Encuentro con Rosario Pérez Cabaña y su libro “Quirón y los otros hombres”

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El próximo jueves 25 de enero a las 19.30 horas nos acompañará Rosario Pérez Cabaña para hablarnos, principalmente, de su último poemario publicado, “Quirón y los otros hombres”; libro que va precedido de un esclarecedor y acertado prólogo de Carlos Serrato.  Os recuerdo que el club de lectura “Versos y vinos” se reúne en la librería Casa del Libro, Calle Velázquez nº. 8 de Sevilla.

Este es un poemario que reflexiona y habla del amor , de la pasión y el deseo , del eterno instante, del dolor en las relaciones, pero también de la identidad ( los espejos en los que nos miramos) y de la intensidad en el vivir . A veces dulce y a veces amargo . Escrito con belleza e inteligencia, con un imaginario propio y preciso: Yo lo único que busco son metáforas/ absurdas y usadas como los pomos de las puertas y las agujas de los relojes,/ reconocibles como las lunas de los armarios . Potente su  poesía,  en él las lecturas y la vida se entrecruzan y sus versos se ensamblan con varios personajes: el mítico y dulce centauro Quirón y su lúcida luz la tuya de dolientes verdades descrito en hermosos y delicados poemas. Y los otros hombres: Raimond Carver , en cuyos poema recrea lo que serían los últimos días de Raimond y  Tess Gallagher, Bernhard y Onetti. Os dejo algunos poemas para ir abriendo boca:

¿Recuerdas la llanura?

Todo era una densa nube

cuando avanzabas ávido de mí

hasta el pozo donde yo te aguardaba mansamente.

Abrevabas entonces en mis muslos

y yo peinaba mis crines

en espera de la noche.

 

NOS DOLÍA

(Sin fe, hemos venido aquí

esta mañana con estómagos

y corazones vacíos)

 

Nos dolía el corazón de hambre.

Lo traíamos vacío desde temprano

A veces pienso que esta época terminará dejándonos el corazón sin trigo.

Qué cosa tan ajena un mundo sin trigo y con manos grandes.

Yo solo quiero trigo para ofrecértelo,

nací para eso,

para sellar tus labios con espigas y rozar

tu pecho con el pan grande y sagrado de mis ganas,

sobre todo, en días como estos,

donde la amnesia y los insectos en celo

acechan las farolas.

Darte trigo, sencillamente, antes de que una mañana

la lluvia nos encuentre muertos

con el corazón vacío y el estómago latiendo.

 

LOS OTROS HOMBRES

(A los otros hombres los encontré en la dirección opuesta)

-1-

A los otros hombres los encontré en la dirección opuesta.

Más allá de las tareas programadas para mí,

justo siguiendo la caída de las nubes

allá por las aceras donde crecen asombradas suelas

y se levanta la Alta Escuela de los locos

y los tenidos por locos

en el borroso poblado de Scherzhauserfeld,

exactamente en la bifurcación que separa

Reichenhaller Strasse

de la avenida desde donde entro en mi casa:

allí comencé a encontrar a los otros hombres.

Aquellos hombres me mostraron espuelas fraguadas

con cortezas de encinas,

me dieron a leer millones de páginas cosidas por los hilos

que desbrozaban las ancianas en las puertas de sus chozas,

me entregaron sus dientes,

sus olfatos,

sus ropas arrugadas y su fe.

Llegaban sigilosos con espejos en las manos

que me ofrecían como ofrecen sus cestos las azafatas

en los palacios árabes,

cestos llenos de asombradas sardinas o

de aceites perfumados.

En todos aquellos espejos me miré para saber quién era.

Pero todos me devolvieron mi viva imagen.

 

-2-

(A los hombres que encontré en la dirección opuesta

los instalé en la trastienda del sótano donde aprendí

todo cuanto voy a saber

a partir de ahora).

 

 

Preparé un plato con pan para los invitados a mi vida.

Les abrí la casa, la llené de aire y posibilidades, creo recordar.

Bebí con ellos hasta perder el olvido.

Me regalaron sus dientes sin promesas. Sus dentelladas tibias.

Llegaron con las manos llenas de flores aún vivas.

Me hicieron regalos

y llagas y madre

y espíritu.

De alguno recuerdo sus ofrendas y sus versos.

De otros apenas el sabor de sus bocas y sus espaldas

lanzadas a otras vidas.

De todos el sonido de sus pasos.

