3 Poemas de “Y todos estábamos vivos”. Olvido García Valdés

 

si me dejaras ir contigo en la noche,
en la hora parda del metro, antes
de amanecer, si pudiera acoger,
contemplar todo hueso tu rostro, el gesto
de fiera que piensa y vive sola, si no
se removieran airadas las palabras,
si no sintiera el viento que azota los
árboles arriba; qué hice que no
recuerdo, qué hicieron, dónde
ocurre la vida y es libre y no
benigna, dónde con su herida
lo solo del animal

 

 

Vino, posó sus ojos, mil ojos,

en mí por un momento, luego

se fue, dejó dos de los suyos

en lugar de los míos, con ellos miro

varas de azucena florecidas, rosales,

viejos celindos olorosos, un moral,

Entantoquederrosayazucena llamamos

al jardín, acacia pianista de la brisa

 

 

 

Entre lo literal de lo que ve

y escucha, y otro lugar no evidente

abre su ojo la inquietud.  Al lado,

mano pálida de quien convive

con la muerte, cráneo hirsuto. Atendemos

a la oquedad, máscaras que una boca

elabora; distanciada y carnal,

mueve el discurso, lo expande

y desordena, lo concentra, lo apacienta

o dispersa como el lobo a sus corderos.

El sonido de un gong. Es literal

la muerte y las palabras, las bromas

luego de hombres solos, broma y risa

literal. Todo sentido visible, todo

lo visible produce y niega su sentido.

Si respiras en la madrugada, si ves

cómo vuelven imágenes, contémplalas

venir, apaciéntalas, deja que estalle

la inquietud  como corderos.

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