Reseña del poemario «A salvo» de Manuel Moya

A SALVO.   DE LA PLENITUD DEL AMOR. SU ESTELA Y ALQUIMIA.

Al leer el poemario A salvo, de Manuel Moya, Premio de la XX Bienal de Poesía “Provincia de León” 2014, aprecias la genialidad de su escritura, la estética del lenguaje, la belleza de la vida y del amor-  pletórica de naturaleza-;  aunque aclame una luz que en apariencia se extingue, pero no, continúa sosteniendo los pilares de la vida y de la memoria.

El jurado valoró en él “la presencia de una naturaleza interiorizada que al autor le sirve como identificación con sus sentimientos y para poetizar una plenitud amorosa y vital, con un ritmo fluido y musical, intenso y emocionado.”

Este libro poco tiene que ver con los restantes suyos, demostrando este escritor una versatilidad y variedad, formal y temática, asombrosa.

La cita perteneciente al poema El infinito”, del poeta romántico italiano  Giacomo Leopardi, a modo de epígrafe, nos ilustra sobre su modo de percibir y sentir la naturaleza, al unísono con su pálpito: infinito y ligado a todo, “una primavera infinita/ germinaba en mishuesos”. Y el paisaje natural, omnipresente, espejo de todas las emociones; un eco, el uno del otro.

En este poemario amoroso, la voz poética – el amante – entabla un diálogo con la amada, a veces también con el lector, o bien consigo mismo a través del desdoblamiento. Y digo diálogo por el carácter conversacional de sus versos. Un estilo que nos ofrece cercanía, intimidad, verosimilitud, con un tono arrollador que provoca intensa emoción.

Vivo y expresivo su lenguaje lírico, cuyas enérgicas imágenes contienen toda la información- denotativa y connotativa, con el valor heurístico que ya nos decía Paul Ricoeur, ceñido a la metáfora, y que nosotros extendemos a toda imagen-. Todo el poder de la imagen y el discurso para transmitirnos los destellos del sentir.

Pero no solo leemos una desbordante historia de amor y su huella, sino la onda y vibración que es y que nos provoca en nuestra existencia, la convulsión particular que supone en la cotidianeidad. Y no somos los mismos en ese antes y después, pasamos por una transformación, por un proceso de alquimia.

Hallamos luminosidad, humanidad, ternura, pasión, esperanza, fragilidad y vulnerabilidad, tristeza y fuerza, la determinación de salir y resistir la intemperie. Y parece que cuanto más se ejercita uno, más se hace a la lluvia, al viento, a los caminos truncados.

Poesía torrencial, caudal impetuoso de una cascada que ensalza la llama de los amantes “que prende en los huesos, / la luz que chisporrotea en los ojos”. Nos muestra un amor catártico, revelador del mundo, al igual que la poesía- o la literatura-. Una pasión, como comprobamos en su poema Visión”que le hace renacer y sentirse conectado con el mundo, un mundo ayer ajeno, pero que gracias a ella cobra existencia, igual que él mismo resucita por la amada. Y ese amor lo despierta y le abre los ojos y no se cansa de “mirar y de mirarte”.

En ese estado, todo lo que le rodea le ata y une a ella,  como nos dice en su poema “Lo que me ata a ti”, en el que contrasta términos opuestos para llegar a la siguiente paradoja: esta atadura y unión le hace más libre y lo afianza en sí mismo.

Dialoga igualmente con sus lecturas, así en “Poema para Yeats”,   una perífrasis del poema “¿Quién soñó que la belleza pasa como un sueño?”, fascinación y deseo; o bien con Donald Justice; u ofrece otra perspectiva del poema Camino no elegido de Robert Frost.

Al igual que charla con otros autores, también lo hace con la pintura. En sus poemas “Retrato de mujer en el bar del Hospital”  -de Schiele-  y “Ante la chicade la ventanilla número nueve” – de Hopper–  nos muestra una mujer que siente dolor, soledad, desaliento,  pero una voz la incita a escuchar la vibración del mundo,  aunque “el mundo parece empeñado en desplomarse sobre el mundo”. Un intento de consuelo a través del verso, sabiendo que no siempre conforta, pues a veces también muerde. A pesar de todo,  “no hay un solo lugar sobre la tierradonde no amanezca/ hoy, alguna vez”.