 

Para los invitados a mi muerte, he preparado ricos manjares

de los que derraman jugos por el cuello buscando la cintura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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CLUB DE LECTURA: LA CASA ROJA, de Juan Carlos Mestre

 

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El próximo jueves 17 de noviembre a las 19.30 horas en la Casa del Libro de Sevilla, como siempre, el club de lectura Versos y vinos se reunirá para hablar del poemario que fue Premio Nacional de Poesía 2009: La casa roja, de Juan Carlos Mestre.  En esta ocasión la tertulia será coordinada  por Concha Romero Martín.

 

Alguien anda diciendo que en las afueras de la ciudad hay una casa roja. Una casa donde los cardenales negros sacrifican papagayos a la voz del diluvio. El diluvio tiene las barbas blancas como el sauce de la jurisprudencia un domingo de bodas. Los predicadores aman la tempestad y golpean con sus Biblias de nácar la erección de los guardiamarinas. Las familias beben alcohol, se santiguan, recolectan insectos. El niño de la lámina se masturba plácidamente con la transparencia. La rosa de Jericó huele a vainilla. Alguien anda diciendo que en las afueras de la ciudad hay una casa roja. Una casa cuya ilusión está llena de peces, el pez de San Pedro, la conciencia del delfín encerrada en el aro de la bahía desierta. Lorenzo de Médicis tenía una casa roja, los maniquíes de Bizancio tenían una casa roja. Mi corazón es una casa roja con escamas de vidrio, mi corazón es la caseta de los bañistas cuya eternidad es breve como columna de lágrimas. El minotauro hace rodar sus ojos por el acantilado de las estrellas, la herida del anochecer hace su nido en la arena. Yo hablo con alas, yo hablo con lava de lo ardido y humo de diamante. La geometría bebe veneno, en el canto de los pájaros suena la armonía del baile de los muertos. En la casa roja hay una mesa blanca, en la mesa blanca hay una caja de plata con la nada del sábado. La intemperie gime contra los muros, la tristeza gime contra los mármoles. El profeta tuvo una casa de papiro a la orilla del lago, la muchacha del ghetto vivió en la casa de las preguntas. Mi mano izquierda luce un anillo de agua, en el camafeo de la supersticiosa brilla el mercurio de la temperatura. Lo que canto es lumbre, caballos lo que canto contra la aritmética y los números. Alguien anda diciendo que en las afueras de la ciudad hay una casa roja, una casa bajo el índice del cielo y el negro nenúfar de la amante devota. El muchacho con ojos de ebonita ama la enfermedad y el rubí de los reyes. Las mujeres hermosas sueñan con acuarelas, sueñan con garzas y volúmenes y súbitos prodigios sobre las alfombras de lana. Yo vivo extraviado entre dos rosas de sangre, la que tiñe la calamidad de impaciente belleza, la que tiñe la aurora con su astro eucarístico. Mi voluntad tiene la cólera del orfebre, mi capricho tiene el óxido de tu frente de hierro. Nadie cruza los bosques malignos, nadie sobre la yerba de la muerte escucha el desconsolado discurso de las ceremonias asiduas. Yo veo el arco iris, yo veo la patria de los músicos y el olivo de los evangelios. Mi casa es una casa roja bajo la fibra de un rayo, mi casa es la visión y la beldad de una isla. Aquí cabe la gala del mandarín y la escrupulosa usura de las edades antiguas- Esta casa mira al norte hacia las lagunas de los helechos, esta casa mira al sudeste azotada por el aliento de los que piden limosna.
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20 de octubre: Encuentro con Lola Crespo y su poemario “La muerte sobre un caballo pálido (apuntes para una tempestad)”

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El jueves 20 de octubre a las 19. 30 horas en la Casa del Libro de Sevilla contaremos con la presencia de la poeta sevillana Lola Crespo, quien nos hablará de su último poemario publicado,”La muerte sobre un caballo pálido (apuntes para una tempestad)”. Un consejo, no os lo perdáis.

Bienaventurados los que retan a la tormenta, porque

de ellos serán todos los miedos.

Bienaventurados los que se miden con el mar,

porque de ellos serán todos los naufragios.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de

límites, porque de ellos será la zozobra de los días.

 

 

Bienaventurados los que aman, porque ellos son la

tierra prometida.

