13 de junio: Vicente Tortajada y su libro “Esplendor”

Esplendor

Culminamos este segundo ciclo de encuentros con  una interesante figura, como es la de Vicente Tortajada (1952-2003) ,  buen escritor y exquisito poeta, fue también  traductor y asesor literario de la editorial Renacimiento. Entre sus obras de poesía encontramos: Sílaba moral (1983)- Premio de Poesía Luis Cernuda-, La respuesta inelegante (1986), Pabellones (1990) y una traducción de Los sonetos de Crimea del polaco A. Mickiwewicz (1984). Esplendor (1994) fue su último poemario  . En 1999 publicó la novela Flor de cananas  y en 2002  Azahar y Vitriolo, una selección de textos publicados en periódicos y en revistas entre 1996 y 2001. Posteriormente la editorial Metropolitana editó la primera antología poética , Esplendor. Antología poética (2009).

La tertulia será el próximo jueves 13 de junio a las 19.30 horas, en la Casa del Libro, C/Velázquez n.8, Sevilla. Tendremos la enorme suerte de estar acompañados por dos poetas de calidad: su hermano Jesús Tortajada y su amigo José Julio Cabanillas. Como viene siendo costumbre, la librería nos invita a una copa de manzanilla por gentileza del Grupo de Bodegas de José Estévez.

La poesía de Vicente Tortajada suele incardinarse dentro de la Poesía de la Experiencia- en su veta más reflexiva que narrativa-; pero ya Abelardo Linares aducía que se salía de tales contornos para adentrarse en un mayor irracionalismo. Efectivamente, parece que la escritura de Vicente bebe de diversas fuentes: el simbolismo que podemos hallar en las descripciones de sus poemas -como en el poema Contempla las paredes-; el uso de imágenes y metáforas genuinas e insólitas que reflejan un mundo moderno con sus maquinarias, tal como se hacía en las vanguardias-  su poema Una cruda luz nos puede recordar el Ultraísmo-; la red de referencias culturales con las que cubre sus versos, un tejido intertextual -como hacían, mayormente, los Novísimos-, ya sea con la música, la pintura, la tradición literaria ; cierta ironía que subyace debajo del vitalismo, de la melancolía y del dolor que contiene este libro. Una mirada que resalta la ironía de la vida, su paradoja.

La ciudad, la noche, los amaneceres, el hospital, la palabra, la cultura, la música,  el muelle, lugares decadentes… van tomando significado en sus versos para hacernos mirar la existencia, su belleza, el paso del tiempo, la muerte, desde la perspectiva de quien se enfrenta a una grave enfermedad y siente la cercanía de la muerte. ¿Y dónde está el heno removido,/ las mieses de qué campo?”  Paisajes que divisa desde la ventana de su habitación o desde la ventana de la memoria para quedarse con la luz donde la muerte/ descansa transparente en las higueras.

Concibe la vida como un espectáculo que nos hace olvidar la muerte y de este modo poder vivir su esplendor, tal como nos dice en su poema Era de acuario. El tiempo trae sus cambios , pero en el verso se pregunta… ¿Qué nos espera/ aún? ¿qué cambios a esta vida mía? Son muchas las metáforas con las que quiere retratar la fugacidad de la vida : polvo/ de palabras/ que flotan en el humo de la calle; la vida es como un suelo de aguanieve/ que se va deshaciendo entre las notas. Y me hace pensar si la bandera que ondea hasta el final no será la propia literatura, la palabra, la poesía. Una poesía como exquisito lenguaje, otra forma de decir que cause asombro , un modo de ir detrás de su vida. Hablaremos con más profundidad el próximo jueves de este libro, que a mí personalmente me ha encandilado. El foro es abierto y estáis invitados.

Os dejo algunos poemas para degustar la poesía de Vicente Tortajada , un autor que merece estar muy presente :

 

PAREDES, LABERINTOS

Un paso en la noche. Paredes, laberintos

entre esquinas mojadas,

los cristales mellados- cristaleras de pisos-

y el suelo que la arena comienza a suavizar.

El olor de ceniza de las copas de cisco

impregna los mechones que asoman en la nuca

– o el vertedero en llamas, su olor dulce y podrido.

…Rompe la oscuridad una hoguera lejana.

Al sur

– el resplandor vivísimo,

arcoiris de grasa entre los barcos-

de algún pájaro grande, muy alto va el silbido

como fuego de estrellas,

va marcando los pechos con alambres de espino.

Los muchachos- compás de sangre entre los labios-

se abrazan o se besan, o es un sudor muy frío

al grito de los muelles.

Por un vago temor, el carmín desvaído

y un mínimo jadeo. Risas. Vino

para el amor que ahuyenta

el veneno del aire, la noche,

la muerte sin razón. Altísimos silbidos.

 

AL SONETO Nº  XXVII DE D, JUAN DE ARGUIJO, LLAMADO LA TEMPESTAD Y LA CALMA

Yo vi del rojo sol la luz serena

turbarse, y que en un punto desparece

su alegre faz, y en torno se oscurece

el cielo con tiniebla de horror llena.

El austro proceloso airado suena,

crece su furia, y la tormenta crece.

Y en los hombros de Atlante se estremece

el alto olimpo y con espanto truena;

mas luego vi romperse el negro velo

deshecho en agua, y á su luz primera

restituirse alegre el claro día.

