Las voces del exilio

Una de las actividades de Literatura Andaluza en Red ha sido su interesante seminario,  Las voces del exilio, cuyas ponencias pueden verse en este enlace:

“ Las voces del exilio”

Coordina: José Jurado Morales

Antonio colinas: “María Zambrano”

Aurora Luque y Antonio Rivero Taravillo: “Luis Cernuda, Concha Méndez y Manuel Altolaguirre”

Carmen Hernández Pinzón y Andrés Trapiello: “Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí”

Rafael Inglada y Manuel Bernal: “Antonio Machado”

Laia Quilez y Carolina Astudillo: “Figuras del exilio en documentales y cine”

 

Hace ahora 80 años, en 1939, tras la Guerra Civil española, miles de ciudadanos españoles buscaron refugio en Europa y, cruzando el Atlántico, en países como México, Argentina, Puerto Rico, Venezuela, Santo Domingo, Chile y Estados Unidos. Entre los miles de exiliados se contaban filósofos, pintores, científicos, artistas de cine y de teatro, músicos, escritores… Rafael Alberti, Mª Teresa León, Manuel de Falla, María Zambrano, Juan Ramón Jiménez, Zenobia Camprubí, Luis Cernuda, Concha Méndez, Manuel Altolaguirre, Max Aub y tantos otros autores tuvieron que desarrollar la mayor parte de su obra literaria lejos de España. Desde sus países de acogida, siguieron escribiendo, pero no solo textos de creación, sino también cartas a quienes se quedaron entre nosotros. La voz de estos escritores llegaba a nuestro país la mayor de las veces teñida de nostalgia, de rabia y de sabiduría. Sus cartas y sus obras son por tanto un testimonio de compromiso y preocupación por aquella España y por los españoles. Por esa razón desde este Seminario podemos escucharlos, uniendo sus obras con parte de la correspondencia que se conserva en los archivos de la Fundación Caballero Bonald.

 

 

Antología. Poetas actuales en sus propias voces

Me encontré esta antología en el muro de facebook de la poeta Concha García, todo un regalo. En ella podemos encontrar las voces de Ida Vitale, Julia Uceda, Dionisia García, Francisca Aguirre, María Victoria Atencia, Clara Janés, Juana Castro, Pureza Canelo, Noni Benegas, Fanny Rubio, Olvido García Valdés, Ana Rossetti, Chantall Maillard, Ángeles Mora, Esperanza Ortega, Concha García, Aurora Luque, Ada Salas, Luisa Castro, Andrea Luca…

https://canal.uned.es/video/5eb015d75578f20ac8239622?fbclid=IwAR0Agvo36g7_zGsihmHrD9ChGQh5q46h53ANQDQigEklPhFvkmUGPA5-Tgk

 

 

¿Qué es poesía?

La Asociación Cultural Noches del Baratillo por motivo del CL aniversario de la muerte de Gustavo Adolfo Bécquer, que se celebra en el año 2020, me han solicitado amablemente mi respuesta a la rima XXI:  ¿Qué es poesía?

La poesía es poliédrica y no puede apresarse en un definición, pero esta es la que más se aproxima a mi consideración, susceptible de ampliarse:

“Toda la Literatura, como toda disciplina artística, es un modo de conocimiento; pero la Literatura al usar las palabras, concretas y reveladoras, nos acerca más el mundo. Y aporta un conocimiento no solo intelectual, también emotivo, además de un disfrute estético. Maravillosas las horas de lecturas, en su cobijo y abrigo, asomándonos al mundo y al otro. La Poesía goza de estas virtudes, pero para mí, principalmente, es la casa del ser (sí, me vendrá de Heidegger, supongo). Desde su ventana podemos mirar la realidad y mirarnos. Escribimos palabras como quien saca agua del pozo. Desde su alféizar reflexionamos sobre lo que vemos, lo cuestionamos, rememoramos las propias vivencias- y entre ellas estará el eco de las lecturas-, procuramos salvarlas del tiempo y del olvido, nos consolamos. Efectivamente, creo en su efecto catártico- como afirmaba Aristóteles respecto a la tragedia- , poder arrancar las malas hierbas o saber convivir con ellas.

