José Manuel Caballero Bonald

TRANSFIGURACIÓN DE LO PERDIDO

La música convoca las imágenes
 degradadas del tiempo. ¿Dónde
me están llamando,  desde qué

penumbra, hacia qué día
me regresan?
                         Nada me pertenece
sino aquello que perdí.

Máscara del pasado, la memoria confluye
sobre un fondo difuso de alegrías
donde todo zozobra y se reduce
a nada, donde está mi verdad
haciéndose más crédula.
                                  Oh transfiguración
de lo que ya no existe, marca
tenaz de lo caduco, cómplice

reclusión de la memoria
que ciñe al tiempo en ráfagas de música.

                                                     Las adivinaciones, 1952

MIENTRAS JUNTO MIS AÑOS CON EL TIEMPO

Cuántas veces, al acabar el día,
perdiendo pie en las aguas agolpadas
de mis años, he visto arder, gemir
el cargamento de mi vida, sólo
pendiente del precario hilo trémulo
de algo que aún mantiene su vigencia
sobre mi corazón, nombre arrancado
a golpes de codicia, para que
nunca pueda decir que no es verdad
que espero todavía, que consisto
en seguir esperando todavía,
mientras junto mis años con el tiempo
y así me recupero de la vida
que me está derrocando diariamente.

                                                            Las horas muertas, 1959

PRIMERAS LETRAS (Pliegos de cordel, 1963)

Un día lunes, cerca
del mar, sonó la palabra.
                                    Era
verano entre las cañas
pacíficas del trigo y nunca
la sucesiva hoguera
de las furias se propagó
con tanta iniquidad.
                                Vinieron
cargas de odios
en camiones, gritos
y sogas en camiones. Ebrios
de mosto y esperma, bajaron
hasta el mar
adolescentes brunos,
ciegos y reclutados
con los aperos de la tiranía,
niñas de sangres iniciales
con flechas en el seno,
espantos y pancartas
al frente de los himnos.

Entre el despliegue tortuoso, ¿quién
me llevó de la mano
a la frontera fratricida, dónde
me desahuciaron de ser niño?

Oh qué terribles y primeras
letras hostiles
de la patria. Párvula madre
mía, ¿qué hiciste
de nosotros, los que apenas
pudimos aprender
la tabla de sumar de la esperanza?

LA NOCHE NO TIENE PAREDES

Doy la vuelta a la noche, entro

en su cámara inversa, en su hondonada

de humo, en la oquedad

contraria a la pared

del aire,

              justo donde convergen

las distancias que nunca se han juntado,

las libertades más difíciles,

hasta que de improviso encuentro allí

consecutivamente el germen, la incitante

demarcación del laberinto

con su luz primordial, su punitiva

complicidad con la justicia,

                                      esa insistencia

soberana

en la celebración de estar viviendo.

                               La noche no tiene paredes, 2009

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