 

 Lola Crespo Rodríguez: Doctora en Historia del Arte y Licenciada en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Sus poemas aparecen en numerosas revistas, como Obituario, Enredos y Madejas, Papeles, o en antologías, como Homenaje a la Generación del 27, Homenaje a Juan Ramón Jiménez (Ateneo de Sevilla, 2008 y 2009), Versos para derribar muros o Enredando (Umsaloua, 2009 y 2010) entre otras. Ha publicado el poemario Árboles Huérfanos (Córdoba, Depapel ed, 2012); Gramática malva (Voces de Tinta, 2010) y Las palabras acostumbradas (Guadalturia ed.)  Organiza numerosos recitales poéticos y participa en otros tantos. 

LAS RUBÁIYÁTAS DE HORACIO MARTÍN. FÉLIX GRANDE (II)

El TÍTULO y las citas que abren el libro nos lleva a Oriente. Las Rubai son un tipo de estrofa poética persa de 4 versos endecasílabos de estilo sobrio y desnudo, las más famosos son las Rubaiyat del poeta persa Omar Khayyam (siglo XI). Se tratan de breves sentencias que hablan de la fugacidad de la vida, su absurdo, la sinceridad, el refugio en el placer y el vino, el amor intenso, el dolor del abandono, con un fondo existencial y nihilista. Podemos encontrar cierta relación e influencia de este poeta en el pensamiento de fondo del poemario que comentamos.

¿Por qué te angustia Khayyám, el

Excesivo pecar? Inútil es tu tristeza.

¿Qué hay después de la muerte? La nada

o la Misericordia.

 

                        LXXII

Un poco de pan, un poco de agua

fresca, la sombra de un árbol y tus ojos.

Ningún sultán más feliz que yo. Ningún

mendigo más triste.

 

Llama la atención el uso de un heterónimo, Horacio Martín, como autor de los poemas, al estilo de Pessoa y Machado. Hay quien afirma que este nombre procede de la unión del Horacio Oliveira (personaje de Rayuela de Cortázar) y de Abel Martín de Machado. Este último reconocido expresamente en el libro al relatar que Horacio Martín es viznieto de Abel Martín (poeta filósofo, maestro de Juan de Mairena). No obstante, en Wikipedia se comenta que Horacio procede de Ricardo Reis de Pessoa, pero me parece mucho más afín con el poeta de las rubáiyátas, Horacio Oliveira, quien viaja a París, en un proceso de búsqueda personal, y conoce a la Maga, pero vuelve a Buenos Aires con su novia , a semejanza también de Ulises, al que le escribe en su poema El peso de Corfú sobre la espalda: …y al igual que Nausica, los dioses y los siglos/ te compadezco lentamente, Ulises. En su concepto, renueva el mito de Ulises en la idea de que el regreso supone la decadencia y el fin. Estas referencias y otras que encontramos crean una red de culturalismo (tan característico en los novísimos) con las que dialoga y a través de las cuales se expresa.

Encontramos todo un juego ficcional en el uso de este heterónimo como máscara y la invención de varias identidades. La nota de Félix Grande, quien se declara amigo de Horacio, a quien presenta como un hombre en crisis, nos habla de su historia de amor con Doina, su huida, los motivos por los que publica los poemas de su amigo a fin de que dé señales de vida. También se inventan un crítico…es toda una fabulación novelística en la que se funde prosa y poesía y que le puede servir para colocar distancias y barreras, para contrarrestar un poco el estilo confesional de sus versos.

En la nota de Félix Grande se cita a Sartre: “Se hubiera sentido muy feliz si su único conflicto hubiera sido el de la carne y la ley”, poniendo de relieve desde el principio que este libro no solo habla del erotismo y su enfrentamiento a las normas sociales, sino que transciende hacia el existencialismo. Al final del poemario, en su carta a Doina, volverá a referirse a otro escritor existencialista, Albert Camus.

Las CITAS que abren el libro vienen a revelar uno de los temas: el cuerpo como algo sagrado, santo y el alegato a favor del placer, el principio de placer como principio de vida, en contraste y evidente rebeldía frente a una España reprimida por la educación nacional- católica , según la cual la sexualidad era pecado y tampoco podemos olvidar que era un país en el que no cabía el divorcio, pues la ley de divorcio es de 1981, dato a tener en cuenta en estos poemas que expresan la pasión y el amor por una mujer prohibida, que suponemos casada. En todo caso se vivía una anacronía y la injusticia, sufrimiento, falta de libertad y condena al no poderte divorciar de la persona a la que uno/a había dejado de amar.