Y de nuevo esplendor ornado el cielo

miré, y dije: ¿ Quién sabe si le espera

igual mudanza á la fortuna mía?

 

Glosa:

 

Vemos irse la tarde tan serena

y que, pronto, la luz desaparece

de las calles. La casa que oscurece…

La lluvia que de gris todo lo llena.

Un temblor en tus labios cuando suena

el aire. Silban, vuelan mirlos. Crece

la tormenta, y el trueno te estremece:

pareces tan pequeña cuando truena…

Pero , pronto se rompe el turbio velo

de las gotas, y tú eres la primera

en descubrir que empieza a abrir el día.

Otra vez sol. Me dices, viendo el cielo:

-Ya cambia… Como tú. ¿Qué nos espera

aún?¿ qué cambios a esta vida mía?

 

LUZ SUAVE

 

Crujen fríos helechos entre las zambullidas…

como una estrella muerta y nítida,

como un espino inmenso

que flota sobre el agua,

el alma.

La palabra líquida.

EL vivero de la melancolía

deshace entre gritos el sueño.

Una miel negra enmarca

la puerta que resguarda la turbina;

y el motor que funciona con deseos

comienza a dilatar las pupilas del día.

Vicente Tortajada

 

 

Encuentro con Rosa Díaz y su poemario “Gata mamá”

GATA MAMA

El próximo jueves 15 de marzo a las 19.30 horas, como es habitual en la librería la Casa del Libro de la Calle Velázquez n.8 de Sevilla, tendremos el encuentro con la poeta sevillana Rosa Díaz y su poemario “Gata mamá”.

No sé si será porque tengo muy reciente el pasado 8 de marzo y su mayoritaria participación y quizá me haya influido en la lectura de este libro, pero veo una acentuada conciencia de género en este poemario. Una poesía intimista que bebe de la memoria y de las vivencias por boca de una mujer, y es desde este lugar y condición desde el que se habla . Retrato de un mundo de mujeres. Muestra un árbol genealógico familiar mayormente femenino-la madre, la abuela, las cuidadoras que le transmitieron el legado, pues fueron quienes más le influyeron-. Un libro que dedica a su madre , una mujer que sufrió  la dureza de la vida en este país durante la posguerra, la tragedia desafortunada de la prematura viudez, las costumbres sociales; pero también trata el paso del tiempo y la pátina de polvo que va dejando sobre nosotros y cómo ataca la polilla a lo que fue y se sintió como vida.

MAGOSTO

Yo guardo en mi interior un sin fin de personas, de gestos, de experiencias que me han dado los míos a través de la sangre.

No tienen rostro. Llegan en su esencia animal y por eso te marcan en mitad de las vísceras. Para que creas en ellos hacen que reconstruyas sus ajuares, que apoyes tus retratos en sus mesas, que adoptes sus posturas y sus vocabularios.

Por eso tengo ahora los dulces de llevar y la moza de ánimas. Las tardes de novenas de camisas galanas y anillos de horno y pan. Los casorios. Las malas. El corazón de novia. Las bollagras. Los cestos con pañizuelos blancos sobre el bollo maimón.

Huelo a viejo y a luto. Traigo todos sus miedos aunque frote mi carne, aunque me la restriegue con carne de mis hijos.

Huelo a palabras muertas que viven en mi historia. A hoguero, a faltriquera y a la vela María. A lo que ya se ha ido y que no se va nunca. A ese jabón de aceite y de paciencia y a colar la ceniza sobre la ropa blanca.

Sí, será a eso. A algo que se hizo al amor del magosto y las cenizas.

 

PERCIBIR

Indago en la polilla, en los tonos viejísimos que guardan los enseres inmolados donde alguien lloró y fue feliz, vivió, murió de nuevo y acaso se olvidó del tiempo de las fechas.

Luego, una sombra sin sombra se queda sobre aquello que tú dabas por tuyo.

 

CAPOTE DE VALENTÍA

Es mala la vejez. Se ve que es mala

si no vas a su encuentro decidida

y le das los tacones con las alas

y la media salud que hay en tu vida.

 

Rotundamente mala, como bala

que te dispara el tiempo. Una mordida

con un desbarajuste y una sala

y una puerta de entrada sin salida.

 

Es mala la vejez, si no le entregas

eso que tú creías que era tuyo:

los hijos y la vida y el consejo…

 

Y ponte de su parte. Sé estratega

y dale tu soberbia con tu orgullo

y ríete delante de su espejo.

 

Y ríete delante de su espejo

y por qué no, enséñale los dientes,

pero con mucho tino, ten presente

que es otro el que ya manda en el espejo.

 

Enfrente no estás tú ni tu reflejo.

Enfrente sólo queda en esa frente

un ayer sin mañana y sin presente

guardado en el tambor de ese pellejo.

 

Y lo que va por fuera en ambos lados

cómo reconocerlo, si parece

que el amor y los hijos son prestados.

 

Sólo la nada es nuestra. Pertenece

a la demolición, a esos legados

que ni seducen ni nos apetece.

 

A la nada que crece

por las manos y baja a tus infiernos

a coger a la muerte por los cuernos.

