23 de febrero: Encuentro con Amalia Iglesias Serna

Todo un lujo este encuentro virtual con Amalia Iglesias Serna el próximo miércoles 23 de febrero a las 20.00 horas, será a través de Meet y nos hablará de su poética , trayectoria y poesía.

Amalia Iglesias Serna (Menaza, Aguilar de Campoo, Palencia, España ). Escritora y periodista. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto (Bilbao). Ha dedicado las tres últimas décadas al periodismo escrito y la gestión cultural (El Correo Español, «Culturas» de Diario 16, ABC, Fundación Mapfre…). Trabajó durante diez años, entre 1987 y 1997, en el suplemento “Culturas”, de Diario 16. Durante quince años, desde su creación en 1996, y hasta su clausura en papel en 2011, fue jefa de Redacción de Revista de Libros. Desde 1999 a 2003 fue codirectora – junto con César Antonio Molina- de la revista La alegría de los náufragos. Desde 2011colabora en Revista de Occidente y desde 2018 escribe una columna semanal en El Norte de Castilla.

Entre sus libros de poemas destacan: Un lugar para el fuego (Rialp, 1985), premio Adonais en 1984; Memorial de Amauta (Endymion, 1988), premio Alonso de Ercilla del Gobierno Vasco en 1987; la plaquette Mar en sombra (Málaga, 1989); Dados y dudas (Pre-Textos, 1996), accésit del premio Jaime Gil de Biedma en 1995; Lázaro se sacude las ortigas (Abada, 2005), premio Villa de Madrid «Francisco de Quevedo» en 2006; Tótem espantapájaros (Abada Editores) y La sed del río (Reino de Cordelia), Premio de Poesía Ciudad de Salamanca 2016. Sus poemas han aparecido también en antologías como Las diosas blancas (Hiperión, 1985), Ellas tienen la palabra (Hiperión, 1997), Poetas de los ochenta (Mestral, 1988), Antología de la poesía española 1977-1995 (Castalia), Canción de canciones (Mario Muchnik), etc…

  • Un lugar para el fuego (Rialp, 1985).
  • Memorial de Amauta (Endymion, 1988).
  • Mar en sombra (Rafael Inglada. Plaquette, 1989).
  • Dados y dudas (Pre-Textos, 1996).
  • Antes de nada, después de todo (Universidad del País Vasco, 2003).
  • Intravenus. Con Lola Velasco. (Diputación Provincial de Huelva, 2003).
  • Lázaro se sacude las ortigas (Abada, 2005).
  • Poetas en blanco y negro (Antología) (2006).
  • Poemas sin más (Universidad de las Islas Baleares, 2007).
  • A orillas de Machado (Antología) (2008).
  • Tótem espantapájaros (Abada editores, 2016).
  • La Sed del Río (Reino de Cordelia, 2016).
  • Sombras di-versas. Diecisiete poetas españolas actuales (1970-1991) (Antología) (Vaso Roto, 2017)
  • A poema abierto. Escribir en tiempos de pandemia. Universidad de Salamanca, 2020.
  • (Des) localizados. Textualidades en el espacio-tiempo. Universidad de Salamanca, 2021.

Preparó la edición de Algunos lugares de la pintura de María Zambrano. Es antóloga de Poetas en blanco y negro (Abada, 2006), una recopilación en la que se reúnen poemas de 230 poetas iberoamericanos que fueron publicándose previamente en la sección «Contemporáneos» del suplemento cultural de ABC durante varios años y de otras antologías como Sombras di-versas. Diecisiete poetas españolas actuales (1970-1991) (Vaso Roto, 2017), A poema abierto (Universidad de Salamanca, 2020).

De 1988 a 2022 se ha encargado de la redacción de textos de crítica literaria, columnas de opinión, entrevistas, ensayos, etc…  en diversos medios: EL CORREO ESPAÑOL, ABC, DIARIO 16, ZURGAI, LETRAS LIBRES, TURIA, EL CUADERNO, LITERAL MAGAZINE, …     

También de la  edición y corrección de textos, catálogos, dossiers de prensa, escritura de prólogos de libros,  etc… para distintos medios: EDITORIAL TURNER, ALIANZA EDITORIAL, PLANETA, FUNDACIÓN TELEFÓNICA, FUNDACIÓN MAPFRE, UNIVERSIDAD DE SALAMANCA, DIPUTACIÓN DE ÁVILA, FUNDACIÓN CULTURA Y SABERES, …

Participación en jurados literarios (PREMIO CERVANTES, PREMIO TORRENTE BALLESTER, PREMIO JOSÉ HIERRO, PREMIO RAFAEL ALBERTI, PREMIO LEONOR, PREMIO DE LA CRÍTICA, PREMIO BLAS DE OTERO, PREMIO GABRIEL CELAYA, PREMIO EDUARDO LOURENÇO…).