El título de mi segundo poemario, Hallarme yo en el mundo, viene a ser una declaración de lo que supone para mí escribir: una manera de hallarme en el mundo, de planteármelo y confirmarme ante él. ¿Y por qué en poesía? Porque esta se asemeja al fonendoscopio de un médico para auscultar el corazón y escucharnos por dentro, los latidos y los pensamientos.

En mi último poemario, que se publicará en este año, La pared del caracol, se reveló una faceta de la poesía que no había visto antes: dejar testimonio de los sueños y de nuestra rebeldía.

… para no omitir esa parte

la que nada contracorriente

que también somos

                         y nos pertenece

 

Afirmaba José Hierro que el poeta dejaba testimonio de su tiempo, también.”

Lo único que exijo es que la poesía esté ahí, Cees Nooteboom

Interesante la entrada que he encontrado en el blog Calle del Orco y que os dejo por estos lares.

Calle del Orco

He vivido con la poesía toda mi vida y a estas alturas sé que esto no es en modo alguno fácil de explicar. Para la mayoría de las personas, la poesía apenas existe, o existe solo de manera ocasional. Solo raras veces sucede que una relación especial con la poesía domine la vida entera: no solo escribirla, sino también leerla. No es algo que uno se proponga; esto se deduce fácilmente. A la mayoría de las personas les hace aborrecer la poesía la manera en que se les pone frente a ella en el colegio, donde resulta obligatoria, algo de lo que uno no puede librarse. Un lenguaje que se comporta de un modo distinto del habitual, que se torna extraño de repente. Las mismas palabras de siempre, pero como si vinieran de otra tierra. Se supone que todo el mundo tiene que conocer a los clásicos de su país…

Ver la entrada original 759 palabras más

Raymond Carver. “Todos nosotros”

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ONDAS DE RADIO

                A Antonio Machado

Ha dejado de llover y sale la luna.
No sé nada de ondas
de radio. Pero supongo que se transmiten mejor
después de haber llovido, con el aire húmedo.
En cualquier caso, ahora puedo coger Ottawa, si quiero, o Toronto.
Últimamente, por la noche, me sorprendo a mí mismo
interesado en la política canadiense
y en sus problemas internos. Es verdad. Antes solía buscar
sus emisoras de música. Me sentaba aquí en el sillón
y escuchaba, sin hacer nada ni pensar en nada.
No tengo tele y ya no leo
los periódicos. De noche pongo la radio.

Cuando llegué a este lugar estaba intentando alejarme
de todo. Especialmente de la literatura,
de cómo te atrapa y sus consecuencias.
Un deseo en el alma de no pensar.
De quedarme quieto. Y a la vez
un deseo de ser estricto, sí, y riguroso.
Pero el alma también puede ser una afable hija de puta,
no siempre es de fiar. Y no lo tuve en cuenta.
Le hice caso cuando me dijo: Mejor cantar a lo que se ha ido
y no volverá que a lo que sigue ahí
con nosotros y seguirá ahí mañana. O no.
Y si no, da igual.
Tampoco importa mucho, dijo, si un hombre no le canta a  nada.
Ésa es la voz que escuché.
¿Es posible que alguien piense así?
¿Da todo igual, realmente?
¡Qué absurdo!
Pero pensaba estas estupideces de noche
cuando me sentaba en el sillón y escuchaba la radio.

Entonces, Machado, ¡tu poesía!
Era un poco como el hombre maduro que se enamora
de nuevo. Una cosa digna de atención;
desconcertante, también.
Se me ocurren tonterías como colgar tu retrato de la pared.
Y llevarme tu libro a la cama conmigo,
dormirme con él a mano. Una noche
pasó un tren por mis sueños y me despertó.
Lo primero que pensé, con el corazón acelerado
allí en el dormitorio a oscuras, fue esto:
No pasa nada, Machado está aquí.
Y me volví a dormir.