 

El profesor y crítico Francisco Morales Lomas hace un exhaustivo análisis de su escritura: http://moraleslomas.blogspot.com.es/2009/02/la-poesia-de-rosa-diaz-una-vivencia-en.html

 

ROSA DÍAZ (Sevilla, 1946) es una escritora que ha recorrido con su obra una importante trayectoria poética, con una extensa bibliografía para el público adulto e infantil. Además destaca por su faceta de articulista (colabora habitualmente en ABC de Sevilla) y autora de biografías (ha publicado recientemente la biografía de Alejandro Rojas Marcos y colabora actualmente en la elaboración del Diccionario Biográfico Español patrocinado por la Real Academia de la Historia). Como poeta ha recibido importantes galardones literarios (Miguel Hernández, Ciudad de Alcalá de Henares, Fray Luis de León, Fray Bernardino de Sahagún, Ciudad de Jaén etc.) y su obra está recogida en algunas antologías poéticas españolas y europeas. También ha colaborado con poemas en importantes revistas especializadas (Zurgai, Ánfora nueva, Casa de las Américas, El siglo XXI, etc.).

 

 

 

 

 

 

EMILY DICKINSON II

 

EMILY ELIZABETH DICKINSON (Amherst, Massachusetts, Estados Unidos, 10 de diciembre de 183015 de mayo de 1886) nació en el seno de una familia acomodada e instruida. Ella misma tuvo acceso a una buena educación, a diferencia de la falta de preparación que ocasionalmente se le achaca. Por lo que podemos saber de su vida y también por sus propios poemas no parece que fuese una mujer convencional. Llevó una vida sencilla y anónima en la casa familiar, desconectada de los círculos literarios (aunque mantenía correspondencia con varios editores y literatos, conservándose más de 1.000 cartas), pero fue recluyéndose cada vez más del exterior con el paso del tiempo.

Emily representa un ejemplo de vida interior intensa, apasionada y creativa, volcada en su escritura. Publicó en vida solo ocho poemas de los casi 1800 poemas que escribió y porque se publicaron anónimamente: “La Publicación -es la Subasta/ de la Mente del Hombre”, escribirá en uno de sus poemas.

Decidió no casarse por voluntad propia, pero vivió rodeada del cariño de los suyos: su hermano con el que se llevaba muy bien, su hermana pequeña Lavinia, que tampoco se casó y gracias a la cual podemos leer sus poemas, y su cuñada Susan, personaje importante en la vida de Emily, tal vez su amor prohibido y correspondido. Susan fue, como ninguna, la destinaria de la mayor cantidad de cartas de Dickinson. En ellas, la poeta se refiere a Susan en términos íntimos y cariñosos, al igual que en su poesía, pero esta es una de tantas hipótesis de su vida.

Podemos pensar que una mujer que no salga de su mansión ni de su localidad, pequeña y puritana, tendrá una mentalidad provinciana, pero ¿son provincianos sus poemas y su mirada? Nos llama la atención la agudeza, el ingenio, el humor, la rebeldía e incluso libertad que podemos deducir de sus poemas. A mí en concreto me parece una voz libre, independiente y podría decir incluso moderna. Por destacar algunos poemas que ratifiquen esta idea: el poema 435 en el que elogia la locura- indicado en la entrada primera-; o bien aquellos en los que ataca con ironía la Fe: 185, 376, 1017, 1270, 1545, entre otros. Encontramos igualmente su gusto por la vida sencilla en los poemas 333, 288, 1510, en los que desea ser una brizna de heno, vivir libre y sin preocupaciones o bien desprecia el éxito y la fama.

En otro orden de temas hallamos poemas reflexivos y lúcidos, poemas trascendentes, poemas de amor y también poemas de angustia, dolor y muerte. Sus versos al amor y a la muerte los comentaremos en su breve biografía.

En su escritura encontramos luminosidad, vitalidad, júbilo y alegría, humor e ironía, exaltándose la vida a través de la naturaleza. También hace uso de la naturaleza – omnipresente en ella como en los poetas románticos, aunque la autora es posromántica – como correlato objetivo, pretexto o símbolo para alguna reflexión, a semejanza de Wordworth, y hablar temas más profundos normalmente con agudeza, humor e ingenio. Pero como hemos comentado anteriormente, la parte oscura y dolorosa de la vida, la angustia, la pérdida y la muerte hacen profunda huella.

Sus poemas son breves e intensos, en ellos se concentra el pensamiento o sugerencia, a veces incluso fragmentados, una escritura desnuda de adornos. Suele aportar una perspectiva novedosa de los temas y fundir lo trascendente y lo familiar.

Califican su poesía como ambigua y sugerente, aunque a mí me parece precisa, por lo que he leído. En ella los silencios y lo no dicho tienen suma importancia.

Resalta su uso peculiar de mayúsculas con la que parece querer resaltar la palabra y su significado y, según Amalia Rodríguez Monroy en su prólogo[1], del guión: “es el espacio que necesita para respirar entre un significante y otro, es también la representación de la discontinuidad que los separa”.

 

A veces tiene como interlocutor de sus poemas a Dios, cuyos designios ella cuestiona, contrastando Fe y Ciencia.

