Encuentro con José Antonio Ramírez Lozano y su poemario “Peccata Mundi”

El año pasado en el ciclo “El poeta y su voz”, que tiene lugar en la Casa del Libro – C/Velázquez n.8 de Sevilla-, teníamos el encuentro con el escritor José Antonio Ramírez Lozano cuando se decretó el Estado de Alarma. Este mes es un buen momento para retomarlo, nunca es tarde si la dicha es buena, así que el martes 25 de mayo a las 19.00 horas estaremos hablando con José Antonio Ramírez de literatura, poesía, proyectos, y en concreto, de su poemario “Peccata Mundi”, con el que obtuvo el XXXIV Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás y publicado por Pre-Textos en febrero de 2021. Todo un lujo.

El título del libro hace referencia al texto de la oración Agnus Dei, “cordero de dios que quitas el pecado del mundo”, y su estructura a los dos tipos de pecados: veniales y morales.

Me parecen muy acertadas las palabras que Simón Viola indica en su blog : “Situados en la aldea de Torales, los poemas, con un claro sesgo narrativo, relatan episodios y casos prodigiosos, más allá de cualquier verosimilitud o realismo, con un enfoque esperpéntico, en la estela de Quevedo o Valle Inclán pero sin su acritud, y una gozosa imaginación (las citas recogidas en el libro pertenecen al más crítico Machado de Campos de Castilla, a Valle Inclán y a Cunqueiro) en la que no falta un humor lúdico.” (http://simonviola.blogspot.com/2021/03/peccata-mundi.html)

Santos Domínguez reseña este libro en la revista de Literatura, Encuentro con las Letras: “… Evocadas con una mirada compasiva que suaviza su indisimulada raíz esperpéntica, estas alegorías de lo humano son el resultado de una sabia mezcla de imaginación fabuladora y potencia verbal, de creatividad lírica y voluntad narrativa, de composición plástica y reflexión existencial.” ( encuentrosconlasletras2.wordpress.com/2021/05/06/ramirez-lozano-peccata-mundi/)

Posee José Antonio Ramírez una voz propia y genuina en la poesía española contemporánea, un estilo narrativo con toques de lo que podríamos llamar realismo mágico, lo maravilloso suele estar presente en sus poemas, creando historias míticas o fabulosas en las que es difícil separar la realidad de la ficción, con un lenguaje coloquial y culto a su vez.

En su primer capítulo, Veniales, la voz amable de un niño narra las anécdotas del pueblo, historias graciosas e imaginativas que provocan asombro en el lector, retratando pintorescos personajes. Refleja, en definitiva, con una mirada crítica y tierna, el mundo rural de su niñez, una época con su mentalidad y costumbres, resaltando el papel de la Iglesia, su influencia en la mentalidad de la población, la severa educación que veía pecado en todo .

En su segunda parte, Morales, nos muestra otra perspectiva de la Semana Santa, tan arraigada en nuestro país, con un tono más mordaz y ácido, carga las tintas contra las procesiones, reflejando lo grotesco : la imagen de Cristo la considera un “trampantojo de su divinidad”. Sus versos “Dios se da en el castigo, ellos lo saben/ más que en el dulce goce de sus dones”, nos habla del Dios del pecado y el castigo, de vivir la vida como valle de lágrimas y no en la dicha. Reprende igualmente que se dé dinero para salvar el alma, para saldar la culpa y todo en medio de la orfandad humana ante las adversidades y miserias de la vida.

Las citas del libro resultan muy reveladoras, su primer capítulo se inicia con la siguiente cita de Álvaro Cunqueiro: “verdad o mentira, aquellos años de la vida o de la imaginación fueron llenando con sus hilos el huso de mi espíritu, y ahora puedo tejer el paño de estas historias, ovillo a ovillo”; su segunda parte se abre con una cita de Valle- Inclán y estos versos de Antonio Machado: “esa España inferior que ora y bosteza,/ vieja y tahúr, zaragatera y triste”.

Para que podáis empezar a degustar su lectura os dejo algunos poemas:

ESE RÍO

Por Torales, mi pueblo,
pasa un río sin nombre que crece con nombrarlo.
Un río de sonidos, un caudal de rumores
que está hecho de voces lavanderas
y lejanos balidos y remotos aullidos
y del grito terrible de los niños ahogados.

Basta contar un cuento para que crezca el río.

A veces, es tan alta la crecida
que en las ermitas hubo que dejar de rezar
y estuvieron prohibidos los pregones,
las canciones de amor y hasta las nanas.

El río de mi pueblo no tuvo nunca nombre.
En cuanto se lo ponen,
él lo arrastra al olvido, ese otro mar.

EL ÁRBOL DE LA MEMORIA

Nadie supo el origen de aquel árbol.
Sólo que su simiente debió de ser un ojo,
porque sus frutos eran eso, ojos,
cientos de ojos verdes y morados
que no paraban de mirar
y de parpadear entre sus hojas.

Mi abuelo aseguraba que aquel árbol
era un árbol antiguo que había visto
pasar el siglo y todo lo que vio
lo guardaba en la clara savia de su memoria.
Por julio, cuando recordaba
las terribles matanzas de la guerra,
una lluvia de lágrimas caía de sus ramas.
Por eso supe que
lo que decía mi abuelo era verdad.

Por eso y porque el día que mordí
una de aquellas hojas rojas como labios
recordé de repente el día que mis padres
se besaron los dos bajo sus ramas.

Y eso que yo no había nacido aún.

CUERDA DE HOSPICIANOS

Los hospicianos cantan

de la mano con esa voz tan agria

de forzados. Narciso

Tovar, convaleciente

de una hernia, pelón

del alma, hijo bastardo

de un coronel de Borba, va

cogido de la mano de Dieguito

López , el Mocito, turbio

de sesera , que anduvo

huérfano entre cochinas

y ahora, míralo ahí, mastica

chicle amargo si reza y da

la mano a Juanillón Ruiz,

el hijo de la Sora

que murió en el incendio

aquel de las ermitas. Ahí lo traes,

con su chupa de escay,

con su huchita de vidrio

por quien le compadezca. Y tira

de la mano de Abel

Expósito al que hallaron

tiritando a la puerta del molino

la noche de Tosantos, vivo él

más que un cuco, ladino

como es , recadero

con las monjas, que trae

de la manga a Paulina

Sotero, la Perdida, la que dicen

que nació de una enorme

y negra calabaza. Mira

que araña con los ojos, frunce

la boca en una mueca

de desdén y se agarra

del brazo de Joaquina Martos,

la muchacha de don

Martín Casamayor, que sirve

por cuatro perras que las monjas

guardan luego en su huchita

para cuando el ajuar. Tras ella,

Pascualino, el enano,

el que sabe los toques

de difunto y de gloria y se columpia

del cordel del badajo, el mismo

del que su padre se colgara

la noche de difuntos. Todos

detrás del Cristo con su huchita

del cuello, para muestra

de la obra de Dios, para alabanza

de su misericordia.

JOSÉ ANTONIO RAMÍREZ LOZANO. Nació en Nogales (Badajoz) el 5 de Enero de l950. Cursó estudios de Bachillerato en Cáceres y Badajoz, y  de Filología en la Universidad de Sevilla, por la que se licenció en 1975. De 1977 a 2010 impartió clases de Lengua y Literatura Españolas en Sevilla, donde reside. 

Ha combinado la escritura de poesía con el relato y la novela. Así como la literatura infantil y juvenil. Ha publicado numerosas obras en poesía y narrativa y obtenido una gran variedad de premios literarios. Tiene en su haber más de 80 obras en total, premiadas las más de ellas con galardones significativos, como el Juan Ramón Jiménez, Unicaja, Ciudad de Irún, Claudio Rodríguez, Ciudad de Badajoz, José Hierro, Blas de Otero, Ricardo Molina, Ciudad de Mérida, González de Lama, Ciudad de Burgos, Manuel Alcántara de poesía; y Ateneo de Valladolid, Azorín, Cáceres, Ciudad de Valencia, Felipe Trigo, Rio Manzanares, Fray Luis de León, Casino de Mieres, Alarcos Llorach, Ciudad de Salamanca y Juan March de novela, entre otros. En el 86 fue candidato al Premio Nacional con su novela Gárgola editada por Cátedra. Ha publicado también literatura juvenil con Edelvives, Alfaguara, Algaida, Kalandraka, Anaya, S.M. e Hiperión. Obtuvo, además, los premios Jaén,“Leer es vivir” de Everest, Lazarillo y el del Banco Mundial del Libro de Venezuela. Ha sido Premio de la Crítica Andaluza recientemente por su novela Las manzanas de Erasmo, ed. Algaida. Sevilla 2010. para conocer más su blog: http://josearamirezlozano.blogspot.com/

Encuentro con José Julio Cabanillas. Vigilia (Antología poética)

portada vigilia

 

Mañana miércoles, 11 de diciembre a las 19.00h, tendremos el encuentro con José Julio Cabanillas en la Casa del Libro, sita en C/ Velázquez nº 8. Estáis invitados como siempre. La librería nos invitará a una copa de manzanilla por gentileza del Grupo de Bodegas de José Estévez y , como es habitual, Isabel Martín Salinas terminará el acto cantando uno de los poemas del autor invitado.