Hoy me llevé tu libro cuando fui a dar
un paseo. “Presta atención”, dijiste,
cuando alguien se preguntó qué hacer con su vida.
Así que miré alrededor y tomé nota de todo.
Luego me senté con el libro al sol, en mi sitio
junto al río, desde donde puedo ver las montañas.
Cerré los ojos y me puse a escuchar el sonido
del agua. Luego los abrí y empecé a leer
“Abel Martín”.
Esta mañana pensé mucho en ti, Machado.
Espero, incluso a pesar de lo que sé de la muerte,
que hayas recibido el mensaje que te envié.
Pero da igual si no es así. Que duermas bien. Descansa.
Antes o después espero que nos encontremos.
Entonces podré decirte estas cosas personalmente.

 

 

DONDE EL AGUA SE UNE A OTRAS AGUAS

Me fascinan los arroyos y la música que crean.
Y las corrientes, entre prados y cañas, antes
de tener oportunidad de convertirse en arroyos.
Me fascinan sobre todo
por su sigilo. ¡Casi olvidaba
decir algo de las fuentes!
¿Hay algo más hermoso que un manantial?
Pero también me encantan las grandes corrientes.
Las bocas abiertas de los ríos cuando se unen al mar.
Los lugares donde el agua se une
a otras aguas. ¡Conservo esos lugares
en mi mente como si fueran sagrados!
Me gustan como a otros les gustan los caballos
o las mujeres atractivas. Me pasa una cosa
con esa agua fría y veloz.
Sólo con mirarla se me acelera la sangre
y se me eriza la piel. Podría sentarme
a mirar estos ríos durante horas.
Ninguno es igual.
Hoy tengo 45 años.
¿Me creería alguien si le dijera
que una vez tuve 35?
¡Mi corazón seco y vacío a los 35 años!
Tuvieron que pasar cinco años
antes de que empezara a latir de nuevo.
Me tomaré todo el tiempo que quiera esta tarde
antes de dejar mi sitio en la orilla del río.
Me gustan, me encantan los ríos.
Me encantan desde su fuente.
Me encanta todo lo que crece en mí.

 

FELICIDAD

Tan temprano que casi está oscuro todavía.
Me acerco a la ventana con una taza de café
y el atasco de siempre a estas horas de la mañana
en la cabeza.
Veo entonces al chico y a su amigo
calle arriba
repartiendo el periódico.
Llevan gorras y sudaderas,
uno de ellos con una bolsa al hombro.
Son tan felices
que no se dicen nada, estos chicos.
Creo que si pudieran, se cogerían
del brazo.
Es temprano por la mañana
y están haciendo esto juntos.
Se acercan, despacio.
El cielo empieza a cubrirse de luz,
aunque todavía cuelga pálida la luna sobre el agua.
Tanta belleza que, durante un instante,
la muerte o la ambición, incluso el amor,
no tienen cabida aquí.
Felicidad. Llega
de forma inesperada. Y sigue su camino, realmente.
Cualquier madrugada te lo dice.

Poema “Visión” del libro “A salvo” de Manuel Moya

Agradezco al Grupo Literario del Ateneo de Mairena que me solicitara la lectura de un poema en su cadena de poemas abrazados, una idea bonita y motivadora. Como había leído el poemario “A salvo” de Manuel Moya, libro que me ha encantado,  elegí “Visión”, pero en su muro de Facebook podéis encontrar poemas tan hermosos como “Esa luz” o “Altura”. En verdad, cualquier poema suyo es grande. Obtuvo el Premio de Poesía “Provincia de León” 2014 y fue editado por la Diputación de León.

Mahmud Darwix ( 1941-2008)

Darwish

Escritor reconocido internacionalmente como el principal poeta palestino. Nació en Al-Birwa, aldea próxima a Acre, el 13 de marzo de 1941. Se crió en un ambiente campesino. En 1948, cuando Mahmud tiene siete años, el ejército israelí arrasa la aldea y la casa donde vive con su familia, la cual se ve obligada a huir a Galilea; aquí permanecerían unos años en calidad de refugiados.
Como muchos de los poetas de su época, participó en la resistencia palestina y tuvo desde el principio una clara militancia política. Tras acabar sus estudios de primaria y secundaria, Mahmud deja a la familia y marcha a territorio israelí, trabajando como periodista en el aparato de propaganda del Partido Comunista de Israel. En 1961 abandona el país residiendo sucesivamente en El Cairo, Beirut, Túnez, Moscú, Paris y Londres. En los años 90 regresa a su tierra, ingresando en la OLP. Ocupa cargos importantes en el Departamento de Cultura y funda la revista Al Karmel.