 

Hay quien encuentra en ella la influencia del Romanticismo, del universo exuberante, fantástico y fantasmal de Coleridge en algunos poemas sobre el mar y los marineros; de Wordsworth cuando usa la naturaleza para sus reflexiones; la fuerza expresiva y cierta siniestralidad de Poe; por supuesto, la influencia del poeta Emerson y el Trascendentalismo y de la Biblia.

 

Contexto Histórico: En 1861 va a estallar la Guerra Civil, el sistema esclavista y agrario del Sur va a ser sustituido por la sociedad moderna industrial. Nada de esta convulsión aparece en la poesía de Emily. Sus poemas son universales, no se ubican en ningún lugar geográfico concreto- a excepción de la casa, la ciudad y la naturaleza- , pueden haberse escrito en cualquier momento y lugar. Tampoco hace referencia a la guerra, pero sí a la muerte. Su poesía es intimista, meditativa, trascendental. Tal vez puede sospecharse de soslayo un conflicto bélico en el poema 67- uno de mis preferidos-sobre la victoria y que está indicado en la entrada anterior.

Hablaremos de su vida tomando de aquí y de allí,  de  Wikipedia,  de un prólogo y del otro y de un tercero, destacando:

 

Casa Emily

 

BIOGRAFÍA

Sus antepasados habían llegado a Estados Unidos en la primera oleada migratoria puritana.

El padre de la poeta, Edward Dickinson, abogado por la Universidad Yale, fue juez en Amherst, dominante y rígido, pero también comprensivo y respetuoso con la personalidad y gustos de cada uno de sus hijos.

Emily Dickinson tuvo dos hermanos: el mayor, William Austin Dickinson (18291895), generalmente conocido por su segundo nombre, con quien se sentía muy unida en la infancia y que se casó con Susan Gilbert, amiga de su hermana Emily, en 1856 y vivió en la casa lindera a la de su padre.

Su hermana menor, Lavinia Norcross Dickinson (18331899), también conocida como Vinnie, fue la “descubridora” de las obras de Emily tras su muerte y se convirtió en la primera compiladora y editora de su poesía.

Vinnie sentía una profunda adoración por su hermana y por su talento poético. Sin embargo, respetó hasta la muerte de aquella su decisión de mantener ocultas sus obras, y protegió su vida privada hasta donde le fue dado hacerlo, creando y manteniendo el ambiente de calma, aislamiento y soledad que Emily necesitaba para dar forma a su gran producción poética.

AMORES OCULTOS

La vida privada de Emily Dickinson ha permanecido siempre velada al público, pero tiene muchísimos poemas amorosos y pasionales. La mayor parte de su obra se ocupa de su amor hacia alguien (un hombre o una mujer) —cuyo nombre jamás es mencionado— y con quien no podía casarse.

Lamentablemente, como la poesía de Emily fue publicada en un orden completamente arbitrario, no puede hoy en día distinguirse ninguna secuencia cronológica concreta.

Objeto de numerosas habladurías durante su vida y de muchas más después de su muerte, la vida emocional e íntima de Emily espera aún a ser revelada por los investigadores y estudiosos.

Ya entre 1850 y 1880 circulaban por Massachusetts numerosos rumores acerca de los amores de la hija del juez Dickinson, y después de la publicación de su primer libro de poemas cundieron las habladurías acerca de su desdichada “historia de amor”.

Las teorías (populares o académicas) pueden dividirse en dos grupos: el amor con un joven, Benjamín F. Newton, a quien Edward Dickinson le prohibió seguir viendo, o la relación con un pastor protestante casado que huyó a una ciudad distante a fin de no sucumbir a la tentación. Ambas, aún sin poder ser comprobadas, tienen un pequeño trasfondo de verdad histórica. Tampoco se debe descartar la hipótesis que sostienen algunos biógrafos más actuales, según la cual Emily estuvo profundamente enamorada de su consejera, amiga y cuñada, la esposa de su hermano mayor, quien vivía junto a su casa.

 

Benjamín F. Newton ,diez años mayor que Emily, causó tan profunda impresión en la poetisa que, no bien lo hubo conocido, escribió a su amiga, vecina y futura cuñada Susan Gilbert una carta fechada en 1848 donde le dice: “He encontrado un nuevo y hermoso amigo”.

Newton permaneció dos años con los Dickinson y, por los motivos que fuesen (incluida un supuesta prohibición de Edward para que siguiera frecuentando a su hija) abandonó Amherst a finales de 1849 para nunca más regresar. De vuelta en su ciudad natal se dedicó al derecho y al comercio y en 1851 . Para estos tiempos Newton estaba ya gravemente enfermo de tuberculosis, dolencia que lo llevó a la muerte en 1853. Tenía 33 años de edad.

 

Charles Wasdworth

 

Mientras Emily padecía su duelo por la muerte de Newton, conoció en Filadelfia en mayo de 1854 al reverendo Charles Wadsworth, quien tenía 40 años y estaba felizmente casado, pero igualmente causó una profunda impresión en la joven poetisa.

 

No hay prueba alguna de que ella haya sido importante para él. Sin embargo, el único cuadro que colgaba en la habitación de la poetisa era un retrato en daguerrotipo del pastor de Filadelfia. Es interesante destacar que el profundo y eterno amor de Emily se generó y consolidó en sólo tres entrevistas (aunque hay indicios de un cuarto posible encuentro). Su hermana Lavinia, que vivió con ella toda su vida, por ejemplo, jamás conoció a Charles Wadsworth hasta la última vez.