Presentación de libros, participación en mesas redondas y conferencias (CÍRCULO DE BELLAS ARTES, CASA DE AMÉRICA, UNIVERSIDAD COMPLUTENSE, UNIVERSIDAD CARLOS III, CASA ENCENDIDA, FUNDACIÓN MAPFRE, SGAE, FUNDACIÓN AUTOR, CASA DEL LECTOR, UNIVERSIDAD INTERNACIONAL MENÉNDEZ PELAYO, CURSOS DE VERANO DE EL ESCORIAL, UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO, RESIDENCIA DE ESTUDIANTES, INSTITUTO CERVANTES, BIBLIOTECA CASA DE LAS CONCHAS…).

En 2004 la Real Academia de Poesía de Córdoba le concedió la Medalla de Oro Don Luis de Góngora. En 2007 fue nombrada Presidenta Ejecutiva de la Comisión Nacional para la Conmemoración del Centenario de Machado en Soria. Es co-guionista, junto con la también poeta Julia Piera, del documental: Antonio Gamoneda: Escritura y alquimia (2009). En 2019 obtuvo la Beca a la Creación de la Fundación Castilla y León, para escribir el libro de poemas Leer da tiempo, que será publicado en los próximos meses por la editorial Abada.

ÍTACA NO EXISTE

Tres vueltas de llave y un olor a silencio,

la luz súbitamente estrangulada en el lecho sin fondo

y la humedad de quince o más otoños

y esta locura

y esta oscura gangrena de embriagada penumbra,

tres o cuatro macetas con esquejes de olvido

o esa vela gastada en noche de tormenta.

Las puertas columpian el llanto de sus goznes.

Hace ya tiempo que no hay golondrinas al borde del tejado.

Asciendo lentamente

aquella escalera de los sueños freudianos,

subo a los altares mínimos

de mi propia insuficiencia.

¡Cuánto ayer empozado,

cuánta breve mortaja,

cuánto leve recuerdo!

Sobre la cal de esta pared escribo un verso:

He regresado y nada me esperaba.

Quizá se vuelve como a la patria o al padre

con un algo de herida

y esa ansiedad de no reconocerse en los viejos espejos.

Quizá se vuelve tarde,

se vuelve ya sin tiempo.

Desde el suelo

una muñeca muerta me contempla,

—una muñeca serenamente muerta—

Me alejo

con la desagradable sensación de haber profanado una tumba.

Un lugar para el fuego ( 1985)

de Memorial de Amauta ( 1988)
Memorial de Amauta ( 1988)

Palidez de los cuerpos.

No sabemos reunirnos.

Nos hemos ensayado torpemente

en ser canción y edén autodidacta.

Y alguna vez,

alguna vez, amor, nos hemos presentido

cercanos a la dicha de aprendernos.

Visto lápidas limpias.

Aprendo el difícil oficio

de apuntalar cenizas o inventariar quimeras.

Pero algunas veces

una magia anónima se instala entre mis manos.

A veces

libélulas amargas

cruzan en procesión entre las venas

y nos devuelven un destello de glope:

fugaz latido

de haber sido un instante

música

y magia

y piélago habitado

Pero tan sólo porque tú existes

el paisaje se repuebla de albatros

y mi soledad se llena de memoria,

acude cada vez a una cita imposible.

de Memorial de amauta

CUANDO QUISE LEER la caligrafía de las brasas,

Las palabras sin certezas hacían un ruido de celofán

entre los dedos, ya entonces alguna brecha abierta,

arrugas que no supe interpretar. Las manos de un

alfarero loco modelaban mi sombra y el orfebre puso

a secar mi corazón encima de la empalizada.

de Dados y dudas 1996

Amanece en el tren. Un rumor de raíles desata…

Amanece en el tren. Un rumor de raíles desata
la cremallera de un paisaje. El cielo abre sus
párpados, instante en que no sabes si acabas de
partir o estás a punto de llegar. No sabes si
el mundo huye de ti o eres tú velocidad de fuga
entre sus fauces. Te abandonas al presagio de una
selva lejana, esperas el placer de su espesura.

