14 de febrero: encuentro con Jesús Beades y su poemario «Orden de alejamiento»

Como cada mes en este V ciclo de encuentros «El poeta y su voz», podremos charlar con un poeta, y en esta ocasión será Jesús Beades y su último poemario, «Orden de alejamiento», publicado por Visor, al lograr el áccesit en el XXXII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma. Será el 14 de febrero a las 19 horas en Casa del Libro Viapol, Av. de Diego Martínez Barrio 4, Sevilla. La participación es libre y gratuita, hasta completar aforo.

Jesús Beades (Sevilla, 1978) es poeta, músico, traductor y maestro. También colabora como crítico literario en varios medios y es redactor en la revista Númenor -revista que surgió en el colegio Altair-. Ha publicado los libros Tierra firme (2000), Centinelas (2003), La ciudad dormida (2005), Tibidabo 10 (2018) y su antología Resumiendo (2021). Entre sus traducciones destacan los poemas de Chesterton en Canciones de La taberna errante (2020). Su casa virtual es https://jesusbeades.com/

La contraportada del libro nos indica lo siguiente: «Orden de alejamiento es el testimonio de una relación tóxica. Como si fuese un único poema fragmentado, sus versos comienzan por la primera ilusión que enciende el amor y enseguida dan paso a un territorio hostil de confusión, en el que cada movimiento es una nueva caída inevitable. Así, sin dar un momento de tregua, estas páginas avanzan sobre un filo cortante donde la luz y la oscuridad se unen y separan, adentrándose en el trauma, la desesperación, la nostalgia de un pasado mejor -que acaso nunca haya existido- y el deseo de olvido. Este libro, visceral y lírico, irónico y valiente, enseña el abismo que todo amor oculta y en el que siempre se puede caer.»

Poemario intimista y confesional, en él se retrata con un lenguaje coloquial, tono conversacional y escenas cotidianas -solo necesita unas breves pinceladas, bañadas de realismo, para transmitirnos la historia y su sentir- la ruptura de una relación de pareja. La historia nos puede recordar las obras teatrales ¿Quién teme a Virginia Woolf? o Danza Macabra, en cuanto al reflejo del deterioro de un matrimonio. Poemas de gran visualidad, un rasgo de la escritura de Gil de Biedma, como si el lector estuviera viendo diferentes fotogramas. Parece una poesía heredera de la estética de nuestro gran poeta catalán, quien influyó, junto a otros de su generación, como Ángel González, en los llamados poetas de la experiencia; aunque introduce Jesús rasgos innovadores que aportan modernidad, como es la ausencia de signos de puntuación y otro uso del lenguaje.

Lo íntimo, lo subjetivo, puede convertirse en político. La poesía objetiviza una experiencia y la reflexiona o analiza, nos la hace revivir. Estas eran algunas cuestiones inherentes a la poética de Gil de Biedma. Y en este libro, Jesús Beades nos hace revivir las emociones de su duelo con versos intensos y afilados: el desengaño, el dolor, la tristeza, la nostalgia, la incertidumbre de futuro y el apego a un amor que fue luz y vida y pasión para convertirse en desdicha y dolor y odio. En sus páginas se pasa por todos estos sentimientos , hay un proceso de transformación, pues se inicia con el sufrimiento y el enorme esfuerzo para olvidar y se llega a la aceptación, al deseo de vivir en paz y estar bien, a bendecir aquel amor que le ha arrastrado a los infiernos, a bendecir todos los amores. Decía Eliot que el poema debía convertirse en la emoción misma, y Jesús lo logra y con fuerza nos lo transmite. En esta evolución la fe le ayuda, como dice expresamente en su poema Cruz.

En cuanto al ritmo, cuestión importante en poesía, está en consonancia con su emoción, una agitación, nerviosismo o agobio, todo el poema es un bloque de versos continuos sin signos de puntuación, un flujo de conciencia o monólogo, en versos blancos; o bien, una conversación con un tú, quien fue su pareja. Se canta, se canta el derribo de una relación y cómo se lleva.

El lenguaje usado también aporta modernidad, nada de retóricas vacías, en un estilo sobrio y preciso, de una gran naturalidad para tratar nuestro dolor. Una voz que nos habla desde su intimidad para retratarnos a todos, pues como decía Antonio Machado: «…porque en amor locura es lo sensato».

No obstante, profundizaremos más el martes 14 de febrero, solo dejaros algunos poemas:

Ciclo «El poeta y su voz»: Carmen Ramos y su poemario «Realidades efímeras». 17 de enero a las 19 horas.

En nuestro ciclo de encuentros «El poeta y su voz», estará con nosotros el próximo martes 17 de enero la escritora Carmen Ramos para hablarnos de su trayectoria, de poesía, profundizaremos en su libro «Realidades efímeras» , de sus proyectos… Será a las 19 horas en la librería Casa del Libro de Viapol, Av. de Diego Martínez Barrio 4, Sevilla. Nos alegrará veros en esta interesante charla.

Carmen Ramos (Gibraleón, Huelva, 1968). Economista de profesión. La plaquette Mudanza Interior (Ediciones en Huida, 2010) fue su primera publicación en solitario a la que han seguido los poemarios Poliédrica (Ediciones en Huida, 2011), Las estrellas han hallado otra forma de morir (Guadalturia Ediciones, 2013), Pequeño Tratado de Etología (Lastura Ediciones, 2016), la colección de haikus Utsugi to wasabi (Las hojas del baobab, 2017), Cuaderno de Laboratorio (El Libro Feroz, 2020) y el libro de microrrelatos Más de veinte maneras de lavarse las manos (Lastura Ediciones, 2018). Desde 2015 coordina el proyecto «Completamente viernes» con el que ha organizado talleres literarios, encuentros con autores y acciones poéticas, entre otras actividades. Actualmente tiene una columna mensual en el diario Huelva Ya llamada «Cerca de la Lettera», donde escribe sobre literatura, mujeres y editoriales independiente y es la responsable de la newsletter de poesía ¡Por fin es viernes!

En la página web de la editorial encontramos este resumen: «Toda palabra poética contiene en sí misma algo de rebeldía. Un lector atento podrá desvelar siempre un indicio, la explosión de un grito que en la metáfora se contiene y se amaga. En Las realidades efímeras, Carmen Ramos lanza sobre el mundo un llanto desgarrado en forma de poema que presenta una galería de imágenes en las que consternación y sensibilidad, espanto y esperanza, injusticia y empatía son conceptos que, lejos de contradecirse, se completan. La poeta nos quiere contar una historia, su propia historia, pero también la de todas las cosas que conforman una realidad que se nos ha hecho amarga y enferma. En definitiva, la palabra de Carmen Ramos nos hace a todos cómplices y, a la vez, merecedores de ese aullido que nos redima.»

No os dejará indiferente la lectura de «Realidades efímeras» , un libro que conmueve y sacude ( tal como exigía Emily Dickinson a la poesía). En él nos retrata realidades difíciles, duras, dolorosas, crueles, donde la desgracia y la fragilidad humana y el miedo se hacen patentes; pero también la resistencia, el valor de la experiencia. Abarca una multiplicidad de temas: crítica social, la condición humana, lo animal en nosotros , la identidad, el tema del género ( el papel de la mujer en la sociedad), la escritura, el decir y usar la voz… En poemas breves, intensos, sugerentes, rotundos, trágicos a veces . Y todo con el uso de un lenguaje coloquial, cercano, la precisión de sus imágenes o el énfasis de las enumeraciones.

Estructurado en cuatro partes: La ciudad santa, La huella de la serpiente, La tentación de la tristeza y Alguien debería contar esta historia. De manera simbólica nos relata sucesos de un verano. El verano suele representar esplendor y alegría, aunque en este caso no es así, o al menos, no solo, pues conlleva dolor y sufrimiento, y ahí esta el recurso del contraste. Nos muestra un verano contrario a una estación paradisíaca y vacacional. Y no solo como un tiempo de crisis personal, sino también social. Y no solo personal, pues parece contar la historia de todos/as. No la historia, más bien las emociones de todos, ya que viene a expresarnos el sentir.