Se desconocen los motivos por los que el pastor abandonó la Costa Este de los Estados Unidos y se fue a predicar a San Francisco en la primavera de 1861, en plena Guerra Civil. Pero ella nunca lo olvidó. En 1869 Dickinson se enteró de que Wadsworth estaba de regreso en Filadelfia, y comenzó a escribirle cartas en 1870.

Pasaron veinte años antes de que volvieran a verse. Una tarde del verano de 1880, Wadsworth golpeó a la puerta de la casa de los Dickinson. Lavinia abrió y llamó a Emily a la puerta. Al ver a su amado, se produjo el siguiente diálogo, perfectamente documentado por Wicher. Emily le dijo: —¿Por qué no me ha avisado que venía, a fin de prepararme para su visita?, a lo que el reverendo respondió —Es que yo mismo no lo sabía. Me bajé del púlpito y me metí en el tren. Ella le preguntó, refiriéndose al trayecto entre Filadelfia y Amherst: —¿Y cuánto ha tardado? —Veinte años, susurró el presbítero.

Charles Wadsworth murió dos años después, cuando Emily tenía 51 años, dejándola sumida en la más absoluta desesperación.

 

En el prólogo de Margarita Andanz de la antología de Cátedra, se comenta una intensa y breve relación sentimental con el juez Otis Lord, gran amigo del padre, y dieciocho años mayor que ella. Parece ser que llegó ella incluso a pensar en la posibilidad del matrimonio, pero el fallecimiento repentino de Lord no lo hizo posible. Desgraciadamente todas las historias terminan trágicamente, lo que puede explicar sus poemas de muerte y angustia.

 

Sus poemas de amor

En algunos de sus poemas- como el 31 o 135- prevalece la idea de la eternidad en el tiempo del sentimiento, ya fuese amor o amistad: ¡El verano sería para ti/ cuando los días de Verano hayan volado!…

Su amor es dulce, delicado y entregado, expresado a través de un lenguaje metafórico, que hace más sutil las alusiones eróticas.

También asume la idea del amor como sacrificio y causa de sufrimiento, que lo mismo duele como consuela: … donde Tú no estás- es Aflicción… lo que Tú no haces-Desesperación. Y Fuerza, erotismo, pasión e intensidad tampoco faltan

La otra cara de la moneda: el amor imposible y la desesperación, el poema 640 parece incluso destinarse a un reverendo.

Y por supuesto, igualmente retrata la experiencia de haber sobrevivido a los estragos del amor: 887

 

¿Por qué no publicó?

Es conocido que en 1862 Emily decide escribir al conocido editor Thomas Wentwort Higginson pidiéndole consejo: “Señor Higginson: ¿está usted demasiado ocupado? ¿Podría hacerse un momento para decirme si mis poemas tienen vida?”, naciendo entre ambos desde entonces una relación epistolar. No parece que hubiese valorado el maestro la poesía de Emily ni tampoco que Emily estuviera de acuerdo con las correcciones que le indicara. Cualquiera que fuese el motivo, (y ya comentamos que consideraba la publicación como una subasta) Emily decide no publicar su obra, a pesar de que Helen Hunt Jackson, esposa del alcalde y más tarde célebre novelista, hizo lo imposible para conseguir que Emily publicara, al menos, algunas de sus poesías. La negativa de la poetisa fue cerrada e inexpugnable, hasta que la novelista le consiguió un lugar en una antología de poemas sin firma, que se tituló A Masque of poets (“Una mascarada de poetas”, 1878). Sólo ante la garantía del anonimato le cedió Emily un único poema, Success is counted sweetest (“Se dice que el éxito es lo más dulce”), reputado entre lo mejor de aquel volumen.

Jackson presentó los trabajos de Emily al editor que publicaba sus novelas, Thomas Niles, quien se dio cuenta del brillante que permanecía oculto en esas páginas y sumó sus esfuerzos a los de la editora para convencer a la poetisa. Pero no tuvo éxito: en 1883 Dickinson le escribió una carta donde se reía de “la amable pero increíble opinión de Helen Hunt y usted, que ya me gustaría merecer”.

 

esperanza emily

 

 

LAS MUERTES Y LA RECLUSIÓN

Si la muerte fue un tema recurrente en la autora puede deberse a que su propia vida estuvo castigada por ella: las muertes de sus amados, la de su padre y su madre, la desgraciada muerte de su sobrino.

Tras las muertes de Newton y Wadsworth, la vida de Emily Dickinson quedó totalmente vacía y su único camino para evitar la muerte, según su principal biógrafo, consistió en la poesía. Recrudeció entonces la tenaz negativa a la publicación de sus poemas y comenzó a dejar de salir de la casa de su padre y, con frecuencia, siquiera de su propia habitación.

 

Los biógrafos de la autora suelen explicar este retraimiento en parte, por su dedicación a la madre, gravemente incapacitada durante años. ]Pero la poetisa comenzó a rehuir las visitas y las salidas, y empezó a vestirse exclusivamente de blanco.

 

Su padre murió en 1874 quedando Emily desolada. Un año más tarde la madre sufre un infarto que la deja paralizada hasta su muerte en 1882.