Y lamenta. No hay luz sin sus sombras. Y aprende a llevar sus sombras y “a avanzar río arriba”. En el poema “A salvo”hay una lucha para evitar caer, busca en vano que algo lo salve,  pero será suficiente librar esa propia batalla para estar en paz con uno.  Advierte que mejor no caer en la autocompasión y que podemos hallar la luz dentro, como decía el estoico Epicteto, quien afirmaba que los hombres no se perturbaban por las cosas en sí, sino por la opinión que tenían de ellas. Somos libres de elegir nuestra actitud ante las adversidades.

Puede que el motivo de su aflicción  fuera,  como nos preludia la cita del poema Peces de Li Song Io,- un pseudónimo del propio poeta-  la brevedad de este esplendor, pues en cualquier momento puede acuciar la lluvia, siempre tan simbólica. Es firme su decisión de “no dejarse someter desde fuera”,  será él quien decida dejarse llevar y aceptar la “lluvia azul”, esta aceptación de la situación logra serenarlo y, es más,  “lo hizo ver”.Se amplía su comprensión de la realidad.

Sobre el vehemente ímpetu que empieza a nacer, el despertar del refulgente deseo- en la adolescencia, o en cualquier etapa posterior de nuestra vida- con su negro y nefasto desenlace, se refiere en su poema Las albercas: “ …Y nosotros despertamos como el que va de romería/ y se ve bruscamente debajo del caballo.”

Tras la marcha del amor nos quedamos perdidos, sin rumbo, creemos que “con ella se va todo lo bueno”. No obstante, a pesar de su desorientación y soledad, al contemplar un paraje comprende que ha llegado a conocer el origen y el milagro: “dónde nacía el agua, / qué era el agua, / el milagro de los pájaros, absortos en el agua.”

Cuando la amada se marcha, reconoce que se le da mal olvidar, rememora los lugares que recorrieron juntos, revive aquella dicha y no puede evitar esperarla.

En ese momento que sentimos que se derrumba el mundo sobre nosotros, y nosotros con él, y la realidad nos es adversa, es cuando se reafirma: nos enfrentamos a todo ello porque estamos vivos. No dejará  por ello de doblar las esquinas: “…y no piensas quedarte quieto ahora, al final de esta esquina/, con los brazos y la vida cruzados sobre el pecho. Seguirá buscando la luz, “porque es todo cuanto sigues esperando de quien eres.”

Y si el viento lo azota dentro, entonces se recluye en sí,  empieza a echar troncos al fuego para que amaine. Aquí reaparece el pensamiento de Epicteto: Qué podemos controlar, qué depende de nosotros y qué cosas no están en nuestra mano.

Y el cielo (“Altura”) para quien lo mira con inocencia, para el honesto, el que reparte vida y luz, el que escucha a los sin voz, el que se debate en la duda, el artista que hace vibrar el mundo y lo llena de sentido, el que se entrega, el que se rinde al amor, “el que perdona, el que al llegar a casa, secándose el sudor, exclama, / bien estuvo el día, lo he vivido.”

Al final de este refulgente camino nos encontramos las “Montañas verdes y cedros que doblen sus ramas hacia el suelo, / que brille la hierba en la ladera (y que tú brilles) / y que un perro vagabundo me sirva de compañía”. La naturaleza acogiéndonos, aportando armonía y equilibrio, acompañando esta historia para recordar.

Una lectura que enciende las farolas de la noche y nos reanima en tiempos sombríos, nos avisa del amor como vivencia fundadora, capaz de transformarnos,  impulso de nuestra existencia, cuya belleza y latido perdura en el tiempo; alienta a llevar nuestras sombras sin derrotismo, aprender de la lluvia,  arraigarse en la esperanza, no desistir de nuestro empeño de vivir. Y todo, con la exquisitez del lenguaje.