Como hilo que enlaza cada una de sus partes, como puerta de entrada a cada sección, encontramos un poema sobre el verano referente a noticias de actualidad, con los que parece integrar una historia personal dentro de la historia del mundo: El verano de los niños, El verano de Ronald McDonald, el verano de Nik Wallenda, el verano de Lau Wan, poemas que contienen una denuncia.

En su primera parte nos describe la ciudad como una cárcel, el papel que se le otorga a la mujer, un exterior hostil y grotesco, rodeada de soledad, vacío, muerte, frustración, incendio. Y a su pesar, Pero avanzaremos/ por calles levemente iluminadas…

En La huella de la serpiente nos retrata el dolor, el sufrimiento y el daño y la huella de una serpiente en la arena representa el miedo, lo amenazante que provoca miedo. Aquí el sujeto poético traspasa la noche, lo que la noche simboliza de oscuridad, y despierta.

La tentación de la tristeza muestra un ejemplo de resistencia, de mantenerse porque No duele la herida en la piel, duele la ausencia de herida. Aquí la grieta, la sima, no encontrar salida, la ceguera, la tentación de la tristeza, pero también la astucia.

Nos encontramos con el tema de la identidad, lo animal que puede haber en nosotros, del posible desdoblamiento de quien escribe, la reflexión de para qué la escritura, la extrañeza del vivir, de todo naufragio que se desea contar.

Os dejo como siempre con algunos poemas:

EL VERANO DE LOS NIÑOS

Todo esto sucedió

el verano de los niños,

el verano de los niños en la playa,

el verano de los niños que comían arena en la playa,

el verano de los niños muertos que comían arena en la playa.

Me he cosido los ojos.

Ahora hay un pespunte entre mis párpados.

He aprendido que es exactamente así como se inventan los límites.

Beber en los charcos.

Conformarnos

con los espejos

mínimos y volátiles

La tentación de la tristeza

está siempre ahí:

un melocotón maduro

que puedes apretar hasta que

todo el verano quede

hecho agua.

La tentación de la tristeza

está siempre ahí:

solo tienes que alcanzar la mano.

Encuentro con Gregorio Dávila de Tena y su poemario «Un hombre que no conoce Nueva York»: 15 de noviembre a las 19.00 horas.

Nos quedaron temas pendientes en la anterior presentación de este poemario, Un hombre que no conoce Nueva York, y nos viene muy bien volver a reunirnos el próximo martes 15 de noviembre a las 19.00 horas en la Casa del Libro de Viapol . Entrada libre.

Quienes conocemos a Gregorio Dávila de Tena sabemos de su excelente trayectoria literaria, avalada por los premios concedidos: Alma de renacuajo, Premio de Poesía García de la Huerta 2017; Hebra de luzEjercicios sobre el Cántico, Premio de Poesía Pepa Cantarero 2018; Diputación de Jaén; Madre del agua. Por las huellas del Tao, XXII Premio de Poesía Eladio Cabañero 2019; Un temblor en las encinas. Biografía de una mirada, premiado en el I Memorial Ana del Valle, poesía, 2021;  y con Un hombre que no conoce Nueva York ha obtenido el VIII Premio de Poesía Juana Castro.

Acta del Jurado (09/11/2021) respecto de este poemario:
El jurado ha destacado que el poemario “entrelaza lo conocido con el salto al más allá, y hace poesía y música de la naturaleza como de la propia biografía”. En el acta queda reflejado que la obra ganadora “evoca desde lo uno lo diverso y desde el yo la tradición poética universal, en una particular ensoñación que de la imagen de Nueva York nos transmitieron maestras y maestros. Poetas que van desde Federico García Lorca, José Hierro o Juan Ramón Jiménez hasta Neruda, Gamoneda, Li Po, Gloria Fuertes, Alejandra Pizarnik o la cantante Chavela Vargas. Es una creación hecha vida y recuerdo a la vez que poesía, carne y palabra”.

Juana Castro en la entrega del Premio (20/05/2022):
«El libro se compone de poemas extensos, tendidos, para rememorar una ciudad, Nueva York, sin haberla visitado. Un hombre que no conoce Nueva York es el sujeto poemático que escribe a la vez desde el yo y desde la tradición poética […] La evocación de Li Po, el gran poeta chino del siglo VIII, viene a ensanchar la herencia poética recibida, a la que podemos emular para cantar o acercarnos a esa mítica Nueva York.
Poesía torrencial, musical, de un autor que desde su madurez no deja de escribir ni de recibir premios […] Sorprende por su amplio conocimiento de la mejor poesía en lengua española citando o rememorando a poetas como el cordobés José Manuel Martín Portales, Julia Otxoa o Chantal Maillard, que son devociones que yo comparto. Sólo así, yendo a las mejores fuentes y trabajando se puede conseguir lo que el jurado dijo del libro de Gregorio Dávila: ‘es una creación hecha vida y recuerdo a la vez que poesía, carne y palabra’”.

Sara Castelar en el Prólogo:
«Un hombre que no conoce Nueva York es la forma poética en que Gregorio Dávila construye su ámbito para la identidad en un entorno que se mezcla entre la memoria, el mito, la urbanidad y el tiempo. Estamos frente a un libro escrito bajo la influencia de grandes textos que se hicieron eternos y que versan sobre una ciudad que representa todos los extremos emocionales posibles y que con el tiempo se ha convertido para la poesía y la literatura en un referente ineludible […]
El esfuerzo de honestidad que el poeta desarrolla es brutal, existe una necesidad de comunicación que rebase las fronteras de lo conocido y crear nuevos contextos en los que la amplitud del pensamiento poético tenga cabida, para ello recorre el laberinto de su propia obra, de su propia vida, y le da una vuelta de tuerca […]
Un hombre que no conoce Nueva York es un poemario en donde sucede lo bello y lo terrible, como diría Rilke, extremos necesarios para comprender la elección del contexto en el que Gregorio Dávila lo ubica, creando una conexión ciudad-naturaleza que propicia para la creación un espacio de redención».

Un hombre que no conoce Nueva York se inicia con tres citas, correspondientes a tres poemarios emblemáticos: Poeta en nueva York, de Federico García Lorca, Cuaderno de Nueva York, de José Hierro y Diario de un poeta recién casado de Juan Ramón Jiménez. Sus ecos atraviesan los poemas, sobre todo percibimos la estela de José Hierro, sin dejar de ser este libro genuino y personal. Los lectores podrán apreciar grandes cambios en él, tanto de forma como de contenido, que ya comentaremos en el encuentro. Como dice Sara Castelar en su prólogo, en este libro sucede lo bello y lo terrible; lo cual supone un giro en los temas propios del autor, por lo general contenido y luminoso. No obstante, aquí podemos percibir la herida, el dolor, la crisis de toda existencia, el desaliento, aunque prevalezca la luz al pesimismo. Encontramos diferentes planos: la vivencia personal; la dimensión existencial, la búsqueda de sentido por un individuo, y más cuando sufre; un plano metaliterario, como el conocimiento que adquirimos por la lectura -se viaja de los versos de otros autores a las vivencias del propio autor-, el lenguaje, la escritura y la poesía como fuente de conocimiento y de consuelo, «amado sea el lenguaje que nos consuela», la identidad de quien escribe y la condición de extranjero o sensación de extrañeza del escritor. No se desatiende tampoco lo colectivo y social, también presentes. Saber estar en el mundo, el amor, el dolor, el pasado, la memoria, la escritura, la pandemia o el paso del tiempo son algunos de los temas tratados . Entablaremos un diálogo con Gregorio, que seguro resultará interesante.