 

En los últimos quince años de su vida, no quiso salir de la casa, si acaso para pasear por el jardín. A veces se escondía en el vano de la escalera, entre las sombras, y sorprendía a los asistentes a una cena o una reunión con una interjección o un comentario expresados en voz baja. Durante los tres últimos años de su vida no salió tan siquiera de su habitación.

Cuando murió su sobrino menor, último hijo de Austin Dickinson y Susan Gilbert, el espíritu de Emily, que adoraba a ese niño, se quebró definitivamente.

 

Pasó todo el verano de 1884 en una silla, postrada por el Mal de Bright, la misma nefritis que acabó con Mozart. Muere el 16 de mayo de 1886.

 

POEMAS A LA MUERTE

 

En sus versos la felicidad, el placer, el júbilo, el goce están siempre amenazados por la privación, la pérdida, la muerte. La muerte es el precio que siempre hay que pagar. Del escenario de la privación y del dolor de la ausencia brotan amargos versos que hablan de la pérdida.

 

Rubén Martín[2] dirá en su prólogo: “…La suya es una poesía del pensamiento, cuya valentía conduce a indagar en lo que literalmente no puede ser pensado o figurado. De ahí que el tema de la muerte, en el que se centra esta selección de poemas, sea para ella una obsesión ineludible, hasta el punto de formar el campo semántico más amplio de su variado corpus. Hay, en este libro, una Emily Dickinson bien distinta a la imagen dulcificada que de ella se ofrece en ocasiones. Está la Dickinson más oscura, nihilista a veces, silenciada o marginal en otras antologías de su obra, pero también la más atrevida, aquélla cuyo lenguaje es más eléctrico, implacable y visionario: esos ojos destinados a ver lo invisible…” En opinión de Rubén Martín la muerte para Emily era un gran misterio del que nada puede saberse, suponía el límite del conocimiento humano al que solo se accede cruzando la otra orilla. Por supuesto, está presente la ansiedad por la conciencia de finitud, pero es ante todo un problema de conocimiento, que incluso pueden angustiarle: 50, 305, 160, 193.

En muchas ocasiones describe la muerte o al moribundo con detallado realismo; en otras, trata de escenificar su propia muerte: 465, 519, o incluso se siente ella como un muerto más (Sentía un Funeral, en mi Cerebro). A veces, la muerte aparece como una liberación (No es que Morir nos duela tanto/ es el Vivir- lo que nos duele más).

 

EL ORDEN DE LOS POEMAS

 

Los poemas publicados en vida de la autora se cuentan con los dedos de una mano. Cabe aclarar que Emily nunca se tomó el trabajo de fechar sus poemas, por lo que no conocemos con certeza cuándo fueron escritos, y ni siquiera los ordenó de un modo particular, la ordenación ha sido efectuada gracias al estudio de la evolución de su propia caligrafía en los manuscritos.

Escribió sus poemas en los márgenes de sus libros, en trozos de periódicos o en papeles sueltos, a menudo de tamaño insuficiente, poblándolos además de extraños guiones aparentemente al azar, con un arbitrario uso de las mayúsculas. Es por ello que aún hoy, en muchos de sus poemas, los expertos se preguntan dónde acaba un verso y comienza otro.

Los editores descuidaron su obra aún más: en la década de 1890 se publicaron sus tres antologías, con el material dividido incoherente y arbitrariamente en cuatro secciones tituladas (por los editores) “Vida”, “Naturaleza”, “Amor” y “Tiempo y Eternidad”. Hoy se sigue utilizando este extraño criterio.

Una gran cantidad de poesías fueron publicadas por su amiga Mabel Loomis Todd y su Maestro Thomas Wentworth Higginson.

Parece que Mabel Loomis Todd fue la amante del hermano de Emily y que hubo una disputa judicial entre Lavinia y ella por unos terrenos, pero hizo posible la publicación de la obra de Emily.

En 1955 aparecería una nueva recopilación, que forma hoy en día la base de los estudios académicos sobre Emily Dickinson:

  • The Poems of Emily Dickinson (“Los poemas de Emily Dickinson”, Cambridge, 1955), publicada por Thomas H. Johnson en tres volúmenes. Los poemas no llevan títulos (que la autora nunca colocó) ni están agrupados en capítulos arbitrarios. Simplemente están numerados en un orden cronológico aproximado, respetando los guiones a los que era tan afecta Dickinson y su errática utilización de las mayúsculas.

 

[1] Rodríguez Monroy , Amalia, Emily Dickinson. Antología bilingüe, Alianza Editorial SA, Madrid, 2001.

[2] Martín Rubén, Poemas a la muerte. Emily Dickinson, Bartleby Editores

CURSO DE ESCRITURA PARA ADOLESCENTES Y JÓVENES en CASA DEL LIBRO DE SEVILLA

 

 

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Este curso se dirige a desarrollar y estimular la creatividad, la imaginación y la expresión escrita de un modo lúdico y divertido. Escribiremos tanto microrrelatos, como relatos cortos o poesía.

En la clase se proponen ingeniosos juegos y ejercicios,  se dará a conocer diversos recursos estilísticos con textos modelos y para adquirir el hábito de escritura se redactará cada semana un texto que se comentará en clase de modo voluntario.

DURACIÓN: 4 sesiones, los martes 20  y 27 de mayo; 3 y 10 de junio.