En esta ocasión el libro elegido ha sido su antología poética Vigilia, prologado por Juan Carlos Abril, una suerte poder leer a ambos.

Nuestro autor publicó por primera vez con 32 años, Las canciones de alba, libro que presentaba ya una madurez y estilo propio, y que tuvo muy buena acogida. En esta antología se incluye, además del ya mencionado, los siguientes poemarios: Palabras de demora, En lugar del mundo, Los que devuelve el mar, Cuatro estaciones, Después de la noticia y termina con algunos poemas de un libro inédito.

En palabras del profesor Enrique Nogueras: Con palabras de demora, José Julio Cabanillas alcanza una plenitud creativa, una hondura lírica y un rigor intelectual que ya no le abandonarán y que estarán presentes en el resto de su obra, una obra caracterizada además por la sobriedad y la honradez de estilo y maneras.

Juan Carlos destaca en el prólogo su intensidad lírica , su precisión expresiva, su reflexión y evocación constante al pasado desde el presente, cantando siempre lo que se pierde (nada sabemos que no esté perdido), la influencia de Antonio Machado, su veta espiritual, el uso del monólogo dramático para ponerse en la piel de Teresa Martín, de María Magdalena o para personificar un viejo puente.

Sensibilidad, delicadeza, estética, emoción, hondura, nostalgia , simbolismo,  referencias bíblicas ( mayormente en Los que devuelve el mar en el que recrea escenas evangélicas),  con la mirada siempre puesta en la infancia,  su paraíso perdido, el retrato de la familia, de la casa y del pueblo de aquel entonces: su padre, su abuela, su madre o sus hermanas. En su poemario En lugar del mundo, ese lugar del mundo al que siente que pertenece lo llama Benzelá , de tierra reseca y sol, de olivares, de casas blancas y fríos zaguanes.

Es usual que en sus poemas realice un desdoblamiento en el personaje y saltos en el tiempo: el niño que describe es el adulto que escribe, su padre puede convertirse en él mismo: así en el poema Don Diego López, 6.

Para José Julio la poesía obra el portento de recoger aquel reducto íntimo que cada uno es. Su poesía es un modo de eternizar todo lo que el tiempo, y la muerte, le han arrebatado.

 

LEYENDA DE UNA MIRADA

-I-

De todo cuanto existe y de su gloria

en feudos del olvido;

aquel jardín alegre,

la canción entreoída y la alborada,

las rosas bienvenidas, los relojes blasfemos.

el trajinar en pasos de la muerte.

Cuanto existe y su gloria:

el rumor de las fuentes, el murmullo

del aire, los amores del bosque.

Todo lo había perdido.

Y el rescate estaba en tu mirada.

 

-II-

 

El tesoro cumplido se oculta en tu mirada.

Me quedan restos, tules, monedas,

los frutos fugitivos de la higuera,

las acacias que abriste con tu pecho.

Tengo algún nombre tuyo que aprendí con la noche:

lucero de soledad en tu mirada hermosa,

perfume de mis noches,

canción de mis días antiguos,

ola que siempre llegas,

llegas, y me estremeces.

 

DON DIEGO LÓPEZ,6

 

La calle honda de los cinco años.

A lo lejos, apenas una mancha,

llegan atareadas, parsimoniosas recuas.

El sol, las casas blancas,

fresco zaguán, luz tierna.

A mi lado, conmigo, uno a quien no conozco

atónito me dice: Qué hermosura de sol.

( Y sus palabras llegan de muy lejos:

de un vendaval, de soles, de otros soles,

del que yo habré de ser, de mí, del que ahora soy.)

Qué ancha la calle… Niño, dime

adónde fueron a parar los años.

 

TIERRA DE NADIE

 

Cuando oigas cruzar los ánsares

camino del verano.

Si una estrella fugaz rasga el poniente.

Cuando tu luz se apaga y quien amas se aleja

y la noche tirita.

Si al volver una esquina esperas otra tierra

de bosques increíbles…

 

Es la tierra de nadie, quédate.

Habrás sido la vara de fresno de un conjuro,

un anillo de oro caído de tus cuentos.

Aquel niño de aire que a tus ojos se asoma todavía.

 

CON EL VIENTO

Quién podrá con el viento y este sol.

Quién le dirá a las hojas en su rama:

nunca más sonaréis.

No hay más viento en la tierra.

O quién de un manotazo

derribará este sol del horizonte.

Oigo una algarabía de vencejos

que casi a ras de suelo, amaneciendo,

discuten entre sí, me cuentan su versión de los hechos

para que tome nota hoy del atestado:

“Mire usted aquella nube toda sangre.

Es que el sol va a nacer. De nuestra parte dígale

que derrame una gota en nuestras alas

allá en esa región, en un hito de luz

que usted llamará olvido y es vida y nunca acaba”.

José Julio Cabanillas

 

JOSÉ JULIO CABANILLAS (Granada, 1958) ha publicado los siguientes poemarios: Las canciones del alba (Renacimiento, 1990), Palabras de demora (Renacimiento, 1994; 2ª edición corregida y aumentada, 2009), En lugar del mundo (1998), Los que devuelve el mar (2005), Cuatro estaciones (2008) y Después de la noticia (2011) y Poemas descalzos (2016). También ha publicado una novela, Benzelá (1998), y un libro de poemas en prosa, La luna y el sol (2006). Ha traducido a Gerard Manley Hopkins en su libro Poemas (Renacimiento, 2003). Y ha coordinado la traducción de G. K. Chesterton, en Lepanto y otros poemas (Renacimiento, 2003).Co-director de la revista literaria Albatros.

 

“Variaciones y reincidencias”. Encuentro con Javier Salvago

variaciones-y-reincidencias

El próximo jueves 21 de noviembre a las 19.00 horas en la Casa del Libro -C/Velázquez nº8 de Sevilla- tendremos la suerte de contar con la presencia del poeta sevillano (de Paradas), Javier Salvago y su libro recopilatorio Variaciones y reincidencias, de reciente publicación por la editorial Renacimiento.

Variaciones y reincidencias recoge casi toda la poesía escrita por Javier Salvago, una obra lograda a lo largo de cuarenta años. Su título hace referencia al propio acto de la escritura, a “las vueltas sobre lo mismo, /las eternas variaciones…buscando el tiempo perdido”, como dice en Poema de una noche. Qué mejor que el género lírico, canto elegíaco a la pérdida, al tiempo y la vida que se nos escapa, tempus fugit, en un intento de aprehender el efímero instante.

La cita de Juan Ramón Jiménez al inicio del libro, “No se trata de decir cosas chocantes, sino de decir la verdad sencillamente, la mayor verdad y del modo más claro posible y más directo”, le traza un camino a Salvago, del cual no se ha apartado en todos estos años. Un autor de verso claro y nítidas ideas sobre la poética o estilo que prefiere, de sobrio lirismo, con un lenguaje coloquial que evita la retórica y los adornos superfluos, para quedarse con lo sustancial y significativo, con el que saca sus trapos a la calle e intenta dejar testimonio de su tiempo, tal como consta en Variaciones sobre un tema de Manuel Machado, o bien en Epígrafe, “No hago juegos de magia. / No deslumbro, / Hablo sin vanidad de mis asuntos”. Un estilo directo y reflexivo que logra la emoción en el poema y la cercanía con el lector, a quien le hace pensar y plantearse sus cuestiones.

También en el poema Epígrafe reluce una idea, que parece volver o permanecer en su escritura, Yo no sé nada que tú ya no sepas; pero no es cierto, pues aunque nos identifiquemos con muchos de sus poemas, él ofrece una inteligente y particular mirada que vuelve del revés lugares que, por comunes, fijamos como ciertos, hasta que él nos hace ver una nueva perspectiva.

Para el autor, la poesía es música, canto y cuento. Sus poemas se ajustan a la métrica y pueden usar la rima asonante o consonante -más la asonante-. Nos podemos encontrar haikus, tankas, sextina, silva, romance, soleares, epigramas… sin perder su poesía un ápice de modernidad, lograda tal vez, gracias al lenguaje y a lo contemporáneo de lo relatado (de su fondo).