EL PADRE DE LA NIEBLA

Nos estiramos como los cedros del Líbano

amanecemos con la energía del búfalo

para cepillar las crines a los caballos

y bendecir las ubres de las cabras.

Quizás algún animal cultive el poema.

Una mujer se marcha de la aldea

la vecina que amaba la lluvia-

y el cántaro se llena de orfandad

la fuente de abandono.

Recuerdo a Faria,

hay un hombre que se aparta del mundo

-no lo notan en el camino-

un hombre que duerme en la piedra

donde chirrían las cigarras,

un hombre que parte el pan al anochecer

y lo reconocen.

Me siento en el claro de nuestro bosque.

He llegado hasta el margen de mi piel

donde termina y empieza el mundo.

Hay un animal en mí, una mujer y un hombre

y todo se funde hacia dentro.

Aprendo la dirección en el vuelo de los pájaros.

Acaricio las letras como un niño que aprende a leer.

Quiero distinguir el

sentido.

Recuerdas a tu padre ahora que ya no está.

Tu padre que te llevaba de la mano

al parque y al bar de la Codorniz.

Su mano grande y segura, su paso firme

y decidido.

Mi padre saludaba amablemente a todos.

Su cordialidad se expandía

como los rayos de la aurora, mi padre sol.

Él me llevaba en la furgoneta al pueblo vecino

-no más de diez kilómetros-

y aquello me parecía una eternidad de gozo

(¿Por qué lloras, de alegría o de nostalgia?)

Al atardecer ella regaba los tulipanes

y el limonero con música de Aute

(que el pensamiento no puede tomar asiento).

Yo leía a Rojas

(Oh voz, única voz) y tomaba nota de algún verso.

Asomaba la media luna por el cielo

y los vencejos trinaban parábolas.

No estaba lejos la felicidad , no,

relucía en las tejas

y en las gotas de agua regadas.

Recuperas al animal

y a la lluvia y al camino y al bosque

la mujer y el agua que se derrama,

todo se funde en el adentro

y mi padre regresa de la niebla.

TEMBLOR

No busco tener una lengua propia 

sino el balbuceo callado del arroyo 

el lamento del aire por las grutas de Duino 

o el eco de un oboe donde muere la noche.

Que en mi verso resuene el temblor de un naranjo 

al nevar en la acera, la llovizna en la tumba 

                             donde se hizo mármol 

                             mi padre 

o el clamor olvidado de las lágrimas.

Quizás el susurro de Yepes. ¿No oyes 

las ondas del guijarro en la fuente de plata? 

¿La brisa en la cabeza desnuda de Li Po 

o el pájaro en la jaula de Pizarnik?

No busco una lengua propia, busco el vacío en el cántaro 

y el eco de Valente, el agua estremecida por el Tíbet 

o el silencio 

en la piedra.

Busco un temblor de alegría en mis manos 

el temblor 

y la voz de los cerezos.

MANDARINAS

«También es amor

este pañuelo sucio de las lágrimas»

JOSÉ MANUEL MARTÍN PORTALES

Y también es amor

este perro sin dueño que olfatea tus huellas

loa zarpazos del gato a las moscas del huerto

tu madre que relee los poemas que escribes

(y que no entiende).

Es amor, sí, la golondrina

que crea su nido del barro

la pareja de yonquis en el umbral del río

el mendigo ilustrado escuchando la noche

la canción que susurra la abuela con Alzheimer.

Y también es amor

el olor de las mandarinas en tus manos

que ofreces de merienda cada tarde

quien lo probó lo sabe.

V CICLO «EL POETA Y SU VOZ». ENCUENTRO CON AUTORES 2022/ 2023

Reanudamos , como cada año, nuestro ciclo de encuentros con poetas. En esta ocasión, como podéis comprobar, serán los martes, todas las sesiones empiezan a las 19 horas, en Casa del Libro Viapol, Av. de Diego Martínez Barrio 4, Sevilla. La participación es libre y gratuita, hasta completar aforo.

Estos actos están insertos dentro del Club de Lectura de poesía, así que si podéis leer el libro, mejor, pues tenéis la oportunidad de entablar un diálogo con el autor sobre poesía , su trayectoria y el poemario seleccionado. Creo que tenemos un buen elenco de escritores. Y empezamos con un autor sevillano de lujo que reside fuera y se nos presenta esta ocasión para conocerlo y escucharlo personalmente, ya aseguro de antemano que disfrutaremos, y mucho:

Martes 25 de octubre, Alejandro Duque Amusco, «Un único corazón», Pre-Textos.

Martes 15 de noviembre , Gregorio Dávila de Tena, «Un hombre que no conoce Nueva York», Renacimiento.

Martes 13 de diciembre, Carlos Torrero, «El mudo de Fisher Town», Macklein y Parker.

Martes 17 de enero, Carmen Ramos, «Las realidades efímeras», Macklein y Parker.

Martes 14 de febrero , Jesús Beades, «Orden de alejamiento»,  Accésit al Gil de Biedma.

Martes 14 de marzo, Nuria del Saz, «Matronalia», Edificiones Alfar.

Martes 18 de abril, Anabel Caride «Los días inabarcables», Anantes editorial.

Martes 9 de Mayo, Curtis Bauer, «Selfie americano», Vaso Roto.

Martes 6 de junio, Esther Garboni, “A mano alzada”, Libros de la herida.

Muchas gracias a todos estos autores que han aceptado compartir tiempo y poesía con nosotros. Gracias.

Miércoles 8 de junio a las 19 horas: Encuentro con Isabel Martín Salinas y su poemario «Me remito a las sombras»

Esta temporada terminamos el ciclo de encuentro con autores, «El poeta y su voz», con la escritora y cantautora Isabel Martín Salinas, quien nos deleitará con canciones de su último poemario, publicado en Torremozas, «Me remito a las sombras»; y será el miércoles 8 de junio a las 19.00 horas en la librería Casa del Libro Viapol, Avda. Diego Martínez Barrio 4, Sevilla. Ya sabéis que el aforo es libre.

Isabel Martín Salinas. Dramaturga, novelista, ensayista, poeta y cantautora. Con numerosas obras publicadas y estrenadas, ha sido finalista para el Premio Andalucía de la crítica 2012 en la modalidad de Teatro. En 2019 ha sido galardonada con el Escudo de oro de la Unión Nacional de Escritores de España.

Publicaciones dramáticas

Río abajo (2000); El pozo. La noche de Diógenes. ¡Menos cuento (2007); Collar de cerezas (2007); Rita (2009); El hoyo 18. Un soplo de viento (2011); Hispania, Hispania. Segundas partes. Verano del membrillo (2012);Un canal en Youtube, (2017); La hija (2018); Mediterráneo (2019);  Mísero polvo (2020); Monerías (2021); Odio (2021).

Publicaciones en otros géneros

Sombra mía, narrativa (2009); A ráfagas tu nombre, libro de poemas (2014); Para siempre conmigo, disco E.P. (2015); El Maestro, libreto para ópera (2017); Giuseppe Impastato. Memoria de un hombre bueno, biografía (2019). Me remito a las sombras, libro de poemas (2020).

Os dejo la reseña que publiqué de este extraordinario poemario en Culturamas:

«Me remito a las sombras refleja el trayecto que cualquiera de nosotros recorre -ha recorrido, o puede recorrer- por los paisajes del amor y el desamor. A veces habitamos un verde y frondoso bosque, lleno de algarabía, ilusión, pasión, bajo un cielo impecable; otras, en cambio, cruzamos penosamente un terreno agraz, duro, violento, que nos agrieta y cuyo roce raspa por dentro y del que huimos como podemos para caer en el árido y desértico páramo que, al principio, puede parecer la soledad, otro de los temas en el libro tratado.