Inicio: martes 20 de mayo. Las clases duran de 19.30 a 21 horas. La librería Casa del Libro de Sevilla

Si quieres apuntarte consulta a:amarandaalvea@yahoo.es o llama al 620 20 53 89

Profesora: ANA ISABEL ALVEA SÁNCHEZ.

Licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Facultad de Granada, Diplomada en Estudios Avanzados, cursos de postgrado de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Profesora de talleres de creación literaria, de literatura universal y de poesía española contemporánea. Participa también en el Circuito Literario Andaluz. Como poeta ha publicado los poemarios: Interiores (2010) y Hallarme yo en el mundo (2013). Co-antóloga de La vida por delante. Antología de jóvenes poetas andaluces (2012).  Coordinadora por 4º año del club de lectura de poesía. Aparece en varias antologías, blogs y revistas virtuales. Miembro del Consejo Editorial de la revista www.ensentidofigurado.com.

Lo demás es silencio. Piedad Bonnett

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Piedad Bonnett nace en una pequeña aldea de Colombia, más concretamente en Amalfi, Antioquia, en 1951, pero desde los ocho años se muda a Bogotá. Licenciada en Filosofía y Letras de la Universidad de los Andes y profesora de esta Universidad desde 1981. Tiene una maestría en Teoría del Arte, la Arquitectura y el Diseño en la Universidad Nacional de Colombia. Ha publicado poesía, novela, teatro, ensayos, traducciones.

Ha publicado siete libros de poemas: De círculo y Ceniza (Ediciones Uniandes, 1989, reedición de 1995), Nadie en casa (Ediciones Simón y Lola Gubereck, 1994) El hilo de los días (Colcultura, 1995) Ese animal triste (Norma, 1996) Todos los amantes son guerreros (Norma, 1997), Tretas del débil (Alfaguara, Punto de lectura, 2004) y Las Herencias, Visor, Palabra de Honor, 2008. En marzo de 1998 Arango Editores publicó una antología poética suya con el título No es más que la vida y en junio del mismo año editorial Pequeña Venecia de Caracas una selección poética. Su Antología Lo demás es silencio fue publicada en España por Editorial Hiperión en 2003, siendo la segunda colombiana incluida en la prestigiosa colección. El primero fue José Asunción Silva. En 2008 aparece Los privilegios del olvido, antología de Fondo de Cultura económica prologada por José Watanabe.

Con el primero de sus libros recibió mención de honor en el Concurso Hispanoamericano de Poesía Octavio Paz. Con El hilo de los días ganó el Premio Nacional de Poesía otorgado por el Instituto Colombiano de Cultura, Colcultura, en 1994 y con Explicaciones no pedidas el Premio Casa de América de poesía americana 2011.

Es autora de cuatro novelas, Después de todo (2001), Para otros es el cielo (2004), Siempre fue invierno (2007) y El prestigio de la belleza (2010), las cuatro publicadas por Editorial Alfaguara y en el 2013 se ha publicado su última novela,  Lo que no tiene nombre.

Obras de teatro: Gato por liebre, Que muerde el aire afuera, Sanseacabó,  Se arrienda pieza y en el 2013, Algún día nos iremos, montadas por el Teatro Libre bajo la dirección de Ricardo Camacho. Este grupo utilizó también su versión en verso de Noche de epifanía de Shakespeare para uno de sus montajes. Una traducción suya de la misma obra hace parte de la Colección “Shakespeare por escritores” de Editorial Norma (1999-2000). Su traducción de El cuervo, de Edgar Allan Poe, fue publicada por El Ancora Editores en 1994.

Fue merecedora, en 1992, de la Beca Francisco de Paula Santander para un trabajo de dramaturgia y en 1998 de una de las Becas de Investigación del Ministerio de Cultura, con el proyecto “Cinco entrevistas a poetas colombianos”, que da origen a su libro Imaginación y oficio, publicado por Universidad de Antioquia, 2003. Cuentos y ensayos suyos han sido publicados en distintas revistas y periódicos del país y del extranjero. En 2007 fue una de las representantes de Colombia en el Festival de Literatura de Berlín y en el Hay Festival de Segovia. En 2008 fue la poeta homenajeada por la Consejería para la equidad de la Mujer de la Presidencia de la República, durante la Feria del libro de Bogotá.

Por entrevistas leídas de ella podemos saber que empezó a leer y escribir poesía de muy pequeña, pues es una costumbre en su tierra que los niños reciten. A los doces años le encantaba Bécquer y escribía versos imitando su estilo. En la juventud prefería autores como  Antonio Machado, Baudelaire o César Vallejo.

http://www.piedadbonnett.co/

 
REFLEXIONES DE PIEDAD BONNETT SOBRE LA ESCRITURA.

Para Piedad Bonnett “recuperar lo cotidiano es parte vital de la estética de una época en que ya no hay cabida ni para lo heroico ni para lo sublime”, de ahí que su poesía parta de la experiencia y de la observación de lo cotidiano, de lo que nos rodea.