De «Dados y dudas» 1996



Cavar una fosa…

Cavar una fosa.
Edificar una casa.

Sobre las ruinas de las ruinas,
ahora y siempre por los siglod de los siglos,
la vida siempre en obras.

Un basurero atesora
la indiferente memoria de los días.
Quién reciclará nuestros despojos,
quién regalará fascículos
con nuestra colección de instantes,
qué teletipos darán noticia
de la simulación de un sueño,
quién archivará cuidadosamente nuestros nombres
y hará el penúltimo inventario,
en qué autopista o hiperespacio habitaremos.

Qué Internet hacia Dios por si lo escucha.

Entre derribo y derribo,
cavar una casa,
edificar una fosa.

De «Dados y dudas» 1996

Desasosiego de otoño

Tampoco tienen fecha las hojas de este otoño
y acaso no es verdad que su mundo agonice.
Ni queda amargura en sus grietas
ni sus arrugas aguardan la soledad del invierno.

Es sólo levadura, madriguera,
lazada de luz cuando reposa,
cuando cierra los ojos
para buscar los nombres de lo oscuro.

Pergaminos, venas izadas,
nervios que han excavado la piel,
los profundos ríos de montaña
que se dibujan en tus manos.

No hay desembocadura en este instante
detenido en la pared de un día,
en los muros de una casa que no existe,
el limbo del soñador y sus iconos.

Caminos superpuestos,
desde el Austral al Ártico,
sólo el imán del útero en letargo,
el jirón de inquietud que te faltaba
para soñarte sin gravedad.

De «Lázaro se sacude las ortigas» 2005

MARINA SIN MAR

Cae la tarde al vértigo del día inacabado.

He venido hasta el centro de la presa sin agua.

En el limo del fondo puedo escribir tu nombre

de Marina sin mar.

Nunca sabrán las olas

cómo baja la niebla por los pastizales

y se posa en la arcilla de la luz de anteayer

más despacio en sus grietas.

El viento juega con los posos del pasado

la dulce letanía de aquella tierrra intacta.

Por el rastro de la sangre…

los mismo brezos al borde del camino

recuerdan que mis brazos eran niños entonces.

Otra vez se hace tarde.

En las encrucijadas de corazón

huele a bosque mojado

para que nunca olvide mi cuna de madera

y tus manos perfumadas de orégano,

de arándano, de canela en flor.

Hoy camino contigo

por las linderas de Somonte

Todavía el viento desata tu pañuelo

antes de bajar a posarse en vuestras tumbas.

la sed del río (2016)

DECIR UNA GUERRA

No se oxidan las latas de conserva
en los gabanes de los soldados muertos.

Alguien escondido en la despensa
raciona el azúcar a los niños,
sigue encendida la hoguera donde arden las cosas de la casa.

Apenas quedan pedazos memorables,

sus labios dicen palabras como estraperlo,

pólvora, racionamiento, maquis, milicianos.

Las trincheras casi intactas más arriba del monte,
círculos de piedra sobre piedra,
parecen restos de crómlech o improvisadas cabañas infantiles
y más lejos un campo de regaliz, retamas, manzanillas
y grandes serpientes plegadas como una bola,

uróboros deslizándose por las linderas.

Escondidos en la cueva,
escucharon durante horas aullar al perro sobre una tumba.
La figura del santo atravesaba los pastizales
para cambiar de bando cada noche.
En El Dueso un hombre con los dedos mutilados
gritó su nombre para llevarlo a fusilar,
pero los presos dijeron que ya no estaba.

Muchos años después
quedaban leyendas de tesoros abandonados en la huida,
polvorines enterrados en lugares secretos,

casas en ruinas, y campos de cultivo regados de metralla.

Alguien sembró patatas a oscuras en un rincón del huerto,

alguien las desenterró pocas horas después.
A escondidas robaban el arroz a las gallinas.
El pan era muy negro.
Se alimentaba de cortezas de naranja.
Cómo perdura el hambre en la memoria.

La sed del río

Tótem I

Entre
tótem y
autómata,
una zozobra
de marioneta,
virutas de tiempo
invisibles hilos
de oro tiran
de ti hacia
los bosques
sagrados de los druidas. Desde los serbales milenarios,
el muérdago llega hasta tus brazos, se hace resina y ritual
para ahuyentar a la muerte. Entre
tótem y autómata la puerta propicia
para cambiar de ángel, el gigante
de Cerne Abbas tumbado en el campo
de Dorset, las estatuas de Rapa
Nui, vigilando la Isla de Pascua,
los cuerpos silueteados al abrigo
de las rocas, los monigotes de la
infancia y la caverna, y los robots
que aprenden a mirarte. Entre tótem
y autómata el espantapájaros
crucificado en la inmensidad del
trigo, el que siempre te espera
allí donde todo lo modela el viento
y tus pasos de niña no se apagan,
tu icono y escondite y madriguera.