Falleció el 9 de agosto de 2008.  Para más información:

https://es.wikipedia.org/wiki/Mahmud_Darwish

UN SOLDADO QUE SOÑABA CON AZUCENAS BLANCAS

Soñaba con azucenas blancas,
con una rama de olivo…
con el pecho de ella radiante a la tarde.
Soñaba -me dijo- con un pájaro,
con la flor del limonero,
no filosofaba, entendía las cosas
como las sentía… como las olía.
Pensaba -me dijo- que la patria
era que yo bebiese a sorbos el café de mi madre
y volviera a la tarde.
Le pregunté: ¿Y la tierra?
Dijo: No la conozco,
no la siento latir ni la llevo en la piel
como se dice en los poemas.
Pero un día la vi,
como se ve una tienda, una calle, los periódicos.
Le pregunté: ¿La amas?
Respondió: Mi amor es dar un paseo,
o un vaso de vino, o una aventura.
– ¿Morirías por ella?
– Claro que no.
El lazo que me ata a la tierra
es un panfleto… un discurso.
Me enseñaron a amar su amor
pero no he sentido su corazón como propio,
no he olido la hierba, las raíces, las ramas.
– ¿Y cómo era amarla?
¿Pica como los soles… como la nostalgia?
Me contestó sin rodeos:
– Mi manera de amar es un fusil,
el retorno de fiestas vetustas
y el silencio de una estatua perdida
de tiempo y origen remotos.

Me habló del momento de la despedida,
de cómo lloraba su madre
en silencio cuando le destinaron
al frente.
La voz atormentada de su madre
grabó bajo su piel un nuevo deseo:
Si crecieran palomas en el Ministerio de Defensa,
¡si crecieran palomas!

… Se fumó un cigarro, luego me dijo
como si huyera de un pantano de sangre:
He soñado con azucenas blancas,
con una rama de olivo,
con un pájaro que abrazaba la mañana
en la rama de un limonero…
– ¿Y qué has visto?
– He visto lo que he hecho,
una zarza roja
explotando en la arena, en los pechos, en los estómagos.
– ¿A cuántos has matado?
– No sabría decirte…
pero me concedieron sólo una medalla.

Le pedí, torturándome: Venga,
descríbeme un cadáver.
Se acomodó en el asiento, y

acariciando el periódico doblado
me dijo como quien canta una copla:
Como tumba el viento una jaima en la grava,
abrazando los luceros desplomados,
en la frente despejada una corona de sangre,
el pecho sin medallas,
porque no era bueno luchando,
parecía un labriego, o un obrero, o un vendedor ambulante.
Como tumba el viento un jaima en la grava… murió.
Los brazos

tendidos como dos arroyos secos.
Y cuando rebusqué en sus bolsillos
su nombre, hallé dos fotos:
una… de su mujer,
otra… de su hija.
Le pregunté: ¿Te dio pena?
Me interrumpió: Mi buen Mahmud,
la pena es un pájaro blanco
que no se asoma al campo de batalla. Peca
el soldado que siente pena.
Yo sólo era una máquina que escupía fuego rosáceo
y hacía del cielo un pájaro negro.

Me habló de su primer amor,
después,
de calles lejanas,
de las reacciones tras la guerra,
de las bravuconadas de la radio y los periódicos,
y mientras se tapaba la tos con el pañuelo
le pregunté: ¿Volveremos a vernos?
Me respondió: En una ciudad lejana.