Casualmente encontré que Doină, el nombre de la mujer de Horacio Martín, es una especie de la lírica popularrumana, en la cual el ser humano, en directa relación con la Naturaleza, expresa sus sentimientos de añoranza y desconsuelo. Puede ser que el uso de ese nombre femenino no fuese casual.

El libro se estructura en las siguientes partes: la nota de Félix Grande, las Rubáiyátas y los Cuadernos de Lovaina y termina con la carta de Félix Grande a Doina, haciendo referencia al mito de Sísifo.

Se inicia con un poema de nostalgia y dolor por la pérdida de los amores de diferentes mujeres y se ordena no traicionarse, no olvidar, sino sufrir el tormento porque esos momentos serán el eterno instante y ese sentimiento amoroso lo hace inmortal, gracias a él combate a la muerte. Esta idea será contradicha en los últimos poemas, en los que prevalece el nihilismo, pesimismo y desencanto propios de la cosmovisión barroca: La vida nos engaña, las cosas se nos van. Antes, hay todo un recorrido que va del esplendor, la pasión y la plenitud de un amor que se enfrenta a las leyes y convenciones hasta la ruptura, el tormento y dolor y que cae en dolor existencial.

Pero empecemos por el inicio y el esplendor. El cuerpo de la mujer y el lenguaje serán su salvación, su conocimiento y hondo saber, su patria, le ayudan a ser feliz y también a volverse más fraternal. Defiende el erotismo y la pasión como un modo de felicidad y ataca a una sociedad conservadora y reprimida que educa ciudadanos rabiosos y rencorosos.

Considera a la mujer y al lenguaje: origen, plenitud, energía, verano, profundidad, bautizadora, fuente de inspiración, creación, sol, amanecer, enigma, misteriosa boreal, la carne es la verdad, “o soy un sueño que se está soñando”, consciente de que lo que parece verdad, puede no serlo.

No solo es canto de los amantes, también nos muestra un mundo opresor, cruel, violento, hipócrita, donde impera el desvarío y el horror , donde el amor – o cuerpo femenino- será su refugio, lo único que le valdrá la pena. Poemas intensos que hablan de una historia pasional y ardiente con un tipo de mujer, la Loba: Tú puedes ser la espalda atroz de mi destino/ o mi patria de carne. En su visión de la existencia doliente y sufrida lo único que tiene sentido es el amor de la mujer, su centro. Fuera de tu alta carne no es posible/ gloria, consuelo ni misericordia. Será un amor que siente verdadero y por el que se enfrentan a las leyes y a la sociedad: Soy un peligro público que expande/ la pestilencia de la libertad.

Podemos escucharlo recitar el hermoso soneto Antes que el tiempo expire, nuestras manos:

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/antes-que-el-tiempo-expire-nuestras-manos–0/video/

 

No indica la causa, tal vez la lejanía y la inevitable ausencia en su vida cotidiana u otra no explicitada, pero el poeta acaba despidiéndose de la Loba y expresará su dolor y tormento en una sucesión de hermosos poemas sobre la ausencia de la amada, pues sin la Loba, la vida se vuelve lóbrega, escarnio, herida, muerte.

¿Sabías que hay bestias mansas y leales

que cuando pierden su pareja

husmean el viento con hocico furioso

atacan  braman  reflexionan

y se niegan a comer  y giran  y enloquecen?

(Elogio de las bestias)

Uno de los clavos del hombre- además de la miseria y el horror del mundo- está en el tiempo destructor y en la certeza de que todo amor es fugaz, entonces ese sentir se convierte en una maldición, se pasa del amor a… los vocablos del frío, la escritura de la maldad, las sílabas del odio y su despedida de la Loba alcanza un tono existencial en su inmenso desamparo ante el desvarío de la humanidad.

 

Hoy reúno mis sospechas más horrendas

con los recuerdos en donde alientan todavía

las mujeres petrificadas

 

y veo como el funéreo calendario

fue un ascua helada que se va extendiendo

por mí y por ellas y por el amor

volviéndome de ceniza el pasado

corazón y memoria inútiles

 

Entonces para qué he nacido

(Crueles pezuñas de los años idos)

 

Ilegible y efímero

con qué derecho exige el mundo

que yo lo abrace lo defienda

lo exalte lo bendiga

 

Si una Fuerza modela

con barro y con enigmas

todo este incomprensible desamparo

por qué le habría de dar mi corazón

 

Por más que miro las montañas

no veo destino a este jadeo

Ni una sola pregunta fue satisfecha

Jamás cesó esta sórdida injuria

 

Que ni la muerte ni la vida

me hagan temblar bajo sus sombras

ni yo celebre nunca

conjetura ni aberraciones

 

Solo tú, loba, seas quien seas

( En ti sola los dátiles y el agua)

 

Los Cuadernos de Lovaina crean unos versos formalmente diferentes, largamente desarrollados y acumulativos, más hondos y desesperados y desgarradores y paradójicos- de protesta y denuncia y lamento- que se agarran a su última tabla de salvación: la poesía en vos confío     en vos confío   en vos confío.