Igualmente, sin parecer clásico, sutilmente inserta la tradición literaria en sus versos, con la que entabla un diálogo: Juan Ramón Jiménez Jorge Guillén, Manuel y Antonio Machado, Federico García Lorca, Garcilaso de la Vega, Bécquer, Gil de Biedma y otros autores, de dentro y fuera del país.

Siente una profunda vocación por la poesía, lo podemos comprobar en muchos poemas, aunque a veces se lamente del esfuerzo que exige: Y, sin embargo, sabes/ que si en el fondo tiene/ algún valor tu vida, / en parte, se lo debes. Llega a cansarse de ser un topo que escarba siempre dentro. En todo caso, la poesía ayuda a entendernos: Un hombre que ha vivido lo suyo, como todos, / y que lo ha ido contando para entenderse un poco.

Al contrario del poema Parábola de Antonio Machado, en La soledad del escritor de fondo, afirma que Escribir – como todo- no es nada, / pero importa. Y más tarde dirá en otro poema: el arte es largo.

Poesía intimista y existencial, en la que el ser humano es un sujeto dolido, desengañado, un soñador, un poeta que quiso vivir el malditismo y la bohemia, un Quijote al que los años le han otorgado la sensatez y el sentido común de Sancho. Desengaño arropado por una fina ironía, como muestra el título de su primer libro, La destrucción o el humor, publicado en 1980.

En este primer libro ya está su estilo conformado, una estética, que podemos decir, se asemeja a la Poesía de la Experiencia. Y ya en él están insertos algunos de sus temas: la elegía del paso del tiempo, la mirada al pasado -en esta ocasión, a la infancia-, el peso de la vida, el nihilismo de su poema Nada, la digna resistencia a la intemperie o la soledad.

Realismo e introspección al analizar sus vivencias con una rotunda sinceridad y escasa autocomplacencia. Cada vez, con los años, irá siendo más duro consigo mismo. Y nos hablará de la verdad, cuya búsqueda ni es fácil, ni cómoda y siempre deja un requemor. Como dice el poeta Luis García Montero, la poesía como un proceso de (y herramienta para la) reflexión sobre la experiencia propia.

Podemos afirmar que posee su veta social, pues trasluce un sujeto alienado por el trabajo e inserto en una sociedad mercantilista. Una persona que tampoco quiere hacer un pacto con el diablo, en este caso, el llamado mundillo literario.

En La perfecta edad (1982) se vislumbra un sentimiento de pérdida de la juventud para entrar en el portal de la madurez, ¿siempre para peor? Parece que no, llega a reconocer que la vida viene más fea y entrañable y le va apeteciendo, o se va conformando, con una mayor comodidad y previstas sorpresas.

En Variaciones y Reincidencias (1985), memoria y poesía, un viaje al pasado, por su niñez y juventud bohemia, para explicarse y explicar su presente.

Hace, al igual que Ángel González, juegos de palabras con refranes y frases hechas, así el título de un poema, Amar en cuerpo y calma.

En su poema Glosa, citando a Garcilaso de la Vega, añora la pasión, lamentando el vacío, idea que reitera en Ulises: La vida -este viaje sin retorno-/ lo es todo mientras dura…/ y luego nada.

Reconoce que cada edad es un mundo, cada etapa exige otra actitud y otro sentido. No podemos vivir siempre ni lo mismo ni de igual manera. Y llevaremos en la sombra todo aquello que uno pudo haber sido (Homenaje a Manuel Machado).

En Volverlo a intentar (1989) transmite la monotonía y el aburrimiento de los días. ¿Qué queda cuando ya no se espera nada? El mundo y sus pompas son un fraude/ y una trampa la vida. Crecen los desencantos, aunque intenta mantener el optimismo.

El deseo parece aportar sentido a todo, el paraíso y el infierno; pero uno se va acostumbrando a vivir A media luz y llega a reconocer que cada cual hace lo que puede en su vida. A pesar de todo, en Momentos alaba aquellos instantes en los que ha amado la vida.

Los mejores años (1991) se dota de mayor lirismo cuando se viste de nostalgia al volver a su pueblo, a su niñez y adolescencia; también son más agudos sus dardos: “Sueño poco. Deseo lo necesario. / No tengo nada y nada extraordinario/ espero en adelante… Miro la vida con reserva y distancia…”

Leo mi vida/- en una especie de diario/ que van siendo mis versos-/ y echo de menos tanta vida… (Al margen de sus versos).

En su libro Ulises (1996), más narrativo, describe con amor la casa de su infancia, el cuarto donde empezó a escribir sus primeros poemas, el porche de la iglesia en el que jugaban -sobrecogedor su poema El porche-, el pueblo, los ajustes de cuenta con su infancia para poder llegar a una paz anhelada.

Su poema Ulises, como Ulises de James Joyce, relata todo lo acontecido en un día rutinario y repetitivo, desde que se levanta hasta que llega el sueño, la muerte por entregas.

Tras un largo silencio, retoma la poesía con Nada importa nada (2011), título que recoge su idea sobre la existencia. ¿De qué valió esforzarse en ser tú mismo/ y en buscarle a las cosas su sentido?/ Sobrevivir un día más es todo (La poesía). Asume y acepta, rechaza volver a su juventud y soñar, deplora el sometimiento a los horarios y al mercado. En su poema A Aubrey de Grey, gerontólogo que investiga sobre el envejecimiento, rechaza, al igual que Borges, la idea de la inmortalidad, pues es la muerte lo que aporta sentido e intensidad a la vida.

En Una mala vida la tiene cualquiera (2014), título a modo de epitafio, afloran sus remordimientos, reconoce el matiz claroscuro del amor y la vida, piensa en su muerte, así este haiku:

Ya no hay frontera,

ni despertar. Ahora

ya todo es sueño.

Agudas reflexiones en sus Soleares y Coplas, que nos recuerda a Antonio Machado, de quien encontramos su profunda huella en toda la poesía de Javier, no solo en estos versos.

La libertad es saber

qué nos ata, qué nos mueve,

dónde vamos y por qué.

En sus Apuntes afila el pensamiento con sus versos aforísticos: ¡Bendita locura, / la cordura!

Por último, La vejez del poeta (Últimos poemas), nos recuerda al personaje de Valle Inclán en Luces de Bohemia, Max Estrella. ¿Acaso Javier Salvago no ha estado escribiendo durante su vida, con su poesía, su propia versión de aquella obra? Él mismo lo confirma: Me veo en tu espejo, amigo Max Estrella.

Tendremos muy en cuenta sus Consejos para ti mismo: No posar, no fingir/…Que no sea un adorno/ vano la poesía,…Conversar con el hombre/que dentro de ti habita/…no escribir tonterías.

Vuelve a preguntarse por el sentido de la vida, en la machadiana idea de que Nuestro sino es pasar.

Si para Sartre el infierno estaba en los otros, nuestro autor encuentra el infierno en sí mismo, en Llegar a viejo con memoria y con conciencia es el infierno (El infierno somos nosotros).

Toda su batalla con la poesía, su vocación dolorosa, este juego de hacer versos que no es un juego- como decía Biedma- nos lleva en Un final inesperado, a curarnos de fantasías, dramas, naderías, falacias y cuentos, / vaguedades y ensueños/de vana palabrería; nos hace ver nuestra pequeñez y fugacidad.

Decía Calderón que la vida es sueño y él remata en su poema Muerte, y la muerte, el despertar. Todo son sombras en la pared de una caverna (Dice la muerte).

Si toda su poesía es lúcida, sus últimos poemas recogen la sabiduría de los años, aunque predomine una visión pesimista.

Al terminar esta recopilación, parece que uno ha viajado en tren y le ha tocado de compañero de asiento un poeta que ha vivido y sentido mucho, un compañero de viaje que te cuenta sus vivencias, sus pensamientos sobre la poesía y la vida, quien te ha procurado un viaje muy agradable e instructivo. Has disfrutado, te has emocionado, has aprendido enormemente. Al cerrar el libro, te bajas del vagón y te despides, esperando un próximo encuentro.

