El poeta y su voz: Adriana Schlittler y «El péndulo»

Comenzamos con el nuevo ciclo «El poeta y su voz» el 13 de octubre a las 19.00 horas, aunque debería decir continuamos, y retomamos con los autores que no pudieron venir el año pasado por culpa de la pandemia: Adriana Schlittler y su poemario «El péndulo».

Adriana Schlittler Kausch nació en Porto Alegre (Brasil). Es profesora de latín y griego en un instituto de Sevilla, así como escritora, fotógrafa, artista y actriz. Como poeta ha publicado Crueldades afines (Ediciones En Huida), Vacaciones (Editorial Ultramarina, junto al compositor Julio de la Rosa), Parches (Origami), El Péndulo (Harpo) y Nox erat (Maclein y Parker). Sus poemas han aparecido en algunas antologías y ha colaborado en revistas literarias como Obituario, Nueva Grecia, Maf Gufin, La Galla Ciencia, Diverso o Estación Poesía. Como fotógrafa ha expuesto en Fast Expos (Sala Siroco, Madrid). Su trabajo fotográfico ha sido incluido en el libro Nox erat (Maclein y Parker), así como en distintas revistas y magines digitales, como Lecool Barcelona. Ha sido seleccionada para participar en la Bienal Olot Fotografía que tendrá lugar en 2021. Como actriz, ha trabajado en numerosos videoclips de bandas y artistas como Julio de la Rosa, Belladrone, Trisfe, etc. También ha participado en anuncios como el spot de la campaña de San Valentín de 2019 de la editorial DeBolsillo (Penguin random House).

En su poemario Péndulo hay un lugar mítico y paradisíaco que se abandona- como el amor, la infancia o la inocencia-, cuyos pétalos el sujeto arranca para hacerse piel, carne, hueso y sangre. Y en el péndulo del corazón aparece el dolor, el abismo, el frío , el invierno avanzando, la enfermedad, el tiempo cíclico: sístole y diástole. La memoria viene con su cuchillo en la mano para hacernos sentir la ausencia y la nostalgia, la araña que nos arrincona en el polvo y la ceniza y mostrarnos derrota. Vislumbramos la luz, pero demasiado lejos, «lejos es un adverbio que el tiempo elige para hacernos impares». Pero como en la naturaleza, todo se destruye y reconstruye, todo termina y empieza, y así nuestro ciclo.

Su poesía, como comprobaréis en estos versos que os dejo, es sumamente sugerente. Expresión depurada que deja pinceladas de imágenes , fragmentos cortantes como fisuras en la piel, que nos provocan sensaciones, incluso físicamente el dolor- tal como decía Emily Dickinson- en poemas breves y condensados. Un ejercicio de intensidad.

No encontramos títulos de poemas, el libro parece un continuum de piezas enlazadas por el hilo de la historia oculta en sus diferentes partes: El inicio, la casa, todo es tiempo si lo miras bien, el invernadero, la muerte de los pájaros, cepos, el péndulo y el epílogo.

Os dejo algunos poemas para abrir boca:

Hablábamos por hablar. Nos atravesaban las palabras.

Nos amasaban hasta adoptar sus formas. Un caballo

a un caballete; una legua a una lengua. Estrangular

este lugar.

No puedo callar. Las palabras caben en mí como

cabe un guante. Quiero deshacerme, rebobinarme,

llegar hasta la plenitud del nacimiento. hasta la

matriz. Allí hay un lugar donde las cosas se llaman

por sus nombres: guarecerse es un vientre cálido,

nacer es respirar.

Entonces conseguí escupir las palabras. Una por una,

las veía marchitarse en la tierra, redoblarse en sus

muchas manchas y temblar como una culebrilla que

se escapa del agua y corre a buscar cobijo entre las

ramas. Y así , salieron de mi cuerpo y yo me quedé

flacucha y sin nada que decir.

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Y nuestro bosque se veía al final del camino. Los

árboles crecían fuertes y las cepas se trenzaban entre

oscuridad y aspereza. el pecho escardado junto al

olvido de

tenerse en el verbo como un rincón detiene el polvo.

El invierno tallaba su trazo como una raíz que nos

halla a tientas

en el fondo de las cosas.

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El amarillo retumbaba fuera. Espigando.

Yo vigilaba el albor de la cebada.

No había cruz manchando mi cuerpo. No había

lente con la que mirar el ocaso.

Éramos el otoño todavía.

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Viejo agricultor,

la memoria es casi un filamento, parte de un estómago

herbívoro que no entiende del correr del agua o de

la voluntad, de si las cosas duelen o se marchitan.

No entiende de las líneas que se precipitan al cuerpo

anunciando su edad. Ni siquiera del rugido de esta mosca

que nos ronda ya como un cadáver.

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Arrancarle trozos a las cosas y contemplar su desnudez y

su despojo. Eso decías mientras definías

la infancia bosquejando los árboles con la memoria.

Tú siendo fuente que da vida al higo. Tú siendo tronco

o raíz estancada que se hunde a fondo y dentro como lo

hacen las palabras.

Tú siendo raíz y tuétano de la tierra que se abre paso. Ese

impulso que enlaza las ramas.

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Porque todo vuelve a ti, brotando. Como el ladrido

de la cosecha revierte en su matriz. Como brotan los

juncos y la enfermedad. y la uva pisada se palpa su

sangre.

No hay derribo si no hay construcción.

Por eso renacemos como espuma de la orilla.

Por eso la ceniza es seca como amar.

Por eso la vida

se agarra a su propio derrumbarse.

Así,

ensartas un río a la desolación y lo moldeas a mi rostro.

Y yo veo crecer una raíz en cada cuerpo que expira.