                                           Ana Isabel Alvea Sánchez

Mi reseña del libro «Giuseppe Impastato. Memoria de un hombre bueno» de Isabel Martín Salinas

Agradezco a la revista virtual En Sentido Figurado la publicación de mi reseña sobre las memorias de Giuseppe Impastato, un luchador por la justicia y en contra de la mafia siciliana. La lectura de estas memorias ha sido verdaderamente interesante.

La revista http://www.ensentidofigurado.com es una revista literaria y artística con más de diez años de publicaciones. Aquí el número 13, marzo y abril, de 2020.

Para leer mi reseña, en estas páginas:

http://ensentidofigurado.com/ESF93-18b.pdf?fbclid=IwAR2zAK7ntcW5OXN5EB2uAHndJ1LLeiSMUCy46wiSi__KnD7mDzfEygs-760

 

 

Mi reseña de «Uf», última novela publicada por José de María Romero Barea

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Hoy mismo se ha publicado  mi reseña a la última novela del escritor y crítico literario José de María Romero Barea, «Uf», una novela de ciencia ficción que radiografía la decadencia de nuestra civilización.

Sonograma Magazine es una revista de pensamiento musical y difusión cultural.

Mi agradecimiento a ambos, al autor por el efecto que sus palabras y mirada provocan, siempre interesante leerlo , y a Sonograma Magazine por su buena labor y espacio.

«Una novela que radiografía los males de nuestro tiempo, remueve la conciencia, incita a la acción y al cambio, a reflexionar sobre nuestro modo de vivir. Un futuro que ya está aquí y que, en muchos aspectos, sufrimos. Unos personajes que fracasan, no encuentran soluciones y se rinden a la inercia de dejarse llevar, pero como decía Samuel Beckett: “Lo intentaste. Fracasaste. Da igual, Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”. Al menos, siempre habrá pequeños grupos de resistencia, pequeñas islas que vivirán y sentirán de otra manera.»

Uf

Mi reseña de » El hijo ( de Sharon Olds) en la revista Rótula

 

Por aquí os dejo, que siempre se me olvida, mi reseña al poemario ( siempre bueno) de Iván Onia titulado «El hijo ( de Sharon Olds)», editado por Maclein y Parker.

«Todo libro de Iván está lleno de agudezas,  el asombro siempre recorre sus versos,  posee una mirada capaz de hacernos ver lo fantástico y maravilloso en toda historia cotidiana, incide en ese matiz surrealista que puede tener toda situación, retrata con humor e ironía la vida. Este es un poemario lleno de ilusión y amor, de prometedoras expectativas, de reflexiones sobre nuestro existir, también el retrato de un padre primerizo que tiene muy presente el paso del tiempo y que es la muerte quien nos espera en la otra orilla, pero su apellido continuará por gracia de su hijo. Magnífico libro, como todos los de este autor. No se pierdan ni El padre de Sharon Olds, ni El padre hijo (de Sharon Olds) de Iván Onia.»

https://www.revistarotula.es/2019/09/nacimiento-versus-muerte.html

Atlas, de Israel Álvarez. Quien sufre el mundo, mas lo sostiene.

ATLAS

Se acaba de publicar mi reseña del último poemario de Israel Álvarez, Atlas. Agradecer nuevamente a la revista literaria y artística, Luz cultural, su labor de difusión y promoción a la cultura.

http://www.luzcultural.com/?p=5265

Israel Álvarez ( 1986) cursa el Grado de Historia en la Universidad de Sevilla. Autor miembro del Centro Andaluz de las Letras, ha publicado en diversos medios digitales. Atlas es su tercer poemario, publicó en el año 2013 El leteo, de Bohodón Ediciones, y en el 2014, Demiurgo, con Ediciones en Huida.