REtrato Javier Salvago

 

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JAVIER SALVAGO  (Paradas, Sevilla, 1950), guionista de radio y televisión, columnista, escritor y, sobre todo, poeta. Ha publicado ocho libros de poemas que han merecido premios como el Luis Cernuda, el Rey Juan Carlos I y el Premio Nacional de la Crítica. Su poesía casi completa y su último libro inédito, La vejez del poeta,  se recogen en su último libro ,Variaciones y reincidencias (2019). Como prosista ha publicado Memorias de un antihéroe. Renacimiento, 2007; El purgatorio. Renacimiento, 2014; El miedo, la suerte y la muerte. Huerga & Fierro, 2015; Hablando solo por la calle (Aforismos). La Isla de Siltolá, 2016; No sueñes conmigo. La Isla de Siltolá, 2017; El extraño caso de Bienvenido. Relatos del Desertor del Presidio, 2017 y El corazón de oro y otros relatos. La Isla de Siltolá, 2019.

Presentación de la novela “Uf” de José de María Romero Barea

El pasado miércoles, 13 de noviembre, tuvimos la presentación en la Casa del Libro de la última novela de José de María Romero Barea, Uf, una novela de ciencia ficción que representa un mundo distópico y con la que ofrece una mirada mordaz sobre nuestra sociedad y existencia. Siempre interesante su mirada y reflexiones. Presentación de Uf, novela de José de María Romero BareaCartel presentación Uf

Encuentro con Jacobo Cortines y “Nombre entre nombres”

Portada Nombre entre nombres

El jueves 17 de octubre a las 19.00 horas en la Casa del Libro- C/Velázquez n.8, Sevilla,- tendremos la suerte de contar con la presencia de Jacobo Cortines. Todo un lujo. Nos hablará de poesía y de su poemario Nombre entre nombres, publicado por Renacimiento.

Nombre entre nombres es un libro intimista, confesional, reflexivo, elegíaco y celebratorio.

Dulce resulta pasear la mirada por la claridad del verso blanco, melodioso y rítmico- con predominio del ritmo endecasílabo y alejandrino, sin perder el verso la naturalidad a pesar de sujetarse a medida-; dulce dejarse mecer por las olas del mar del verano o contemplar y deleitarse con los campos del sur, espacios que otorgan paz y refugio, los lugares preferidos o amados referidos en el primer capítulo del libro, Escenarios, título que saca a colación su concepción de la vida como un teatro y los lugares que habitamos, sus escenarios.

La Naturaleza, atenazada por la codicia y el exceso de construcción, adquiere una relevante significación. Además de aportar serenidad, representa un paisaje sentimental y simbólico, actúa como correlato objetivo del sentir del poeta, igual que sucede en Antonio Machado o en los poetas simbolistas, y antes en algunos románticos: descripciones crepusculares, el adiós de la tarde entre cipreses, paisajes solitarios, campos secos o el jardín de la casa. Descripciones que transmiten el interior, donde lo de dentro y lo de fuera se funde.

En el segundo capítulo, Ausencias, nos introduce en un túnel y en un sueño de sombras, en la tragedia que nos habrá de venir, si no la hemos sufrido ya. Será una voz intimista, confesional, cercana, quien nos habla en tono contenido del duelo por la muerte de los seres queridos. La memoria y el presente apelan y se aferran a sus recuerdos, el pasado asalta constante su presente. En la casa encendida de su poema Buenas noches -nítida referencia a La casa encendida de Luis rosales- el sujeto, invadido por la añoranza y la nostalgia, se pierde entre brumas de ensueños y nostalgias y deseos, sin saber, tal vez, dónde realmente se encuentra: ¿dónde están?, ¿dónde estoy? Qué es realidad y qué es sueño, dónde el pasado y dónde el presente.

Los contrapuntos, su tercer capítulo, serán esos labios que le devuelven a la vida, la esperanza agazapada tenaz en el fondo, la vida que en su eterno retorno vuelve a reafirmarse y logra despertarlo, como un Ulises que regresa de un viaje doloroso: Una tierra le afirma, / y en la tierra se afirma, entre los otros/ Al fondo el mar con su empezar eterno. Su lectura nos alienta y nos avisa de la luz que alumbra al final del túnel, de la posibilidad de comenzar de nuevo; igual que Lázaro, también nosotros podremos resucitar.

En el último poema de este capítulo, Olas de ayer, reflexiona sobre el tema del tiempo: ¿ese ayer- se pregunta-, / no es este hoy; tal vez también mañana? Al igual que el poeta T.S Eliot, viene a concebir el tiempo como un continuum donde pasado, presente y futuro se funden en su conciencia del tiempo. Así, en su extenso poema Nombre entre nombres indicará que se siente en un presente/ que es a su vez infancia, vejez, todo, suma de eternidades.

Su cuarto capítulo lo constituye el extenso poema que da título al libro, Nombre entre nombres. Puede aludir a la frase bíblica por amor de su nombre, pues encontramos varias referencias y símbolos bíblicos, con los cuales logra trascender y universalizar el relato, y otorgaría al poema varios planos de interpretación: en un primer plano, literal, el nombre es la casa de campo heredada y cuya construcción le renueva el entusiasmo al otorgarle un lugar rodeado de campo y naturaleza, semejante al que disfrutaba en la niñez, donde encontrar paz; en un segundo plano, de sentido religioso, pudiera ser que la fe o, en todo caso, la sabiduría que expresamente aprecia en el Libro del Eclesiastés –Anda, come tu pan con alegría,/ y disfruta la vida con quien amas…- le ayuden a continuar con entusiasmo su vida.

Precedido el último capítulo por los famosos versos de Juan Ramón Jiménez: “¡Intelijencia, dame/ el nombre exacto de las cosas!”, de cuando nuestro poeta Nobel quería encontrar la realidad más auténtica a través de la poesía- pero no con la inteligencia racional, sino por la intuitiva y poética- y poder comunicarla a los demás con un lenguaje desnudo y preciso, la llamada poesía “pura”. Perteneciente el poema a su libro Eternidades, igual que en él, Jacobo Cortines presenta una vida cotidiana, trascendida, eternizada, pero con un estilo preciso, realista y contenido, escritos que me esfuerzo en que sean/ testimonios del tiempo en el que estoy.

Este poema narrativo y dialógico parece constar de dos partes: en su primera parte, más trágica, la voz que habla en el poema interpela a un tú, a modo de narrador que se dirige a sí mismo. Este desdoblamiento permite un distanciamiento, tal vez necesario para contar los hechos, y modera y suaviza el sufrimiento que subyace en el relato; en su segunda parte, el narrador le otorga la palabra al protagonista, Sé tú ya, pues, quien hable, y continúa el poema en primera persona, momento en el que se produce un giro en la escritura, convirtiéndose en un canto y celebración de la belleza de la vida.

Al principio, ese nombre está vacío para el sujeto, pues lo que aporta sentido a los nombres es el haberlos vivido y haberlos sentido suyo. La importancia de este nombre deriva de su raíz, de la familia, de su madre, constituye una seña de identidad, un retorno al paisaje de la infancia -aunque no sea el mismo lugar- y a pesar del dolor sentido o de la soledad, sabe que la vida tiene que seguir, y no es posible, vivir sin nombre alguno.

A partir de recibir en herencia una casa de campo, un lugar como retiro/ del ruido del mundo, el poema se ilumina, le inyecta ilusión el proyecto de levantarla de su derrumbe, a la vez que él y su vida se van levantado, retoma con entusiasmo la reconstrucción de la finca y de sí mismo, por amor a las cosas de este nombre, todos los sentidos se despiertan. Y todo alrededor se vuelve hermoso: los árboles, la luz, el aire, la noche, el canto de los pájaros, el estudio, el jardín, los amaneceres, la sucesión de estaciones. Después de arduos trabajos, lista está la casa y la persona para sentir con amor todo el encanto que le rodea.

Emulando a Walt Whitman, quien lea este libro está adentrándose en la vida, en su tragedia, en su belleza y en la vital enseñanza de confiar que siempre puede haber un nombre que ilumine el regreso del reino de Hades. Cada cual tendrá que buscar el suyo, aquel que sea capaz de resucitarlo. Un placer su lectura, por supuesto.

De todo esto y de más hablaremos el próximo jueves 17 de octubre a las 19.00 horas. Os esperamos. Y terminamos con algunos poemas del libro.

 

PASEO

 

Sereno el mar al acabar la tarde,

y el cielo entre celeste y amarillo.

Dos cañas de pescar sobre las piedras

el horizonte enmarcan.

Rota y Cádiz, envueltas en la bruma,

fantasmales ciudades que en la noche

poco a poco se van iluminando.

Por esta larga playa yo paseo

con mi silencio a solas. No hay respuestas

porque nada pregunto. Sólo escucho

el romper de las olas, las espumas

con su frágil murmullo en retirada,

el viento en mis oídos, algún pájaro

que canta mientras vuela. Nada quiero

sino hundir los talones en la arena,

seguir, seguir, hasta sentir cansancio,

y volver lentamente

como un oscuro bulto que regresa

al punto de partida. Ya es bastante

no naufragar en el silencio propio.

