Encuentro con José Antonio Ramírez Lozano y su poemario «Peccata Mundi»

El año pasado en el ciclo «El poeta y su voz», que tiene lugar en la Casa del Libro – C/Velázquez n.8 de Sevilla-, teníamos el encuentro con el escritor José Antonio Ramírez Lozano cuando se decretó el Estado de Alarma. Este mes es un buen momento para retomarlo, nunca es tarde si la dicha es buena, así que el martes 25 de mayo a las 19.00 horas estaremos hablando con José Antonio Ramírez de literatura, poesía, proyectos, y en concreto, de su poemario «Peccata Mundi», con el que obtuvo el XXXIV Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás y publicado por Pre-Textos en febrero de 2021. Todo un lujo.

El título del libro hace referencia al texto de la oración Agnus Dei, «cordero de dios que quitas el pecado del mundo», y su estructura a los dos tipos de pecados: veniales y morales.

Me parecen muy acertadas las palabras que Simón Viola indica en su blog : «Situados en la aldea de Torales, los poemas, con un claro sesgo narrativo, relatan episodios y casos prodigiosos, más allá de cualquier verosimilitud o realismo, con un enfoque esperpéntico, en la estela de Quevedo o Valle Inclán pero sin su acritud, y una gozosa imaginación (las citas recogidas en el libro pertenecen al más crítico Machado de Campos de Castilla, a Valle Inclán y a Cunqueiro) en la que no falta un humor lúdico.» (http://simonviola.blogspot.com/2021/03/peccata-mundi.html)

Santos Domínguez reseña este libro en la revista de Literatura, Encuentro con las Letras: «… Evocadas con una mirada compasiva que suaviza su indisimulada raíz esperpéntica, estas alegorías de lo humano son el resultado de una sabia mezcla de imaginación fabuladora y potencia verbal, de creatividad lírica y voluntad narrativa, de composición plástica y reflexión existencial.» ( encuentrosconlasletras2.wordpress.com/2021/05/06/ramirez-lozano-peccata-mundi/)

Posee José Antonio Ramírez una voz propia y genuina en la poesía española contemporánea, un estilo narrativo con toques de lo que podríamos llamar realismo mágico, lo maravilloso suele estar presente en sus poemas, creando historias míticas o fabulosas en las que es difícil separar la realidad de la ficción, con un lenguaje coloquial y culto a su vez.

En su primer capítulo, Veniales, la voz amable de un niño narra las anécdotas del pueblo, historias graciosas e imaginativas que provocan asombro en el lector, retratando pintorescos personajes. Refleja, en definitiva, con una mirada crítica y tierna, el mundo rural de su niñez, una época con su mentalidad y costumbres, resaltando el papel de la Iglesia, su influencia en la mentalidad de la población, la severa educación que veía pecado en todo .

En su segunda parte, Morales, nos muestra otra perspectiva de la Semana Santa, tan arraigada en nuestro país, con un tono más mordaz y ácido, carga las tintas contra las procesiones, reflejando lo grotesco : la imagen de Cristo la considera un «trampantojo de su divinidad». Sus versos «Dios se da en el castigo, ellos lo saben/ más que en el dulce goce de sus dones», nos habla del Dios del pecado y el castigo, de vivir la vida como valle de lágrimas y no en la dicha. Reprende igualmente que se dé dinero para salvar el alma, para saldar la culpa y todo en medio de la orfandad humana ante las adversidades y miserias de la vida.

Las citas del libro resultan muy reveladoras, su primer capítulo se inicia con la siguiente cita de Álvaro Cunqueiro: «verdad o mentira, aquellos años de la vida o de la imaginación fueron llenando con sus hilos el huso de mi espíritu, y ahora puedo tejer el paño de estas historias, ovillo a ovillo»; su segunda parte se abre con una cita de Valle- Inclán y estos versos de Antonio Machado: «esa España inferior que ora y bosteza,/ vieja y tahúr, zaragatera y triste».

Para que podáis empezar a degustar su lectura os dejo algunos poemas:

ESE RÍO

Por Torales, mi pueblo,
pasa un río sin nombre que crece con nombrarlo.
Un río de sonidos, un caudal de rumores
que está hecho de voces lavanderas
y lejanos balidos y remotos aullidos
y del grito terrible de los niños ahogados.

Basta contar un cuento para que crezca el río.

A veces, es tan alta la crecida
que en las ermitas hubo que dejar de rezar
y estuvieron prohibidos los pregones,
las canciones de amor y hasta las nanas.