En la carta que Félix Grande escribe a la esposa de Horacio Martín, que comentamos antes, relataba que Horacio presentaba una nueva visión del mito de Sísifo, ofrece el olvido como única salvación del hombre ante su eterno castigo, contradiciendo los versos de su primer poema, como si ese intenso viaje amoroso hubiese sido revelador y le hubiese cambiado la percepción, no aferrarse a recordar y sufrir, sino olvidar, porque no somos inmortales.

Como lectora he disfrutado del sentimiento arrebatador , de la fuerza expresiva y de la protesta que destilan sus poemas, de la maestría de su escritura,  me ha enseñado del esplendor y de su hundimiento, del dolor humano y del tormento, de la decepción y el daño de la vida. Empecé leyendo Las rubáiyátas de Horacio Martín y el interés despertado en mí y la fuerza de su escritura me ha llevado a Biografía, espero continuar disfrutándolo.

GOTAS DE LLUVIA: LA POESÍA COMO ALQUIMIA EN LA NOCHE METAFÍSICA

 

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Cada vez que leo un poema de Francisco Basallote disfruto del lirismo de sus versos. Suponen una bocanada de belleza, elegancia y hondura, un impulso necesario para resistir y combatir la prosaica realidad.

Quienes conocen a Francisco saben de su amor por los haikus, en su blog: http://labibliotecadebashir.blogspot.com.es/ podemos encontrar varias entradas que profundizan en la naturaleza y las normas del haiku. Él mismo se considera un aprendiz del haiku y esta inclinación estética, este modo de escribir, pero también de mirar y de vivir, tienen un gran calado en su poesía. En este poemario no encontramos precisamente sus haikus, pero sí su influencia en ciertos rasgos, como la constante presencia de la naturaleza y sus elementos, la actitud contemplativa, el estilo sugerente y estético, el deseo de aprehender la instantaneidad.

Este libro se inicia con un haiku del maestro japonés Ueshima Onitsura, un haijin heterodoxo contemporáneo de Basho, pero que murió sin dejar escuela y al que Francisco le ha querido rendir homenaje.

Se estructura en tres capítulos: El retorno de los ánsares, La lluvia de los montes y Alquimia. Títulos relacionados con los poemas de autores clásicos japoneses citados al inicio de cada capítulo, y a su vez, íntimamente vinculados con el tema -o temas- predominante en cada uno de los capítulos.

Existe una coherente unidad temática en todo su recorrido: el paso del tiempo y sus estragos, la memoria como arma de batalla a su transcurso, el ocaso y la decandencia. Normalmente la temática se identifica con un elemento de la naturaleza.

Se inicia con un canto y celebración a la vida y sus misterios, a pesar del invierno, cuyo sujeto poético- en primera persona del singular- se entrega al goce de la contemplación. Extiende en sus versos una atenta mirada a los objetos, a la naturaleza y a todo cuanto le rodea, y través de ellos expresa y transmite su sentir y su pensamiento.

Podríamos comparar su poesía con la de Antonio Machado o Verlaine y los simbolistas. Encuentro cierta semejanza entre el simbolismo y el haiku. Los simbolistas huían del confesionalismo exagerado de los románticos y usaban una técnica de representación indirecta para reflejar sus emociones, en muchas ocasiones a través de descripciones de la naturaleza y del paisaje o creando cierta atmósfera que evocara su estado emocional, sus ideas o quien quiera llamarlo su alma, el llamado “paisaje sentimental” de los románticos ingleses. Esta técnica iniciada en el romanticismo se desarrolla y renueva con el simbolismo. La lluvia empapada de tristeza de los poemas de Verlaine, por ejemplo, el valor simbólico del invierno, la noche, el ocaso, la niebla, la luna. Son términos literarios con resonancias románticas igualmente. En el haiku clásico tampoco puede aparecer la subjetividad, el yo poético, y consiste normalmente en instantáneas o sugerentes descripciones de paisajes. La sutil sugerencia la comparten ambas estéticas.