 

BAJO LOS PÁRPADOS

 

Como un derrumbe o el tajo de una espada,

así, bajo los párpados, el día.

“¿No estaba- se pregunta- en aquel sitio

con aquellos con los que estuve siempre?”

No entendía con ellos lo que hablaba,

pero sí recordaba haberlo hablado

quizás en otros sueños. Y de pronto,

entre sudores fríos, la penumbra

del cuarto ante sus ojos, y una vida

cargada de torpezas y quimeras,

de errores, desengaños y despistes.

Un rápido desfile que le lleva

a hundirse entre las grietas como huyendo.

No quiere el nuevo día, la mañana

con los huesos helados, ni la tarde

de hirientes horas lentas y vacías.

Pero al fin se levanta , y el espejo

en silencio le otorga la esperanza.

 

NOMBRE ENTRE NOMBRES

Todo ha de ser más claro

en la nueva conciencia, más hermoso

que nunca con esfuerzo y con constancia,

por amor a las cosas de este nombre.

Desde lo más pequeño a lo sublime,

de raíz a la flor, de piedra al cielo.

Una explosión de súbita alegría,

íntima, contenida, esperanzada,

derriba laberintos y cloacas,

prisiones del pasado

que ya no han de volver, porque el deseo

no permite que vuelva lo ya sido,

y es más fuerte que miedos y amenanzas.

Él es afirmación, no negaciones,

construcción, no derribo, acción, proyectos,

y el tiempo mismo es tiempo en sí distinto,

no su enemigo, sino su aliado,

sí posibilidad frente a impotencia.

El tiempo entre mis brazos que me impulsa

a rescatar el nombre antes perdido…

 

Jacobo Cortines (Lebrija, 1946) es autor de los siguientes libros de poesía: Primera entrega (1978), Pasión y paisaje (1983), Carta de Junio y otros poemas (1994), Consolaciones (2004), por el que obtuvo el Premio Nacional de la Crítica, y este último, Nombre entre nombres. Una antología de sus versos se encuentra en la colección Poética y Poesía de la Fundación March (2006). De Petrarca ha traducido los Triunfos (1983) y el Cancionero (1989), así como, de Sterbini, el libreto de El barbero de Sevilla (1997). Entre sus obras en prosa figuran Itálica famosa (1995), Separatas de Literatura, Arte y Música (2000), Burlas y veras de Don Juan (2007), Nuevas separatas (2012), y sus ediciones de Escritos sobre Fernando Villalón (1982), Poemas escogidos (1908-1961) de Felipe Cortines Murube (1983), Actas del Primer Congreso Internacional sobre Luis Cernuda (1990), e Historial de una vida (2003), y, en colaboración con Juan Lamillar, Obra selecta I, II y III (2004), de Joaquín Romero Murube. Vive en Sevilla, en cuya Universidad se doctoró en Filosofía y Letras y ha ejercido la docencia. Es miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y director de la colección de poesía Vandalia.

3º Ciclo de Encuentros “El poeta y su voz”

Aquí os dejo el calendario completo con fechas, autores y libros de nuestro 3º Ciclo “El poeta y su voz”. La dinámica del acto es la siguiente: leemos el libro elegido e invitamos al autor para charlar sobre poesía, su trayectoria, el poemario… Tiene lugar en la Casa del Libro de Sevilla, C/Velázquez n. 8. La librería nos invita a una copa de manzanilla para acompañar la tertulia. El acto está abierto al público y nos encantaría vuestra presencia.

3º CICLO DE ENCUENTROS “ EL POETA Y SU VOZ”:

Los encuentros tendrán lugar en jueves a las 19.00 horas.

17 de octubre:   JACOBO CORTINES, “Nombre entre nombres”, Renacimiento.

21 de noviembre: JAVIER SALVAGO. “Variaciones y reincidencias (Poesía 1978-2018), Renacimiento.

11 de diciembre: JOSÉ JULIO CABANILLAS. “Vigilia: antología poética”, Renacimiento

23 de enero: JOSÉ DANIEL M. SERRALLÉ. “Un sol inocente”, Renacimiento.

20 de febrero: VICTORIA LEÓN. “Secreta luz”, Premio Iberoamericano Hermanos Machado, Fundación Lara.

26 de marzo: JOSÉ ANTONIO RAMÍREZ LOZANO. “La sílaba de ónice”, premio Fray Luis, si se publica antes de enero, o bien, “Epifanías”, Pretextos.

23 de abril: ADRIANA SCHLITTER. “El péndulo”, Harpo Libros

28 de mayo: ROSARIO TRONCOSO, Los ángeles fríos de Calambur (o Nuestra orilla salvaje, Isla de Siltolá)

18 de junio: ISABEL MARTÍN SALINAS, “A ráfagas tu nombre”, Torremozas.

 

 

 

 

 

 

 

Encuentro con Gonzalo Gragera y su libro “La suma que nos resta”

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El próximo jueves 16 de mayo a las 19.30 horas tenemos como invitado, en nuestro ciclo de encuentros “El poeta y su voz”, al joven poeta sevillano Gonzalo Gragera, con quien hablaremos de poesía, y en particular de su poemario “La suma que nos resta” ( Premio de Poesía Joven RNE 2017) . Será en la Casa del Libro, C/ Velázquez n.8, Sevilla. Estáis invitados y nos alegrará compartir versos, reflexiones y vino con vosotros. La libreria nos invita a una copa de manzanilla por gentileza del Grupo de Bodegas de José Estévez.

La suma que nos resta se asienta sobre tres pilares, que casi se corresponden con su tres capítulos:

En su primera parte,  La luz y sus nombres, prima cierto intimismo, en el que lo personal trasciende y abarca al otro. El poeta puede ser cualquier lector, escribe y piensa sobre temas universales partiendo de la memoria y la vivencia particular: el paraíso de la infancia, la juventud, el tránsito al árido mundo adulto, el descubrimiento del amor y de lo que es importante en la vida, sus propios dioses, el paso del tiempo…

Su segundo capítulo, Victoria Station,  nos muestra una interesante mirada crítica al ser contemporáneo y a nuestro modo de vida: los hombres como pétalos y naipes/ recorren los pasillos sin oxígeno/… Es el hombre nacido en nuestro tiempo./ Las siete en la estación. Es hora punta./ Están los hombres, todos, ya, dormidos. Retrata un individuo que se mueve por inercia, sin hacerse preguntas , sin  valores, ni ideas- menos aún utópicas- ni credos ni fe; el ser contemporáneo como un autómata en su inmenso y frío vacío.

El final del libro, La suma que nos resta,  enlaza con el primer poema que abre el poemario,  Consideraciones previas, creando una estructura circular, iniciando y cerrándose el poemario con la reflexión metapoética sobre la poesía y su escritura. Concibe la poesía como descubrimiento o revelación,  capaz de alumbrar ambigüedades o enigmas. Escribir consiste en ofrecer, ofrecerse, dar todo o casi todo: impresiones, pensamientos, vivencias. Escribir es una resta que en los otros puede convertirse en suma. Y ahí se enlaza con el primer poema, en el cual se dirige al lector – como Baudelaire en su poema Al lector- , en el que afirma buscar la precisión, no poder ofrecer salvación ni respuesta alguna; pero sí que el lector se pueda encontrar en sus versos.

En cuanto a la forma, tiene un estilo sobrio, ,  poesía muy depurada , una esencialidad elegante, no falto de sentimiento contenido ni de sutil ironía, preciso en su lenguaje coloquial e imágenes, pero sugerente gracias a las elipsis y los silencios. Verso con ritmo, resalta en su poesía las enumeraciones y paralelismos , que también confieren ritmo al poema. Sin querer ser pedante, respiran en los poemas las referencias culturales, de modo inevitable porque es un gran lector , porque las lecturas nos conforman y porque contrapone una vida de lecturas a una vida más simple, libros de la maleta/ con los que ni tributo ni cotizo.

Como siempre, os dejo algunos poemas para abrir boca.

 

2007

Ni Horario ni Aristóteles.

Ni Leopardi ni Papini.

Ni Chesterton ni Kundera.

Ni Ortega ni Krahe.

Sólo una terraza

y tus diecisiete

para saber de qué se hacía

lo único que aquí importa:

para saber qué es eso

de llevar el mundo en los labios

 

DAMA DE NOCHE

La noche como un peso inabarcable,

inmensa y decidida.

La ausente gravedad

dibuja los contornos

de acequias y parterres.

