de los hechos

para que tome nota hoy del atestado:

“Mire usted aquella nube toda sangre.

Es que el sol va a nacer. De nuestra parte dígale

que derrame una gota en nuestras alas

allá en esa región, en un hito de luz

que usted llamará olvido y es vida y nunca acaba”.

José Julio Cabanillas

 

JOSÉ JULIO CABANILLAS (Granada, 1958) ha publicado los siguientes poemarios: Las canciones del alba (Renacimiento, 1990), Palabras de demora (Renacimiento, 1994; 2ª edición corregida y aumentada, 2009), En lugar del mundo (1998), Los que devuelve el mar (2005), Cuatro estaciones (2008) y Después de la noticia (2011) y Poemas descalzos (2016). También ha publicado una novela, Benzelá (1998), y un libro de poemas en prosa, La luna y el sol (2006). Ha traducido a Gerard Manley Hopkins en su libro Poemas (Renacimiento, 2003). Y ha coordinado la traducción de G. K. Chesterton, en Lepanto y otros poemas (Renacimiento, 2003).Co-director de la revista literaria Albatros.