TÓTEM XXII

La

arcilla

es contagiosa.

En vano ya

esconderse.

Nunca olvidas

que fuiste

un lugar

pasajero.

Puedes envolver tus brazos en todas las banderas

pero nadie va a traerte la tierra prometida. Creciste

en la generación de los signos

pero agitas un esqueleto sin

memoria, el gozne del grado

cero, la plenitud de la tábula

rasa, palabras encharcadas

como escombros. En tu orilla

arde una sed de raíces,

aletean las trizas, cuando nada

puede florecer en tu asombro

salvo el deseo que ya nunca

retrocede, la inquietud de

las musas más allá de tus

manos. Como Ulises aras la arena, dispones tu sementera de sal.

De «Tótem espantapájaros»

Más poemas en: http://amediavoz.com/iglesias.htm

13 de junio: Vicente Tortajada y su libro «Esplendor»

Esplendor

Culminamos este segundo ciclo de encuentros con  una interesante figura, como es la de Vicente Tortajada (1952-2003) ,  buen escritor y exquisito poeta, fue también  traductor y asesor literario de la editorial Renacimiento. Entre sus obras de poesía encontramos: Sílaba moral (1983)- Premio de Poesía Luis Cernuda-, La respuesta inelegante (1986), Pabellones (1990) y una traducción de Los sonetos de Crimea del polaco A. Mickiwewicz (1984). Esplendor (1994) fue su último poemario  . En 1999 publicó la novela Flor de cananas  y en 2002  Azahar y Vitriolo, una selección de textos publicados en periódicos y en revistas entre 1996 y 2001. Posteriormente la editorial Metropolitana editó la primera antología poética , Esplendor. Antología poética (2009).

La tertulia será el próximo jueves 13 de junio a las 19.30 horas, en la Casa del Libro, C/Velázquez n.8, Sevilla. Tendremos la enorme suerte de estar acompañados por dos poetas de calidad: su hermano Jesús Tortajada y su amigo José Julio Cabanillas. Como viene siendo costumbre, la librería nos invita a una copa de manzanilla por gentileza del Grupo de Bodegas de José Estévez.

La poesía de Vicente Tortajada suele incardinarse dentro de la Poesía de la Experiencia- en su veta más reflexiva que narrativa-; pero ya Abelardo Linares aducía que se salía de tales contornos para adentrarse en un mayor irracionalismo. Efectivamente, parece que la escritura de Vicente bebe de diversas fuentes: el simbolismo que podemos hallar en las descripciones de sus poemas -como en el poema Contempla las paredes-; el uso de imágenes y metáforas genuinas e insólitas que reflejan un mundo moderno con sus maquinarias, tal como se hacía en las vanguardias-  su poema Una cruda luz nos puede recordar el Ultraísmo-; la red de referencias culturales con las que cubre sus versos, un tejido intertextual -como hacían, mayormente, los Novísimos-, ya sea con la música, la pintura, la tradición literaria ; cierta ironía que subyace debajo del vitalismo, de la melancolía y del dolor que contiene este libro. Una mirada que resalta la ironía de la vida, su paradoja.

La ciudad, la noche, los amaneceres, el hospital, la palabra, la cultura, la música,  el muelle, lugares decadentes… van tomando significado en sus versos para hacernos mirar la existencia, su belleza, el paso del tiempo, la muerte, desde la perspectiva de quien se enfrenta a una grave enfermedad y siente la cercanía de la muerte. ¿Y dónde está el heno removido,/ las mieses de qué campo?»  Paisajes que divisa desde la ventana de su habitación o desde la ventana de la memoria para quedarse con la luz donde la muerte/ descansa transparente en las higueras.

Concibe la vida como un espectáculo que nos hace olvidar la muerte y de este modo poder vivir su esplendor, tal como nos dice en su poema Era de acuario. El tiempo trae sus cambios , pero en el verso se pregunta… ¿Qué nos espera/ aún? ¿qué cambios a esta vida mía? Son muchas las metáforas con las que quiere retratar la fugacidad de la vida : polvo/ de palabras/ que flotan en el humo de la calle; la vida es como un suelo de aguanieve/ que se va deshaciendo entre las notas. Y me hace pensar si la bandera que ondea hasta el final no será la propia literatura, la palabra, la poesía. Una poesía como exquisito lenguaje, otra forma de decir que cause asombro , un modo de ir detrás de su vida. Hablaremos con más profundidad el próximo jueves de este libro, que a mí personalmente me ha encandilado. El foro es abierto y estáis invitados.