El mar es un adiós,

una mano distante,

despedida de espumas

y de sales amargas.

Lo observas, lo contemplas,

con la O de tus ojos;

los mares como muros

en donde tu memoria es la pintada

de jóvenes sin ecos.

 

La noche como un peso inagotable.

Y la dama de noche,

aquel olor perenne,

imitando el propósito

de estas horas oscuras:

sin espacio ni tiempo,

las ramas- o los brazos- de la madre

cuyo perfume evoca tus ayeres.

 

MALABARES

A pesar del qué tal todo,

y decir que vas tirando.

 

De los cajeros, el día veinte.

Del comprobante de saldo.

 

De las diputaciones, asesores,

gabinetes, despachos.

 

De estos martes y miércoles

con las eses del sábado.

 

De los saludos esquivos

de vecinos malhumorados.

 

Del que entiende de vinos

y te enseña cómo catarlos.

 

Del IPC, del Euríbor,

del correo certificado.

 

A pesar de todo esto,

reunir valor para intentarlo.

 

Para apostar de trapecista

entre las sílabas del fracaso.

 

 

Todo, o casi, lo has dado.

Sobre la mesa has diseminado

lo poco que te pertenece:

lecturas, impresiones, otoños.

 

Ya de ti mucho no queda.

Eres resta en manos de otros.

Un número , como cualquiera,

que se deshoja en notas y apuntes.

 

Consumido.

¿Entiendes estas cifras decrecientes?

 

Todo, o casi todo, lo has dado.

Resta de ti que en otros, quizá, es suma.

 

Ahora sopla en el título

y apaga la penúltima mecha.

 

Sola se queda

una vela encendida.

 

GONZALO GRAGERA. Sevilla, 1991. Escritor y lector. Autor de dos poemarios: Génesis (Jirones de Azul) y La vida y algo más (La Isla de Siltolá). Ha publicado sus poemas en revistas como Quimera Piedra del Molino, y han sido recogidos en la antología de poesía joven Nacer en otro tiempo (Renacimiento). Actualmente, es colaborador en la cadena COPE, en la revista cultural Zenda y en el periódico digital The Objective. Su libro La suma que nos resta ganó Premio de Poesía Joven de Radio Nacional de España 2017 (Editorial Pre-Textos). Su blog: latrastienda.org

 

 

 

 

 

II Encuentro “El poeta y su voz”: Isaac Páez y su libro “Desde el punto inmóvil”

Desde el punto inmóvil

La próxima cita que tenemos el club de lectura “Versos y vinos” será el jueves 28 de marzo a las 19.30 horas en la Casa del Libro de Sevilla, Calle Velázquez n.8. En esta ocasión nos acompañará el poeta y novelista sevillano Isaac Páez, autor que tiene ya en sí varios premios que avalan su calidad y madurez literaria, una escritura de alto vuelo tanto en su contenido como en su forma. En el 2017 publicó la Diputación de Granada el poemario Desde el punto inmóvil ,  XXXII Premio Andaluz de Poesía Villa de Peligros, y sobre el que profundizaremos en el encuentro. Como siempre estáis invitados.

El libro se inicia con una cita de T.S Eliot, que podemos relacionar con su título , Desde el punto inmóvil, ese punto inmóvil puede referirse al presente, en el que confluyen tanto el pasado como el futuro. El tiempo puede sentirse como un punto inmóvil y una constante repetición, el punto inmóvil/ del mundo en rotación, alegato de eternidad.Y será en ese lugar donde se encuentra la luz de la que nace toda luz.

Otra referencia cultural- Julia Kristeva lo llamaría intertextualidad- la hallamos al inicio de cada capítulo, cada uno de ellos se abre, como si fuese una puerta que da entrada , con una cita del tratado del filósofo griego Plotino, Enéadas: lo Uno, la Inteligencia, el alma, la luz …Encontraremos varias citas intertextuales de diferentes autores que nos guiarán como un mapa por el poema.

El texto consta de un prólogo, 3 capítulos ( Los poemas del bosque, Los poemas de la noche y Los poemas del día) y un epílogo. Podemos decir que la temática que trata es intimista, trascendental, mística, existencial (recorriendo gracias a las palabras: la fe, el dolor, la muerte, el amor y la propia construcción – o deconstrucción-de la realidad con el lenguaje). Un texto que puede contener ( y leerse en) diversos niveles o planos.

Hay un tiempo, el punto inmóvil, y hay dos espacios: el bosque que se recorre, y que puede ser metáfora de un viaje interior, y en un segundo plano, un trayecto por el tiempo y la existencia;  y el mar, que parece constituir su hogar, lugar de partida y regreso.

Dentro del bosque se exponen variados motivos: la identidad, los caminos a elegir, la duda, la búsqueda de la libertad, la pérdida, la soledad… No necesitará regresar del bosque, porque lo llevará siempre consigo, para finalmente recalar en el mar, en el amor, en paz.

Exquisito y elegante su lenguaje, poesía que no pierde en ningún momento la tensión o intensidad, con un rico y exuberante imaginario en el que abunda la naturaleza, versos plagados de aforismos o sentencias, también de paradojas- recurso propio de la poesía mística-. Una poesía de calidad que cautiva al lector, al menos me cautivó a mí.

Como siempre, os dejo algunos poemas. Aclarar que no tienen títulos, son poemas enumerados, pues todo el libro tiene una coherencia y unidad global , en el que cada capítulo parece ser un solo poema dividido en fragmentos, integrados a su vez en un poema mayor que cruza todo el texto.

 

Es simple la razón que lo hace andar:

saber por qué camina mientras salva

la incólume distancia que separa

el inicio y el fin de todo pensamiento.

 

Y acuérdate también de aquel que ignora

dónde acaba el camino que ha emprendido.

 

Caminante que cruzas el sendero

y marchas hacia el bosque

de un sur que queda al sur de los sentidos,

detén por un instante el día y señala

la cicatriz del tiempo en mi garganta.

En esta oscuridad no quedan dudas,

solo el discurso sin grietas

de un fuego donde todo comienza

y termina también con su principio.

Inmaculada luz que otorga

su color a la sombra

y al alacrán

que muerde el miedo intenso de morir.

 

Igual que en un jarrón antiguo

su pátina nos habla de un mundo ya sin vida,

y en esta oscuridad del sol recuerdo

su ardor y su caricia perlada por mi frente.

Amamos lo que se fue, y es

por eso que resurge cada ocaso

y la mañana

que incontestablemente lo corrige.

A fuerza de errar tanto

en la repetición hallamos

el consuelo oxidado de todo amanecer,

eterno don de Dios

que solo comprendemos cuando acaba.

Es duro y dulce amar lo que sucede,

la esperanza que acude junto al alba,

la alegría solar de ver el monte

y la sombra del monte con mi sombra

caminando enlazados sin saber

dónde termino yo y dónde empieza

el otero que ahora está naciendo

debajo de mis pies, sobre mi frente

las espinas que el sol derrama en mi memoria.

 

Es duro ver la luz si no se tiene

el corazón dispuesto a la tristeza,

la tristeza inundada de alegría

y la alegría, al fin, como una espada

blandida por amor y de amor plena.

 

Tu palabra me guía sin palabras

porque el mar a lo lejos me hace señas,

su canto de ida y vuelta me requiere

y dibuja cerezos sobre el agua

que la vista del náufrago levanta hacia lo azul,

como si así morir no fuera tanto

porque la inmensidad arraiga en el abismo.

 

Un cadáver de luz que nace ahogado

revive con las olas que mueren en la orilla.

 

CON LA CAL CALCINADA en las pupilas

y las ventanas aún abiertas a los días

entro en mi casa y todo permanece

igual, salvo yo mismo.

El polvo y las arañas no han tejido

su paño de erosión en las paredes,

la navaja oxidada continúa

abierta y roma encima de la mesa

junto a un pan sin la herida

mohosa de los días.

He vuelto al mar,

y en paz, sobre la arena escucho

el intervalo que otorga la marea

a esta playa lejana ya de todo

cuyo cielo rojizo procede de la sangre

de aquellos pescadores ahogados que dejaron

las redes y el anzuelo alrededor

del cuello de sus propias ilusiones.

Mujer de pies anclados en el barro

que aún esperas la sal de mi mirada,

devuélveme el ocaso inacabable

y el vuelo del albatros,

las risas y la sidra,

la isla que soy y he sido siempre.

 

Hoy quiero ser memoria de tus olas,

el futuro y el presente del pasado,

el sonido infalible de las piedras

con su firme pereza que esculpe acantilados.