A la cuarta copa
le dije bromeando: Así que te marchas… ¿Y la patria?
Me contestó: Déjate de patrias…
Yo sueño con azucenas blancas,
con una calle que gorjee y una casa encendida.
Quiero un corazón bueno, no carne de cañón,
quiero un día soleado, no el instante de la victoria,
demencial… fascista.
Quiero un niño alegre que le ría al día,
no un repuesto para la máquina bélica.
He venido para vivir el alba de los soles,
no su ocaso.

Se despidió de mí… buscaba azucenas blancas,
un pájaro que saludara a la mañana
en la rama de un olivo,
no entendía las cosas
sino como las sentía… como las olía.
Pensaba -me dijo- que la patria
era que yo bebiese a sorbos el café de mi madre
y que volviera, tranquilo, con la tarde.

Mahmud Darwix (Traducción de Luz Gómez García) Poesía escogida (1966-2005), PRE-TEXTOS, 2008

 

NOSOTROS AMAMOS LA VIDA

Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella,

bailamos entre dos mártires y erigimos entre ellos un alminar de violetas o una palmera.

Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella.

Robamos un hilo al gusano de seda para construir nuestro cielo y concluir este éxodo.

Abrimos la puerta del jardín para que el jazmín salga a las calles cual hermosa mañana.

Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella.

Allá donde estemos, cultivamos plantas que crecen deprisa y recogemos mártires.

Soplamos en la flauta el color de la lejanía, dibujamos un relincho en el polvo del camino

y escribimos nuestros nombres piedra tras piedra. ¡Oh, relámpago! Ilumina para nosotros la noche, ilumínala un poco.

Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella.

 

                   De: Menos Rosas (1986) Fuente: Poesía Árabe Traducción: María Luisa Prieto

Roberto Juarroz

 

Roberto-juarroz

Se graduó en Filosofía y Letras en la Sorbonne de París.

Salvo su colección realista Seis poemas sueltos (1960), su obra se agrupa en una serie de volúmenes correlativamente numerados del uno al catorce bajo el título general de Poesía vertical; el primero de ellos data en 1958, el segundo de 1963, el tercero de 1965, el cuarto de 1969 y así sucesivamente; en 1997 apareció la decimocuarta entrega, de forma póstuma.

En un principio influido por el Creacionismo del chileno Vicente Huidobro y el simbolismo de Stéphane Mallarmé, la amistad de un “raro” de la poesía argentina, el maestro del aforismo, Antonio Porchia, autor de un único libro titulado Las voces, le influyó notablemente; le impresionaron, además, los románticos alemanes, en especial Novalis.

Su temática se centró en la metapoesía y su lenguaje se fue haciendo conceptual conforme exploraba los límites de la palabra como nexo de relación del hombre con el mundo, un mundo contemplado como epifanía, como revelación. Es una poesía imbuida en algunos aspectos por la filosofía existencial de Martin Heidegger.

Más información en: https://es.wikipedia.org/wiki/Roberto_Juarroz

ASÍ COMO NO PODEMOS

Así como no podemos
sostener mucho tiempo una mirada,
tampoco podemos sostener mucho tiempo la alegría,
la espiral del amor,
la gratuidad del pensamiento,
la tierra en suspensión del cántico.

No podemos ni siquiera sostener mucho tiempo
las proporciones del silencio
cuando algo lo visita.
Y menos todavía
cuando nada lo visita.

El hombre no puede sostener mucho tiempo al hombre,
ni tampoco a lo que no es el hombre.

Y sin embargo puede
soportar el peso inexorable
de lo que no existe.

 

 

LEVANTAR EL PAPEL DONDE ESCRIBIMOS 

Levantar el papel donde escribimos
y revisar mejor debajo

Levantar cada palabra que encontramos
y examinar mejor debajo

Levantar cada hombre
y observar mejor debajo

Levantar a la muerte
y escudriñar mejor debajo

Y si miramos bien
siempre hallaremos otra huella.
No servirá para poner el pie
ni para aposentar el pensamiento
pero ella nos probará
que alguien más ha pasado por aquí.

 

HAY QUE INVENTAR RESPIRACIONES NUEVAS…

Hay que inventar respiraciones nuevas.
Respiraciones que no sólo consuman el aire,
sino que además lo enriquezcan
y hasta lo liberen
de ciertas combinaciones taciturnas.