La creación poética de Francisco Basallote supone un meticuloso ejercicio de búsqueda de belleza, pero también de exactitud y precisión. No cae en un superficial y huero esteticismo. Es de elogiar conseguidas y hermosas expresiones poéticas, el buen uso del lenguaje al servicio de un hondo contenido, y la demostración de tener ejercitada la mirada creativa, como cuando dice: salvo el tiempo que nos engaña/ en el terciopelo del musgo/ y en las briznas perladas/ de la hierba, mientras late/ en el débil reloj de nuestro pulso; o la imagen de las cimas de los cipreses en su verde ballet: … juega / con las cimas delgadas/ de los nuevos cipreses/ que en su verde ballet/ ensayan una música/ encerrada en el ritmo/ oculto de este viento/ que sabe a mar.

A pesar de todo lo indicado, encontramos igualmente versos melancólicos, elegíacos, que sufren el paso del tiempo y su brevedad y sienten un tempus detenido y rutinario: Todo está quieto/ esta tarde de invierno/ salvo el tiempo que nos engaña. En el siguiente poema concibe que sólo en los nuevos brotes de la hiedra estará el esplendor naciente de unos días distintos.

Recrearse con la belleza efímera del vuelo de un pájaro, con el deslumbrante resplandor del sol en sus alas, decir ese gozo. Tal vez el pájaro signifique altura, trascendencia o la belleza efímera de la vida que se ofrece a nuestros ojos.

A veces el sujeto poético se lamenta y busca desorientado la luz de antaño… sustituida por este magma gris/ donde la claridad/ es un concepto físico. Nostalgia elegíaca del pasado, porque la luz es la vencedora de la vida y él, el pino que no puede resistir los embates.

El viento parece representar la fuerza de la naturaleza, la amenaza, la muerte a la que teme y espera. Sin embargo, en el segundo capítulo le evocará su infancia, aquellas tardes de su niñez de viento y lluvia.

La estación invernal le oprime y encarcela entre el gris y la niebla que día a día se repite desde su ventana, ventana que está presente en varios poemas y que acentúa la sensación de encierro, y más cuando se compara con el gorrión que se posa en la misma y vuela libre, contrastando el interior carcelario con la libertad del exterior.

A la noche la define como oscuro desprendimiento de seda o presentido instante de sueño, tal como la entendían los románticos o Novalis, la noche ensoñadora y propicia para vuelos metafísicos.

Su segundo capítulo, La lluvia de los montes, recoge poemas sobre la memoria, una memoria evocada siempre por la naturaleza: el cielo gris le trae su infancia, o la lluvia, las nubes o el viento: cómo grita ese viento/ en la memoria. Un acto de recordar que agrede y duele- felino que hunde sus garras en la sensible piel de los recuerdos– pues representa lo que ya no está, lo que el tiempo nos ha robado: cuando un dolor se cierne/ tan cercano como piedra/ que palpabas, / como agua/ que pulía/ corriente, / la jabaluna de esas/ cuestas que ahora bajas/ mirando en ti, / aquel tiempo. Y el firme deseo de aprehender aquella vida para que no se escape, luchar contra el olvido, detener un rastro de luz que permanezca, la intención de buscarse para reconocer su sombra, traer a su presente jirones de su pasado, un pasado que vuelve a revivir en el recuerdo.

Hay una idea sobre la identidad referida en varios poemas, la del sujeto como una sombra rodeado de niebla o incertidumbre. Se alude igualmente con el término de sombras a los recuerdos del pasado, lugar cuyo regreso es imposible.

En Alquimia el atardecer es un grito angustioso y nihilista, donde impera el vacío y la nada. Destaca la noche, alquimia de azabache, en ella se ha perdido la luz y el goce, representa la oscuridad, el final del día y de la vida, el silencio, el olvido, la muerte y también el misterio.

En mitad de la desolada noche la luna es un consuelo, una alquimia de luz, mágica, ella ostenta el poder de convertir lo negro en blanco.

Y para terminar os dejo con uno de tantos hermosos poemas:

 

Alquimia de azabache

la transmutación del ocaso,

como si la sangre del día

cuajara en negro vidrio,

cárcel para la luz

                           perdida

ya,

            como el goce efímero

de los instantes muertos,

pétalos encerrados

en el espejo oscuro

                   del olvido.

 

* Publicada la reseña en la revista http://www.ensentidofigurado.com  nº 3  marzo/abril de 2014.