«El martes y sus horas». La sensibilidad del erotismo en la memoria

La revista literaria y artística, «Luz Cultural», ha publicado mi reseña del último poemario de Antonio Ramírez Almanza , El martes y sus horas. Para quienes deseen leerla dejo el enlace:

http://www.luzcultural.com/?cat=5

Sobre «Física Elemental». El dulce susurro de la vida

La revista literaria y digital «Luz Cultural» publicó ayer mi reseña del poemario de María AR, «Física Elemental». Mi agradecimiento a María por su poesía y a la revista por ofrecer su espacio y por su difusión. Podréis leerla en este enlace:

http://www.luzcultural.com/?p=5176

 

 

GOTAS DE LLUVIA: LA POESÍA COMO ALQUIMIA EN LA NOCHE METAFÍSICA

 

Gotas de lluvia portada[1]

Cada vez que leo un poema de Francisco Basallote disfruto del lirismo de sus versos. Suponen una bocanada de belleza, elegancia y hondura, un impulso necesario para resistir y combatir la prosaica realidad.

Quienes conocen a Francisco saben de su amor por los haikus, en su blog: http://labibliotecadebashir.blogspot.com.es/ podemos encontrar varias entradas que profundizan en la naturaleza y las normas del haiku. Él mismo se considera un aprendiz del haiku y esta inclinación estética, este modo de escribir, pero también de mirar y de vivir, tienen un gran calado en su poesía. En este poemario no encontramos precisamente sus haikus, pero sí su influencia en ciertos rasgos, como la constante presencia de la naturaleza y sus elementos, la actitud contemplativa, el estilo sugerente y estético, el deseo de aprehender la instantaneidad.

Este libro se inicia con un haiku del maestro japonés Ueshima Onitsura, un haijin heterodoxo contemporáneo de Basho, pero que murió sin dejar escuela y al que Francisco le ha querido rendir homenaje.

Se estructura en tres capítulos: El retorno de los ánsares, La lluvia de los montes y Alquimia. Títulos relacionados con los poemas de autores clásicos japoneses citados al inicio de cada capítulo, y a su vez, íntimamente vinculados con el tema -o temas- predominante en cada uno de los capítulos.

Existe una coherente unidad temática en todo su recorrido: el paso del tiempo y sus estragos, la memoria como arma de batalla a su transcurso, el ocaso y la decandencia. Normalmente la temática se identifica con un elemento de la naturaleza.

Se inicia con un canto y celebración a la vida y sus misterios, a pesar del invierno, cuyo sujeto poético- en primera persona del singular- se entrega al goce de la contemplación. Extiende en sus versos una atenta mirada a los objetos, a la naturaleza y a todo cuanto le rodea, y través de ellos expresa y transmite su sentir y su pensamiento.

Podríamos comparar su poesía con la de Antonio Machado o Verlaine y los simbolistas. Encuentro cierta semejanza entre el simbolismo y el haiku. Los simbolistas huían del confesionalismo exagerado de los románticos y usaban una técnica de representación indirecta para reflejar sus emociones, en muchas ocasiones a través de descripciones de la naturaleza y del paisaje o creando cierta atmósfera que evocara su estado emocional, sus ideas o quien quiera llamarlo su alma, el llamado “paisaje sentimental” de los románticos ingleses. Esta técnica iniciada en el romanticismo se desarrolla y renueva con el simbolismo. La lluvia empapada de tristeza de los poemas de Verlaine, por ejemplo, el valor simbólico del invierno, la noche, el ocaso, la niebla, la luna. Son términos literarios con resonancias románticas igualmente. En el haiku clásico tampoco puede aparecer la subjetividad, el yo poético, y consiste normalmente en instantáneas o sugerentes descripciones de paisajes. La sutil sugerencia la comparten ambas estéticas.

La creación poética de Francisco Basallote supone un meticuloso ejercicio de búsqueda de belleza, pero también de exactitud y precisión. No cae en un superficial y huero esteticismo. Es de elogiar conseguidas y hermosas expresiones poéticas, el buen uso del lenguaje al servicio de un hondo contenido, y la demostración de tener ejercitada la mirada creativa, como cuando dice: salvo el tiempo que nos engaña/ en el terciopelo del musgo/ y en las briznas perladas/ de la hierba, mientras late/ en el débil reloj de nuestro pulso; o la imagen de las cimas de los cipreses en su verde ballet: … juega / con las cimas delgadas/ de los nuevos cipreses/ que en su verde ballet/ ensayan una música/ encerrada en el ritmo/ oculto de este viento/ que sabe a mar.