Se produce un cambio en este viaje existencial que nos traza una transformación en el sentir y en su pensar. En un inicio se sobrelleva la soledad con la esperanza y el anhelo de encontrar en la próxima historia el gran amor. Desvela nuestra constante búsqueda de la plenitud amorosa, como ideal o sueño a lograr, cómo puede elevarnos y a su vez hundirnos. Un difícil y escarpado recorrido por el fervor y la muerte, la soledad esperanzada , los amores imposibles, los sucesivos desengaños …hasta llegar a una misma, a nuestra propia casa, en sosiego y armonía. 

Nos retrata también el paso del tiempo y la mirada que una tiene hacia el pasado y cómo ese transcurso provoca un cambio en la perspectiva.

La autora en estos poemas logra transmitirnos el ímpetu y la fuerza de los sentimientos: la aguda punzada de dolor cuando nos hallamos frente al desengaño y el desencanto de aquella relación que fue nuestra pasión, ahora ajada; el entusiasmo y la alegría cerúlea que cintilan por encontrarse con el amado; la soledad y el abandono; el refugio fugaz y momentáneo en relaciones breves, en las callejuelas de los gatos.

Poemas intimistas y confesionales, breves e intensos en los que habla una primera persona del singular o se dirigen, la mayoría de las veces, a un , el amado. Versos blancos, en los que destaca la musicalidad y la belleza de su lenguaje lírico, sus imágenes certeras como flechas al corazón, una poesía llena de visualidad y plasticidad, con un estilo depurado, que podríamos comparar con la llamada poesía del silencio y nos puede recordar a Ada Salas, por ejemplo.

En resumen, refieren los temas del amor, desamor, la soledad y la elegía por lo perdido en el paso del tiempo. Estructurado en cuatro partes, cada uno se simboliza en un elemento: 1. De hiel, 2. De peces. 3. De gatos y la última parte da nombre al libro, Me remito a las sombras. 

En su primera parte refleja la pasión, el volcán, el magma y la lava, «llueve pájaros muertos sobre las rosas», la aspereza y amargura de una pareja que llega a odiarse, su feroz lucha, una pareja semejante a la que retrata  ¿Quién teme a Virginia Wolf?, o la también obra de teatro Danza Macabra: «el barro somos de violento magma». Y ellos, ella, una sombra de lo que fue.

De peces, en cambio, es la ilusión, el propio deseo de amar y ser amado: «vengo amándote, amor, siglo tras siglo«. Su tono se vuelve dulce y romántico. Aspira aun amor que sea refugio y vuelo. Y parece que lo descubre. Los poemas, más sensuales, transmiten la alegría de vivir, la resurrección primaveral, igual que el mito de Perséfone, pero ese pálpito azul parece imposible y tendrá que asumir su final, que se quedará solo en recuerdo, cada vez más lejano. Hades vuelve a ganar la partida, pues los intentos de vivir esa aspiración se malogran, y aunque prefiera interrumpir la relación en ese punto álgido pensando que el tiempo desdibujará su memoria, no por ello pasa de largo el dolor o deja de visitar los surcos de la tristeza, el querer morirse de silencio, así sus versos: «En la copa vacía / queda solo la hiel, / lo que deja el amor cuando se ha ido».

En este estado de melancolía y desánimo, perseguida por los días grises, es cortejada por los gatos, símbolo de amores fugaces y banales, de frialdad y desapego. La noche frugal será un leve consuelo en el que desea quedarse por un tiempo, hasta que finalmente se cobija en la poesía, un regazo más tierno: «Son los únicos versos /- como gatos salvajes-/ que pueden remediarme/ de este fulgor de espinas». Llega a la convicción y propósito de encontrar la belleza y ser feliz: «…dejaré a mi sangre / abrevar en las flores«.

En su última parte, Me remito a las sombras, quiere dar por zanjado su pasado, cerrarlo con un candado y tirar la llave al mar, que todo se lo lleva, poder desenredarse, volver a encontrarse a sí misma y así reconocerse, «me hice toda de nuevo / con cristal de los días». Como parece que dijo Friedrich Nietzsche: “Lo que no te mata te hace más fuerte”.

Cansada de las falsas promesas, de mitos y sueños, prefiere la soledad, aunque suponga batallar con sus lobos y con el dolor, con la certeza de que la vida es rauda y pasamos por ella ciegos, y no es fácil enfrentarse al pasado ni aceptar que no es posible volver a la vida las vivencias, ni nuestro «mar de raíces, / arboleda de muertos»; a pesar de su llanto por lo perdido.

Tras este peregrinaje por la desventura, la ilusión, el desengaño, las estrellas y la muerte, inesperadamente, de nuevo, Perséfones vuelve a la tierra:

Es extraño, lo sé,
cuando justo ayer mismo
miraba al horizonte
y se lo habían llevado.
Quizás es que por fin
estoy volviendo a casa.

No es fácil, no crean, saber y sentir que uno mismo puede ser su propia Ítaca.

Un poemario que nos anima a seguir adelante, nos ofrece el conocimiento de quien ha reflexionado sobre sus vivencias, el saber vivir y disfrutar de la vida en soledad, si es el caso. Se remite a las sombras, a todo su pasado vivido, pero para proseguir tranquila su camino porque todavía hay horizonte.»

Y como es costumbre os dejo también algunos poemas:

Vengo amándote, amor, siglo tras siglo.

A través de mil vidas te procuro.

Siempre me miras y desapareces

y yo siempre me muero por tus ojos.

Te he querido ya tantas , tantas veces,

y en cuerpos tan distintos y fugaces

y con empeño tanto te persigo

que nazco de tu ausencia vulnerada.

Converge ya conmigo una existencia

y no me hagas morir continuamente

y volver a buscarte en nuevas vidas»

Gentil espejo sea

el agua si te acercas por el río

como barco que surca

recónditos paisajes,

distancias infinitas de nostalgia.

En el mar de raíces,

arboleda de muertos,

recuerdos míos gritáis bajo las sombras

saladas y no puedo

volveros a la vida.

Aunque soy de mármol,

ya no tengo frío:

debe de ser que estoy ausente.

Era invierno hace nada.

De hecho, no comprendo

este brotar de rosas

no siendo primavera.

Es extraño, lo sé,

cuando justo ayer mismo

miraba el horizonte

y se lo habían llevado.

Quizás es que por fin

estoy volviendo a casa.

Encuentro con autor: María Álvarez- Rosario y su poemario «Sensografias»

En nuestro ciclo de encuentros con poetas la próxima invitada será María Álvarez-Rosario y su poemario «Sensografías». Será el jueves 12 de mayo a las 19.00 horas en Casa del Libro de Viapol, Avda. Diego Martínez Barrio nº 4, Sevilla.

María Álvarez Rosario ha publicado los poemarios Física elemental (Torremozas, 2016), Mapa de la memoria, con el que obtuvo el Premio de poesía “Juana Castro” en 2018, en el 2019 obtuvo el Premio Internacional de Poesía de Ronda con Una habitación propia y en el 2020 publicó Sensografías (Torremozas)Su poema «Testamento Inacabado» obtuvo el primer premio en el XXV concurso de poesía  “Luz” del Ayuntamiento de Tarifa (2018) y participa en la antología Rojo-dolor. Antología de mujeres poetas en torno al dolor, de Renacimiento.

Como acostumbra la editorial Torremozas este libro está cuidadosamente editado, embellecido por las hermosas ilustraciones de Rafa Hermosilla, a quien pertenece también el dibujo de la cubierta.

Los poemas parecen haikus, predominando los de tres versos; aunque nuestro amigo Gregorio Dávila de Tena negaría su condición de haiku -al menos de haiku clásico-, en el que debe indicarse la estación del año , tener un cómputo silábico de 17 sílabas ( 5-7-5), no usar metáforas, no debe aparecer el propio sujeto en sus versos, entre otros requisitos. Pero sí poseen la capacidad de síntesis y sugerencia.