 

Al fin estoy tranquilo, Padre mar,

y todo vuelve a ser como fue nunca:

la vida como un simple anillo a solas

condenado sin fin a repetirse,

como un bosque elevado por el fuego

que crece eternamente en la ceniza.

 

Isaac Páez Catalán (Sevilla, 1984) es licenciado en Historia y profesor de enseñanza secundaria. Hasta la fecha ha publicado los siguientes poemarios: Entre la oscuridad y la química (2004), Contrato a tiempo perdido (XV Premio de Poesía Universidad de Sevilla, 2008), Harmon avenue (Cartonera & Digital), Hijos del euríbor (Ediciones en Huida) y 1922 (VIII Premio de Poesía Antonio Gala). En 2014 Las voces del frío obtuvo el XXV Premio de Poesía de la Diputación de Álava Ernestina de Champourcín, poemario que fue finalista del Premio Euskadi de Literatura en castellano en 2015, y ese mismo año Los versos leporinos fue galardonado con el XXVIII Premio de Poesía Joaquín Lobato y en el 2017 publicó Desde el punto inmóvil  ( XXXII Premio Andaluz de Poesía “Villa de Peligros). En el ámbito de la narrativa resultó ganador del Certamen Andalucía Joven de Narrativa 2012 por la novela Disparos al aire (Berenice Editorial) y fue finalista de la LXX edición del Premio Nadal de novela en enero de 2014. En 2015 obtuvo el premio de relato Energheia en la ciudad de Matera (Italia).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II Ciclo de encuentros con poetas: Rocío Hernández Triano y su poemario “Pisar cieno”

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Y el jueves 21 de febrero a las 19. 30 horas estará en el II Ciclo de encuentros, “El autor y su voz”, la poeta Rocío Hernández Triano con su poemario “Pisar Cieno”, premiado con el XXXIV Premio de Poesía Ciudad de Badajoz. Con su lectura se siente el acusado dolor por la pérdida de los seres queridos, nos golpea un devastador sentimiento de orfandad, un prematuro conocimiento de la enfermedad y de la muerte.

Es la suya una poesía que bebe de la memoria y de las grietas/heridas que vamos acumulando a lo largo del vivir. Poemas construidos con retazos de memoria, con los gestos cotidianos que atraviesan los dias,  los ” recuerdos mellados”. Memoria-y poemas- que enlazan los recuerdos personales con la historia de nuestro país. Poemas que elevan su canto a las mujeres de su familia, quienes han hilvanando durante décadas ” cuerpos y botones” . Poemario intimista, confesional, incluso existencial en su enfrentamiento a la muerte, al miedo al vacío o a la nada.

Con un estilo ecléctico donde cabe la narración, la sugerencia lírica, el coloquialismo y la imagen genuina, lo mítico- asi su poema “La invasión de los bárbaros “,  que bebe de la tradición literaria para encaminarse hacia otro modo de decir.  Una poesia que a veces me recuerda (ay, cómo nos gusta rastrear influencias) a Francisca Aguirre y a Juana Castro, a quien cita en su inicio.  Una poesia rotunda que llega como una flecha.

En este enlace podéis leer una reseña sobre el libro por el poeta y crítico literario Daniel García Florindo:  https://aulapoematica.wordpress.com/2016/04/28/la-hija-del-limo/

 

GARABATOS

Sobre el libro más negro de Vallejo,

sobre un Trilce trillado

donde fue estilizado mi dolor como púas

allá por los noventa.

Mi dolor, que era chato,

romo como llanura de las ánimas muertas.

 

Allí, sobre ese libro negro,

en el vallejo verso más humano

y en las límpidas páginas iniciales,

Julia, con cinco años,

ha dibujado flores, calabazas,

monigotes de ácidos colores,

la sonrisa de un sol, fluorescentes insectos,

un zigzag que precede a la escritura.

 

Y al pie de algunas páginas

donde Vallejo aúlla

y se come la cal del calabozo,

Julia pinta su nombre

y una jota invertida

(una cóncava madre luminosa)

acuna la vocal como a un cachorro.

 

El poeta descansa

en la inicial tan breve de mi hija

 

y el dolor se nos vuelve soportable.

 

IN MEDIAS RES

Fui una niña con suerte

 

Mis padres se querían, yo era la hija única

de un sargento a caballo,

con magnum parabellum y R12

en un barrio parido por el tardofranquismo,

un Jordán de la urbe donde se bautizaban

las familias de pueblo,

la gente de arrabal y patios de vecinos.‌‏

.

Mi padre había heredado un encinar

de una tía soltera.

Mi madre se enjaezaba con las colchas morunas,

con la chinoiserie y el perro de lladró

que nos dejó la tata.

Comíamos yoplait, yo tenía tres barbies

y un cinexín y un cuarto para juegos,

cierta vaga conciencia

de ser algo más rica que otras niñas:

veraneo en la playa, vestido en la patrona,

no escatimar el duro en el quiosco.

Hija de funcionario, te llamaban,

y te sentías ungida por un óleo santísimo.

 

Y así crecí, entre ufana y culpable,

con los kilos de más que impone la alegría.

 

Siempre en tierra de nadie.

 

Hidalga sin blasón de los barrios obreros,

dulce pez resbaloso de las aguas salobres.

 

ENSAYO SOBRE TERRORES

 

Hay terrores enormes

que pesan como hierro en las entrañas:

 

las guerras nucleares, las iras del mercado,

siete mares temblando, el hombre que podría

con un simple chasquido borrar el universo,

la lírica homicida de ciertas religiones,

el cáncer invasivo, los leves dictadores,

los dictadores ciegos,

el bostezo de Dios sobre los bellos pueblos

tan pobres como cardos.

 

Y hay terrores pequeños

que pican como pulgas en el alma:

 

la lacra del insomnio, el gen de la locura,

los ganglios en el cuello de mi hija,

el silencio sin masa del otro ser que amamos,

los días laborables, los rituales vanos

o la ridiculez de nuestros ideales.

 

Hay terrores gigantes en problemas menudos.

 

Hay terrores purísimos,

 

como temer la nada.

 

MARÍA

 

con diez años, mi abuela trabajaba

de la siembra a la siega.

De los higos a brevas dormía sobre el pasto

en el lecho de agosto.

La caporala le cegó los pezones

cuando de la camisa le brotaron los pechos.

Apañaba altramuces,

desnudaba las nueces de su cáscara amarga

con sus dedos de niña.

Amaba los arroyos

donde lavó los paños de la primera sangre,

donde parió a mi padre

(la burra andaba torpe esa tarde de abril,

por más que la arrearon no se movió del sitio).

Cuando llegó la guerra

no maldijo el cuchillo,

abrió de par en par la puerta de su alcoba

e hizo de la iglesia economato.

Luego vinieron años de silencio,

décadas ciegas de un terror sin palabras,

la lluvia y el esparto.

Besó la tos ferina, el sabañón,

las chinches o la sarna

en la piel de lagarto de mi abuelo.

Cuando se hizo vieja

lo olvidó todo un poco.

Puso una gasa estéril a tanta desmesura

y solo pretendía que su difunto esposo

la cubriera de noche

para vencer el frío de la muerte.

Su corazón explotó una mañana.

Su pobre miocardio,

cansado de los años de jornal a mendrugo,

de noches de jergón y aceite de ricino

para espantar la gula

del cuerpo inmaculado de las niñas del hambre.

 

De ella no me quedan muchas cosas:

un baúl con polillas,

ciertas fotos pobladas de cadáveres,

la memoria ruinosa

de una patria partida y desconchada,

de una patria que devoró a sus hijos.

 

ROCÍO HERNÁNDEZ TRIANO. Obtuvo el Premio Extraordinario de Licenciatura en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla. Es profesora de Lengua castellana y Literatura, y ha participado en la creación de libros de texto para esta materia como coautora. Ha publicado los libros de poesía Viento de cuchillos (Ediciones En Huida, Sevilla, 2010), Equilibristas (Ultramarina Cartonera & Digital, Sevilla, 2010) y Los seres quebradizos (Torremozas, Madrid, 2013) con el que obtuvo el XXX Premio de Poesía Carmen Conde. Pisar cieno, con el que ha logrado el XXXIV Premio de poesía Ciudad de Badajoz 2015.

El poeta y su voz: Rafael Adolfo Téllez Flores y “Los cantos de Joseph Uber”

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El próximo miércoles 23 de enero a las 19.30 horas en la Casa del Libro, sita en Calle Velázquez nº 8 de Sevilla, tendremos el encuentro con el poeta Rafael Adolfo Téllez Flores, a quien agradecemos enormemente su esfuerzo por acudir y poder disfrutar de su poesía y  tener la oportunidad de entablar con él un diálogo sobre la escritura y de su libro “Los cantos de Joseph Uber”, editado por Comares, La Veleta en 2011 .