Respiraciones que inhalen además
las ondas y los ritmos,
la fragancia secreta del tiempo
y su disolución entre la bruma.

Respiraciones que acompañen
a aquel que las respire.

Respiraciones hacia adentro del sueño,
del amor y la muerte.

Y para eso hay que inventar un nuevo aire,
unos pulmones más fervientes
y un pensamiento que pueda respirarse.

Y si aún faltara algo,
habría que inventar también
otra forma más concreta del hombre.

“Variaciones y reincidencias”. Encuentro con Javier Salvago

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El próximo jueves 21 de noviembre a las 19.00 horas en la Casa del Libro -C/Velázquez nº8 de Sevilla- tendremos la suerte de contar con la presencia del poeta sevillano (de Paradas), Javier Salvago y su libro recopilatorio Variaciones y reincidencias, de reciente publicación por la editorial Renacimiento.

Variaciones y reincidencias recoge casi toda la poesía escrita por Javier Salvago, una obra lograda a lo largo de cuarenta años. Su título hace referencia al propio acto de la escritura, a “las vueltas sobre lo mismo, /las eternas variaciones…buscando el tiempo perdido”, como dice en Poema de una noche. Qué mejor que el género lírico, canto elegíaco a la pérdida, al tiempo y la vida que se nos escapa, tempus fugit, en un intento de aprehender el efímero instante.

La cita de Juan Ramón Jiménez al inicio del libro, “No se trata de decir cosas chocantes, sino de decir la verdad sencillamente, la mayor verdad y del modo más claro posible y más directo”, le traza un camino a Salvago, del cual no se ha apartado en todos estos años. Un autor de verso claro y nítidas ideas sobre la poética o estilo que prefiere, de sobrio lirismo, con un lenguaje coloquial que evita la retórica y los adornos superfluos, para quedarse con lo sustancial y significativo, con el que saca sus trapos a la calle e intenta dejar testimonio de su tiempo, tal como consta en Variaciones sobre un tema de Manuel Machado, o bien en Epígrafe, “No hago juegos de magia. / No deslumbro, / Hablo sin vanidad de mis asuntos”. Un estilo directo y reflexivo que logra la emoción en el poema y la cercanía con el lector, a quien le hace pensar y plantearse sus cuestiones.

También en el poema Epígrafe reluce una idea, que parece volver o permanecer en su escritura, Yo no sé nada que tú ya no sepas; pero no es cierto, pues aunque nos identifiquemos con muchos de sus poemas, él ofrece una inteligente y particular mirada que vuelve del revés lugares que, por comunes, fijamos como ciertos, hasta que él nos hace ver una nueva perspectiva.

Para el autor, la poesía es música, canto y cuento. Sus poemas se ajustan a la métrica y pueden usar la rima asonante o consonante -más la asonante-. Nos podemos encontrar haikus, tankas, sextina, silva, romance, soleares, epigramas… sin perder su poesía un ápice de modernidad, lograda tal vez, gracias al lenguaje y a lo contemporáneo de lo relatado (de su fondo).

Igualmente, sin parecer clásico, sutilmente inserta la tradición literaria en sus versos, con la que entabla un diálogo: Juan Ramón Jiménez Jorge Guillén, Manuel y Antonio Machado, Federico García Lorca, Garcilaso de la Vega, Bécquer, Gil de Biedma y otros autores, de dentro y fuera del país.

Siente una profunda vocación por la poesía, lo podemos comprobar en muchos poemas, aunque a veces se lamente del esfuerzo que exige: Y, sin embargo, sabes/ que si en el fondo tiene/ algún valor tu vida, / en parte, se lo debes. Llega a cansarse de ser un topo que escarba siempre dentro. En todo caso, la poesía ayuda a entendernos: Un hombre que ha vivido lo suyo, como todos, / y que lo ha ido contando para entenderse un poco.

Al contrario del poema Parábola de Antonio Machado, en La soledad del escritor de fondo, afirma que Escribir – como todo- no es nada, / pero importa. Y más tarde dirá en otro poema: el arte es largo.