A pesar de todo lo indicado, encontramos igualmente versos melancólicos, elegíacos, que sufren el paso del tiempo y su brevedad y sienten un tempus detenido y rutinario: Todo está quieto/ esta tarde de invierno/ salvo el tiempo que nos engaña. En el siguiente poema concibe que sólo en los nuevos brotes de la hiedra estará el esplendor naciente de unos días distintos.

Recrearse con la belleza efímera del vuelo de un pájaro, con el deslumbrante resplandor del sol en sus alas, decir ese gozo. Tal vez el pájaro signifique altura, trascendencia o la belleza efímera de la vida que se ofrece a nuestros ojos.

A veces el sujeto poético se lamenta y busca desorientado la luz de antaño… sustituida por este magma gris/ donde la claridad/ es un concepto físico. Nostalgia elegíaca del pasado, porque la luz es la vencedora de la vida y él, el pino que no puede resistir los embates.

El viento parece representar la fuerza de la naturaleza, la amenaza, la muerte a la que teme y espera. Sin embargo, en el segundo capítulo le evocará su infancia, aquellas tardes de su niñez de viento y lluvia.

La estación invernal le oprime y encarcela entre el gris y la niebla que día a día se repite desde su ventana, ventana que está presente en varios poemas y que acentúa la sensación de encierro, y más cuando se compara con el gorrión que se posa en la misma y vuela libre, contrastando el interior carcelario con la libertad del exterior.

A la noche la define como oscuro desprendimiento de seda o presentido instante de sueño, tal como la entendían los románticos o Novalis, la noche ensoñadora y propicia para vuelos metafísicos.

Su segundo capítulo, La lluvia de los montes, recoge poemas sobre la memoria, una memoria evocada siempre por la naturaleza: el cielo gris le trae su infancia, o la lluvia, las nubes o el viento: cómo grita ese viento/ en la memoria. Un acto de recordar que agrede y duele- felino que hunde sus garras en la sensible piel de los recuerdos– pues representa lo que ya no está, lo que el tiempo nos ha robado: cuando un dolor se cierne/ tan cercano como piedra/ que palpabas, / como agua/ que pulía/ corriente, / la jabaluna de esas/ cuestas que ahora bajas/ mirando en ti, / aquel tiempo. Y el firme deseo de aprehender aquella vida para que no se escape, luchar contra el olvido, detener un rastro de luz que permanezca, la intención de buscarse para reconocer su sombra, traer a su presente jirones de su pasado, un pasado que vuelve a revivir en el recuerdo.

Hay una idea sobre la identidad referida en varios poemas, la del sujeto como una sombra rodeado de niebla o incertidumbre. Se alude igualmente con el término de sombras a los recuerdos del pasado, lugar cuyo regreso es imposible.

En Alquimia el atardecer es un grito angustioso y nihilista, donde impera el vacío y la nada. Destaca la noche, alquimia de azabache, en ella se ha perdido la luz y el goce, representa la oscuridad, el final del día y de la vida, el silencio, el olvido, la muerte y también el misterio.

En mitad de la desolada noche la luna es un consuelo, una alquimia de luz, mágica, ella ostenta el poder de convertir lo negro en blanco.

Y para terminar os dejo con uno de tantos hermosos poemas:

 

Alquimia de azabache

la transmutación del ocaso,

como si la sangre del día

cuajara en negro vidrio,

cárcel para la luz

                           perdida

ya,

            como el goce efímero

de los instantes muertos,

pétalos encerrados

en el espejo oscuro

                   del olvido.

 

* Publicada la reseña en la revista http://www.ensentidofigurado.com  nº 3  marzo/abril de 2014.

Revista En Sentido Figurado noviembre/diciembre 2013

Dejo el enlace de la revista En Sentido Figurado, que viene con mucho arte y talento, como nos tiene acostumbrado, además este número cumple su 7º aniversario, lo que es muy admirable. En ella hay un poema mío y dos reseñas sobre los poemarios She. Desde la libertad ama con ternura, de Marta Flores, y Mudanzas de lo azul de Jesús Cárdenas Sánchez

http://ensentidofigurado.com/