El haiku, como lo define el profesor Fernando Rodríguez Izquierdo en su libro El haiku japonés, es imagen o impacto de un momento sentido con profundidad, imagen hondamente sentida en un momento de iluminación, resultado ser una visión intuitiva de la realidad. Por su sentido trascendente, dicha imagen se eleva a símbolo. El haiku nacería de la sensación, no del intelecto.

Como en su brevedad debe aparecer la estación del año, el libro se ha estructurado por estaciones: Otoño, Invierno, Primavera y Verano. Y como viene siendo propio de la escritura de María, su poesía nos revela delicadeza, sosiego, contemplación ,emoción, logra la belleza con el lenguaje común que todos usamos. A estas alturas resulta difícil escribir poemas cercanos a los haikus, pero la autora agudiza la mirada y evita lugares comunes, luminoso su mirar siempre. Por supuesto, la naturaleza está muy presente, podemos considerar el libro como un homenaje al paisaje natural y al planeta: humedales, marismas, campos, laguna, mar, valle, árboles, flores, amaneceres, pájaros; y vislumbra a veces lo interior, la casa o el patio. La calma, la quietud y el silencio son estados recurrentes, un silencio en el que saber escuchar: Habitar el silencio/ escuchar los paisajes/ transparentes.

En Otoño prevalece esa serenidad mansa que calma la sed, el Otro o amado adquiere suma importancia (su voz es agua, sus ojos son la luz, su corazón aporta calma), hay ausencia y silencio:

«Busca incansable

mi corazón zahorí

su voz de agua.»

«Para mis ansias

su corazón sereno

estanque en calma»

En Invierno el paisaje es una playa desierta, el mar , y gorriones. Frente al frío, la escarcha, ante el azote del tiempo, apuesta por la alegría, la luz, la blancura. Encontramos cierto sentido sagrado ( las huellas en la arena son oraciones, en el silencio escucha el alma). El mar parece evocar en ocasiones lo efímero y lo eterno, el olvido, lo incierto.

«En el silencio

de la llanura inmensa

un árbol solo.

Solo.»

«Defender la Alegría

como hoguera en la nieve.»

En Primavera la belleza de la ciudad que resucita con sus naranjos, jacarandas, arrozales, la vida en el patio. Colorido, aves, amor, vuelo, alegría, resurrección.

«Ante mis ojos

vuelan a ras del agua

las golondrinas.»

» Las once y cuarto

un temblor de gorriones

recorre el patio.»

«El color del verano es amarillo» , nos dice. El sol imperando en lo alto en días vacacionales, donde el descanso, el reposo y la siesta. Aquí la claridad, luz, las gaviotas, el campo, estampas cotidianas y felices, el sol abrasador, la dulzura del aire, sentir todo lo que te rodea.

«Luz del amanecer,

vuelo de gaviotas

sobre las olas blancas.»

«Nos aguarda

el sabor del verano

en las cerezas.»

«Sentir

en el pecho del pájaro

mis latidos.»

Una delicia este poemario que te hace sentir cada estación con una delicada y dulce serenidad y armonía, como una bendición de la vida. Seguro que lo disfrutaréis. Os esperamos el 12 de mayo , profundizaremos más y mejor en estos versos.

«La pared del caracol» el 20 de abril en Viapol

En este mes primaveral seré yo quien acuda al ciclo «El poeta y su voz» para hablar de poesía y de mi último poemario publicado, «La pared del caracol». Mi agradecimiento a la Casa del Libro y a Rafael García, quien moderará y dirigirá el encuentro, por su invitación y ofrecimiento. Llevamos colaborando juntos desde el año 2011, se dice pronto.

Con Rafael García Organvídez

Mi agradecimiento a Rafael por su brillante presentación, a mi amigo Gregorio Dávila de Tena por estas fotografías y a quienes se acercaron para acompañarme en la tarde de ayer, por toda su atención. Gracias.

Ciclo «El poeta y su voz»: Encuentro con Braulio Ortiz Poole el 15 de marzo a las 19h.

Tenemos la suerte de contar con la presencia de Braulio Ortiz Poole en nuestro ciclo » El poeta y su voz», martes 15 de marzo a las 19.00 horas, en Casa del Libro de Viapol, Avda. de Diego Martínez Barrio nº 4, Sevilla. Muy agradecida de que aceptara la invitación. El aforo es libre y también puede transmitirse por Meet.

Braulio Ortiz Poole es un periodista cultural y poeta nacido en Sevilla en 1974. Escribe para el Diario de Sevilla y los periódicos del Grupo Joly. Su debut literario, Francis Bacon se hace un río salvaje, ganó el Premio Andalucía Joven de Narrativa, y a esa publicación siguieron obras como la novela La fórmula Miralbes (Caballo de Troya, 2016), biografías bastardas ( Rd Editories, 2005) o los libros de poesía Defensa del pirómano (E.H. Ediciones, 2007), Hombre sin descendencia (Fundacion Jose Manuel Lara, 2011), Cuarentena (La Bella Varsovia, 2015) o Gente que busca su bandera (Maclein y Parker, 2020). También hacer constar la biografía Manuel Laffon, el hombre y el médico ( Diputación Provincial de Sevilla, 2010). Sus historias han sido seleccionadas para antologías como ‘Mutantes. Narrativa española de última generación’ y ‘Pequeñas resistencias 5. Antología del nuevo cuento español (2001-2010).

El prólogo es del también poeta Alejandro Simón Portal. En él hace un recorrido por la trayectoria poética del autor, destacando de este libro su cuestionamiento de lo (indebidamente) establecido, cómo da voz a los disidentes, su diálogo con historias ajenas y universales, su carácter celebratorio de la vida, a la vez que su conciencia política y compromiso ético. Define el poemario como un tratado de amor al género humano, entendiendo el amor como consuelo y resistencia.

En la página de la editorial Macklein y Parker se indica: «Bandera como símbolo de lucha, de pertenencia, de propósito. Bandera como símbolo de la necesidad de compartir una revolución que comienza en lo íntimo pero va más allá del individuo, más allá incluso del colectivo, que lo atraviesa todo con colores, en ocasiones, no visibles a los ojos, tal vez solo visibles a los corazones. En Gente que busca su bandera el periodista, escritor y, por encima de todo, poeta, Braulio Ortiz Poole rinde un cálido homenaje a todas esas personas que, en algún momento de su vida, convirtieron su causa en bandera. Un catálogo de hombres y mujeres que no quisieron acatar las consignas y abrieron su propio camino. Desde Leonard Matlovich, el primer militar de Estados Unidos que reconoció su homosexualidad, hasta el pintor Thomas Eakins, expulsado de la Academia de Bellas Artes de Pensilvania por mostrar en una clase un desnudo masculino a un grupo de alumnas; desde la actriz Frances Farmer, que pagó caro su intento de ser una mujer libre, al jugador de ajedrez Viktor Korchnói, disidente y desertor, la obra retrata a rebeldes e inadaptados que se salieron de la norma y que fueron duramente juzgados por su tiempo. Escribe sus historias, / di sus nombres, apunta el autor en unos versos. Aunque los señalen / también ellos / están haciendo patria. «

Braulio da un giro en su poesía, por lo general autobiográfica, para abrirse a lo plural y colectivo, como le ocurrió a Antonio Machado. Y logra con una sorprendente intensidad meterse en la piel de sus personajes reales para mostrarlos con ternura. Es la suya una voz que se desdobla -usa el recurso del desdoblamiento- y se dirige constante a un «tú», que es el otro, la víctima, el proscrito o divergente.

Cuando se refiere al verdugo, al cazador, quien señala al otro, al intolerante -por ejemplo en Canadá- lo hace en tono interrogativo, preguntándose cómo es posible tal actitud.

El propio autor en una entrevista manifiesta que prevaleció «el impulso de encontrar a los conciudadanos en los extranjeros, la verdad en los locos y la fe en la herejía. Los que no figuran en el discurso oficial, los disidentes, también contribuyen a levantar el país.» No me digan que no es para zambullirse de cabeza en sus páginas.