En su artículo Fracasar cada vez mejor, hermosa frase que pertenece a Samuel Beckett, dice que en la escritura busca el goce, y a menudo lo obtiene, pero el camino suele ser tortuoso y desasosegante. La literatura para ella es una de las más poderosas razones para existir, y así lo dice también en su poema Las palabras y las cosas (p.22 de Lo demás es silencio). Escribir supone una reflexión ética y estética y el escritor debe tener una conciencia crítica. La obra jamás puede ser inocente. Todo pensamiento expresado, toda forma elegida, tiene una carga: política, ética, estética. Toda obra entraña un fracaso, pues siempre hay una distancia entre lo que se quiere decir y lo que logramos decir, de ahí que escribir lo sienta como

                Fracasar cada vez mejor.

Piedad Bonnett recitando en este enlace: http://www.casamerica.es/literatura/explicaciones-no-pedidas

LO DEMÁS ES SILENCIO
Miguel Gómez en su reseña “trabajos de escritura doble” manifiesta la capacidad de la autora para conciliar lo prosaico y cotidiano con el lirismo; por el contrario, en ocasiones roza un irracionalismo de imaginerías violentas, casi neoexpresionistas- así en los poemas nocturno, proceso digestivo, ración diaria- y le encuentra cierta semejanza con la poeta peruana, Blanca Varela, influencia que nosotros también hallamos, aunque Varela tenga un lenguaje sumamente más opaco, fragmentado y surrealista, pero encontramos rasgos comunes como la importancia de la corporalidad y lo material, el lamento por la ausencia de Dios, el énfasis en la condición animal del ser humano.Tenemos que precisar que en el tema sobre la existencia o no de Dios, Blanca es claramente existencialista, mientras que Piedad lamenta más bien el olvido o abandono del hombre por parte de Dios y critica abiertamente la educación religiosa, sufrida de niña, centrada en el pecado: Y Dios era un señor que nos veía/, era un olor de esperma derramada, / era un miedo oprimiendo los riñones, / era una noche hueca./ Eran los tiempos, los pantanosos tiempos del pecado. (Días de algodón).

Podemos encontrar múltiples referencias bíblicas y a Dios en sus versos, pero lo que me hace pensar que deja una puerta abierta a la duda es el último verso de su poema Pecado original: ¿Qué corazón, me digo, latirá en su penumbra?

Opina Miguel Gómez que nuestra autora habla de modo recurrente sobre el cuerpo, lo familiar, el erotismo y lo colectivo, temas que también están en esta antología. Añadimos la hiriente y vacía soledad que siente, el amor, el desamor y la dolorosa nostalgia por el amado. De hecho el poema que lleva el título del libro supone un lamento por la ausencia del amor.
Su escritura es clara, transparente, comunicativa, pero también depurada y pulida, precisa, no falta de lirismo, que toma lo cotidiano para profundizar y ahondar en el sentimiento y la realidad y que sabe llegar al lector. Trascienden sus versos de lo íntimo y personal a lo universal, porque la vida de uno puede ser la vida de todos, así el poema Soledades (p.75). Habla de lo íntimo, pero también de lo colectivo- en poemas como Los viejos, 1492, y con mayor concreción, Reporte policial, Mapa, Cuestión de estadística, página roja-que tratan el tema de la muerte y la violencia.

La antología está dividida en 4 capítulos.Memorias del cuerpo es el título del primero, en él hace referencia a lo corpóreo, el origen, la gestación, el bautizo, el despertar sexual, los hijos, la sensualidad, la decadencia del cuerpo con la edad. En este apartado hay algunos poemas inquietantes, crudos, impactantes, como comentamos a continuación:La bestia conocida de pequeña e imposible de olvidar en el poema revelación.

De niña me fue dado mirar por un instante

Los ojos implacables de la bestia.

El resto de la vida se me ha ido

tratando inútilmente de olvidarlos.

El sufrimiento de la vida que le impulsa a escribir en el poema Proceso digestivo: Ya he comido mi sopa de clavos, mi pan de munición, / pan con zarazas, / ya tragué mi ración de raíces y venenos.

El monstruo que lleva dentro desde pequeña, como también lleva desde niña pegada a su piel el miedo , en Ración diaria: es música en mi insomne madrugada.

EL poema Nocturno construido con metáforas e imágenes, el surrealista poema Sueños.

El segundo capítulo, Doméstico cielo Sigue leyendo

LISTA DE LIBROS DEL CLUB DE LECTURA 2013/2014

31 DE OCTUBRE:  Lo demás es silencio , de Piedad Bonett, Hiperión

28 DE NOVIEMBRE: El canto y la ceniza, antología poética. Anna Ajmátova y Marina Tsvetáieva, Debolsillo, 2010.

19 DE DICIEMBRE: Poesías completas, Cesare Pavese, Visor

30 DE ENERO: Encuentro con Francisco Basallote y su poemario Gotas de lluvia, Guadalturia.

27 DE FEBRERO : Puedo escribir los versos más tristes esta noche, Félix Grande.

 
  27 DE MARZO: Y todos estábamos vivos, Olvido García Valdés, Premio Nacional de Poesía

24 DE ABRIL:  Aullido de Allen Ginsberg

30 DE MAYO:  Poesía reunida  de Juan Gelman, Seix Barral, 2012

 26 DE JUNIO:  Poesía completa de Emily Dickinson, Amargord ediciones, 29,95€;

Dickinson Poemas, Cátedra, 14,30€

Antología bilingüe, Emily Dickinson, Alianza editorial 2005, 11.50€