El río de mi pueblo no tuvo nunca nombre.
En cuanto se lo ponen,
él lo arrastra al olvido, ese otro mar.

EL ÁRBOL DE LA MEMORIA

Nadie supo el origen de aquel árbol.
Sólo que su simiente debió de ser un ojo,
porque sus frutos eran eso, ojos,
cientos de ojos verdes y morados
que no paraban de mirar
y de parpadear entre sus hojas.

Mi abuelo aseguraba que aquel árbol
era un árbol antiguo que había visto
pasar el siglo y todo lo que vio
lo guardaba en la clara savia de su memoria.
Por julio, cuando recordaba
las terribles matanzas de la guerra,
una lluvia de lágrimas caía de sus ramas.
Por eso supe que
lo que decía mi abuelo era verdad.

Por eso y porque el día que mordí
una de aquellas hojas rojas como labios
recordé de repente el día que mis padres
se besaron los dos bajo sus ramas.

Y eso que yo no había nacido aún.

CUERDA DE HOSPICIANOS

Los hospicianos cantan

de la mano con esa voz tan agria

de forzados. Narciso

Tovar, convaleciente

de una hernia, pelón

del alma, hijo bastardo

de un coronel de Borba, va

cogido de la mano de Dieguito

López , el Mocito, turbio

de sesera , que anduvo

huérfano entre cochinas

y ahora, míralo ahí, mastica

chicle amargo si reza y da

la mano a Juanillón Ruiz,

el hijo de la Sora

que murió en el incendio

aquel de las ermitas. Ahí lo traes,

con su chupa de escay,

con su huchita de vidrio

por quien le compadezca. Y tira

de la mano de Abel

Expósito al que hallaron

tiritando a la puerta del molino

la noche de Tosantos, vivo él

más que un cuco, ladino

como es , recadero

con las monjas, que trae

de la manga a Paulina

Sotero, la Perdida, la que dicen

que nació de una enorme

y negra calabaza. Mira

que araña con los ojos, frunce

la boca en una mueca

de desdén y se agarra

del brazo de Joaquina Martos,

la muchacha de don

Martín Casamayor, que sirve

por cuatro perras que las monjas

guardan luego en su huchita

para cuando el ajuar. Tras ella,

Pascualino, el enano,

el que sabe los toques

de difunto y de gloria y se columpia

del cordel del badajo, el mismo

del que su padre se colgara

la noche de difuntos. Todos

detrás del Cristo con su huchita

del cuello, para muestra

de la obra de Dios, para alabanza

de su misericordia.

JOSÉ ANTONIO RAMÍREZ LOZANO. Nació en Nogales (Badajoz) el 5 de Enero de l950. Cursó estudios de Bachillerato en Cáceres y Badajoz, y  de Filología en la Universidad de Sevilla, por la que se licenció en 1975. De 1977 a 2010 impartió clases de Lengua y Literatura Españolas en Sevilla, donde reside. 

Ha combinado la escritura de poesía con el relato y la novela. Así como la literatura infantil y juvenil. Ha publicado numerosas obras en poesía y narrativa y obtenido una gran variedad de premios literarios. Tiene en su haber más de 80 obras en total, premiadas las más de ellas con galardones significativos, como el Juan Ramón Jiménez, Unicaja, Ciudad de Irún, Claudio Rodríguez, Ciudad de Badajoz, José Hierro, Blas de Otero, Ricardo Molina, Ciudad de Mérida, González de Lama, Ciudad de Burgos, Manuel Alcántara de poesía; y Ateneo de Valladolid, Azorín, Cáceres, Ciudad de Valencia, Felipe Trigo, Rio Manzanares, Fray Luis de León, Casino de Mieres, Alarcos Llorach, Ciudad de Salamanca y Juan March de novela, entre otros. En el 86 fue candidato al Premio Nacional con su novela Gárgola editada por Cátedra. Ha publicado también literatura juvenil con Edelvives, Alfaguara, Algaida, Kalandraka, Anaya, S.M. e Hiperión. Obtuvo, además, los premios Jaén,“Leer es vivir” de Everest, Lazarillo y el del Banco Mundial del Libro de Venezuela. Ha sido Premio de la Crítica Andaluza recientemente por su novela Las manzanas de Erasmo, ed. Algaida. Sevilla 2010. para conocer más su blog: http://josearamirezlozano.blogspot.com/