Poesía intimista y existencial, en la que el ser humano es un sujeto dolido, desengañado, un soñador, un poeta que quiso vivir el malditismo y la bohemia, un Quijote al que los años le han otorgado la sensatez y el sentido común de Sancho. Desengaño arropado por una fina ironía, como muestra el título de su primer libro, La destrucción o el humor, publicado en 1980.

En este primer libro ya está su estilo conformado, una estética, que podemos decir, se asemeja a la Poesía de la Experiencia. Y ya en él están insertos algunos de sus temas: la elegía del paso del tiempo, la mirada al pasado -en esta ocasión, a la infancia-, el peso de la vida, el nihilismo de su poema Nada, la digna resistencia a la intemperie o la soledad.

Realismo e introspección al analizar sus vivencias con una rotunda sinceridad y escasa autocomplacencia. Cada vez, con los años, irá siendo más duro consigo mismo. Y nos hablará de la verdad, cuya búsqueda ni es fácil, ni cómoda y siempre deja un requemor. Como dice el poeta Luis García Montero, la poesía como un proceso de (y herramienta para la) reflexión sobre la experiencia propia.

Podemos afirmar que posee su veta social, pues trasluce un sujeto alienado por el trabajo e inserto en una sociedad mercantilista. Una persona que tampoco quiere hacer un pacto con el diablo, en este caso, el llamado mundillo literario.

En La perfecta edad (1982) se vislumbra un sentimiento de pérdida de la juventud para entrar en el portal de la madurez, ¿siempre para peor? Parece que no, llega a reconocer que la vida viene más fea y entrañable y le va apeteciendo, o se va conformando, con una mayor comodidad y previstas sorpresas.

En Variaciones y Reincidencias (1985), memoria y poesía, un viaje al pasado, por su niñez y juventud bohemia, para explicarse y explicar su presente.

Hace, al igual que Ángel González, juegos de palabras con refranes y frases hechas, así el título de un poema, Amar en cuerpo y calma.

En su poema Glosa, citando a Garcilaso de la Vega, añora la pasión, lamentando el vacío, idea que reitera en Ulises: La vida -este viaje sin retorno-/ lo es todo mientras dura…/ y luego nada.

Reconoce que cada edad es un mundo, cada etapa exige otra actitud y otro sentido. No podemos vivir siempre ni lo mismo ni de igual manera. Y llevaremos en la sombra todo aquello que uno pudo haber sido (Homenaje a Manuel Machado).

En Volverlo a intentar (1989) transmite la monotonía y el aburrimiento de los días. ¿Qué queda cuando ya no se espera nada? El mundo y sus pompas son un fraude/ y una trampa la vida. Crecen los desencantos, aunque intenta mantener el optimismo.

El deseo parece aportar sentido a todo, el paraíso y el infierno; pero uno se va acostumbrando a vivir A media luz y llega a reconocer que cada cual hace lo que puede en su vida. A pesar de todo, en Momentos alaba aquellos instantes en los que ha amado la vida.

Los mejores años (1991) se dota de mayor lirismo cuando se viste de nostalgia al volver a su pueblo, a su niñez y adolescencia; también son más agudos sus dardos: “Sueño poco. Deseo lo necesario. / No tengo nada y nada extraordinario/ espero en adelante… Miro la vida con reserva y distancia…”

Leo mi vida/- en una especie de diario/ que van siendo mis versos-/ y echo de menos tanta vida… (Al margen de sus versos).

En su libro Ulises (1996), más narrativo, describe con amor la casa de su infancia, el cuarto donde empezó a escribir sus primeros poemas, el porche de la iglesia en el que jugaban -sobrecogedor su poema El porche-, el pueblo, los ajustes de cuenta con su infancia para poder llegar a una paz anhelada.

Su poema Ulises, como Ulises de James Joyce, relata todo lo acontecido en un día rutinario y repetitivo, desde que se levanta hasta que llega el sueño, la muerte por entregas.