El libro muestra cómo todos los derechos y libertades -y justicia, pues es cuestión de justicia- han sido logrados gracias a la lucha y el sacrificio (incluso con la propia vida) de quienes abrieron el camino con coraje. Una larga batalla que todavía hoy continúa en muchos lugares, y en estos lugares, para nuestro pesar. Retrata el precio que paga el «Otro», a quien miran como diferente o extraño y marginan; el precio del rebelde por ir contra la norma.

Refleja como un espejo dos posturas: por un lado, la intolerancia y fanatismo, el Caín que el ser humano lleva dentro, los inquisidores que no admiten que se salga de la «norma», la rigidez sin corazón ni razón, o la simple banalidad del mal, que decía Hanna Arendt (una mujer también valiente por decir lo que realmente pensaba); por otro lado, el marginado, el valiente, quien no se ajusta al patrón común, el visionario que posee una mentalidad más avanzada a la de su tiempo. La pintura negra de Goya, duelo a garrotazos, simboliza esta dualidad, Caín y Abel, refiriéndose igualmente a la historia de nuestro país. A este respecto, para esta patria que somos todos, propone la actitud y el pensar de Clara Campoamor: «materia que edifique y no destruya. / Una casa para vivir en el futuro. / Una casa para la templanza,» nos dirá en su poema Una casa para la templanza. También alude a esta apertura el verso de Vicente Aleixandre: Para todos escribo, en el poema 1977. Vicente Aleixandre recibe una respuesta, en el que reflexiona sobre la condición de la poesía como un lugar de encuentro con el otro , entablando un diálogo con los versos que cita de nuestro premio Nobel.

Evoca en el libro un modo de sentir y de vivir, apuesta por la libertad y la pasión; un interrogarse sobre la identidad y la actitud que adoptar ante el mundo, aunque se sitúe más en el «temblor de dudas» que en la certeza y prefiera lo pequeño y sencillo a las grandes verdades.

En su epílogo, nos encontramos con un joven que alcanza la madurez y se percata de lo que tiene de común con los otros, «Y verá que las brasas/ del dolor y la dicha/ que surcaban su sangre/ han dejado en los otros/ la misma quemadura. / Verá que no está solo.» Y su canto se desdobla, lo dice expresamente, ese desdoblamiento de la voz poética para hablar de los otros, de uno. No podemos olvidar que lo privado es también político, que lo personal depende de lo colectivo en gran medida.

Gente en busca de su bandera es un texto cuidado al milímetro, con esmero, en el que nada sobra, cuyos versos concisos -de ritmo endecasílabo- destellan furor, pasión, belleza, ética, sin querer que lo formal ofusque el significado, sin caer en los brillos del esteticismo -con elegante sobriedad-, bañándose en agua clara la voz del corazón y la conciencia, con las palabras exactas. Sus versos nos pueden parecer aforismos a veces; otras, fulguran sus imágenes. Doy por seguro que quienes se adentren en sus poemas se emocionarán, encontrarán sensibilidad y humanidad. Un buceo, tal vez, para intentar comprender la condición humana -así como la historia de nuestro país y del mundo- y no olvidar el camino escarpado que hemos recorrido hasta llegar aquí, no olvidar que todavía hay que llevar la bandera y continuar, saber ser libre, saber que toda revolución empieza en uno mismo, comprender que la identidad es una construcción cultural e histórica.

El poemario comienza con este poema que le da título y que su autor nos recita :

https://fb.watch/bwahsG22ia/

ESTA ANTIGUA MEMORIA DE LA NOCHE

Leonard Matlovich ( Savannah, 1943- California 1988)

-I-

Cuando eres joven

guardas entre los puños

un agua escurridiza.

Una verdad apenas susurrada

arraiga entre tu pecho

como una madreselva sobre un muro.

Tus silencios aluden a un puñado de césped,

a lo tierno y lo esquivo.

Dentro de ti, la roca.

Dentro de ti, las ascuas:

la leche corrompida de un secreto.

Una corona de espinas en tu entraña,

aquello que aún no nombras

y por ello no existe.

Un amor, un amor

que en la intemperie sería combustible,

que al revelarse sería acantilado.

Vencejo antes que águila,

muchacho todavía,

cantas sin embargo a lo sombrío,

hasta que este miedo rompa su coraza,

la emoción o un relámpago derriben tanta cerca,

y el muchacho sea hombre

y ese amor se haga del consuelo.

-II-

Te atreviste a dar un paso al frente,

pero no estabas solo.

Hablabas tú,

pero olías a madera: rompías el silencio

soberbio y centenario de los álamos.

Tenías en tu pecho (¿lo sabías?)

un tesoro escondido:

el eco de los hombres que se amaron.

Los silenciados, quienes tuvieron miedo,

te entregaban su voz, te daban su coraje.

Venía de lejos, de muy lejos.

De hablar con los fantasmas.

De los bosques furtivos.

De la vida.

Este deseo, tan lleno de raíces,

¿ cómo si no era un jardín

más allá de las piedras?

No eras tú únicamente.

Traías

las espaldas cubiertas por la arena,

los brazos y las flores,

el espasmo, el recuerdo,

la plenitud, el hambre:

esta antigua memoria de la noche.

Como brota la savia en un árbol talado,

en ti se abría una fuente.

Hoy, los amantes,

en el golpe de fiebre de un abrazo,

oímos aún el agua y su murmullo.

Ya eres parte del eco.

UNA MUJER QUE MUESTRA SU VERDAD

Frances E. Farmer (Seattle, 1913 – Indianápolis, 1970)

Este corazón que llevas siempre a cuestas
y del que no entiendes
su amor tan combustible:
permítele que invoque a sus deidades,
permítele de nuevo el sacrilegio.

Aunque vendrá el rechazo si eres libre,
si en la vida y su fiesta de disfraces

no te pones la máscara.

Alguien te advertirá seguramente:
una mujer que muestra su verdad
ha de ser destruida.

Los hombres de bien señalan con espanto
tu belleza blasfema.
Pero no quieres ser de la mentira
y escupes tu metralla.
Si has de nacer de nuevo,
escoge esta piel sensible al mundo,
este incendio constante:
niega a Dios,
niega a Hollywood,
camina con el fuego.

Ya domarán los bastardos a la fiera,
pero antes,
como se limpia el barro
quien viene de la lluvia,
deja atrás la prudencia.

Sólo vive quien arde.

UNA CASA PARA LA TEMPLANZA

Una casa sin muros,

sin ladrillo que aísle de los otros,

concebida hacia afuera,

con voluntad de huerto o voz de salmo,

de siembra o de plegaria.

Una casa que no se cierre en ella.

Así, mujer, sería tu palabra:

una casa muy joven

donde todo germine todavía,

cereal o promesa

que no peleen las fieras.

Una casa para la mesura.

Una casa para tus hermanos.

De esta piedra que prefiere

los puentes a los diques,

así , mujer,

sería tu palabra,

materia que edifique y no destruya.

Una casa para vivir en el futuro.

Una casa para la templanza.

(No te escucharon, Clara:

tus paisanos

prefirieron la cueva y la batalla,

el verbo impregnado en queroseno)

Ahí quedó

tu casa solitaria,

tu palabra serena

para que alguien la habite.

No sólo se repueblan las ciudades:

también el pensamiento.

Presentación de «Un altar de palabras»

El miércoles 16 de febrero, a las 19 horas, presentamos el libro colectivo «Un altar de palabras», en Casa del Libro de Viapol.

En el principio era el logos, el verbo, dice el Evangelio según San Juan. Y la palabra estaba cerca de Dios, y Dios era la palabra. Por medio de ella todo fue creado. Y los escritores que lo siguen levantan este altar de palabras conscientes de la importancia del lenguaje para transmitir su legado.

Indica el editor en su nota introductoria que este libro fue fruto de una conversación en una cafetería sobre los males de la sociedad, su exceso de consumismo y déficit de espiritualidad, entre ellos, y tuvieron el deseo de transmitir la luz que ellos sienten en el Evangelio.