En Los cantos de Jospeh Uber su autor usa este heterónimo, que aparece en alguno de sus libros anteriores, según él: “porque uno siempre quiere ser otro”. En este caso, Joseph Uber es un pastor que aparece explícitamente en el capítulo III ( tal vez el abuelo del sujeto que habla en los poemas), a semejanza de Alberto Caeiro, amigo pastor de Pessoa. Un pastor que vive en un paisaje o espacio mítico creado por Rafael, el mundo rural del ayer, que puede ser el pueblo donde vivió su familia y en el que transcurrió feliz su infancia, rodeado de naturaleza. De ese mundo agrario y humilde presente en su poesía retrata: el cementerio en el día de los difuntos, las charlas entre vecinos, los carros tirados por mulos, las torres del campanario donde anidan las cigüeñas, la feria del pueblo y su salón de espejos, los rebaños, las cosechas, las fanegas de trigo, los mulos girando en las norias, las mujeres lavando en la orilla del río… por esto dirá que es el suyo un mundo antiguo.

El propio autor manifiesta que su poesía es un regreso a viejos lugares donde amó la vida; pero el regreso es, en realidad, un sueño, y escribir poesía supone una lucha contra el paso feroz y asesino del tiempo. Ante la imposibilidad de poder volver sobre nuestros pasos nos salvamos gracias a una poesía elegíaca (salpicada por la lluvia, con su rumor de flauta triste) que bebe de la memoria y de los recuerdos del pasado, de las raíces, del árbol familiar.Todo el poemario  es una dulce elegía: tanto por los familiares amados y ya ausentes, con quienes habla y que le acompañan, a quienes inevitablemente añora con dolor ; como de todo ese mundo que fue y que parece estar desapareciendo en los tiempos de hoy. Como dice el editor, Andrés Trapiello, supone un canto a la vida desde la conciencia de la muerte.

No obstante, estos lugares donde amó la vida ahora le azuzan con sus sombras y sufrimiento por quienes ya no están, como bien dice en su poema Elegía, y le incitan también a marcharse. Como en el personaje de Ulises, se marcha llevando a su Ítaca dentro, pero cuando regresa, ni Ítaca es la misma ni Ulises tampoco.

El capítulo III, Los cantos de Joseph Uber, rememora la vida de un pastor de principios del siglo XX, un modo de vivir deseado por el propio poeta: Quizás es Joseph Uber/ quien tatúa mi vida ahora/ en alguna piedra vieja; pero, como indicamos anteriormente, el sujeto poético es un extranjero que escribe estos versos, alguien que regresa pero de tan lejos que no podrá ya llegar nunca. En su poema Forastero dirá: Soy solo el forastero que todo lo perdió. Qué solemos cantar, sino la pérdida.

Otro espacio del libro será el café en el que vivió el amor y que evoca en su capítulo IV. Y como última geografía del poemario está Turóbriga, semejante y confundida con su mundo originario, por cuyas calles no sabe si va o vuelve.

Es este un poemario que, sin lugar a dudas, os gustará, de poemas tiernos y vibrantes de emoción que reflejan un mundo rural, un mundo de ayer – a semejanza de Stefan Zweig- en peligro de extinción por el éxodo de la población a las ciudades (mayormente en el norte del país y que pudiera suceder también aquí, en el sur ), por la tecnología y el devenir de la sociedad. Un mundo más lento, artesanal, familiar, humilde, sencillo, amoroso, agrario.

Supone igualmente la pérdida de su mundo personal, familiar , un tiempo de ayer que trasciende fronteras, con el que todo urbanita, aunque no lo despierte el canto del gallo, se sentirá identificado.

Es la suya una poesía cálida, intimista y confesional.  Una escritura clara y sugerente, que demuestra que para hacer buena poesía no es necesaria la oscuridad, una poesía que encuentra las palabras exactas y que sabe convocarnos al prodigio.

AUTORRETRATO

Se apoya en el umbral y con un palo, sobre la tierra,

traza unos versos

como quien sale al monte a buscar leña

para hacer un fuego con que calentarse las manos.

 

LA LLUVIA

Alguien que he sido la oye, de nuevo,

en esta calle, a la que ha vuelto

con su rumor de flauta triste.

Es la misma lluvia de antes, aunque parezca

hoy más oscura, sobre el empedrado,

mientras oigo la voz de mi padre

y empujo el viejo portón

de la casa en que, ayer, la vimos

cayendo sobre el patio.

La antigua lluvia que salpica Zócalos y plantas

y puebla los aires con su rumor de flauta pobre,

y quiere llevarme lejos.

 

LA CASA DEMOLIDA

No sé cuánto de mí queda en esta calle.
Si alguno me ofreciera una silla
al pie de la casa demolida,
aquí me quedaría.

Quizás en su alacena esté
el manuscrito que perdí
y que he buscado en estos años…

Qué son esos pájaros revoloteando hoscos,
bajo la techumbre;
qué son esas voces si nadie me habla.

En algún lugar de esta calle,
vive una mujer a la que amé. Su nombre es aún
un tizón encendido, pero lleva siglos bajo tierra.

Por eso acaso lo mejor sea detenerse a ver la lluvia,
desde el umbral
de esta taberna desierta de provincias.

En el ancho ventanal, miro el valle antiguo
donde se perdieron los huesos de los míos.
Ahora relumbran con la lluvia
y son el horizonte.

 

ELEGÍA

No quiero ya más

regresar a la calle donde solía,

ni al umbral del que, en verdad, yo no me alejé nunca.

 

Aquí, cierto día, mi hermana se ocultó

triste en su costurero

y nunca ha vuelto.

 

Acostumbraba, por entonces, a venir con el sol,

hasta la puerta, un gorrión,

al mediodía.

 

Mi padre partió, también, lejos, sobre un mulo

y ya ninguno me aguarda a la mesa.

Sólo el viento tirita de frío en el mantel.

 

Ya no quiero estar más aquí

avivando el carbón duro de estos montes,

mientras asoma, ceremonioso, el otoño

con su oscuro sayal de bronce antiguo.

 

Del naranjo que mi padre plantó en el patio,

hacia 1960,

brota “ahora” una bandada de pájaros que llevan

escritos en sus alas

todos los nombres de la tierra.

 

UN VIEJO CAFÉ

La lluvia es siempre joven.
Viene de lejos.
Trae alhajas de su paso por comarcas invisibles.

Pasa con su traje de aldeano el viento.
La lluvia siempre es joven,
pero el hombre que la mira, en la mesa vacía
de un café, sabe que su noche avanza.

Palpa las piedras en que cayeron otras lluvias,
no lejos de aquí, en otro café.
Quizás en esta misma calle,

mientras se oían pasos severos de gentes de otro siglo,
voces de mujer, tintineo de cucharas
que son ya niebla en los espejos.

La lluvia llega, de tiempo en tiempo,
y esparce su luz en el umbral del café
donde el hombre escribe.

Sólo él ha envejecido.

 

UN TANGO PARA ANA

Viejo café de las afueras al que un año
y otro año llegas,
con tu raída bufanda color de oro viejo,
mientras oigo no las voces, no la música,
sino la lluvia…

La lluvia que viene de tan lejos
con su sayal de lana negra
y moja la sucia cristalera
del recodo
donde tomo mi taza de café
en una mesa en la que a menudo conversa
conmigo el mismísimo Gardel.

Viejo café al que te acercas,
un día cualquiera de mi juventud,
mientras aún en tus ojos arde el sol
de las gitanas,
mientras oigo no las voces, no la música,
sino la lluvia pobre.

 

RAFAEL ADOLFO TÉLLEZ FLORES nació en Palma del Río (Córdoba) en 1957. Licenciado en Filología Hispánica. En la actualidad ejerce como profesor de Educación Secundaria, labor que compagina con la de guionista de televisión. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Si no regresas junto al portón oscuro (Endymión-Ayuso, Madrid, 1988), Quienes rondan la niebla (Renacimiento, Sevilla, 1993), Los adioses (Renacimiento, Sevilla, 1996), La rosa del mundo (Universidad Nacional Autónoma Metropolitana, Ciudad de México, 1997) y Muertes y maravillas (Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2004). Los pasos lejanos (Poesía completas). Comares/La Veleta, 2007, Los cantos de Joseph Uber ( Comares/ La Veleta, 2011) y La soledad del aguacero (Renacimiento, 2017).

Podemos saber más sobre Rafael Adolfo Téllez en su página:https://www.sites.google.com/site/rafaeladolfotellez/