Tras un largo silencio, retoma la poesía con Nada importa nada (2011), título que recoge su idea sobre la existencia. ¿De qué valió esforzarse en ser tú mismo/ y en buscarle a las cosas su sentido?/ Sobrevivir un día más es todo (La poesía). Asume y acepta, rechaza volver a su juventud y soñar, deplora el sometimiento a los horarios y al mercado. En su poema A Aubrey de Grey, gerontólogo que investiga sobre el envejecimiento, rechaza, al igual que Borges, la idea de la inmortalidad, pues es la muerte lo que aporta sentido e intensidad a la vida.

En Una mala vida la tiene cualquiera (2014), título a modo de epitafio, afloran sus remordimientos, reconoce el matiz claroscuro del amor y la vida, piensa en su muerte, así este haiku:

Ya no hay frontera,

ni despertar. Ahora

ya todo es sueño.

Agudas reflexiones en sus Soleares y Coplas, que nos recuerda a Antonio Machado, de quien encontramos su profunda huella en toda la poesía de Javier, no solo en estos versos.

La libertad es saber

qué nos ata, qué nos mueve,

dónde vamos y por qué.

En sus Apuntes afila el pensamiento con sus versos aforísticos: ¡Bendita locura, / la cordura!

Por último, La vejez del poeta (Últimos poemas), nos recuerda al personaje de Valle Inclán en Luces de Bohemia, Max Estrella. ¿Acaso Javier Salvago no ha estado escribiendo durante su vida, con su poesía, su propia versión de aquella obra? Él mismo lo confirma: Me veo en tu espejo, amigo Max Estrella.

Tendremos muy en cuenta sus Consejos para ti mismo: No posar, no fingir/…Que no sea un adorno/ vano la poesía,…Conversar con el hombre/que dentro de ti habita/…no escribir tonterías.

Vuelve a preguntarse por el sentido de la vida, en la machadiana idea de que Nuestro sino es pasar.

Si para Sartre el infierno estaba en los otros, nuestro autor encuentra el infierno en sí mismo, en Llegar a viejo con memoria y con conciencia es el infierno (El infierno somos nosotros).

Toda su batalla con la poesía, su vocación dolorosa, este juego de hacer versos que no es un juego- como decía Biedma- nos lleva en Un final inesperado, a curarnos de fantasías, dramas, naderías, falacias y cuentos, / vaguedades y ensueños/de vana palabrería; nos hace ver nuestra pequeñez y fugacidad.

Decía Calderón que la vida es sueño y él remata en su poema Muerte, y la muerte, el despertar. Todo son sombras en la pared de una caverna (Dice la muerte).

Si toda su poesía es lúcida, sus últimos poemas recogen la sabiduría de los años, aunque predomine una visión pesimista.

Al terminar esta recopilación, parece que uno ha viajado en tren y le ha tocado de compañero de asiento un poeta que ha vivido y sentido mucho, un compañero de viaje que te cuenta sus vivencias, sus pensamientos sobre la poesía y la vida, quien te ha procurado un viaje muy agradable e instructivo. Has disfrutado, te has emocionado, has aprendido enormemente. Al cerrar el libro, te bajas del vagón y te despides, esperando un próximo encuentro.

REtrato Javier Salvago

 

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JAVIER SALVAGO  (Paradas, Sevilla, 1950), guionista de radio y televisión, columnista, escritor y, sobre todo, poeta. Ha publicado ocho libros de poemas que han merecido premios como el Luis Cernuda, el Rey Juan Carlos I y el Premio Nacional de la Crítica. Su poesía casi completa y su último libro inédito, La vejez del poeta,  se recogen en su último libro ,Variaciones y reincidencias (2019). Como prosista ha publicado Memorias de un antihéroe. Renacimiento, 2007; El purgatorio. Renacimiento, 2014; El miedo, la suerte y la muerte. Huerga & Fierro, 2015; Hablando solo por la calle (Aforismos). La Isla de Siltolá, 2016; No sueñes conmigo. La Isla de Siltolá, 2017; El extraño caso de Bienvenido. Relatos del Desertor del Presidio, 2017 y El corazón de oro y otros relatos. La Isla de Siltolá, 2019.