Yo tengo que confesar que soy agnóstica y, no obstante, me ha gustado este libro colectivo, pues recoge un elenco de buenos poetas y poemas, así como aforismos y oraciones.  Este altar lo levantan: Antonio Praena, Carmelo Guillén Acosta, Ander Mayora, José Julio Cabanillas, Enrique García-Máiquez, Enrique Baltanás, Gabriel Insausti, Jesús Cotta, José Antonio Fernández Sánchez, Víctor Jiménez, José María Jurado,  Lutgardo García, Daniel Cotta, Félix Trull, Dora Rivas y José Mateos. Todos los poemas, en su variedad formal procedente de diferentes voces, tienen como hilo conductor la figura de Cristo, en un lenguaje de la tribu cuidado.

Se inicia con los poemas de Antonio Praena. Reconozco que me gusta este autor, desde que conocí su verso Dios es negra, de su poema Graffiti. Quienes lo conocen saben de su estilo sobrio, directo, lenguaje coloquial, la intensidad que logra en sus poemas de verso sentencioso, en el que brilla un discurso inteligente y reflexivo y una mirada crítica, como la denuncia del egoísmo o individualismo, el imperio del vacío o el sentido de la vida que ofrece la fe –tener sentido o no tenerlo,/… Morir de haber vivido o morir escasamente-, el significado de amor y perdón que tiene Cristo –Mi infancia son tus ojos,/los ojos que miré desconociendo/ lo que duele crecer,/ lo que el futuro dolería y qué difícil/ mirar con compasión cuanto agonece-. Cuestiona el poder del lenguaje, pero quien se calla sería cómplice: Quien ni siquiera se conmueve/ de la impotencia suya y dice/ lo que ve, lo que escucha,/ para que, al menos, el olvido/ no se trague el lamento,/ jamás verá la luz ni se verá a sí mismo . Subraya la devoción y amor a Cristo, el enorme amor que supuso su pasión y crucifixión, una deferencia que también se halla en los restantes autores.

Subyace, como no podía ser de otro modo, un acusado sentido de trascendencia en los poemas. No se concibe la vida sin la existencia de Dios, guía en el camino, cuyas enseñanzas siguen, y refugio en sus vidas, es lo que viene a decir Adónde vas a ir de Carmelo Guillén Acosta , el poema de los hermanos Jesús y Daniel Cotta o los hermosos sonetos de Víctor Jiménez. En la ausencia de Dios se pierde el sentido de la vida, se hallarían desnudos ante la Nada, rodeados de Incertidumbre,  en medio de la oscuridad,  vivirían en el miedo –como dice Enrique Baltanás en su poema Pues todo río es siempre el mismo río-. Este poema, de estilo reflexivo y versos aforísticos, hace referencia al momento en el que Cristo anda sobre el mar (Mateo 14: 22-33), en él apela a los filósofos griegos y a la mitología y cita al náufrago metódico de Luis Rosales, para incidir en ¡Hombre de poca fe!, ¿por qué dudaste?

Se resalta el contraste entre vivir dentro o fuera de la fe, el mundo resulta más lúgubre sin su existencia, así José Julio Cabanillas confronta la crueldad humana con la compasión y el gesto de Verónica en su poema.

Félix Trull incide en sus aforismos en cómo la fe puede hacernos mejores personas –En la fe pierdes la corteza, ya eres todo migas-, ilumina el camino de las prioridades y reubica los valores, te muestra la Verdad, el Camino, te enseña a valorar la vida. La fe es una gracia que se vierte como agua/ solo sobre quien antes se ha vaciado como cuenco.

De José Mateos encontramos Las siete palabras de Cristo en la Cruz, siete comentarios para ser recitados durante la interpretación de Las siete últimas palabras de Nuestro Salvador en la cruz, de Franz Joseph Haydn, una reflexión de lo que significan las últimas palabras de Cristo, a la vez que recrea sus últimos momentos; cada comentario hace referencia a una frase. Las ideas que subyacen, según mi lectura, son las siguientes:

Primera palabra: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Si el hombre hace el mal es por ignorancia.

Segunda palabra: Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso, le dice a uno de los ladrones crucificado con él, prueba de la unión que surge en el dolor y la agonía y cómo cualquier pecador arrepentido puede entrar en el Reino de los Cielos.

Tercera palabra: Mujer ahí tienes a tu hijo. Y al amigo: ahí tienes a tu madre.  Debemos cuidarnos los unos a los otros. Y añade el autor: La fragilidad es el único hilo invisible que nos hermana a todos.

Cuarta palabra: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? El sentimiento de abandono, la existencia nos parece entonces como un pellejo  hinchado de aire solamente, sin nada dentro.

Quinta palabra: Tengo sed.  Una poética y lúcida meditación sobre la sed del hombre, quienes abrazan la fe la sentirán colmada.

Sexta palabra: Todo está cumplido. Tal vez todos tengamos un destino que cumplir y la vida no sea más que obediencia.

Séptima palabra: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Después de recordar toda la belleza perdida, se entrega a un Misterio de amor, origen del mundo, contra el que no puede la Nada. Y su ejemplo seguirá creando belleza.

Aquí os dejo el enlace de la reseña completa, mi agradecimiento a la revista Rótula: https://www.revistarotula.es/2022/02/en-el-lenguaje-del-amor.html

AGNUS DEI

Cordero de Dios,

cordero agonizante que recibes

la violencia del mundo

igual que un pararrayos en la noche.

Sobre tu cuerpo se descarga una ira

tan antigua y tan nueva.

El último temblor de la tormenta que somos;

un eclipse de bien que nos convierte en eclipse.

Cordero derribado a puntapiés

de cada bota en cada campo de batalla.

Cordero que recibes el mordisco

de un libro que está dentro de nosotros

y , siendo el lobo nuestro,

es siempre el mismo lobo.

Cordero que te dejas humillar

entre la lavadora y la cocina.

Cordero que haces cola

en la agencia de empleo,

que arrastra el carrito en el mercado,

silencio ante la burla de los dientes,

blanco al tacto, amoratada en puños.

Y una llamada a emergencias.

Cordero que desciende a los infiernos

donde los ojos aúllan

donde los besos golpean,

donde la carcajada dicta llanto:

tú que habrás de volver

porque ya estás presente,

ten piedad de este lobo.

Antonio Praena


(Mateo 14:22-33)

Pues todo río es siempre el mismo río,

aunque cambie el color o el volumen de sus aguas,

y fluye hacia la mar que es el morir,

Heráclito y Parménides llevaban

ambos y por igual razón bastante.

Entre Escila y Caribdis vive el hombre,

que alguien llamó, llamándose a sí mismo, el náufrago metódico.

Pero en la mar, en el lago o en el río

hay una mano que se tiende al náufrago,

una voz que le grita ¿por qué dudas?

Y es la duda y el miedo,

apenas siente la terrible fuerza

de los vientos que azotan en su cuerpo,

lo que termina por hundir al náufrago

en las oscuras aguas de la muerte.

Y cuentan que a ese náufrago metódico

la misma mano lo agarró y le dijo:

hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?

Y al subir a la barca cesó el viento.

Enrique Baltanás

Foto de José Luis Trullo
Foto de Jesús Beades, presentando con José Luis Trullo
en la segunda fila de izquierda a derecha Víctor Jiménez, José María Jurado, Carmelo Guillén Acosta. Y en la primera fila Jesús Cotta, Jesús Beades y José Luis Trullo

Encuentro con Efi Cubero y su poemario «Solo inclasificable»

Con Efi Cubero y José Ángel Garrido Cárdeno

En nuestro ciclo de encuentros «El poeta y su voz» tendremos la suerte de contar con la presencia de la poeta Efi Cuberos con la que charlaremos de poesía y , en especial, de su último poemario, «Solo inclasificable». Martes 15 de febrero a las 19 horas en Casa del Libro de Viapol.