Os dejo algunos poemas para degustar la poesía de Vicente Tortajada , un autor que merece estar muy presente :

 

PAREDES, LABERINTOS

Un paso en la noche. Paredes, laberintos

entre esquinas mojadas,

los cristales mellados- cristaleras de pisos-

y el suelo que la arena comienza a suavizar.

El olor de ceniza de las copas de cisco

impregna los mechones que asoman en la nuca

– o el vertedero en llamas, su olor dulce y podrido.

…Rompe la oscuridad una hoguera lejana.

Al sur

– el resplandor vivísimo,

arcoiris de grasa entre los barcos-

de algún pájaro grande, muy alto va el silbido

como fuego de estrellas,

va marcando los pechos con alambres de espino.

Los muchachos- compás de sangre entre los labios-

se abrazan o se besan, o es un sudor muy frío

al grito de los muelles.

Por un vago temor, el carmín desvaído

y un mínimo jadeo. Risas. Vino

para el amor que ahuyenta

el veneno del aire, la noche,

la muerte sin razón. Altísimos silbidos.

 

AL SONETO Nº  XXVII DE D, JUAN DE ARGUIJO, LLAMADO LA TEMPESTAD Y LA CALMA

Yo vi del rojo sol la luz serena

turbarse, y que en un punto desparece

su alegre faz, y en torno se oscurece

el cielo con tiniebla de horror llena.

El austro proceloso airado suena,

crece su furia, y la tormenta crece.

Y en los hombros de Atlante se estremece

el alto olimpo y con espanto truena;

mas luego vi romperse el negro velo

deshecho en agua, y á su luz primera

restituirse alegre el claro día.

Y de nuevo esplendor ornado el cielo

miré, y dije: ¿ Quién sabe si le espera

igual mudanza á la fortuna mía?

 

Glosa:

 

Vemos irse la tarde tan serena

y que, pronto, la luz desaparece

de las calles. La casa que oscurece…

La lluvia que de gris todo lo llena.

Un temblor en tus labios cuando suena

el aire. Silban, vuelan mirlos. Crece

la tormenta, y el trueno te estremece:

pareces tan pequeña cuando truena…

Pero , pronto se rompe el turbio velo

de las gotas, y tú eres la primera

en descubrir que empieza a abrir el día.

Otra vez sol. Me dices, viendo el cielo:

-Ya cambia… Como tú. ¿Qué nos espera

aún?¿ qué cambios a esta vida mía?

 

LUZ SUAVE

 

Crujen fríos helechos entre las zambullidas…

como una estrella muerta y nítida,

como un espino inmenso

que flota sobre el agua,

el alma.

La palabra líquida.

EL vivero de la melancolía

deshace entre gritos el sueño.

Una miel negra enmarca

la puerta que resguarda la turbina;

y el motor que funciona con deseos

comienza a dilatar las pupilas del día.

Vicente Tortajada

 

 

Encuentros «El poeta y su voz»: Lola Almeyda y su poemario «Instrucciones para cuando anochezca»

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Consejos e instrucciones para saber llevar y vivir la vida en la medianía del invierno, nos ofrece Maria Dolores Almeyda en este poemario. Una visión nostálgica, «esta lenta memoria de la melancolía», y a la vez vital provocada por el paso del tiempo. Un tiempo no falto de misterio, en el que continuamente nos estamos redescubriendo, como nos dice en su poema «Para buscarnos». Un tiempo desconcertante por su brevedad, con algún que otro ajuste de cuentas con el pasado y cuyo futuro se vislumbra y teme: ese final que duele y despierta  la conciencia y el deseo de vivir. Y claro, honestamente, no puede faltar el lamento por cierta rutina y decadencia, la pátina de óxido causada por Cronos, a la que se le planta batalla , a la que se le quita hierro. Pero la velocidad de la aguja del reloj no solo resta, también suma : aporta calma, saber,  firmeza.  Hay una aceptación, una mirada realista que nos acierta a comprender la paradoja de la vida , y una actitud: mejor ir ligero de equipaje y con la mirada fija en el sol . Y tener memoria, tener memoria del instante de dicha pasajera, para cuando la noche nos cerque.