En Solo inclasificable relaciona vida, música y poesía, pues qué arte más cercano a la música que la poesía.  El título de Solo inclasificable -y su estructura- nos hace pensar en esta fusión, al igual que la cita de Walter Pater, que abre la puerta al poemario: Todo arte aspira constantemente a llegar a la condición de la música. Un solo es una pieza musical sin acompañamiento de canto, un título que nos avisa de su tono elegíaco, de la pérdida, el duelo, la soledad, pero también de la actitud de descorrer las cortinas y atestiguar la vida para eludir la muerte, como nos dice en su poema Soledad. Un acto de resistencia la escritura, la poesía, la literatura, el estudio, la música, el Arte, la naturaleza y las vivencias que se perpetúan en nosotros, como el paisaje de nuestra infancia .Cómo si no podríamos continuar.

Este poemario se estructura con términos musicales: Solo, Acordes, Contrapunto, Allegro, Andante y Adagio, en los que se recoge 81 poemas, cuyo contenido se ajusta a la emoción de cada movimiento musical.

Faustino Lobato nos habla en su reseña del silencio y la contemplación, resalta su vertiente metafísica, del libro como un único poema fragmentado que recorre un tránsito  ascético místico, así como de la  catarsis que puede ser la escritura.

Álex Chico indica el extrañamiento con el que mira la autora, el que todo escritor siente cuando ahonda en sí mismo y en el mundo y se enfrenta al misterio y al enigma.

Afirma Paco Huelva que es un excelente poemario, que le devolverá la esperanza de sentirse parte del Todo y a la vez Uno indivisible e inclasificable.

Ferran Gallego incide en la trágica vivencia de la pérdida y su dolor, expresarlo con palabras, convertirlo en experiencia literaria puede ayudar a soportarlo, y este poemario «es más que una respuesta literaria a una pérdida radical. Es la forma misma de vivir con ella y a pesar de ella…Efi Cubero está en la poesía, reside en ella. Para ella, el quehacer poético consiste en dotar de expresión concreta a una forma de existencia lírica… Solo inclasificable es un solo poema con varios movimientos. Todos ellos nos hablan del mundo roto por la ausencia».

Para Francisco Onieva la palabra de Efi Cubero no solo es evocación, sino que deviene celebración de la existencia y de lo vivido, con gratitud y asombro. Para ello, los poemas se centran en los pequeños instantes, en los que radica la esencialidad de la vida, y permiten intuir que existe otra realidad más allá de la que percibimos por los sentidos y que nos desborda.

Justo Sotelo destaca , entre otros rasgos, el carácter simbólico de su lenguaje, su regreso al «Paraíso perdido» a lo Milton a través del arte y el hecho creativo.

«Solo inclasificable es una obra de arte llamada a ser inmarcesible, que puede leerse con la mayor fruición», en palabras de Agustín María García López.

Para Miguel Veyrat la autora trata de hallar el tiempo interminable en un «solo» interpretado sobre el vacío, encuentra la música en el silencio con la que confrontar la nada y la brújula para orientarse hasta llegar a la calma frágil de la escritura propia.

Su poesía aúna belleza, sugerencia, contemplación, profundidad, emoción y reflexión en la intensidad de poemas breves con un lenguaje esencial, aunque mantiene igual maestría en la extensión mayor, así  «Aterrizaje», por ejemplo. Una búsqueda de la verdad la poesía.

Ella misma manifestará en una entrevista -realizada por José Moreno Losada en Letralia- que en la poesía “Busco los contrastes, hallar la tensión máxima entre la serenidad y el desasosiego nivelando ese plano de sombras de la palabra y el silencio. Indago interiormente y ahondo en la esencia de lo real a través de la exigencia del lenguaje”. Y estos contrastes encontramos en el poemario, entre la luz y la sombra o el engaño y la verdad, lo aparente y lo real, lo visible y lo invisible, la fuerza y la fragilidad, lo efímero y lo eterno. El tiempo- nuestro discurrir por él- puede ser uno e indivisible, donde el pasado revive en el presente y en este se proyecta el futuro, y la experiencia vital, inclasificable.

Nos traza la autora un camino por la pérdida, la muerte del amado, su dolor,  la eternidad de ese amor en la memoria. El recuerdo de la felicidad compartida aviva las cenizas y le impulsa a continuar. Realiza igualmente un viaje interior, hecho de resistencia, hacia la esencia de la vida y la luz, lo invisible que nos alienta, la espiritualidad, la calma del silencio, la contemplación del mundo, la búsqueda de comprensión y de la verdad en la compleja y extraña existencia, la belleza, la catarsis del arte y de la escritura. El tiempo es uno solo hacia el infinito, cubierto de luces y sombras, misterio y una luz para quien ha aprendido a vislumbrar en este viaje. Nos adentraremos en sus partes y versos el próximo martes 15 de febrero. Os esperamos.

Mi reseña completa está en https://culturamas.es/2022/03/04/solo-inclasificable-de-efi-cubero/

mi agradecimiento a la revista Culturamas y a su editor, profesor, poeta y crítico literario Jesús Cárdenas Sánchez.

NADA

Sabías cuándo me desnudaba por entero,

porque ya no era yo sino esa nota

que golpeaba sobre los silencios

para encontrar su escala en la armonía

frente al fortíssimo de la inmensa nada.

ARCILLA

Al esbozar los nombres

sentir sobre las manos

de arcilla la mirada

el hálito del mundo

la proyección de todo.

COMETA

Me gusta este combate a solas contra el viento,

solo por ver volar el sueño de la infancia.

AROMA

Son las primeras luces en el árbol,

instintivo equilibrio del almendro.

Su fugitivo aroma incendia la mañana

convencido de su inmortalidad.

ESTIAJE

Aquí la tierra sabe de destinos.

Y cuando sobreviene el estiaje,

cauces abiertos como las heridas

siguen sintiendo el curso de las aguas

junto a las voces de los que se fueron.

LIMÓN

Sostiene el limonero su carne

de acidez dorada y verde.

Sientes sobre la piel el hormigueo

del sol que lo ilumina.

Así miras el mundo tan agrio y perfumado.

Bello y extraño como la existencia.

LÍNEA

Sola entre multitudes

busco la conjunción.

Trazo mi propia línea

hasta que todo sea

profundidad.

SOLEDAD

Hallar el corazón

del acontecimiento,

descorrer las cortinas,

reivindicar el hecho

de que sigues aquí.

Para eludir la muerte

atestiguar la vida.

Efi Cubero es poeta, historiadora, ensayista, narradora, crítica de arte.  Residió desde niña en Barcelona, allí realizó estudios de Historia del Arte, Lengua y Literatura. Autora de los libros, entre otros, «Fragmentos de exilio» (1992), «Altano» (1995), «Borrando márgenes» (2004), «La mirada en el limo» (2005), «Estados sucesivos» (México, 2008), «Ultramar» (2009), «Condición del extraño» (La Isla de Siltolá, 2013), «Punto de apoyo» (2014). Autora del libro de ensayos «Esencia» (La Isla de Siltolá, 2019) y del libro de artista «Mesa para tres» (2021) junto al pintor Paco Mora Peral. Ha colaborado en varios libros de ensayos, Numerosos poemas, ensayos, narraciones y entrevistas a personajes del mundo del arte, el pensamiento, la ciencia y la literatura le han sido publicados en diferentes antologías y en revistas académicas de pensamiento o literarias de España y América. En este enlace podéis ver algunos artículos publicados en revistas: Efi Cubero – Dialnet (unirioja.es) Ha entrevistado a personalidades como Joan Brossa, J. A. Goytisolo, Javier Cercas, Rafael Moneo, Lara Bosch, Andrés Sánchez Pascual, José María Valverde, Arnau Puig o Dulce Chacón, entre tantos.