Paco Carrascal en su prólogo nos  habla de su retórica cercana, una escritura clara pero cargada de lirismo, con un imaginario ocurrente y sutil ironía, o sutil tristeza,  una poesía que nos puede recordar a Gloria Fuertes. Lo que quiere decir lo entiendes y lo sientes.

Profundizaremos en el libro y en su poesia el próximo jueves 25 de abril a las 19.30h en la Casa del Libro, Calle Velazquez n.8, Foro libre.

PARA ESA NIÑA QUE FUI

A esa niña que fui a la que ya no conozco,

a esas trenzas sin fin y padecidas,

a ese álbum de cromos de futbolistas

inacabado siempre,

a ese juego inventado sin princesas,

(solo sapos, lagartijas, príncipes diseñados,

figurín de colores en los tebeos rosas de las niñas)

a esos amores niños perdidos y perdurables,

a esa presencia de vecindad y amas de casa

a ese dolor de incomprensión,

a ese no hagas eso que no estará bien visto,

a ese castigo por reiteración en la conducta,

a ese juego de médicos, enfermos y enfermeras

y a ese descubrimiento de agujeros negros

y a ese escalofrío de la carne;

a esa orfandad del saber

a esa búsqueda de querer vivir  sabiendo,

a ese grito de ayer entrecortado siempre,

a esa pregunta sin respuesta nunca,

a ese vuelo al vacío con caída sin red,

a esa ternura,

a esa niña que fui que nadie comprendía,

a ese gorrión que nunca quiso ser desasosiego,

alguna vez y aunque no me lo pregunte nunca

me gustaría contarle muchas cosas.

 

INSTRUCCIONES PARA ESPERAR LA NOCHE

 

Para cuando anochezca habremos de tener las ventanas

abiertas y el corazón atento, que corra el aire, que corra

como el pequeño aquilón  que aprende del leve aire su camino.

 

Habremos de tener despierta la conciencia, desbrozadas

de sangre las márgenes del río, que cuando la crecida

del agua se imponga con su brío, no salpique de miedo

la parcela del mundo que nos mantiene invictos.

Puros de mancha. Intactos. Primitivos.

 

Cuidado con el amor cuando anochezca.

Cuidado con los niños que crecen como espigas

antes de que la noche les alcance en el sueño

y los derribe

con llaves de destrucción bien aprendidas.

 

Cuidado con el tiempo del deshielo,

que en la nieve tan blanca y tan perfecta

no cuajan los caminos.

 

Cuidado con el miedo. Dejad el miedo aparte,

no cubridlo de flores ni de velos, dejad que muera

como su madre lo trajo al mundo sin saberse temido.

 

Un rostro sin presencia y con dientes de lobo y mirada de bestia.

 

Pero dejad las ventanas abiertas. Que corra el aire.

Que cuando anochezca se nos vean claras las intenciones

de sobrevivir

y de asomarnos a la vida con todas las ventanas

de par en paz abiertas.

 

PARA LA SED

 

Porque te bebes mi sed y ni me entero

y eres mi destierro y la ensenada donde

entierro mi lengua, mi legión de hombres

muertos, mi barca sin timón y destrozada.

 

Porque eres mi libertad y mi mordaza

y el himno que aprendí y la canción que olvido

y el pan que nunca sacia mi apetito

y la noche que nunca llega a mi mañana.

 

Porque eres mi único testigo y yo te niego

y mi única esperanza y te abandono.

Porque eres mi dolor y me quedo contigo.

Porque estás y no estás y te mato y me muero.

 

MARÍA DOLORES ALMEYDA.- Ha publicado los siguientes libros de poesía: Versos clandestinos, La casa como un árbol, Pequeños Versos Furiosos, El valle inacabado, El sol no arde mejor en primavera; los libros de relatos: Algunos van a morir y Mundos; y dos novelas: Veintidós estaciones y Dos Flores de Loto. Su última publicación es el poemario Entre el cielo y el cieno, que se presentará próximamente.
Colabora en diversas revistas de índole social y feminista y ha publicado en muchas y variadas antologías con poemas y cuentos. Colaboró con Iñaki Gabilondo durante su etapa como director de Radio Sevilla, en las tertulias literarias; ganó durante tres convocatorias consecutivas el certamen de poesía de la Villa de Carrión de los Céspedes. Actualmente desarrolla semanalmente un programa de radio, La inopia, en el que se habla principalmente de poesía con sus autores y sus textos.

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